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Recreación literaria y periodismo de investigación

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Por Luis Machado Ordetx

 El denominado Periodismo de Investigación, casi siempre,  se encara desde la perspectiva de un reportaje, género que en su tipología interpretativa incluye en la base una sólida narración o descripción de los hechos sujetos al pesquizaje, el contrapunto, el contraste o la indagación acabada de los acontecimientos.

Tal como apunta Pepe Rodríguez,  en Periodismo de investigación: técnicas y estrategias, «Entre el periodista investigador y sus frecuentes resultados brillantes no hay más que dos elementos diferenciadores con respecto al, llamémosle así, resto de la profesión: mucho trabajo y método apropiado».[1]

Sin embargo, ¿qué periodista no constituye un investigador por excelencia, un escrutador de la realidad histórico o social en que se desenvuelve o un reconstructor sociocultural?,   dispuesto ante cualquier circunstancia a laborar hasta el cansancio para representar —como era la historia en Aristóteles— la realidad desde  el sentido más objetivo de los hechos.

Con Rodríguez se concuerda en el hacer periodístico, donde el método  y las técnicas elegidas en el desarrollo de un tema, muestran vitalidad en el trazado y despliegue de la estrategia, los resultados ulteriores y la publicación del texto elaborado.

José Manuel de Pablos en «Periodismo de investigación: las cinco P»[2], habla también de sucesos inadvertidos por la memoria histórica y sujetos a desaparecer, necesarios de indagación, y en los que resulta idóneo ubicar el contraste de fuentes y la búsqueda de documentos de archivería. Ahí el conocimiento y la especialización refuerzan el estudio y la indagación.

Las técnicas y estrategias de Pepe Rodríguez inisten en el ajuste de los objetivos a valorar, a la búsqueda de posibles fuentes y la intencionalidad periodística en  confeccionar una base de datos personales, propicios a incorporarse al razonamiento del tema.

Ante eso, para no pecar, es evidente acudir a consultantes neutrales y técnicos que otorguen mayores sendas al horizonte que se investiga, y que en definitiva confirman los datos.

Indagar por personajes no implicados en los asuntos abordados, y recibir asistencia especializada al verificar las aportaciones orales y documentales, constituyen acentos singulares.

Así se validan las fuentes, y cuando se trabaja con muchos documentos originales, el contrate de caligrafías, firmas y los contenidos de los materiales, también dejan aportes en los saldos positivos dentro de la confección de un dossier del caso particular.

 En la elaboración de la investigación se utilizan métodos teóricos  —análisis, síntesis, inducción y deducción—, los que precisan de la observación —documentos personales—, puntualización de documentos —clásico y cuantitativo—, a la vez que se realizan entrevistas y muestreos no probabilístico del tipo intencional.

De las técnicas descritas por Pepe Rodríguez, se toma con esmero el uso del confidente, la infiltración propia, y también de terceros  —al localizar amigos cercanos al declarante—, la participación en los hechos investigados y la ingenuidad periodística en algunos, aunque a veces esto ultimo no resulta del todo efectivo.

 También hay que apelar a una valiosa la ayuda instrumental, sobre todo en el ajuste sistemático de fotografías y grabaciones tomadas como soportes básicos de los procesos de búsqueda y elaboración.[3]

Como señala José Manuel de Pablos, la pista se convierte en pesquisa, y pasa a fase de investigación, y por último a la publicación.  El testimonio tributa documentación, y reinterpretación de la realidad cotidiana —a partir de instrumentos teóricos corregidos a la luz de otra visión diferente—, dando realce a la calidad de investigación.

 Desde la óptica del testimonio, ofrecido por una fuente confiable, se saldan deudas con determinadas grietas informativas. El hecho verídico lega materiales condenados a desaparecer, y se expone, por sí solo, a la trascendencia investigativa dentro de ciertos laberintos tangibles y ocultos en lo inmediato.

Por las características del objeto de análisis, y de la disposición de fuentes orales y documentales, se amplía y verifica el contexto de la observación, a la par que  no deben desecharse posibles búsquedas de información electrónica  —digital—, porque, a veces, sirven de referencias y hasta de pistas.

Acudir al cotejo oral y documental, examinando, desde la óptica de especialistas, el contraste y la verificación, incluso, de las caligrafías expuestas, facilitan a la interpretación, a la redacción inicial, y a la confección acabada del texto, tras comprobar hipótesis, expuestas a la consideración del lector.

El rastreo de las fuentes —vivas o documentales—, y la compilación de apuntes, incentivan la búsqueda investigativa y legan, como secuela indagatoria, un testimonio de corte indirecto: relato de los hechos escritos en primera persona, tal como si hubieran sido redactados por un testigo.

No cabe duda que ese hecho posibilita una ampliación testimonial al reforzarse con dosis de recreación literaria, sin falsearse la realidad, para ofrecer una variada arista objetiva u subjetiva retratada en todas sus dimensiones vivenciales.      


[1] Rodríguez, P. (1996). Periodismo de investigación: Técnicas y estrategias. Barcelona, España: Ediciones Piados,  p. 19.

[2] De Pablós, J. M. (1998). Periodismo de investigación: las cinco P. Revista de Estudios de Periodística. Pontevedra, España, 5 (5), 20-25.

[3]  Ibídem. , pp. 136-175.

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