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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

CHILENOS DESDE LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA

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Por Luis Machado Ordetx

Incluye el poema «Virgen», la poetisa cubana Iliana Aguila Castillo, dedicado a los 33 mineros rescatados de las entrañas de la tierra, allá en el árido desierto de Atacama, al norte de Chile.

Martí escribió en tono profético para antes y después de nuestros días. El 2 de septiembre de 1886, en la edición de La Nación, de Buenos Aires, desde Nueva York, dejó un axioma inextinguible a tenor con "El proceso de los siete anarquistas de Chicago”. Allí alertó que «Andan por la vida las dos fuerzas, lo mismo en el seno de los hombres que en el de la atmósfera y en el de la tierra. Unos están empeñados en edificar y levantar: otros nacen para abatir y destruir».

Tal hecho lo empariento ahora con las labores de la cápsula “Fénix 2”, empleada en el rescate de los 33 mineros chilenos atrapados desde el pasado 5 de agosto en el yacimiento San José, al norte de Chile.

El show mediático, ajeno a veces a la voluntad y solidaridad humana, familiar y nacional —al margen de los empleos de alta tecnología—,a penas propició pormenores custionadores sobre por qué ocurrió un hecho sin “precedentes”, en los cuales la vida de los trabajadores, empujados a buscar un sustento familiar, quedaron «enjaulados» en las extrañas de la tierra.

Tal vez fue esa la más sonada de las labores de socorro colectivo dentro del contexto del capitalismo minero latinoamericano, enfrascado en ampliar las exportaciones de carbón, oro y cobre, productor esté en el que Chile acapara el 40% del mercado mundial con reservas de yacimiento equivalentes a 200 años de explotación continuada.

Dicen algunos medios de prensa que la empresa minera San Esteban, propietaria de la mina San José, estuvo cerrada por algún tiempo y en 2009 se reabrió sin condiciones laborales seguras para los trabajadores; y en julio pasado, un hombre sufrió un costosísimo accidente al sufrir el aplastamiento de las piernas mientras ejercía sus acciones extractivas.

Los diarios por días siguieron los sucesos que, bajo tierra, acontecían y daban fuerzas para seguir adelante a aquellos hombres que, bajo tierra, mantuvieron la unidad y la solidaridad por encima de cientos de miles de obstáculos naturales que los confiaron a la incomunicación.

Hoy, después del pasado martes en que comenzaron las acciones de rescate, en las profundidades de la mina,  muchos de los lectores del mundo siguen intrigados por cientos de miles de anécdotas referidas a la alimentación, la higiene y la convivencia que los sostuvo a esos 33 trabajadores bajo tierra, a la intemperie de la Buena de Dios.

Muchas Historias de Vida podrían escribirse al resaltar, incluso, cómo jamás, tanto adentro como afuera, no flaquearan esos hombre en el empeño de ver nuevamente cuánto acontecía más acá en la vida ciudadana. Dicen que, hasta un lienzo en blanco,  con la frase “Misión cumplida Chile”, atestiguó allí una proeza humana sin precedentes en zonas de Atacama, y lo creo.

Unas 22 horas y 54 minutos demoró el rescate de los 33 mineros, según los cálculos desde que se inició el pozo de evacuación perforado, y recién salidos los hombres a la superficie, el presidente Piñera «comprometía» su palabra con la Nación y el mundo de «mejorar las condiciones laborales del país»: no más sufrimientos inhumanos e inseguros en el trabajo. Será posible en medio del neoliberalismo y la explotación despiadada que prodiga el  laboreo del minero pobre que ansía pugnar contra toda esperanza de vida por el decoro de su familia hambrienta.

Ahora, a esos 33 mineros los proclaman Héroes del Bicentenario de la Independencia, gracias a una voluntad casi divina y la solidaridad entre familiares, el compromiso estatal y de empresarios, para posibilitar un reencuentro, otro, para unos, den el casi inesperado y sin parangones de los salvamentos de la historia contemporánea de la humanidad.

En lo adelante habrá que hablar de 32 chilenos y un boliviano, abrazados contra la muerte, allá bajo tierra a unos 700 metros bajo la superficie, las  entrañas de una mina de cobre y oro, y encima miles de toneladas de roca y lodo en medio de un calor asfixiante, socorrido por el momento mientras el mundo aguarda para que hechos similares no se repitan en medio de intereses mezquinos que dividen a los hombres en ricos y pobres; hambreados y opulentos, agresores y agredidos, cuando en realidad lo que reclaman todos es edificar y levantar la prolongación de la especie humana, única forjadora de todo devenir histórico.


Hago extensivo el texto que escribió la poetisa cubana Iliana Aguila Castillo a raíz del salvamento de los 33 mineros atrapados bajo tierra en San José. Ni un verso más, ni un verso menos, y sin espíritu tribunalicio, aquí están sus imágenes:


                            «Virgen»

Iliana Aguila Castillo, (poetisa cubana).


                 Al fuego de las voces se abre
                 la tierra
                 y permite que despeñen sus paredes
                 en gesto involuntario al desgranarse.


                 Vislumbra su ojo a los mineros
                 que avivan su yesca,
                 fundidos al barro,
                 al presunto desamparo ignoto.


                 Descienden los pulmones agrietados
                 sin esperanza de ver limpias sus heridas.


                 Espléndido abanico el de la Virgen.

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