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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

JUAN MARINELLO, EL OPTIMISTA

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Por Luis Machado Ordetx

 

Aniversario 115 del natalicio de un teórico marxista-leninista cubano, propagador de la estética vanguardista, el arte nuevo, el humanismo y el legado antimperialista y martiano de José Martí.

 

Haz de Luz, así nombró en reiteradas ocasiones el poeta y pedagogo Emilio Ballagas Cubeñas al amigo Juan Marinello Vidaurreta. Los encuentros entre ambos escritores cubanos atestiguan instantes múltiples, de respeto, camaradería y de reconocimiento intelectual. Ambas apreciaciones fueron simultáneas.


Unas veces los primeros encontronazos ocurrieron en La Habana durante los febriles días vanguardistas de las revistas Social o de Avance, y luego fueron más pródigos en Santa Clara. Marinello sacaba tiempo a las urgencias docentes, de conductor comunista y de editor, o periodista, para visitar a María Josefa, Pepilla, la esposa, radicada desde mediados de 1933 en la  dirección de la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara.


Esos instantes no están muy esclarecidos por la historiografía local. Cierto fue que Marinello constituyó una pieza clave para dotar de pedagogos con ideas de izquierda al centro docente de la ciudad. Tenía un doble propósito: convertirlos en acompañantes indispensables de Pepilla durante aquellos momentos convulsos posteriores a la caída del gobierno de Gerardo Machado, y que asumieran las aulas dispuestos a propagar las novedades más trascendentes del arte y la cultura nacional o universal, incluso del compromiso social del intelectual.


Con Ballagas llegaron Domingo Ravenet Escuerdo, Ernesto González Puig, y después Gaspar Jorge García Galló. Pepilla Vidaurreta, al marchar un tiempo después hacia La Habana, quedó en la Normal una estela de inconfundibles artistas-pedagogos que siguió pugnando por la renovación creativa, y también por lo nacional. De un modo u otro fueron los fervientes animadores de los majestuosos murales-frescos que en 1937 envolvió a una parte mayoritaria de la vanguardia artística cubana.


En cartas íntimas Ballagas tuvo razón al nombrar, Haz de Luz, en tono amigable, a su fraterno compañero Juan Marinello Vidaurreta (Jicotea, 2 de noviembre 1898-La Habana, 27 de marzo de 1977), y reconocerlo como mentor martiano, activo militante y defensor del marxismo-leninismo. Lo estimó por un temperamento que en nada se avenía con la  pasividad, o el elitismo de algunos escritores de aquel tiempo. Era también la mirada de Marinello una observancia para el futuro.


Al rebuscar en la prensa periódica de Santa Clara, La Publicidad refrendó una afirmación de Marinello, muy a tono con su espíritu, y que denominó “El Optimismo”, como el que sitúa la Patria por encima de todos los deberes. Allí dice que:


   «No se concibe un buen patriota que no sea optimista.   Son dos cualidades que deben ir siempre unidas.   El pesimista puede que ame intensamente a su pueblo; pero es amor     estéril, cuando no una rémora al progreso. El Optimismo es al    patriotismo lo que la fe a la religión […] La idea de Patria implica la del      amor de sus hijos, y para eso es preciso creer en ella, tener     confianza, tener fe, en este caso se llama Optimismo…»1


Santa Clara jamás constituyó en la mentalidad de Marinello una ciudad extraña. Nació en uno de sus poblados de periferia, y aquí cursó los primeros estudios primarios y concluyó el bachillerato en su Instituto de Segunda Enseñanza. También en la ciudad, cuando ya era un reconocido crítico en arte y literatura, dictó importantes conferencias que le valieron el aplauso y la aceptación de sus contemporáneos. 


En 1929 la sección “Villaclareñas”, escrita por el periodista Sergio R. Álvarez Mariño, en La Publicidad,  afirmó que:


 «El doctor Juan Marinello Vidaurreta, catedrático de la Universidad Nacional y su sociable y gentil consorte María Josefa Vidaurreta de Marinello, catedrática nuestra Normal.Desde ayer aquí.Constantes las visitas.Por cierto, que ha logrado el Ateneo una primicia del doctor Marinello, que me apresuro en hacer público, ante el suceso que representa.En el mes de noviembre nos ofrecerá dos conferencias.Una sobre Literatura y otra sobre Martí. Dos grandes sucesos en puertas que motivará acontecimientos sociales y culturales».2


Ambas conferencias, propuestas por Severo García Pérez, Presidente del Ateneo de Santa Clara, fueron dictadas por Marinello en el Instituto de Segunda Enseñanza. Los hechos culturales ocurrieron a las 2:00 pm., del miércoles y jueves 13 y 14 de noviembre, respectivamente. Durante ese instante se abrió al público el Museo de la Biblioteca Martí, primero que tuvo la ciudad.3  


Años después Marinello reiteraría en «Fuentes y Raíces del pensamiento de José Martí», algunos de los fundamentos del aquel momento, al declarar que:


 «Si se me forzase a preciar las vías maestras en que se muestra la más inviolable condición de Martí, miraría hacia su culto a la unidad y a la libertad del hombre […] A través de toda su escritura, tan cuantiosa y varia, enarbola […] lo que llama la identidad fundamental humana […] La acción imperialista hiere en lo más hondo la unidad del hombre…»4


Esta no sería la única visión de acercamiento de Marinello con Santa Clara. Era un apasionado martiano y latinoamericanista que reconoció el valor social del arte y la literatura. Por eso destacó la necesidad histórico-concreta, y el papel activo y consciente del sujeto en la apreciación artística de la realidad circundante. Tal posición, a veces polémica, lo mantuvo en creciente y perseverante inquietud de fidelidad a su tiempo y al hombre. No por gusto Ballagas no denominó Haz de Luz en las Artes y las Letras Cubanas.


NOTAS:


1- Juan Marinello (1929): «El Optimismo», en La Publicidad, 25(11297):1, Santa Clara, jueves 1 de agosto.

 2- Sergio R. Álvarez (1929): «Villaclareñas», La Publicidad, 25(11301):4, Santa Clara, miércoles 7 de agosto.

3- «Museo de la Biblioteca Martí» (1929): en La Publicidad, 25(11372):1, Santa Clara, miércoles 13 de noviembre.

4- Juan Marinello (2005): «Fuentes y Raíces del Pensamiento de José Martí», en Nuestra América, p. 20, Fundación Biblioteca Ayacucho, Venezuela.
  

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