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PERIODISMO

GIANNI MINÁ AL DESNUDO

GIANNI MINÁ AL DESNUDO

-Confesiones del destacado documentalista y periodista italiano Gianni Miná [Turín, 1938], tras su paso por Santa Clara.-

Por Luis Machado Ordetx

Respira profundo; desprovisto de los imprescindibles espejuelos contempla el relieve con la imagen del Che; está frente a su nicho funerario sin perder por un momento la posición de firme con los brazos extendidos y cruzados hacia delante.

 

Quien lo contempló en su intimidad, comprende que el periodista europeo más conocedor y divulgador de la historia contemporánea escrita desde el Sur del Río Bravo a la Patagonia, no faltará en Santa Clara a un solidario tropiezo con el Guerrillero de América, instante que aprovechó para compartirlo con la familia   -la esposa y las dos hijas nacidas del matrimonio de la madurez-  y el equipo de realización cinematográfica que siempre lo acompaña en el descubrimiento de la historia, la cultura y las realidades más inminentes que persisten en individualidades políticas y en colectividades de los pueblos.

 

Miná estuvo en nuestra ciudad; habló de documentales anteriores, unos 70 en la carrera profesional de más de medio siglo de periodismo televisivo y escrito; también de los intercambios con Fidel -Un día con Fidel (1987) y Fidel cuenta el Che (1990)-; sustentó aspectos del periodismo que emprende, del goce por el jazz, la bossa nova y la samba, y de los cambios hacia la izquierda que ocurren en el Continente; de los proyectos próximos -la filmación de «Cuba en la época de Obama», a la vez que, en diálogo con periodistas villaclareños, mostró entusiasmo dicharachero, de sonrisa y el deseo de tragarse de un tirón todo el oxígeno  que almacenan los interiores y lugares aledaños al Complejo Escultórico «Ernesto Che Guevara», un símbolo viviente para el mundo, porque el guerrillero regresa siempre con algo más...

 

                            PROFESIONALISMO EN PRIMER ORDEN

 

Cuba regaló dos años atrás grandes premios, uno el Festival Internacional de Berlin, y otro en Sevilla, precisamente con los documentales-entrevistas a Fidel, y el acercamiento a la «Isla de la Libertad» y a América Latina, temáticas que le valieron inemistades en Italia y el mundo; pero Miná no cree en eso, pues «la información constituye un proceso arduo, serio y difícil, muy riguroso; el control de la noticia es para mi casi obsesivo y entonces con la verificación de los datos tengo la completa seguridad  que nadie podrá desmentir lo que digo, edito o escribo.

 

«Esos premios responden al proyecto «Cuba Memorys», por ser  excesivamente riguroso con la noticia, decir la verdad ante el mundo; no traicionar ninguno de sus aspecto -trabajo de días para la verificación-, y la lealtad a la ideas. Sí, cuesta mucho tiempo, y también claro, mucha antipatía por parte de algunas personas, porque desmentirte es muy espacial, y hacer que nadie en el mundo puede decir que esto no es así, significa el crédito de la vida y de toda la carrera profesional.

 

«Cosa asombrosa: el gusto por el jazz viene desde niño, de mi generación, y quería conocer el alma de todo ese tipo de música y tuve la posibilidad de hacerlo con los más grandes protagonistas de esta cultura. Mis amigos, a los que vuelvo siempre, fueron integrantes de los Beates, Rolling Stone, Dizzy Gillespi, Louis Strong, Ray Charles... Otros son políticos; y también deportistas, entre los que destaco a Cassius Marcelus Clay, a quien filmé un documental («Cassius Clay, una historia americana»), ya que cambió la historia de las relaciones del boxeo profesional con la sociedad de la comunicación: le hacías una pregunta e inmediatamente te respondía, "antes hay una condición de los negros de América, la batalla que estamos haciendo", y después contestaba. Trabajé con él casi quince años, un privilegio que abrió el corazón hacia Cuba, al acompañarlo en la visita que hizo aquí.

 

«De 1974, cuando viajé por vez primera a la Isla, quedé sorprendido; luego los diálogos con Fidel, los documentales basados en los testimonios de Pombo (Harry Villegas) y Urbano (Leonardo Tamayo) en la guerrilla internacionalistas en misiones de África y Bolivia; la utilización de imágenes de archivo en «El Che cuarenta años después» (1992) y «Un viaje con el Che Guevara» (2004), son cosas que inspiran a seguir al pie de la palabra y la historia.

 

«Ahora traigo a la familia, sobre todo a las niñas, para que vean que cuento en mis documentales, y sepan desmentir las campañas contra Cuba en medio de una ola de fascismo que se levanta en Italia. Ustedes tienen cosas extraordinarias, y siempre lo hago saber en mis materiales. Con Fidel grabé mucho, con este equipo que ahora me acompaña, y las entrevistas, a veces se salían del tono protocolar, llagaban a la confesión, a la camaradería; así tuve el honor de la confesión tan fuerte sobre la amistad con el Che;  con preguntas difíciles, íntimas, las cuales contestó con absoluta honestidad y esto creo dio al trabajo una importancia histórica que no esperaba.

 

«Antes de irme a Italia, albergo la posibilidad de encontrarme con Fidel en su permanente  estancia de estadista universal; un hombre a quien comienzas haciendo una entrevista oficial y al rato es un diálogo entre personas con mucho respeto mutuo; claro, lo sucedido con él, constituye un momento mágico, maravilloso, que cambió un pedazo de mi vida; y de pronto, en adelante, te reitero, tuve más amigos, pero también más enemigos. No obstante sigo fiel a Cuba y a América Latina.

 

«Digo más, Fidel siempre es coherente, y jamás cambiará; creo que América Litina se transforma; ya 10 naciones tienen un gobierno de izquierda o centroizquierda, cosa impensable un tiempo atrás: eso significa que la resistencia de Cuba, su sacrificio no fue cosa vana, sino importantísimo; en Ecuador y Bolivia ascienden al país coaliciones de indígenas que antes para nada contaron en esos países; sin embargo son el asiento de la historia.

 

«Están pasando cosas que sin Cuba fueran imposible; esto es la verdad y la historia lo reconoce; ustedes sufrieron mucho, y lo entiendo, pero creo que la humanidad que también sufrió en América Latina, no esperaban que por el sacrificio de Cuba todo esto podía cambiar. Eso y más tiene que reflejarlo, decirlo, y martillando el periodismo creativo y leal a la verdad.

 

Tal es el caso de los Cinco Héroes cubanos presos injustamente en Estados Unidos, causa que se quiere colocar como uno de los más grandes delitos; sin embargo, no es una causa ideológica, sino de derecho, de moral, de ética, y tengo la esperanza que el primer presidente negro de Norteamérica -hijo de un keniota-, entienda que es sacrificar la vida para que su pueblo viva en paz, más en momentos en que la situación del terrorismo organizado contra Cuba en la Florida llegó a un punto sin precedentes.

 

«La revista «Latinoamérica y todo el sur del mundo», que dirijo en Italia, publica artículos, crónicas, comentarios y... Ahí está la denuncia contra toda injusticia, la verdad frente a las atrocidades que cometen los gobiernos con amparo "legal", y el porqué América Latina se abre paso en la historia.»

                                         LA MANOS DEL AMIGO

 

Gianni Miná no quiere concluir el diálogo ameno que sostiene; apenas le queda tiempo para proseguir viaje hacia el oriente cubano donde tomará imágenes para el documental «Cuba en los tiempos de Obama»; todavía quedan días de estancia en Cuba, y al salir del nicho funerario donde reposa la historia viviente del Che y su Destacamento de Refuerzo, con los ojos humedecidos, en resuello brotaron las palabras: «Una historia, afortunados los cubanos que vivieron esta historia; no todos los pueblos tienen esta historia», y luego estampó en el libro de firmas de los visitantes: «Vine emocionado y me voy conmovido», un hecho sin precedentes que a cada instante reseña el profesional amigo.

PERIODISTAS, PROFUSOS HISTORIADORES DEL INSTANTE

PERIODISTAS, PROFUSOS HISTORIADORES DEL INSTANTE

Por Luis Machado Ordetx

 

Intervención ante periodistas cubanos en ocasión del aniversario 110 del matutino «La Correspondencia», de Cienfuegos, Cuba, enero de 2009

 

 André Malraux denominó a los periodistas «Historiadores del instante», y Carpentier los clasificó como «cronista de nuestro tiempo», en apremio razonador por el sentido de la inmediatez, la actualidad y presentismo de los textos en el recuento de lo que sucede en un tiempo carente de preciso pasado.

 

Al historiador como al periodista los insufla el esclarecimiento del misterio, la vocación de cronista, la objetividad y la sensibilidad de estructurar un análisis  contentivo de eticidad y veracidad del dato oculto a los ojos del otro.

 

Contemplar la profesión que desempeña, tanto el historiador como el periodista, entraña determinadas antinomias, aun cuando elaboren materiales amparados por similitud de herramentales teóricos; pero como ciencia, una va a lo pretérito y a la exactitud de los hechos y sucesos para explicar su tiempo, mientras la otra se aferra a la actualidad, a la reconstrucción de la realidad inminente.

 

No obstante, todos tenemos vocación de mirar la historia a través del prisma del periodismo; de ahí la existencia concreta del periodismo histórico que  mueve audiencias en interés por comprender aquello que sucedió, y entender, asimismo, el presente y formar interrogantes sobre hechos que, al margen de la capacidad informativa, requieren esclarecimientos y revelación de lo que estuvo dormido u oculto.

 

La capacidad de investigación, del dominio y cotejo de fuentes vivas y documentales, del intercambio y disposición de técnicas, métodos de análisis, de observación participante o no, y también del entrecruzamiento entre Ciencias Sociales y apropiación estilística de cuanto ofrece la narrativa, en fin, la ficción literaria para, sin abandonar la objetividad y la reflexión, esa novedad que se expone a la lectura dentro del dominio de lo histórico, se impongan ribetes de amenidad y legitimidad.

 

El periodista no puede admitir, al menos, el periodista cubano comprometido con la realidad social que construimos, aquellas consideraciones  de Pierre Vilar relacionadas con la relatoría de acontecimientos comparables, sin la humanización de los conflictos de los personajes y situaciones que se cuentan, sin la búsqueda de la novedad y la veracidad.

 

Nadie niega que, de acuerdo a la definición marxista-leninista, la «historia es la doctrina que trata sobre la evolución progresiva, sujeta a las leyes de la sociedad, como un conjunto. Es una ciencia que informa del pasado de la humanidad, así como de sus distintos grupos, clases sociales, naciones y nacionalidades; sobre la historia de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, sobre el desarrollo de la civilización y de la cultura»; y por su significación, al igual que el periodismo, tiene tareas múltiples en la instrucción, la educación, la teoría y la práctica.

 

En la investigación histórica, también en el periodismo, se plantea inevitablemente la cuestión de lo típico de unas u otras situaciones de los rasgos de la vida social, de la conducta de los representantes sociales, y en ese carácter está la expresión de determinadas leyes que rigen el proceso histórico; hecho que tanto investigadores, como periodistas o escritores, tienen que descubrir, y de la exigencia por lo típico en los fenómenos aislados de la vida social o económica y de saber exponerlos aproximadamente con labor creativa, estriba el sentido de la escritura.

 

Belinski, el esteta ruso dijo que «La dificultad de las condiciones del talento histórico estriban precisamente en que en él deben compaginarse el estudio riguroso de los hechos y de los materiales históricos, el análisis crítico, la fría imparcialidad, la inspiración poética y la capacidad creadora de combinar los acontecimientos, convirtiéndolos en un cuadro vivo, en el cual se observen todas las condiciones, las perspectivas y la correlación de luz y sombra.»

 

Sin ir muy lejos, idéntico derrotero reclama el periodismo, alejado también como la historia de atisbos de arbitrariedad y subjetivismos. Esas ligazones de las funciones de la experiencia histórica, del criterio de la verdad, la demostración, el sentido heurístico, aplicables también al periodismo que aborda el pasado y el presente del desenvolvimiento de la sociedad, resulta definitorio.

 

También, incluiría la cuestión de la autenticidad de las fuentes, las que, además del tiempo y el lugar de surgimiento, así como la dependencia y la originalidad, revelan un sentido en el juzgamiento del documento y la oralidad expuestas.

 

No olvidemos que la interpretación lógica explica las relaciones internas de las noticias, investiga cómo los datos están sujetos a las leyes del pensamiento lógico y la interpretación sicológica; comprueba los momentos sicológicos individuales y colectivos que codeterminaron el contenido y la tendencia de la noticia; incluso detengámonos por un momento en la cualidad del método sincronista de la observación y de las tareas de la síntesis histórica en la reconstrucción de los acontecimientos pasados, empleando para eso palabras instructivas y eficaces.

 

¿Acaso, lo anterior difiere de la práctica del periodismo?

 

Ahora, dialogamos aquí, intercambiamos puntos de contactos, opiniones, experiencias en ocasión del aniversario 110 de La Correspondencia, y ¿cómo olvidar una publicación que no solo en la región villareña, sino también cubana y universal, sentó cátedra en el hacer periodístico?

 

Incluso, seríamos muy ingratos, sin el rastreo de publicaciones periódicas anteriores, por lo que representan no solo como fuentes documentales, sino como archivos de noticias para explicar el dato exacto de lo que falta, ignorar a los padres fundadores de la historia del periodismo cubano, y en particular de esta región, representados por «El periodismo en Sagua», escrito por Antonio Miguel Alcover, y editado en La Habana en 1901, así como «La Prensa en Remedios y su jurisdicción», de 1926, escrito por Fortín y Foyo; y también «La Prensa en Cuba (1902-1932)», de Tomás González Rodríguez, y por último «El periodismo en Las Villas», presentado en 1953 por Alberto Aragonés Machado.

 

Desconocer hoy en día el contenido de esos rarísimos texto, tal vez privilegios de conservadores privados, constituye una herejía por el carácter documental y de archivo de noticias que atesoran, no solo en el rango de las periodizaciones de una región particular, sino también por el caudal informativo que propician en el conocimiento de la historia de una profesión de caudal inagotable en la reconstrucción de la realidad político-social y económica de Cuba.

 

Beber de las fuentes documentales, conocer como se cotejan, contraponen y rinden sus frutos informativos, privilegia y testimonia épocas pasadas en las que, a veces, carecemos de la debida exégesis a la hora de componer tipologías propias de los géneros explicativos, interpretativos y opinativos en que se mueve el periodismo histórico.

Ahora que los colegas de Cienfuegos celebran con beneplácito el aniversario 110 de La Correspondencia, jamás podría sustraerme en recordar cómo cinco lustros atrás, en la Sala de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Provincial «Roberto García Valdés», encontré los referentes que necesitaba en las pesquisas iniciales de la preparación de libro que compone los capítulos de Lorca en el centro de Cuba.

 

Antes, el historiador Florentino Morales compiló para la revista Signos[1], a solicitó de Samuel Feijóo, aquellas crónicas, comentarios y artículos que periodistas de los diarios La Correspondencia y El Comercio escribieron antes y después de la primera disertación de Lorca en abril de 1930 ante la intelectualidad de Cienfuegos, a instancias de la Hipano Cubana de Cultura de esta localidad, una de las tres existentes en predios villareños, al igual que Sagua la Grande y Caibarién, todas con similares identidades culturales.

 

Los objetivos últimos que perseguía durante la investigación no estaban en Cienfuegos, sino en las localidades de Sagua la Grande, Caibarién, Remedios y Santa Clara, sitios en los que se decía que también estuvo el encanto literario y pianístico de García Lorca.

 

De las lecturas de los dos diarios cienfuegueros, llamó la atención la riqueza teórica y universal de sus periodistas, sobre todo, integrada en las redacciones por emigrados españoles, hecho que obligó en la polémica que suscitaron, principalmente, por lo apuntado en La Correspondencia, que García Lorca, tras el paso por Santiago de Cuba, regresara una segunda vez a la Perla del Sur para disertar sobre «Mecánica de la Poesía», concepción personal referida a la influencia de Góngora en el bicentenario de su nacimiento.

 

Desde La Correspondencia, el 30 de marzo de 1930, aparecieron comentarios y artículos referidos a García Lorca. En los créditos: Saturnino Tejera (Tenerife), José Navarro, Efraín Iznaga Montes de Oca, Joaquín Ramos (Somar) y otros. La publicación, al igual que El Comercio, apuntó a criterios del periodismo interpretativo, la polémica y lo opinativo.

 

La Correspondencia, sin dudas, ofreció el antecedente al publicar notas cortas de corresponsales de la Villa del Undoso, en la que se anunciaba que el 23 de marzo de 1930 el granadino estaría en el teatro Principal de Sagua la Grande, y ese hecho del intercambio periodístico, alejado del regionalismo y la búsqueda de la noticia alojada en el sitio menos apropiado de las página de un diario, sirvieron como archivo informador, detonante de insuflar el olfato, instigador del cotejo de  fuentes, velador de la objetividad y la astucia.

 

Junto a otros sitios, la historia, pasada o presente, a veces anda escondida, comulgando con nuestra realidad, pero en su dedicación, desde el prisma del periodismo o del investigador profesional, demanda tiempo en el estudio, en la búsqueda  de la verdad, para que, como aquí se reseñó efusivamente, rescate del olvido, no solo a personalidades del sector, sino también a esos instantes de nuestras instituciones que guardan la memoria cultural que necesitamos preservar como solidarios y profusos historiadores del momento en que se reconstruye cualquier realidad social.

 

Nada de lo que aconteció en relación a la estancia del poeta granadino, y sus disertaciones en el Casino español, aquel martes 8 de abril de 1930   -«Góngora, la imagen de la poesía»-, y el jueves 5 de junio de ese año desde el escenario del Teatro Luisa Martínez Casado -«Mecánica de la poesía»-, cuando ocurrió la segunda visita a Cienfuegos, pasó al olvido. Ahí radica la validez irreversible de la memoria documental; esa que permite que hagamos nuestro el criterio del autonomista Rafael Montoso, quien cerca de toda verdad, sustentó que: «La Historia de nuestra prensa es en gran parte la Historia de Cuba. No puede esta escribirse, ni aun estudiarse, sin acudir a las colecciones de periódicos.» Otra razón no existiría para anunciar que verdaderamente en los periodistas hay profusos historiadores del instante histórico del presente o el pasado social.


[1] Florentino Morales (1986): «La visita del poeta-dibujante vanguardista García Lorca provoca polémicas en Cienfuegos», revista Signos, (18):341-363, Santa Clara, Villa Clara.

 

La calidad, una cuestión ética

La calidad, una cuestión ética

Fundamentos de la disertación presentada en el Festival de la Prensa Escrita, Villa Clara, Octubre

Por Luis Machado Ordetx 

Teóricos del entendimiento publicitario no se cansan de decir que «[…] medio mundo habla de creatividad al otro medio mundo». Si partimos del supuesto que, «crear es hacer, y pensar en algo que antes no se había hecho», aunque bien pudo haberse ideado sin llegar jamás a ejecutarse; entonces, nosotros, entramos, desde hace poco, en el sendero de «recapacitar de otra manera» en relación a lo que, en un tiempo atrás, se miró como habitual.

 

Concordamos en que «crear» es buscar soluciones a viejos problemas. Partimos de una óptica donde imperan métodos no lógicos que se apartan de lo trillado y rutinario, muy lejos de esos esquemas preparados a priori, y donde, a veces, no se resuelve nada, porque nuestro propósito estriba en destapar o desempolvar el pensamiento libre de cortapisas desestimulativas, y por ende buscar soluciones coordinadas, pues, por qué, existen a la vista de todos.

 

Obvio que las técnicas y métodos para impulsar la creatividad no son nuevas, y tampoco hemos inventado nada. Desde la Teoría del Brainstorming —tormentas de ideas—, hasta las recientes, el mundo «intenta» con Unamuno aferrarse a que «Solo abrazando lo absurdo se puede lograr lo imposible» en defensa de una calidad traducida en productos comunicativos superiores.

 

Eso nos obliga a cotejar la calidad de las producciones periodísticas dentro de las conceptualizaciones éticas, lejos de errores involuntarios, pero errores al fin, que laceran, vengan de donde sean, una profesión que tiene por misión educar, indagar y pulsar la realidad inmediata, a la par que defiende desde adentro, con miles de fórmulas instrumentadas, las calumnias que «quiere» imponer el imperialismo sobre los destinos de la   nación.

 

La generación, acumulación y distribución de conocimientos, constituyen pilares en cualquier hacer, y es cierto, más en periodismo, como realización humanística y comprometida con el tiempo, donde  aún las rutinas o subrutinas productivas, del acto programático por naturaleza, se consolidan resultados predecibles y especificables a partir del talento creador de las individualidades y colectivos.

 

Verpraet, apoyando los conceptos Vivaldi, destacó, y es cierto, que «[...] el periodista debe poseer un triple sentido: sentido del tiempo, de la actualidad y del público», para ver y saber, hacer ver y saber hacer, como profesional, catalogado, además, del perfil del escritor que investiga y divulga acontecimientos de trascendencia social y de actualidad nacional o extranjera desde la óptica de defensa de los principios político-ideológicos atribuibles a una plataforma partidista, revolucionaria y editorial.

 

Nuestra misión es promover el desarrollo político y cultural de los cubanos, resguardar y trascender junto a sus conquistas en el plano interno y externo, donde los valores agregados y de percepción de la calidad de los productos comunicativos, bien seleccionados y creados, ofrezcan originalidad y singularidad.

 

Nada hacemos con llenar páginas con textos y fotografías, bajo el subimperio de la falta de originalidad y la indagación periodística, si a la postre, el discurso mediocre, no deja aportaciones. En otras, cumplimos orientaciones y creemos que nos comemos el «mundo», pero las contribuciones son mínimas o máximas, según se cotejen.

 

No obstante, las definiciones de calidad del periodismo son atribuibles, casi en exclusivo, a lectores, oyentes o televidentes, y aunque se cree que, en última instancia, es el público el que define la calidad, no contamos con rigores científicos que demuestren en qué medida son satisfechas esas necesidades.

 

Pensamos más en satisfacer un plan, una asignación directiva y en el entendimiento personal que, como profesional, en el otro, el receptor. O sea, escribimos para un público diferente, en soportes impresos o digitales, y aunque vivimos y defendemos una causa social común, carecemos, por momento, de la perspectiva del que asume la lectura plural, porque la superficialidad, vista en algunas de nuestras reuniones de calidad, lleva a «asesinar», el discurso comunicativo.  

 

Tendríamos que hablar del sensus communis donde pensamos como profesionales en interés de la colectividad, y por ese tamiz se infiere la calidad de cada entrega, por mínima que sea en publicaciones on line u off line que den al traste con ineficiencias humanas, limitaciones materiales    —existentes en cualquier lugar—, negligencias y…, reiterativas en cualquier medio de prensa cubano.

 

No bastan cursos de superación, si carecemos del sentido de identidad, del juicio por la calidad de las ediciones y del contacto estrecho entre todos los factores, y se denomine lo que está mal con el único adjetivo posible: MAL, pero posible de publicarse después que se corrijan todas las fallas de enfoque o de género.  

  

Sin llegar a la perfección, y muy distante de las aspiraciones, a mediados de 2005, la UPEC en Vanguardia, revitalizó su Comisión de Calidad, con otros conceptos, incluyendo un hacer de espías anónimos, al estilo de los Hermanos Grimm, que leen y verifican las ediciones con espíritu crítico.

 

A partir de entonces, esas opiniones, lunes tras lunes, se producen, por más de una hora y media, sesiones de intercambio y reflexión colectiva, a veces, no del todo participativo que se desea.

 

Hay una revisión sistemática a los productos finales que aparecen en el semanario y sus tres mensuarios: Arimao, El Santaclareño y Melaíto, incluso el diarismo del sitio digital. Alguien puede aludir, ¿post-mortem?, pero siempre hacia un enfoque de calidad.

 

Antes no hacíamos nada, y el pensamiento se quedaba encerrado en unos pocos. Hoy se comparte, y se aprende, al tiempo que el Consejo de Dirección se sitúa desde la perspectiva de un miembro más de la UPEC, aunque sus responsabilidades conlleven respuestas y tomas de decisiones.

 

Vital es la perspectiva del reconocimiento a los mejores textos, fotos, títulos y diseños, a la vez que se aborda, desde el estilo, hasta el proceso de corrección, apuntando hacia la aprobación o el desacuerdo colectivo.

 

En cuenta, tenemos las sugerencias, individuales o colectivas para mejorar los enfoques, intercambios y las entregas comunicativas pre-edición. Un error ahora, casi nunca, aunque se diga que el hombre es el único que tropieza dos veces con idéntica piedra, se repetirá, porque subyace en cada individualidad, y por tanto en la autoexigencia personal y profesional.

 

Una mirada hacia la búsqueda de fortalezas y debilidades, principalmente, y la práctica, demostró la necesidad y urgencia de instrumentar talleres, donde intervinieran todos los periodistas, para abordar desde el punto de vista teórico las posibilidades del periodismo de opinión en nuestras páginas, y fundamentar una identidad y un vínculo con los lectores, terreno en que, además, se aprovecharían las potencialidades de ilustración de los humoristas de Melaíto.

 

Nuestros problemas tenemos que resolverlos nosotros, fue la perspectiva, y no deben importarse en cuanto a calidad del pensamiento. Así se fundamentó el perfil editorial, de acuerdo a la política, del comentario y el reportaje, con sus tipicidades, incluso del uso del titulaje, el diseño y los componentes gráficos y fotográficos, hecho que obligó a  periodistas, en el plano individual, a investigar y penetrar más en las aristas que trata, y la correlación con otros temas y la multiplicidad de fuentes.

 

Lejos de auto (complacencias), el espíritu (auto) crítico, de superación técnico-profesional, aumenta en cada sesión, y aunque estamos lejos, repito, de una solución que privilegie la calidad —por limitantes objetivas o subjetivas—, los productos comunicativos son superiores en repercusión social, política e ideológica.

 

Prima el reconocimiento de las potencialidades del aprendizaje individual y colectivo, desde la tónica de lo participativo, con lecturas previas  de los materiales, mayor cohesión, tomas de decisiones, y mirada crítica ante lo mal concebido y de elogio oportuno en todas las circunstancias.

 

Tendríamos, entonces que hablar como Martí, «[…] el elogio oportuno fomenta el mérito y la falta de elogio lo desanima», porque pensamos que el primer peldaño hacia el triunfo por la calidad es la unión sólida de todos, y ese constituye el ánimo que prima entre los miembros de la UPEC en Vanguardia.

 

Un ejemplo: carecemos desde hace tiempo de jefe de redacción —área clave en el proceso de edición—, y en reiteradas publicaciones aparecieron continuas erratas. ¿Qué sugirió la Comisión de Calidad?: instrumentar una solicitud a la dirección de órgano, previa aprobación de la membresía, de establecer el PERIODISTA DE CIERRE, lugar donde se ubicaron  profesionales de experiencia, junto a jóvenes en proceso de formación, para velar por la calidad.

 

Aquí, se participa, antes de la edición final, en la revisión íntegra de los materiales. Más de un enmienda se corrigió en el camino, lo que contribuye, sin duda —resaltando la espontaneidad y voluntariedad de ese grupo—, a consolidar el prestigio de las entregas impresas.   

 

Ese equipo comparte experiencias y conocimientos, y evitar la duplicación de esfuerzos, proceso que hace más efectiva la etimología de COMUNICACIÓN: «construir una fortificación común», donde la calidad, como conjunto de características inherentes a un producto, en este caso el periodístico, cumpla con una necesidad y una expectativa establecida y obligatoria de la gestión de un conocimiento cada vez más activo en la comunidad.

 

Desde agosto, los que intervienen en el cierre, práctica que en Vanguardia hace casi 15 años dejó de realizarse, tienen el reconocimiento individual y colectivo, y constituye un hacer voluntario, al margen del cumplimiento de otros compromisos profesionales con el órgano, y donde, además, se consume tiempo, entraña responsabilidad y tomas de decisión.

 

¿Cuál es el rol de la organización de base?: Generar un sentimiento de identidad y sensibilidad para alcanzar grados de calidad y repercusión político, ideológica y social de nuestros mensajes, capaces de garantizar decisiones a partir de los logros del colectivo, del conocimiento y la inteligencia que desplieguen en la identificación de los errores y sus causas.

 

No olvidemos que, como profesionales, somos intermediarios de la información, y de nuestra responsabilidad depende la repercusión en el destinatario. Por eso, más que hablar de rutinas productivas, prefiero el concepto de la gestión de la calidad, pues implica mejoras continuas de nuestros procesos diarios.

 

De ahí que afianzar destinos cualitativos superiores, represente esforzarnos en cumplir con las necesidades, tanto internas como externas, que contraemos con el lector, apuntalar la formación y superación técnico-profesional, reconocer los valores, la creatividad y la necesidad de cambio a favor de un ambiente de trabajo en equipo, capaz de hallar pautas en la solución de problemas teóricos y prácticos del hacer periodístico.

 La NO CALIDAD en las rutinas productivas, atrofia, y por ende el reporte comunicativo final con limitaciones, tiene un costo y una repercusión en un lector, crítico, además, quien, en ocasiones lo achaca al crédito resultante. Sin duda, en el proceso intervienen reiteradas manos y ojos, y a todos escapa, por premura, el error.

El uso sistemático de INTERNET, desde hace dos meses ininterrumpidos, como antes se puntualizó, revierte sus resultados, en páginas personales, búsqueda de información, ampliación del conocimiento y el intercambio con otras fuentes.

 

En lo adelante, tendremos que pensar más en la orientación de los públicos externos, incluso en PREVER LOS ERRORES, y no solamente en detectarlos —tipo post mortem—, donde las cosas salgan bien desde la primera intención dada la profesionalidad, eticidad y compromiso que asuman diariamente los ejecutantes de las acciones.

 

La comisión de calidad, y sus talleres, no tiene la finalidad de buscar culpables, del tipo chivo expiatorio, sino orientarnos todos hacia los procesos de selección de los materiales que conformarán las ediciones de nuestras páginas, y que en definitiva irán a parar al lector y la memoria escrita de una región. De ahí que se perfeccionen los procesos, para que los resultados sean más adecuados, desde el uso del correo electrónico y la mensajería personal, hasta la navegación y la documentación acumulada en la red de redes. Ya su utilidad, más que sentida, es una realidad.

 

Debemos, incluso trabajar, como periodistas, hacia todo tipo de necesidades, sentidas o no en el destinatario, y hacerles ver hechos e historias que, a veces no imaginan que existen en las realidades contemporáneas.

 Un reto mayor quedará en lo perspectivo, sin que este festival sea el cierre de una etapa, sino el aluvión de mejoras continuas en beneficio de la calidad de nuestros aportes comunicativos y profesionales: concluir los documentos normativos de los perfiles editoriales que restan en algunas de nuestras páginas, incluso, de las normas de redacción, y puntualizar que por el tamiz de una redacción, la calidad entraña también una razón soberana por la que transita la ética del periodismo militante y creador.

Recreación literaria y periodismo de investigación

Recreación literaria y periodismo de investigación

Por Luis Machado Ordetx

 El denominado Periodismo de Investigación, casi siempre,  se encara desde la perspectiva de un reportaje, género que en su tipología interpretativa incluye en la base una sólida narración o descripción de los hechos sujetos al pesquizaje, el contrapunto, el contraste o la indagación acabada de los acontecimientos.

Tal como apunta Pepe Rodríguez,  en Periodismo de investigación: técnicas y estrategias, «Entre el periodista investigador y sus frecuentes resultados brillantes no hay más que dos elementos diferenciadores con respecto al, llamémosle así, resto de la profesión: mucho trabajo y método apropiado».[1]

Sin embargo, ¿qué periodista no constituye un investigador por excelencia, un escrutador de la realidad histórico o social en que se desenvuelve o un reconstructor sociocultural?,   dispuesto ante cualquier circunstancia a laborar hasta el cansancio para representar —como era la historia en Aristóteles— la realidad desde  el sentido más objetivo de los hechos.

Con Rodríguez se concuerda en el hacer periodístico, donde el método  y las técnicas elegidas en el desarrollo de un tema, muestran vitalidad en el trazado y despliegue de la estrategia, los resultados ulteriores y la publicación del texto elaborado.

José Manuel de Pablos en «Periodismo de investigación: las cinco P»[2], habla también de sucesos inadvertidos por la memoria histórica y sujetos a desaparecer, necesarios de indagación, y en los que resulta idóneo ubicar el contraste de fuentes y la búsqueda de documentos de archivería. Ahí el conocimiento y la especialización refuerzan el estudio y la indagación.

Las técnicas y estrategias de Pepe Rodríguez inisten en el ajuste de los objetivos a valorar, a la búsqueda de posibles fuentes y la intencionalidad periodística en  confeccionar una base de datos personales, propicios a incorporarse al razonamiento del tema.

Ante eso, para no pecar, es evidente acudir a consultantes neutrales y técnicos que otorguen mayores sendas al horizonte que se investiga, y que en definitiva confirman los datos.

Indagar por personajes no implicados en los asuntos abordados, y recibir asistencia especializada al verificar las aportaciones orales y documentales, constituyen acentos singulares.

Así se validan las fuentes, y cuando se trabaja con muchos documentos originales, el contrate de caligrafías, firmas y los contenidos de los materiales, también dejan aportes en los saldos positivos dentro de la confección de un dossier del caso particular.

 En la elaboración de la investigación se utilizan métodos teóricos  —análisis, síntesis, inducción y deducción—, los que precisan de la observación —documentos personales—, puntualización de documentos —clásico y cuantitativo—, a la vez que se realizan entrevistas y muestreos no probabilístico del tipo intencional.

De las técnicas descritas por Pepe Rodríguez, se toma con esmero el uso del confidente, la infiltración propia, y también de terceros  —al localizar amigos cercanos al declarante—, la participación en los hechos investigados y la ingenuidad periodística en algunos, aunque a veces esto ultimo no resulta del todo efectivo.

 También hay que apelar a una valiosa la ayuda instrumental, sobre todo en el ajuste sistemático de fotografías y grabaciones tomadas como soportes básicos de los procesos de búsqueda y elaboración.[3]

Como señala José Manuel de Pablos, la pista se convierte en pesquisa, y pasa a fase de investigación, y por último a la publicación.  El testimonio tributa documentación, y reinterpretación de la realidad cotidiana —a partir de instrumentos teóricos corregidos a la luz de otra visión diferente—, dando realce a la calidad de investigación.

 Desde la óptica del testimonio, ofrecido por una fuente confiable, se saldan deudas con determinadas grietas informativas. El hecho verídico lega materiales condenados a desaparecer, y se expone, por sí solo, a la trascendencia investigativa dentro de ciertos laberintos tangibles y ocultos en lo inmediato.

Por las características del objeto de análisis, y de la disposición de fuentes orales y documentales, se amplía y verifica el contexto de la observación, a la par que  no deben desecharse posibles búsquedas de información electrónica  —digital—, porque, a veces, sirven de referencias y hasta de pistas.

Acudir al cotejo oral y documental, examinando, desde la óptica de especialistas, el contraste y la verificación, incluso, de las caligrafías expuestas, facilitan a la interpretación, a la redacción inicial, y a la confección acabada del texto, tras comprobar hipótesis, expuestas a la consideración del lector.

El rastreo de las fuentes —vivas o documentales—, y la compilación de apuntes, incentivan la búsqueda investigativa y legan, como secuela indagatoria, un testimonio de corte indirecto: relato de los hechos escritos en primera persona, tal como si hubieran sido redactados por un testigo.

No cabe duda que ese hecho posibilita una ampliación testimonial al reforzarse con dosis de recreación literaria, sin falsearse la realidad, para ofrecer una variada arista objetiva u subjetiva retratada en todas sus dimensiones vivenciales.      


[1] Rodríguez, P. (1996). Periodismo de investigación: Técnicas y estrategias. Barcelona, España: Ediciones Piados,  p. 19.

[2] De Pablós, J. M. (1998). Periodismo de investigación: las cinco P. Revista de Estudios de Periodística. Pontevedra, España, 5 (5), 20-25.

[3]  Ibídem. , pp. 136-175.