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GARCÍA MÁRQUEZ Y UNA NOTICIA INSÓLITA

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Por Luis Machado Ordetx

 

Gabriel García Márquez, en el bar del Hotel Santa Clara Libre, posó los ojos en los espacios de la reciente edición de Vanguardia, el rotativo villareño. Buscó, con el auxilio de los cristales de aumento, en el intrincado misterio de las ocho páginas tipo sábana. Deseó conocer sobre las noticias, y en especial qué anotó el periódico de la visita suya, efectuada el día anterior. Sintió cierta curiosidad… 

La institución de prensa impresa fue la única de su tipo que recorrió en 1975 cuando vino a Cuba por invitación de Fidel en ocasión del acto conmemorativo del 26 de Julio, previsto para la capital del centro del país. Hay un extremo: el narrador colombiano siempre quiso pasar desapercibido durante ocho días que permaneció aquí. Es un suceso evidente. 

Lo corroboran la confesión de Arturo Chinea Medina, entonces jefe de Información del diario y uno de los acompañantes en periplos por Cienfuegos, Trinidad, Playa Girón o Tope de Collantes. También se comprueba en revisiones de las páginas de Vanguardia, un periódico que acaparó la atención de los cubanos en las semanas anteriores o posteriores al acontecimiento histórico nacional del 26. 

Por esa época concurren a la provincia el dramaturgo guatemalteco Manuel Galich López, así como el poeta Félix Pita Rodríguez, el folklorista Samuel Feijóo, el investigador Joaquín G. Santana y el ilustrador Manuel del Toro, y otros escritores cubanos que vienen para las confraternizaciones. Todos realizan recitales literarios, y obsequian o dedican al público las últimas ediciones de sus libros. Noticias los destacan en las fábricas de tabaco Bauzá y La Juventud, en Cabaiguán, o en la  Biblioteca Martí, de la capital, lugar último en la cual inauguran las librerías Pepe Medina y Viet Nam, centros para irradiar cultura. 

En ningún momento asoma una mención de García Márquez junto a esos grupos literarios. Tampoco hay informes de estancia en las exposiciones de obra pictóricas de Chartand, Romañach, Víctor Manuel, Abella, Pogolotti, Portocarrero y Amelia Peláez que se exhiben en el antiguo edificio de la Colonia Española de Santa Clara. Incluso, puede que acudiera a la velada artístico-cultural que acogió el cine-teatro Camilo Cienfuegos, el viernes 25 de julio en la noche, pero no existe un reconocimiento. 

Cierto es que el colombiano, huésped del edificio más alto de la ciudad, entraba y salía del lugar junto a Gonzalo García Barcha, el adolescente hijo que hacía labores de osado fotógrafo con una cámara Nikon, modelo FT 2,  de última generación. Muchas veces fue Chinea Medina quien aguardó a los extranjeros en el lobby del hotel. Antes los extranjeros rechazaron hospedarse en Los Caneyes porque querían estar cerca del murmullo de las personas. En otras ocasiones los recibió un anónimo chofer de un auto Ford Falcón, habilitado para los recorridos. 

De aquellos instantes el testimonio del  antiguo jefe de Información de Vanguardia resultó imprescindible en la reconstrucción de la historia alejada en el tiempo. De ese modo los acontecimientos con apariencias reales toman valor de anécdotas —unas ciertas y otras infladas—, sobre todo aquellas surgidas después de abril de 2014, fecha del deceso del colombiano. 

Al hablar o referir pormenores del recibimiento en el periódico del autor de Cien años de soledad (1969), algunos lo hacen de una manera impresionista, carente de apuntes de la fecha exacta y del dato puntual que inmortalizó la estancia del escritor en el recinto de la calle Céspedes número 5 esquina Plácido, en Santa Clara. Por tanto corren el riesgo de decir… 

Desde Cienfuegos Ángel Álvarez Machado, director entonces del rotativo, confesó: 

«—Busca en el periódico. Recuerdo que nosotros hicimos referencia a su encuentro con redactores, fotógrafos y gráficos. Tiene que estar en la colección del mes de julio, días antes del acto central por el 26». 

Por inferencia, al parecer, todo sucedió en el momento en el cual ancló el hacedor de El otoño del patriarca a nuestra ciudad. Fue justo en el año que apareció esa novela favorita, y que consideró «única para salvarme del olvido».   Todo sobrevino antes de caer la tarde, y no en el transcurso de la estancia de una semana de huésped de la habitación 226 del Santa Clara Libre, hotel del centro del país. 

Las apreciaciones concuerdan con Chinea Medina. Ninguno  —incluso aquellos dados a los cotilleos posteriores—, mencionó que la noticia afloró sin fotografías, y está ubicada en una cuña, o pequeño material que se echa a mano para cerrar una página. En periodismo resulta lo que tiene poca monta o significación. Contiene solo dos párrafos y resume con líneas apretadas la antológica presencia del narrador y periodista foráneo. Es insólito: siete años después, en 1982, proclamaron al colombiano como el cuarto latinoamericano en conseguir el Premio Nobel de Literatura. De ahí las trazas en las murmuraciones relacionadas con la enhorabuena en Vanguardia, una exclusividad histórica. 

La edición del jueves 24 de julio de 1975, año 12 y número 4163, página 3, lateral centroderecho, tiene por titular: «Visita “Vanguardia” el autor de “Cien años de Soledad”». El cuerpo del texto indica: «Gabriel García Márquez, conocido escritor colombiano, autor de la novela “Cien años de soledad”, que se encuentra de visita en nuestro país, fue recibido ayer en la redacción de Vanguardia por nuestro director Ángel Álvarez. 

«García Márquez departió con periodistas y trabajadores de nuestro colectivo y conoció el funcionamiento de este órgano de prensa. En su recorrido por la provincia, García Márquez es acompañado por el sub-director de Prensa Latina, compañero Carlos Mora». 

Ese fue el único texto que se difundió. Otras publicaciones periódicas cubanas no se hicieron eco de la noticia. Tampoco lo reseñó Melaíto, el suplemento humorístico que, dos días después, realizó una circulación especial de 16 páginas para festejar la efeméride de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente. 

El suceso histórico-nacional en Santa Clara, o el cúmulo de informaciones derivadas del hecho, impidieron un mayor despliegue noticioso a la estancia de García Márquez. Es un obstáculo supuesto. La contingencia se “evaporó” en las salidas posteriores del rotativo provincial.  En el cuerpo noticioso no hay referencia a la profesión mayor del extranjero, su siempre fiel destino: el periodismo. 

De igual modo allí no faltaron fotógrafos dispuestos a dejar testimonios gráficos de los diálogos y el tropiezo inusual. Las cámaras de Manuel de Feria García y José  Hernández Mesa, o la que traía el joven García Barcha, no pararon en las tomas reiterativas de instantáneas. De todas las posibles imágenes solo quedan tres, de planos interiores y casi similares en ambientes oficinescos. Captaron al colombiano, a Álvarez Machado, Chinea Medina y a Mora junto a otro interlocutor en sostenido intercambio de puntos de vistas de cómo hacer mejor periodismo y recrear la realidad circundante. 

Las impresiones con “vida” para contar el culminante relámpago de un recorrido de apenas una hora por Vanguardia, según el antiguo jefe de Información del rotativo, pertenecen a la autoría de Hernández  Mesa, uno de los fotógrafos titulares. Las que hizo Manuel de Feria desaparecieron, mientras las pertenecientes a García Barcha —quien prometió hacer llegar algún día las tomas—, jamás retornaron a la redacción. 

No todos los anecdotarios surgidos con posterioridad son suscritos por Álvarez Machado y Chinea Medina. Otros, sencillamente no los recuerdan, y los pasan por alto. Cierto es que Mercedes Rodríguez tuvo el atrevimiento, como dijo, de espetarle al García Márquez que a su Cien años de soledad (1969), «sobraban 50 cuartillas». Eso nada más apuntó el antiguo director y ocurrió al breve paso del escritor por el buró en el cual estaba sentada la joven reportera. ¡Claro, antes algo similar señaló el argentino Jorge Luis Borges al dejar un comentario que rebasó esa cifra! También el Gabo elogió la sección “El Innovador” que escribía Félix Arturo Chang, según indicó Chinea Medina. 

Verdadero es que al caer la tarde anduvo el escritor  con algunos acompañantes por las áreas exteriores del estadio Augusto César Sandino, lugar que exhibía amplios y permanentes kioscos circulares destinados al expendio de fiambres y bebidas. Santa Clara celebraba desde el sábado 19 de julio sus acostumbrados carnavales. 

No existen evidencias que «tomara cerveza» con los anfitriones. Ron tal vez, era del gusto del escritor, dijo Chinea Medina. También resulta conveniente la historia de García Barcha de «proponerle canje de cámaras a Manuel de Feria», reconoció Álvarez Machado.

 «—¡Angelito!, ¿mira lo que dice el hijo del visitante? 

«—¿Qué?... ¿Quiere cambiar un equipo por otro? 

El director en tono rezongón dijo al fotógrafo: 

«— ¡tu estas loco! Es un medio básico… No me van a botar por una tontería. ¡Eso está inventariado! ¡Qué va!; no y no… 

El joven García Barcha, luego talentoso tipógrafo y diseñador gráfico, hizo algunas imágenes con la Horizont de 35 milímetros. Miraba y palpaba el equipo, hasta que de Feria García, contestó: 

«—¡No!, no, no puede ser. Sé que esa cámara Nikon con todos sus accesorios es bárbara y hasta cuesta cientos de dólares en comparación con la rusa  panorámica de 180 grados, pero carezco de autorización para el cambio. La última palabra la tiene Angelito, el director», confesó nuestro fotógrafo hace pocos días. El trato no llegó a efectuarse, y el muchacho sintió cierta decepción que fue zanjeada después con los viajes a Trinidad, Playa Girón y Cienfuegos junto al progenitor y Chinea Medina, el guía del momento. 

En Trinidad, según Chinea Medina, el colombiano tuvo un animado y hasta polémico diálogo con Carlos Joaquín Zerquera, entonces Historiador de la tercera Villa de Cuba fundada en 1514 por los españoles. El interés del escritor, luego de desandar el camino por calles empedradas y observar las edificaciones cubiertas con tejados de barro, estuvo centrado en la estancia de Alejandro de Humboldt, el sabio alemán a quien encontró cierto parecido histórico y de afán de descubrimiento con Bolívar, el Libertador de América. 

«— Zerquera citó con precisión apuntes y crónicas que dejó el europeo cuando en 1801 caminó por aquella población con parecido similar a los estilos arquitectónicos de Andalucía. Humboldt era la pasión del naturalista precisado en propagar conocimientos por los más recónditos sitios», dijo Chinea Medina. 

«—Fíjate que en El General en su Laberinto (1989), incluye al geógrafo en la historia, cuando el Libertador lo conoció en Paris y luego lo encontró por Sudamérica en viajes de exploración científica. García Márquez dijo en una ocasión que uno no puede inventar o imaginar lo que le da la gana, porque corre el riesgo de decir mentiras, y las mentiras son más graves en la literatura que en la vida real”, según leí en una de sus confesiones», le expongo. 

«—Tienes razón. Te digo que escuchó a Zerquera con sentido del investigador, y con el olfato presente del periodista. Era todo oído, y hasta hablaba con su interior, como mascando, tal vez masticando, todas las palabras.  Después me confesó, “¡Chico, como sabe ese hombre tan chiquitico!”, y se sonrío». 

«—¿Qué no olvidas de aquellos momentos?», inquiero. 

«—La comparación violenta que hizo en uno de sus diálogos». 

«—¿Cuál?... 

«— Dijo que un periodista puede estar detenido una hora; un día; una semana, pero cuando sales del reportaje el hombre es libre. En cambio el escritor siempre vivirá en una eterna prisión con los temas, los argumentos y las palabras que afectan siempre a muchas personas». 

«—Eefectivamente. Siempre consideró la escritura como un hecho imparable, y nada de soplo divino o estado de gracia. Era la tenacidad y la pugna entre el cuenta una historia y el tema que se aborda. Así fue en periodismo y literatura. Nada de derrumbes ante los imposibles… 

Con esos misterios noticiosos, muy escuetos en la reseña periodística, partieron de Santa Clara, al centro de Cuba, el escritor  García Márquez y su hijo. Nadie negará que desandaron una provincia, casi en anonimato, y la historia pasó al recuerdo con escasa trascendencia, muy a contrapelo de lo que ya significaba y fundamentó el colombiano en nuestras letras universales.

                                                     

 

 


gravatar.comJesús Díaz Loyola

Excelente!! búsqueda, querido Luis.
Pero es una paradoja ingrata que ya era el autor de"Cien años de soledad". Incluso, existe la anécdota de que envió la célebre obra al Premio Casa de las Américas, y no ganó.

Después, pasó lo que pasó, el escritor creó un estilo y puso en primera fila a la literatura latinoamericana. Ya será recordado como el autor más admirado de la historia. El 'Gabo' nos lega más de 40 millones de libros vendidos en 36 idiomas.
http://atriopress.blogspot.com.es/2014/04/gabriel-garcia-marquez-el-escritor-que.html?m=1

Fecha: 28/08/2016 09:28.


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