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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

La tarde remediana de García Lorca

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Por Luis Machado Ordetx

Como un bólido, casi rehuyendo a las felicitaciones del público que asistió a la Colonia Española de Caibarién, partió Federico García Lorca hacia San Juan de los Remedios, con el propósito de percibir «la sustancia entrañable de la ciudad que se esconde en los interiores de sus casas», al estilo de Andalucía, tal como decía.Acababa de disertar el «Homenaje a Soto de Rojas», el poeta granadino discípulo en el siglo xvii de don Luis de Góngora, y no quiso detenerse en congratulaciones o retornar a su habitación fichada con el número 20 del hotel Comercio, de la Villa Blanca. Junto a un grupo de intelectuales, locales y otros invitados, fue hacia la denominada Octava Villa de Cuba, y rellenó el espíritu con la placidez que provocan los «duendes» alojados en ese territorio de asentamiento español desde 1513.Por segunda vez, en territorio villareño —tras la estadía en la Villa del Undoso del sábado 22 al martes 25 de marzo de 1930, fecha en que pronunció en el teatro Principal la conferencia «Imaginación, inspiración y evasión: mecánica de la moderna poesía»— tendría un encontronazo con amigos que lo harían delirar de emociones.[3]Los interiores de Remedios, entonces, estuvieron en la mirilla del poeta. En torno al encuentro suscitado allí, algunos ¿dicen que el poeta y dramaturgo Federico García Lorca sostuvo un diálogo con el jurista y músico Alejandro García Caturla en la casona de Juan Pérez Abreu y de la Torre, el cubano-mexicano hacedor de Cultura durante su vínculo con Remedios?Las fuentes que lo atestiguan se equivocan, según se corrobora en los periódicos de la época y los itinerarios que recorrió en esa fecha el más importante compositor cubano del pasado siglo.Caturla estaba por entonces en La Habana, a la búsqueda del poeta norteamericano Jaime Langston Hughes, a quien cursó correspondencia y departió en ese lugar, interesado en el reconocimiento de determinados pormenores de la música y el folklorismo inherentes a la cultura de los hombres del sur de su país.Con seguridad, aunque no existe constancia, se arrepentiría de no encontrar a Federico, allí junto a los árboles y las edificaciones neoclásicas que comulgan, como en conjuro silente, con los predios del terruño,  Lorca arribó a Remedios, procedente de Caibarién. Venía con los inseparables sagüeros Valentín Arenas, Delfín Tomassino, el literato Manuel Gayol Fernández, el poeta Arturo Carnicer Torres, el fotógrafo Pancho Rosales, el periodista Ciro Espinosa, el dramaturgo Juan Domínguez Arbelo, así como el colombiano Porfirio Barba-Jacob y el hispanista José María Chacón y Calvo, a cargo de la vicepresidencia de la Hispano Cubana de Cultura.También estaban los intelectuales locales Pérez Abreu, Othón García Caturla, Arturo Hernández Irarragorrí, Luis Ángel Gorondo, Teodosio Montalbán y Rafael Cabrera, entre otros.Cuatro automóviles Dodge Victory detuvieron la marcha en la parte trasera de la iglesia Parroquial Mayor San Juan Bautista, en el parque Martí, frente a la casa de Pérez Abreu, y el granadino quedó extasiado con el reconocimiento previo de una ciudad descrita en los misterios que prodigaban las leyendas de aparecidos, güijes, toques de tambor y simbiosis de ancestros.La edición del periódico El Comercio, de Caibarién, correspondiente al viernes 4 de abril, detalla: «Por el medio día del domingo los visitantes acompañados del Dr. Pérez Abreu y a invitación de este acudieron a Remedios, donde presenciaron una sesión de los Grupos Infantiles José Martí, quedando altamente impresionados de la organización y patriótica tendencia de esas instituciones juveniles, a quienes calificó el Apóstol como “la esperanza del mundo».[4]  Al adentrarse en la Octava Villa, la apreció diferenciada por su sentido circular (tal vez único en la Isla), con una Iglesia Mayor, de arquitectura colonial típica de las Antillas y el Caribe, y que, con su fachada y paredes laterales, atestigua una construcción propia del siglo xvi.Todo impresionó a García Lorca, interesado en las peculiaridades nómadas, las ubérrimas tierras, las casas coloniales techadas con verdeoscuras rejas criollas y paredes carcomidas por el tiempo.Rememoró la granadina Huerta de San Vicente, y en el tránsito por calles remedianas distinguió con agrado los rojizos suelos, con altas aceras enlajadas, así como monumentales puertas de caoba, adornadas con clavos de acero, altos ventanales volados, de balaustres de hierro o torneados en madera existentes en la vivienda.Disfrutó de los patios, con pozos de brocal de piedra o de mármol, donde el frescor se consigue a costa de la sombra de los árboles y las tejas criollas, y reparó hasta el en sentido constructivo, casi inusual,  conservado por el centro de instrucción y recreo Sociedad «La Tertulia», sitio donde lo andaluz, lo morisco y lo criollo se convierten en hecho tangibles.También se recreó en los curiosos guardapolvos y portafaroles, y en el interior de las casas, detalló en el patio central, ceñido de floresta,  y de vitrales, arcos de medio punto y mosaicos multicolores, demarcando un abolengo familiar, al estilo mudéjar de la Península, y sobre todo de Andalucía.Entonces comprendió que la ciudad que recorría no surgió bajo los signos de la conquista, sino de la colonización española, y se estremeció de espanto ante la osadía sojuzgadora de los coterráneos, inspiradores en otros tiempos del esplendor económico y la cultura, a costa de la usurpación.Deambuló, en unión de los acompañantes, por los interiores de la Iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje, indagó sobre el arribo de la imagen de esa vírgen a las márgenes del río del Tésico, y se contentó con las historias de aparecidos que propaga la memoria histórica de los pueblos.[5]  El autor de Romancero gitano habló de la sensualidad del cuerpo humano, sus tiernas inflexiones, del sentido plástico de los frutos, la  música contenida en la palabra y el encanto arrasador del folklore o la poesía engalanada en las tradiciones.Lo embriagó la esbeltez y transparencia de la risa, así como el drama constante en que se debaten los hombres ante la incertidumbre por la vida, y también inquirió sobre las festividades de la parranda local, en sus polkas compuestas por Laudelino Quintero y Perico Morales, así como en las características sonoras de los instrumentos musicales típicos del denominado changüí callejero y popular. No por gusto, El Meridiano, de Caibarién, en la edición correspondiende al sábado 22 de marzo de 1930, a escasos días de la disertación previa en Sagua la Grande, indicaba: «La Hispano Cubana de Cultura nos anuncia dos notables conferencias. Una la mañana del 29 que pronunciará el poeta granadino, y otra para el primer domingo de abril, a cargo del ilustre letrado, Dr. Francisco Ichaso.«Para ambas conferencias, sobre todo para la de Federico García Lorca, hombre culto y observador, existe gran expectación en los elementos culturales de Remedios y Caibarién, atentos siempre a todas las manifestaciones de alta intelectualidad. Asistentes seremos a tan interesantes acontecimientos.»[6]Eso hizo el andaluz, escudriñar a su antojo, recorrer parajes recónditos y bulliciosos, tomarse fotografías, como las anotadas por Chacón y Calvo, con su cámara Kodak de trípode, en las que aparece junto a Conrado Suárez, un grumete del Yacht Club de la Villa Blanca, y aquellas que durante un tiempo conservó Domínguez Arbelo, acuñadas por el estudio American Photo, de la calle Maceo número 16, en Remedios.De la casa de Pérez Abreu no se iría aquel domingo sin deleitar al auditorio. Disfrutó de refrescos elaborados con jugo de limón, anones y agua de coco, y en el piano vertical, modelo Giralt, para estudios, sonaron los acordes de fragmentos de Los cuadros de una exposición, del ruso Mussorgski; además, Lorca incluyó en su repertorio Promenade y Tuileiries, favoritas junto a piezas de Falla y de su autoría, principalmente Los cuatro muleros, Las tres hojas y El café de chinitas, canciones populares españolas que armonizó en la juventud.A Remedios, Lorca prometió regresar, y así lo hizo saber durante el diálogo y la estancia de media tarde en la vetusta ciudad. La noche del domingo lo sorprendió en viaje hacia Caibarién, y otros dos días quedarían para recorrer aquella región del nordeste, antes de la partida definitiva hacia La Habana. Otro encuentro con la región central del país, pactado para una primera visita, el martes 8 de abril de 1930, lo tuvo en Cienfuegos.Las callejuelas remedianas se prendieron en los recuerdos del más importante poeta de la Generación Española del 27. El hispanista Chacón y Calvo, presentador de todas las sesiones culturales, hizo elogios.[7]Periódicos como La Opinión, El Meridiano, Los Duendes, El Deber y El Comercio, en Caibarién, así como El Temporal, en Sagua la Grande, y La Tribuna, Las Villas y La Razón, en Remedios, fueron, de un modo u otro, partícipes de lo reseñado después por las redacciones de Carteles o La Revista de Avance, en la capital del país.  Otros instantes del disfrute por Caibarién lo tendrían latiente, pero jamás olvidaría el esplendor folklórico que contagió su estancia durante una tarde de domingo en Remedios, lugar donde, junto amigos, coronó los caprichos de adentrarse en sencillos vericuetos del hacer y del decir artístico de un pueblo del interior de la Isla.


[1] Publicado con el título de: «La tarde remediana de Lorca», en Vanguardia, xliv(51):6; Santa Clara, Villa Clara, sábado 8 de julio de 2006.
[2] Federico García Lorca: «Teoría y juego del duende», en Obras completas, p. 46, Editorial Aguilar, Madrid, 1962.
[3] Entre el viernes 7 de marzo  y el jueves 12 de junio de 1930 —fechas de la permanencia del poeta y dramaturgo español en la Isla—, esa constituyó la primera de sus disertaciones en Cuba, y luego apareció el tema que abordó en Caibarién, sitio del que partió hacia La Habana para cumplir otros compromisos con la Institución Hispano Cubana de Cultura que dirigía Fernando Ortiz. Aquí pronunció: «Homenaje a Soto de Rojas (Pedro, el discípulo de Góngora)», titulada también «Un poeta gongorino del siglo xvii»; «Las nanas españolas: canciones de cuna», «Imaginación, inspiración y evasión: mecánica de la moderna poesía», «La imagen de don Luis de Góngora» y «Arquitectura del cante jondo», que cerró el ciclo. No se expuso «La escala del aire (El elemento aire en la poesía española)», anunciada con anterioridad.
[4] «El poeta García Lorca en la Tribuna de la Hispano Cubana de Cultura», en El Comercio, Caibarién, xvii (19):2; viernes 4 de abril de 1930.
[5] Dice la historia que hacia el año 1600 se produjo el hallazgo de una imagen representando una virgen, nombrada del Buen Viaje —representa a la Virgen María María con un niño entre los brazos—, y en su honor se erigió, frente a la actual plaza Martí, una iglesia. En 1862 un incendio la devastó y un lustro después se reconstruyó. Desde hace una década, con el propósito de remozarlo, el templo está cerrado, y una una réplica de la original, perdida a causa del fuego, se halla en el extremo derecho del altar mayor de la Parroquial San Juan Bautista.
[6] El Meridiano, Caibarién 3(175):6, sábado 22 de marzo de 1930. Una corrección: la conferencia se efectuó el domingo 30, a las 9:00 a.m., según contraste de otras fuentes, y no como anunció el periódico, pues García Lorca llegó, junto a Chacón y Calvo, a la Villa Blanca, en el tren número 7, con itinerario Estación Central-Sagua la Grande-Caibarién, casi al atardecer del sábado.
[7] V. Revista de Avance, 1930, iv (45):101-102, tomo v, abril 15, 1930.

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cubanosdekilates

gravatar.comMaykel González Vivero

Luis, acláreme algo... Usted dice que Lorca estuvo en Sagua la Grande hasta el martes 25 de marzo, día de su conferencia; en cambio el doctor Manuel Gayol Fernández, en 1986, publicó en Bohemia que el poeta se presentó ante el público sagüero el domingo 23, y ese mismo día tomó el tren de la medianoche hacia la capital. A estas alturas es imposible reconstruir el itinerario de Lorca, pero creo que el testimonio de Gayol es muy significativo. Tampoco sabía que los sagüeros lo habían acompañado a Caibarién. Hay puntos que no coinciden: en la Villa Blanca estuvo acompañado por Chacón, pero parece que a Sagua vino con Marinello, así que no fueron viajes simultáneos.
Me interesa mucho el tema, como ve, y me gustaría que usted me ayudara a dilucidar estas incógnitas.
Saludos,
Maykel

Fecha: 30/03/2008 11:24.


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