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FIDEL, UNA MARCHA CONTINUA

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Por Luis Machado Ordetx

                                    «Ninguno de nosotros imaginó nunca la peregrina idea de que 
                                         transcurrido medio siglo, que pasó volando, lo estaríamos 
                                        recordando como si fuera ayer.»
                                                                     Fidel





Olor a metralla; a pólvora; a escombros; a muerte, y también a algarabía popular resonó en la ciudad durante los primeros días de Enero de 1959; otros destinos se abrían al país con la Batalla de Santa Clara y el inminente asistencia de Fidel junto a la Caravana de la Libertad tras la salida de Santiago de Cuba en el empeño de recorrer los poblados en las proximidades de la Carretera Central, y dialogar, como decía, con hombres y mujeres congregados en multitud revolucionaria.

Dos testigos de excepción del periodismo escrito favorecen el hallazgo casi inédito de algunos de los acontecimientos que se suscitaron frente a los portales y el interior del antiguo Palacio Provincial de Gobierno —hoy Biblioteca Martí—; son fotografías reveladoras de una incontenible historia y también las primeras ediciones de El Villareño, un rotativo que recogió con minuciosidad e inmediatez las conversaciones del Comandante en Jefe de las fuerzas rebeldes con la prensa nacional y extranjera, con representantes del Movimiento 26 de Julio, y su posterior discurso público dirigido a quienes acudieron a la congratulación.

El cruce  de la principal vía terrestre del país por la ciudad, en viaje de Oriente a Occidente, por supuesto, obligaría a detener la marcha de la Caravana en algún punto de Santa Clara; la población se aprestó al recibimiento multitudinario luego de conocer por la prensa nacional de los discursos pronunciados por Fidel en el Parque Céspedes, en Santiago;  en la Plaza de Camagüey, así como en el Balcón de la Sociedad “El Progreso”, en Sancti Spíritus, justo al amanecer del 6 de Enero, Día de Reyes, ocasión en que desde la mañana llegaría a la capital provincial en su paso hacia La Habana previsto dos días después.

La primera edición de El Villareño, Diario de la Tarde, correspondiente a enero de 1959, décimo año de existencia de ese rotativo de Santa Clara, con redacción, administración y talleres en la calle Luis Estévez 161, destacó en la portada del lunes 5 un gran titular: «Consolidado el Gobierno. Grandioso Recibimiento se le Tributará al Redentor de Cuba Dr. Fidel Castro a su Llegada a Santa Clara»; y de los ejemplares ordenados y conservados en el Archivo Histórico están las reseñas informativas del suceso: 

«Al cierre de esta edición el pueblo de Villaclara que de modo tan cruel sufriera los últimos zarpazos de la fiera acorralada se dispone a ofrecerle la extraordinaria bienvenida al líder máximo del glorioso Movimiento 26 de Julio al Doctor Fidel Castro Ruz que como lo hiciera a la terminación de la guerra de independencia el generalísimo Máximo Gómez, salió de Oriente en marcha triunfal para, deteniéndose de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, hasta arribar a La Habana, en la apoteosis del triunfo, que es el premio que los pueblos, en la hora de la alegría ofrecen a quines supieron libertarlos.

«Desde las mismas estribaciones de la Sierra Maestra, a donde llegara hace dos años y un mes escribiendo las páginas más heroicas de valor y de audacia, sale escoltado por su tropa de bisoños luchadores por un alto ideal este espécimen brillante de la juventud cubana…»

                                                   PÁGINAS INTERIORES

La publicación, no afiliada a posibles contactos que favorecieran el “aplauso” al régimen dictatorial de Batista, introdujo en la primera de sus ocho páginas, tipo sábana, un llamado del Comité de Instituciones Cubanas al pueblo de Santa Clara —organización existente en la ciudad desde dos años antes—, para respaldar la Huelga General Revolucionaria, y colaborar de manera irrestricta con el nuevo Gobierno en el poder dispuesto a dar cumplimiento a las medidas dictadas en aras de restablecer la normalidad del país. El documento fue rubricado dos días antes a la salida de esa edición del lunes 5 de enero.

A pesar de los estragos causados por descargas de fusilería a los equipos de impresión del rotativo, en primera plana salió un anuncio que esclarecía a los lectores la voluntad de los periodistas de sacar una edición que dignificara el momento histórico que vivía la ciudad tras el triunfo revolucionario, las transformaciones sociales y económicas que se avecinaban y recordar detalles heroicos del pasado inmediato; así incluyen un reportaje que aborda cómo «Batista quiso redimir a ceniza a nuestra Villaclara; recuento de una batalla», mientras en la séptima página existe un recuento sobre las acciones urbanas de las fuerzas del Frente de las Villas dirigido por el Che Guevara para dar al traste con los intentos de la dictadura de sostenerse en el poder.

La edición del martes 6 de enero, segunda salida del Diario de la Tarde en el «Año de la Libertad» como especifica su Machón, resalta un titular de gran puntaje: «Considera Fidel Castro culpable al pueblo, del pasado vivido»; y en el bajante o sumario, fundamenta palabras del líder revolucionario en su antológico cuarto discurso hecho en el transcurso de la Caravana luego de su salida de Santiago de Cuba: «Se acabaron las Botellas, el juego y el crimen.»

El redactor al describir la realidad social que lo rodea, incluye el asombro y la decisión del pueblo de apoyar con su respectivo y anónimo esfuerzo el triunfo de la Revolución: «No se recuerda desde hace muchos años que Villaclara experimentara un extraordinario e intenso regocijo como el que embarga a toda nuestra ciudadanía con motivo de la estancia del aladid de la liberación cubana doctor Fidel Castro Ruz, quien desde las últimas horas de la madrugada de hoy se encuentra en esta capital.

«Ese entusiasmo, esa alegría y ese gran júbilo lo demuestran los miles y miles de personas que se congregaron por todas las calles que tenían que conducirlo hasta la improvisada tribuna levantada en el Palacio Provincial, donde desde muy tempranas horas todo su espacioso Parque Vidal, portales y azoteas se encontraban repletas de cubanos en cuyo rostro de algunos  se vieron por la emoción que sentían correr lágrimas de recuerdos al pasado y alegrías al presente.»

                                                               CON EL PUEBLO

A las 12.45 minutos de la tarde de un mediodía despojado de todo signo de invierno —dada las vestimentas usadas por hombres, mujeres y niños que atiborraron el lugar—, Fidel subió a la tribuna mientras la Banda Municipal interpretaba las notas del Himno Invasor. Antes varios oradores, incluida la alocución del capitán Calixto Morales Hernández, miembro de la Columna 8 “Ciro Redondo”, designado por el Che en el cargo de Gobernador Militar de la provincia.

Cientos de periodistas de la radio, la televisión y prensa impresa, además de corresponsales de rotativos latinoamericanos y de los Estados Unidos, mostraron en ristre cámaras fotográficas y cinematográficas. Nadie quería perder un ápice del singular momento.

El Villareño, el martes reseña los aspectos medulares   del discurso de Fidel; más de 115 aplausos a sus pronunciamientos, con ovaciones de Sí y No, según las circunstancias de las ideas resaltadas por el orador: «He venido a conversar con ustedes un rato.  Desde que el pueblo manda hay que introducir un nuevo estilo: ya no venimos nosotros a hablarle al pueblo, sino venimos a que el pueblo nos hable a nosotros.  El que tiene que hablar de ahora en adelante, el que tiene que mandar de ahora en adelante, el que tiene que legislar de ahora en adelante, es el pueblo; es el pueblo el que sufre, es el pueblo el que sabe lo que necesita, es el pueblo quien conoce los abusos y los atropellos que se han cometido contra él.»

Fidel anuncia que en lo adelante se acabaron las “botellas”, los privilegios, los favoritismos, y anuncia que lo acompañan  «3 000 guajiros, armados, veteranos de la guerra de liberación, y van para La Habana, y con ellos se va a organizar la división blindada del nuevo ejército de la república, van a tener los tanques y los cañones.  Yo le pregunto al pueblo de Cuba si no estarán en buenas manos esas armas. A esos hombres hay que educarlos; o sea, quiero decir, sacarles la calidad humana extraordinaria que tienen, de la inteligencia brillante que poseen, del sentimiento puro que alberga cada uno de ellos en sus corazones, y aprovechar el triunfo no para que se envanezcan, no para pensar que ya todo ha terminado, sino para empezar a mejorarse.  Yo les digo a los rebeldes que ninguno de nosotros sabemos nada todavía y que tenemos mucho que aprender.  Porque si ellos hicieron lo que hicieron sin saber nada, ¡cuánto no podrá esperar la patria cuando sepan más de lo que saben hoy!»

«Ahora es cuando la Revolución tiene que empezar, ahora; se acabó la guerra y empieza la tarea conflictiva; ahora es cuando tenemos que lanzar nuestras columnas revolucionarias hacia la toma de todas aquellas posiciones que la Revolución debe trazarse como meta, hacia todos los objetivos en el campo de los obreros, en el campo de los campesinos, en el campo de los trabajadores y en todos los sectores de nuestro país donde hay muchas injusticias por reparar

Allí Fidel advirtió que «muchas veces nos volveremos a reunir, porque no será esta la única vez en que espero tener el honor de que me reciban los villaclareños; vendré aquí como a todos los lugares de la isla cuantas veces pueda y estén dispuestos ustedes a escucharme o hablarme […] porque tengo la convicción de que aquí nadie es imprescindible, y que la Revolución tiene suficientes valores, que ya pueden los enemigos de la Revolución matar a cuantos líderes revolucionarios quieran, que ya aparecerán cincuenta más. Y, por lo tanto, aquí lo que hay que hacer es trabajar y cumplir con el deber mientras tengamos energías, mientras tengamos aliento y mientras tengamos vida.  Y yo estaré en perenne contacto con el pueblo, y digo y repito que quien manda es el pueblo, y digo y repito que el Gobierno Revolucionario y nosotros no recibiremos órdenes nada más que del pueblo.»

                                                   ASCENSO A LA HABANA

A las 3:00 pm., después de concluir el su discurso, Fidel ofreció una conferencia de prensa a periodistas nacionales y extranjeros en los salones del Consejo de Alcaldes de Las Villas —actual Sala Catarla de la Biblioteca Martí—; habló de la Reforma Agraria, de las transformaciones sociales y económicas que acometería el país; del proyecto de desecar la Ciénaga de Zapata; del enfrentamiento al analfabetismo, a la burocracia y de la necesaria instrucción militar del pueblo.

El miércoles, El Villareño recogió referencias de la marcha de la Caravana de la Libertad  camino a La Habana; el recibimiento en los pueblos y ciudades aledañas, los discursos efectuados el jueves 8 de enero en el palacio Presidencial y en la fortaleza militar de Columbia.

El domingo 15 de marzo de 1959, otra vez Fidel Está en Santa Clara; viajó a inaugurar el edificio de la Biblioteca de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas; habla de la historia combativa del pueblo de la región; de las transformaciones del país; de la urgencia de profesionales que nutran con sus conocimientos las ocupaciones urgentes de la Nación. Otro domingo, el 21 de junio, a 5 meses y 21 días del triunfo revolucionario, está nuevamente en la ciudad para recabar apoyo popular a la Reforma Agraria; así prosiguió en Fidel una marcha continua por engrandecer los destinos de Cuba.

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