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JUAN ALMEIDA BOSQUE, CRONISTA DE CUALQUIER TIEMPO

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Por Luis Machado Ordetx

 

Siempre impresiona la lectura, la trascendencia y el modo en que Juan Almeida Bosque (La Habana, 1927-Id, 2009), reprodujo la historia en que se desenvolvió como combatiente revolucionario, y cuando lo hizo en  letras impresas -incluso en oralidad-, brotó la sencillez inusitada en el recuento minucioso de cada hecho; miró el tiempo en su alcance milimétrico y hurgó de manera precisa los acontecimientos.

 

Tal parece que en su estirpe juvenil de albañil en predios habaneros, juzgó la historia, centímetro a centímetro, como el que acomoda un ladrillo para edificar una sólida pared; así ocurre en su libro El General en Jefe Máximo Gómez (Editorial  de Ciencias Sociales, 1988); un vistazo certero al desenvolvimiento de ese lengendario dominicano-cubano que junto a su familia forjada en la manigua insurrecta, demostró que la lucha por la independencia de la patria sojuzgada por el colonialismo español, constituía una cuestión de honor y dignidad.

 

En su vocación de revolucionario, de marxista-leninista, y de músico, Almeida Bosque adiciona otra al expediente literario: la de "Historiador del Instante", como definió André Malraux a los periodistas, y si de exponer otra clasificación, acuñaría la de "Cronista de nuestro tiempo", según el concepto de Alejo Carpentier.

 

Basta solo acercarse a la lectura de El General en Jefe..., para percatarse cómo en 145 páginas, el escritor compone la historia desde el presente, y se remonta al pasado, a la inmediatez y presentismo en la comprobación de lo que sucedió en la manigua cubana durante la última mitad del siglo xix, aquella en la que Gómez, unido a Maceo y a Martí, batalló desde la Guerra Grande, hasta la Necesaria, con el propósito de conquistar la independencia de España y destronar los ímpetus expansionistas de los Estados Unidos.

 

Dos personalidades de nuestra historiografía prologan el libro de Almeida Bosque, y ambas se quedan perplejas ante del discurso narrativo, la humanidad y la sencillez expresiva que fluye en cada párrafo; así lo ven Eusebio Leal Spengler y Hortensia Pichardo Viñals, y esta última subraya la particularidad que marca "La feliz unión de un guerrillero, un revolucionario y un poeta en una misma persona, han permitido la visión de este Máximo Gómez, expuesto en su exacta e histórica objetiva personalidad", característica que tipifica el texto elaborado por el Comandante de la Revolución con el ánimo de que niños y jóvenes se adentren en los senderos de la educación patriótico-militar y aborden el pasado desde la óptica de una sucesión ininterrumpida de hombres y hechos en defensa de la identidad nacional y el ideal independentista.

 

El escritor se palpa urgido de contar la vida y obra del Generalísimo -desde su nacimiento en 1836, en Baní, República Dominicana-,  hasta el tránsito victorioso por campos insurrectos, y lo hace apegado a la historia, a los documentos biográficos recogidos por Benigno Souza y Bernabé Boza, y apela a su objetividad para delinear la figura del combatiente internacionalista y del inclaudicable guerrero.

 

Almeida Bosque fundamenta el antológico libro en la revisión de una extensa y documentada bibliografía sobre Máximo Gómez, sus campañas por el oriente y centro cubano durante la guerra de los Diez Años y luego en la contienda del 95, y en tono coloquial pasa revista a las acciones iniciadas el viernes 11 de abril de 1986 en Playitas de Cajobabo, Imías, Guantánamo, en ocasión del sesquicentenario del natalicio de aguerrido mambí; conmemoración que en todo el país culminó el martes 18 de noviembre de ese año tras la colocación de  monumentos y tarjas que identificaron el paso del héroe de la batalla de Mal Tiempo durante su campaña invasora.

 

Una lección de historia, también de exquisito periodismo, y de testimonio, definen El General en Jefe Máximo Gómez, dimensión que también se descorre en otras piezas narrativas que escribió Almeida Bosque para mostrar los sucesos revolucionarios que trascendieron en las últimas páginas de la gesta liberadora dirigida por Fidel desde que los Jóvenes del Centenario asaltaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes,  hasta que derribaron, junto al pueblo, la cruenta dictadura batistiana que espoleó a Cuba en los últimos años de la quinta década del pasado siglo.

 

 

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