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Por Luis Machado Ordetx
El silencio, desde el hogar o cuando está deambulando por las calles más vistosas de la ciudad, ampara las elucubraciones descabelladas de una mirada que se posa en torno a acontecimientos verosímiles o no de esa realidad, la cual tiende a reafirmarse en lo mítico.Alberto Anido Pacheco, el polifacético, en su peregrinación por el tiempo de la creación artística (teatro, música, pintura, narrativa, crítica cinematográfica y…), aparece situado en esa cuerda y decidió que jamás la abandonaría, aunque el mundo cambiara en una sola fracción de segundo.Nadie negará que sea un conocedor, casi empedernido, de Santa Clara, capital de Villa Clara, sitio que, en la algarabía o el trinar de los alados silvestres, escudriña en demasía para que nada sorprendente escape de una realidad desperdigada de la concurrencia halagadora del instante.Ahora, la Galería de Arte del Centro Provincial de Patrimonio Cultural acaba de irrumpir en la vereda de una época no extinguida, cuando Albertico hurgaba —y todavía persiste en similares afanes—, tras la búsqueda esforzada de güijes, lechuzas, misterios de «chinas», mujeres, del Burro Perico y …Con la ocasión festeja las cuatro décadas y media de hacedor artístico. Es una Retrospectiva que, desde 1970, perpetúa la traslación y las peripecias amontonadas como fundador del legendario grupo Signos, que dirigiera el más eminente de los folkloristas cubanos: Samuel Feijóo.
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