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La calidad, una cuestión ética

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Fundamentos de la disertación presentada en el Festival de la Prensa Escrita, Villa Clara, Octubre

Por Luis Machado Ordetx 

Teóricos del entendimiento publicitario no se cansan de decir que «[…] medio mundo habla de creatividad al otro medio mundo». Si partimos del supuesto que, «crear es hacer, y pensar en algo que antes no se había hecho», aunque bien pudo haberse ideado sin llegar jamás a ejecutarse; entonces, nosotros, entramos, desde hace poco, en el sendero de «recapacitar de otra manera» en relación a lo que, en un tiempo atrás, se miró como habitual.

 

Concordamos en que «crear» es buscar soluciones a viejos problemas. Partimos de una óptica donde imperan métodos no lógicos que se apartan de lo trillado y rutinario, muy lejos de esos esquemas preparados a priori, y donde, a veces, no se resuelve nada, porque nuestro propósito estriba en destapar o desempolvar el pensamiento libre de cortapisas desestimulativas, y por ende buscar soluciones coordinadas, pues, por qué, existen a la vista de todos.

 

Obvio que las técnicas y métodos para impulsar la creatividad no son nuevas, y tampoco hemos inventado nada. Desde la Teoría del Brainstorming —tormentas de ideas—, hasta las recientes, el mundo «intenta» con Unamuno aferrarse a que «Solo abrazando lo absurdo se puede lograr lo imposible» en defensa de una calidad traducida en productos comunicativos superiores.

 

Eso nos obliga a cotejar la calidad de las producciones periodísticas dentro de las conceptualizaciones éticas, lejos de errores involuntarios, pero errores al fin, que laceran, vengan de donde sean, una profesión que tiene por misión educar, indagar y pulsar la realidad inmediata, a la par que defiende desde adentro, con miles de fórmulas instrumentadas, las calumnias que «quiere» imponer el imperialismo sobre los destinos de la   nación.

 

La generación, acumulación y distribución de conocimientos, constituyen pilares en cualquier hacer, y es cierto, más en periodismo, como realización humanística y comprometida con el tiempo, donde  aún las rutinas o subrutinas productivas, del acto programático por naturaleza, se consolidan resultados predecibles y especificables a partir del talento creador de las individualidades y colectivos.

 

Verpraet, apoyando los conceptos Vivaldi, destacó, y es cierto, que «[...] el periodista debe poseer un triple sentido: sentido del tiempo, de la actualidad y del público», para ver y saber, hacer ver y saber hacer, como profesional, catalogado, además, del perfil del escritor que investiga y divulga acontecimientos de trascendencia social y de actualidad nacional o extranjera desde la óptica de defensa de los principios político-ideológicos atribuibles a una plataforma partidista, revolucionaria y editorial.

 

Nuestra misión es promover el desarrollo político y cultural de los cubanos, resguardar y trascender junto a sus conquistas en el plano interno y externo, donde los valores agregados y de percepción de la calidad de los productos comunicativos, bien seleccionados y creados, ofrezcan originalidad y singularidad.

 

Nada hacemos con llenar páginas con textos y fotografías, bajo el subimperio de la falta de originalidad y la indagación periodística, si a la postre, el discurso mediocre, no deja aportaciones. En otras, cumplimos orientaciones y creemos que nos comemos el «mundo», pero las contribuciones son mínimas o máximas, según se cotejen.

 

No obstante, las definiciones de calidad del periodismo son atribuibles, casi en exclusivo, a lectores, oyentes o televidentes, y aunque se cree que, en última instancia, es el público el que define la calidad, no contamos con rigores científicos que demuestren en qué medida son satisfechas esas necesidades.

 

Pensamos más en satisfacer un plan, una asignación directiva y en el entendimiento personal que, como profesional, en el otro, el receptor. O sea, escribimos para un público diferente, en soportes impresos o digitales, y aunque vivimos y defendemos una causa social común, carecemos, por momento, de la perspectiva del que asume la lectura plural, porque la superficialidad, vista en algunas de nuestras reuniones de calidad, lleva a «asesinar», el discurso comunicativo.  

 

Tendríamos que hablar del sensus communis donde pensamos como profesionales en interés de la colectividad, y por ese tamiz se infiere la calidad de cada entrega, por mínima que sea en publicaciones on line u off line que den al traste con ineficiencias humanas, limitaciones materiales    —existentes en cualquier lugar—, negligencias y…, reiterativas en cualquier medio de prensa cubano.

 

No bastan cursos de superación, si carecemos del sentido de identidad, del juicio por la calidad de las ediciones y del contacto estrecho entre todos los factores, y se denomine lo que está mal con el único adjetivo posible: MAL, pero posible de publicarse después que se corrijan todas las fallas de enfoque o de género.  

  

Sin llegar a la perfección, y muy distante de las aspiraciones, a mediados de 2005, la UPEC en Vanguardia, revitalizó su Comisión de Calidad, con otros conceptos, incluyendo un hacer de espías anónimos, al estilo de los Hermanos Grimm, que leen y verifican las ediciones con espíritu crítico.

 

A partir de entonces, esas opiniones, lunes tras lunes, se producen, por más de una hora y media, sesiones de intercambio y reflexión colectiva, a veces, no del todo participativo que se desea.

 

Hay una revisión sistemática a los productos finales que aparecen en el semanario y sus tres mensuarios: Arimao, El Santaclareño y Melaíto, incluso el diarismo del sitio digital. Alguien puede aludir, ¿post-mortem?, pero siempre hacia un enfoque de calidad.

 

Antes no hacíamos nada, y el pensamiento se quedaba encerrado en unos pocos. Hoy se comparte, y se aprende, al tiempo que el Consejo de Dirección se sitúa desde la perspectiva de un miembro más de la UPEC, aunque sus responsabilidades conlleven respuestas y tomas de decisiones.

 

Vital es la perspectiva del reconocimiento a los mejores textos, fotos, títulos y diseños, a la vez que se aborda, desde el estilo, hasta el proceso de corrección, apuntando hacia la aprobación o el desacuerdo colectivo.

 

En cuenta, tenemos las sugerencias, individuales o colectivas para mejorar los enfoques, intercambios y las entregas comunicativas pre-edición. Un error ahora, casi nunca, aunque se diga que el hombre es el único que tropieza dos veces con idéntica piedra, se repetirá, porque subyace en cada individualidad, y por tanto en la autoexigencia personal y profesional.

 

Una mirada hacia la búsqueda de fortalezas y debilidades, principalmente, y la práctica, demostró la necesidad y urgencia de instrumentar talleres, donde intervinieran todos los periodistas, para abordar desde el punto de vista teórico las posibilidades del periodismo de opinión en nuestras páginas, y fundamentar una identidad y un vínculo con los lectores, terreno en que, además, se aprovecharían las potencialidades de ilustración de los humoristas de Melaíto.

 

Nuestros problemas tenemos que resolverlos nosotros, fue la perspectiva, y no deben importarse en cuanto a calidad del pensamiento. Así se fundamentó el perfil editorial, de acuerdo a la política, del comentario y el reportaje, con sus tipicidades, incluso del uso del titulaje, el diseño y los componentes gráficos y fotográficos, hecho que obligó a  periodistas, en el plano individual, a investigar y penetrar más en las aristas que trata, y la correlación con otros temas y la multiplicidad de fuentes.

 

Lejos de auto (complacencias), el espíritu (auto) crítico, de superación técnico-profesional, aumenta en cada sesión, y aunque estamos lejos, repito, de una solución que privilegie la calidad —por limitantes objetivas o subjetivas—, los productos comunicativos son superiores en repercusión social, política e ideológica.

 

Prima el reconocimiento de las potencialidades del aprendizaje individual y colectivo, desde la tónica de lo participativo, con lecturas previas  de los materiales, mayor cohesión, tomas de decisiones, y mirada crítica ante lo mal concebido y de elogio oportuno en todas las circunstancias.

 

Tendríamos, entonces que hablar como Martí, «[…] el elogio oportuno fomenta el mérito y la falta de elogio lo desanima», porque pensamos que el primer peldaño hacia el triunfo por la calidad es la unión sólida de todos, y ese constituye el ánimo que prima entre los miembros de la UPEC en Vanguardia.

 

Un ejemplo: carecemos desde hace tiempo de jefe de redacción —área clave en el proceso de edición—, y en reiteradas publicaciones aparecieron continuas erratas. ¿Qué sugirió la Comisión de Calidad?: instrumentar una solicitud a la dirección de órgano, previa aprobación de la membresía, de establecer el PERIODISTA DE CIERRE, lugar donde se ubicaron  profesionales de experiencia, junto a jóvenes en proceso de formación, para velar por la calidad.

 

Aquí, se participa, antes de la edición final, en la revisión íntegra de los materiales. Más de un enmienda se corrigió en el camino, lo que contribuye, sin duda —resaltando la espontaneidad y voluntariedad de ese grupo—, a consolidar el prestigio de las entregas impresas.   

 

Ese equipo comparte experiencias y conocimientos, y evitar la duplicación de esfuerzos, proceso que hace más efectiva la etimología de COMUNICACIÓN: «construir una fortificación común», donde la calidad, como conjunto de características inherentes a un producto, en este caso el periodístico, cumpla con una necesidad y una expectativa establecida y obligatoria de la gestión de un conocimiento cada vez más activo en la comunidad.

 

Desde agosto, los que intervienen en el cierre, práctica que en Vanguardia hace casi 15 años dejó de realizarse, tienen el reconocimiento individual y colectivo, y constituye un hacer voluntario, al margen del cumplimiento de otros compromisos profesionales con el órgano, y donde, además, se consume tiempo, entraña responsabilidad y tomas de decisión.

 

¿Cuál es el rol de la organización de base?: Generar un sentimiento de identidad y sensibilidad para alcanzar grados de calidad y repercusión político, ideológica y social de nuestros mensajes, capaces de garantizar decisiones a partir de los logros del colectivo, del conocimiento y la inteligencia que desplieguen en la identificación de los errores y sus causas.

 

No olvidemos que, como profesionales, somos intermediarios de la información, y de nuestra responsabilidad depende la repercusión en el destinatario. Por eso, más que hablar de rutinas productivas, prefiero el concepto de la gestión de la calidad, pues implica mejoras continuas de nuestros procesos diarios.

 

De ahí que afianzar destinos cualitativos superiores, represente esforzarnos en cumplir con las necesidades, tanto internas como externas, que contraemos con el lector, apuntalar la formación y superación técnico-profesional, reconocer los valores, la creatividad y la necesidad de cambio a favor de un ambiente de trabajo en equipo, capaz de hallar pautas en la solución de problemas teóricos y prácticos del hacer periodístico.

 La NO CALIDAD en las rutinas productivas, atrofia, y por ende el reporte comunicativo final con limitaciones, tiene un costo y una repercusión en un lector, crítico, además, quien, en ocasiones lo achaca al crédito resultante. Sin duda, en el proceso intervienen reiteradas manos y ojos, y a todos escapa, por premura, el error.

El uso sistemático de INTERNET, desde hace dos meses ininterrumpidos, como antes se puntualizó, revierte sus resultados, en páginas personales, búsqueda de información, ampliación del conocimiento y el intercambio con otras fuentes.

 

En lo adelante, tendremos que pensar más en la orientación de los públicos externos, incluso en PREVER LOS ERRORES, y no solamente en detectarlos —tipo post mortem—, donde las cosas salgan bien desde la primera intención dada la profesionalidad, eticidad y compromiso que asuman diariamente los ejecutantes de las acciones.

 

La comisión de calidad, y sus talleres, no tiene la finalidad de buscar culpables, del tipo chivo expiatorio, sino orientarnos todos hacia los procesos de selección de los materiales que conformarán las ediciones de nuestras páginas, y que en definitiva irán a parar al lector y la memoria escrita de una región. De ahí que se perfeccionen los procesos, para que los resultados sean más adecuados, desde el uso del correo electrónico y la mensajería personal, hasta la navegación y la documentación acumulada en la red de redes. Ya su utilidad, más que sentida, es una realidad.

 

Debemos, incluso trabajar, como periodistas, hacia todo tipo de necesidades, sentidas o no en el destinatario, y hacerles ver hechos e historias que, a veces no imaginan que existen en las realidades contemporáneas.

 Un reto mayor quedará en lo perspectivo, sin que este festival sea el cierre de una etapa, sino el aluvión de mejoras continuas en beneficio de la calidad de nuestros aportes comunicativos y profesionales: concluir los documentos normativos de los perfiles editoriales que restan en algunas de nuestras páginas, incluso, de las normas de redacción, y puntualizar que por el tamiz de una redacción, la calidad entraña también una razón soberana por la que transita la ética del periodismo militante y creador.

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