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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

Vida, irrevocable estancia

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 Seis meses, seis después de la última escritura en mi BLOG, vuelvo nuevamente a reemprender el camino para el disfrute de la historia de la cultura cubana, la preservación de la memoria, y por supuesto de nuestra idiosincrasia. Después de un tiempo alejado, otra vez aquí. Gracias a los amigos de adentro y de afuera de la Isla por esas gotas de humanismo y solidaridad en constante preocupación por el mejoramiento de la salud personal.

   

Por Luis Machado Ordetx


UNA frase impregnó lo lapidario y aleccionador. Ojala en otros congéneres  trascienda en irrevocable cambio de actitudes y hábitos individuales. El texto no me pertenece, pero lo tomo en propiedad al ser concebido en consejo: «Si tuviéramos una mayor cultura sobre la salud quizás no...»


Es de una Reflexión: «La marcha prematura», escritura con aires  insuflados desde el alma, con rastro imborrable por lo interpretativo, lo opinativo; de resortes de inmediatez, y de franqueza ética. Fidel lo redactó y lo difundió luego de la partida definitiva de Sergio Corrieri Hernández, el dirigente, el actor, el revolucionario, el amigo ¡Un martillazo vino con la lectura!


Corto ahí la enunciación, empeñado en reconocer que a este cronista, como sucede también a usted, y a aquel o al otro que lee, los malos hábitos alimenticios -a deshoras, rápidos y sin recurrir al consumo de vegetales-, asociados al tabaquismo, la ingestión ocasional de bebidas alcohólicas y el stress agotador de una profesión en sobresaltos, de avatares en la existencia; alteración del sueño y la hipertensión arterial -lima sorda que desestabiliza la fisiología-, dejan inminentes o mediatos estragos.


Ese instante, en que un infarto agudo del miocardio, en cara inferior, complicado con un bloqueo, me condujo hasta un hospital, solo quiero retenerlo a partir del recuento, mas cuando ahora obliga a un cambio en los mecanismos objetivos y subjetivos que incitan a prolongar la vida, como un villaclareño empeñado en rebasar esa expectativa que frisa los 78.4 años.


 Pensar que todavía restan tres décadas para esa cifra, provoca el lógico sobresalto. ¡Ahora, al ruedo! ¿No sé por que rara avis filosófica, el hombre reclama un cambio de conducta a partir de la ocurrencia de un hecho que atenta contra su vida, la estabilidad de la familia, y del modo y la forma de estar en la sociedad?


Siempre hacemos juramentos y juramentos, hasta que todo pende de un hilo.  Consejos, consejos y consejos, y nada vale en aprecio hasta que ¿...? Más allá de la reseña individual, preciso de lo apreciativo de una ética y una entrega a la profesión, sin fronteras y latitudes en el desbordamiento por el cuidado de ese que nombran con un soberano cariño: «paciente clínico». Tal vez, en otros lugares, de un idéntico recinto, incluso bajo un similar techo, no aparezcan pormenores del relato de referencia y hasta puede que en usted surja el cuestionamiento.


Sin otros rodeos voy «al todo y sus partes»; el primero, el Hospital Clínico-Quirúrgico-Docente Arnaldo Milián Castro, y lo segundo, la sala de Cardiología (unidades de terapia intensiva, intermedia y polivalente, integradas en respectivas funciones), válidas en la determinación, observación y cuidados en la evolución de diagnósticos en ingresados con fallas cardíacas.


Un lustro tiene esa instalación del segundo piso del área frontal hospitalaria. Catorce días sirvieron para aquilatar desde la extrema limpieza, hasta la competencia profesional y humana de sus especialistas -jóvenes cubanos y latinoamericanos-, quienes, junto a enfermeros y administrativos, proponen la  evolución de los pacientes y diagnósticos, y aportan en colectivo un rayo inextinguible al clama con agrado por la fraternidad.


Allí jamás contemplé personas carentes de dificultades materiales, de omisiones espirituales o familiares. Todos tienen los idénticos problemas a los afrontados por el cubano de hoy. Sin embargo no exteriorizan una queja, excepto, exigir y hacer lo que toca a cada cual en medio de imperfecciones humanas, sociales y de estragos impuestos por el bloqueo económico norteamericano.
Ahí hay secuelas objetivas de las injustas Leyes Torricelli, Helms-Burton y el Plan Bush, y eso lo


 reconoce cualquiera que habite el Caimán Verde, como lo definió el poeta oriental Arturo Clavijo Tisseur. ¿Cómo ignorar que durante nueve días estuve conectado a un marcapaso externo? Ahora leo una reseña: la  suspender las ventas a empresas cubanas y en otros casos, han anunciado la cancelación de licencias, como ocurrió con la compañía Med Tronic, de Estados Unidos,  decidió suspendernos las ventas  de  esos equipos, afectando incluso a niños portadores de arritmias de carácter congénito o adquirido, necesitados del aditamento.


Al pie de la observación de dos, y hasta tres electrocardiogramas (ECG) por día, estaban los galenos dispuestos a detectar  cardiopatías y variaciones en los pulsos eléctricos recogidos a través de electrodos; los especialistas,  como dije, derrochaban con todos los hospitalizados un sentido de «modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo». Eso es Revolución: ¡Hasta una anciana de 103 años recibió los beneficios de un marcapaso interno! Nadie preguntó, como sucede desde hace casi cuatro décadas, cuánto dinero tenía, cuál era la profesión, el color de la piel,... Sencillamente estaba allí, recibiendo los beneficios del servicio, por esa razón de sentirse, creerse y erigirse como una cubana más.


En el lugar no estaban equipamientos de última generación, como esos anunciados en www.schiller.ch.com. Si no fuera por el calamitoso bloqueo, estoy seguro que, pie en tierra,  el Estado no escatimaría erogaciones monetarias para adquirirlos y ubicar en todas las instalaciones hospitalarias  el publicitado Cardiovit CS-200, de diagnóstico cardiopulmonar; el Cardiovit AT-101, AT-1 y el AT-104, de ergoespirometría; el desfibrilador FRED y...


¡Qué no haría mi país por trascender más allá de lo actual si careciéramos de la implicación del criminal bloqueo! Un equipo similar de marcapasos interno a los que se instalan en Cuba, ese que traslada una anciana de 103 años, así como otros con quienes confraternicé, cuesta entre 20 mil y 30.mil euros en servicios asistenciales de los hospitales Miguel Servet (Zaragoza), Virgen de la Arrixaca (Murcia), Juan Canalejo (La Coruña); Gregorio Marañón (Madrid), Marqués de Valdecillo (Santander), Virgen del Rocío y Virgen Macarena (ambos en Sevilla), y... En mi país, todo es totalmente gratuito en el campo de la Salud.


Todos, no lo dudo, tenemos que cuidar eso que pertenece como patrimonio de cubanía. De ese sentido dependerán otras riquezas espirituales y materiales. Sin embargo, No obstante, el grado de exigencias profesionales, individuales o colectivas, no es el similar en otras áreas hospitalarias del «Milián Castro»; tal vez ahí estribe cierto deterioro, hasta de atención especializada, limpieza y mobiliario que se percibe entre las salas.


Comprender que Cardiología es «Una Taza de Oro», como realmente lo representa, bosqueja un reto a la (auto) dignificación y responsabilidad atribuibles a otros servicios médicos, a los comportamientos de pacientes y familiares, a la altura de lo que defendemos, como si todo fuera una escena humanizada y descrita por Steinbeck en Las viñas de la ira; afincado en preservar y enriquecer la longevidad, pero siempre desde la recomendable perspectiva por Una mayor cultura sobre la salud.

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