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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

VARGAS LLOSA, PREMIO A LA INDIGNIDAD CIUDADANA

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Por Luis Machado Ordetx

Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936), es un Señor Escritor. Nadie lo duda; ahí están el mítico La ciudad y los perros, elaborado a partir de sus experiencias en un colegio militar, hace ya casi medio siglo. También Conversación en la Catedral; hasta Pantaleón y las Visitadoras, La Fiesta del Chivo y El sueño del Celta, por citar algunas de sus monumentalidades.


Sus méritos literarios están aquí: una obra traducida a 30 lenguas, y tiene en su currículum los premios Cervantes, Príncipe de Asturias de las Letras, Biblioteca Breve,  Crítica Española, Novela del Perú y el Rómulo Gallegos.


El jueves la Academia Sueca lo confirmó como Premio Nobel de Literatura 2010, atendiendo a su “cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”, según el dictamen.


Sin embargo, a pesar de sus monumentalidades literarias, es un hombre de mucha CACA política. ¿Quién sabe, si a lo mejor, la dotación del Premio, 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros o 1,5 millones de dólares), que recibirá en la ceremonia del 10 de diciembre próximo, decida entregársela a terroristas que luchen contra la paz y la libertad de los pueblos?


Las posiciones, a favor y en contra, fluyen por los medios de prensa. Unos lo atacan de derechista, hombre muy peligroso, dice el actor Guillermo Toledo; otros, como el lector de la revista Andes, expone: «Es un premio inmerecido a tal señor, Si al señor Obama le dieron, el Nobel de la Paz, reflexionemos cual es la razón política para entregar a una persona insensible e incompatible con los intereses de los pueblos Latinoamericanos. Vargas es un neoliberal retrógrado, fascista y racista.»

Hasta ciertos dislates se traducen en los encontronazos de opiniones. En Twitter, el ex presidente mexicano Vicente Fox metió la “pata”, cuando escribió: “FELICIDADES MARIO, LA HICISTE! YA SON TRES BORGES, PAZ Y TU” (Sic). Una burrada literaria más: Latinoamérica tiene seis Premios Nobel en Literatura:  Gabriela Mistral (1945), Pablo Neruda (1971); Miguel Ángel Asturias (1967); Gabriel García Márquez (1982) y Octavio Paz (1990). Ahora Mario Vargas Llosa (2010).

Sepa Señor Fox, a Jorge Luis Borges no se le concedió ese lauro, aunque estuvo entre los escritores finalista. Bien merecía Borges un reconocimiento de ese tipo; no obstante, su obra literaria en calidad y trascendencia, es inabarcable.
Dios los junta y el Diablo los cría, a la inversa de cómo reza el refranero popular: Una desgracia para Vargas Llosa, tal vez una alegría, va a compartir su lauro con Liu Xiaobo, el disidente chino, congratulado con el Nóbel de la Paz 2010.


No obstante, Don Mario Vargas Llosa tiene tantas excretas encimas al enarbolar su doctrina social, política, económica, en «defensa del individuo sobre el colectivismo, el (neo) liberalismo y la estética tradición racionalista de Occidente» que casi seguro se fundirá en un abrazo muy sincero con Liu Xiaobo.


Los papeles viejos hablan del verdadero credo político y social de Vargas Llosa. La revista Casa de las Américas, correspondiente a los número 65-66, año XI, de marzo-junio de 1971, marcó la génesis reaccionaria de un hombre que hoy se erige con el Nóbel de nuestras letras, pero marca la diferencia con otros que, desde su cercanía, ven, sienten, sufren y deliran a favor de los verdaderos valores éticos y humanísticos que distinguen el hecho artístico y a la literatura como Patrimonio de los Pueblos y de la Paz.


Dice la introducción del texto suelto de Casa de las Américas que contiene la carta que Haydée Santamaría dirigió a Vargas Llosa: «Estando impreso este número de Casa de las Américas apareció la carta del escritor Mario Vargas Llosa a la compañera Haydée Santamaría, directora de la casa de las Américas, a la que ella dio la respuesta que publicamos. En el siguiente número recogeremos diversos textos en torno a las cuestiones debatidas.» Aquí está la epístola, y el tiempo no desmiente la verdadera razón política e ideológica de un escritor apegado a lo más retrógrado del capitalismo voraz de nuestra época.


La Habana, 14 de enero de 1971
Sr. Mario Vargas Llosa
Vía Augusta 211
Atico 2o
Barcelona 6
España

Señor Vargas Llosa
Un sabe que el comité de la revista Casa de las Américas al cual supuestamente renuncia, de hecho no existe ya, pues, a sugerencia de este organismo, se acordó en enero de este año, en declaración que usted mismo suscribió, ampliarlo en lo que significaba sustituirlo por una amplia lista de colaboradores de la revista y de la institución. Y esta medida obedeció al hecho evidente de que hacía mucho tiempo que era inaceptable la divergencia de criterios en el seno de dicho comité: criterios que iban desde los realmente revolucionarios, y que eran los de la mayoría, hasta otros cada vez más alejados de posiciones revolucionarias, como habían venido siendo los de usted. Por una cuestión de delicadeza humana de que usted sabe que le hemos dado pruebas reiteradas, pensamos que esta medida era preferible a dejar sencillamente fuera del comité a gentes como usted, con quien durante años hemos discutido por su creciente proclividad a posiciones de compromiso con el imperialismo. Creíamos que, a pesar de esas lamentables posiciones, todavía era posible que un hombre joven como usted, que un escritor que había escrito obras valiosas, rectificara sus errores y pusiera su talento al servicio de los pueblos latinoamericanos. Su carta nos demuestra qué equivocados estuvimos al ilusionarnos de esa manera. Usted no ha tenido la menor vacilación en sumar su voz —una voz que nosotros contribuimos a que fuera escuchada— al coro de os más feroces enemigos de la revolución cubana, una Revolución que tiene lugar, como hace poco recordó Fidel, en una plaza sitiada, en condiciones durísimas, a noventa millas del imperio que ahora mismo arremete salvajemente a los pueblos indochinos. Con tales enemigos al alcance de la vista y no pocos enemigos internos, esta, como toda Revolución, debe defenderse tenazmente o resignarse a morir, a dejar morir la esperanza que encendimos en el Moncada y en la Sierra y en Girón y en la Crisis de Octubre; a dejar morir de veras a Abel, a Camilo, al Che. Y nosotros no dejaremos nunca que esto ocurra y tomaremos las medidas que sean necesarias para que esto no ocurra. Por eso fue detenido un escritor, no por ser escritor, desde luego, sino por actividades contrarias a la revolución que él mismo ha dicho haber cometido; y usted que acaba de visitar nuestro país, sin esperar a más, sin conceder el menos crédito a las que pudieran ser razones de la revolución para proceder así, se apresuró a sumar su nombre a los de quienes aprovecharon esta coyuntura para difamar a nuestra revolución, a Fidel, a todos nosotros. Este escritor ha reconocido sus actividades contrarrevolucionarias, a pesar de lo cual se halla libre, integrado normalmente a su trabajo. Otros escritores también han reconocido sus errores, lo que no les impide estar igualmente libres y trabajando. Pero usted no ve en todo esto sino un “lastimoso espectáculo” que no ha sido espontáneo sino refabricado, producto de supuestas torturas y presiones. Se ve que usted nunca se ha enfrentado al terror. Se ve que nunca ha tenido la dicha de ver a hermanos que por lo único     que se conocía que eran ellos era por la voz y esa voz era para decirles a quienes les arrancaban la vida en pedazos su fe en la lucha, en la victoria final, su fe en la revolución, en esta Revolución a cuyos peores calumniadores usted se ha sumado. Después de lo cual se sienta usted a esperar las invectivas que teme o desea. Sin embargo, Vargas Llosa, pocos como usted conocen que no ha sido nunca costumbre nuestra proferir invectivas contra gentes como usted. Cuando en abril de 1967 usted quiso saber la opinión que tendríamos sobre la aceptación por usted del premio venezolano Rómulo Gallegos, otorgado por el gobierno de Leoni, que significaba asesinatos, represión, traición a nuestros pueblos, nosotros le propusimos “un acto audaz, difícil y sin precedentes en la historia cultural de nuestra América”: le propusimos que aceptara ese premio y entregara su importe al Che Guevara, a la lucha de los pueblos. Usted no aceptó esa sugerencia: usted se guardó ese dinero para sí; usted rechazó el extraordinario honor de haber contribuido, aunque  fuera simbólicamente, a ayudar al Che Guevara. Lo menos que podemos pedirle hoy los verdaderos compañeros del Che es que no escriba ni pronuncie más ese nombre que pertenece a todos los revolucionarios del mundo, no a hombres como usted, a quien le fue más importante comprar una casa que solidarizarse en un momento decisivo con la hazaña del Che. ¡Qué deuda impagable tiene usted contraída con los escritores latinoamericanos, a quines no supo representar frente al he a pesar de la oportunidad única que se le dio! Sin embargo, nosotros en aquel momento no le dedicamos invectivas por esa decisión. Supimos, sí, a partir de entonces, que no era usted el compañero que creíamos, pero aún pensábamos que era posible una rectificación de su conducta y preferimos felicitarlo por algunas palabras dichas en la recepción del premio, considerando que tendríamos otras ocasiones de volver sobre el asunto. Tampoco recibió usted invectivas cuando, en septiembre de 1968, en la revista Caretas, y a raíz de los sucesos de Checoslovaquia, emitió usted opiniones ridículas sobre el discurso de Fidel. Ni cuando a raíz de las críticas al libro de Padilla Fuera del juego, nos enviara, en unión de otros escritores residentes en Europa, un cable en que expresaban estar “consternados por acusaciones calumniosas contra poeta Heberto Padilla” y grotescamente reafirmaban “solidaridad apoyo toda acción emprenda Casa de las Américas defensa libertad intelectual”. Lo que sí hice entonces fue enviar un cable en que decía a uno de ustedes: “Inexplicablemente desde tan lejos puedan saber si es calumniosa o no una acusación contra Padilla. La línea cultural de el asa de las Américas es la línea de nuestra Revolución, la Revolución cubana, y la directora de la Casa de las Américas estará siempre como me quiso el Che: con los fusiles disparas y tirando cañonazos a la redonda”. Ni recibió usted invectivas cuando, después de haber aceptado integrar el jurado del Premio Casa 1969, dejó de venir, sin darnos explicación alguna, porque se encontraba en una universidad norteamericana. (Pero hechos como este, dicho sea entre paréntesis, nunca creímos que vendría a dictar el curso de que se habló informalmente. La pública renuncia que hace de este curso no es más que otra argucia suya. Si vino en enero de 1971, fue sobre todo para buscar el aval de la Casa de las Américas, que por supuesto no obtuvo, para la desprestigiada revista Libre que planean editar con el dinero de Patiño.) Y si, a raíz de estos y otros hechos, algunos escritores vinculados a esta Casa de las Américas discutieron privada y públicamente con usted, no se trató nunca de invectivas. La invectiva contra usted, Vargas Llosa, es su propia carta vergonzosa: ella lo presenta de cuerpo entero como  lo que nos resistimos a que usted fuera: la viva imagen del escritor colonizado, despreciador de nuestros pueblos, vanidoso, confiado en que escribir bien no sólo hace perdonar actuar mal, sino permite enjuiciar a todo un proceso grandioso como la Revolución cubana, que, a pesar de errores humanos, es el más gigantesco esfuerzo hecho hasta el presente por instaurar en nuestras tierras un régimen de justicia. Hombres como usted, que anteponen sus mezquinos intereses personales a los intereses dramáticos de lo que Martí llamó “nuestras dolorosas Repúblicas”, están de más en este proceso.

Confiamos, seguiremos confiando toda la vida, en los escritores que en nuestro continente ponen los intereses de sus pueblos, de nuestros pueblos, por encima de todo; en los que pueden invocar los nombres de Bolívar, Martí, Mariátegui y Che. Son ellos los que darán, los que le están dando ya, como en su propia tierra acaban de hacer los mejores escritores peruanos, la respuesta que usted merece. Sólo le deseo, por su bien, que algún día llegue usted a arrepentirse de haber escrito esa carta pública que constituirá para siempre su baldón; de haberse sumado a los enemigos de quienes en esta Isla hemos estado y estaremos dispuestos a inmolarnos, como nuestro compañeros vietnamitas, como nuestro hermano Che, por defender “la dignidad plena del hombre”.

                          HAYDÉE SANTAMARÍA

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