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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

PERIODISTAS, PROFUSOS HISTORIADORES DEL INSTANTE

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Por Luis Machado Ordetx

 

Intervención ante periodistas cubanos en ocasión del aniversario 110 del matutino «La Correspondencia», de Cienfuegos, Cuba, enero de 2009

 

 André Malraux denominó a los periodistas «Historiadores del instante», y Carpentier los clasificó como «cronista de nuestro tiempo», en apremio razonador por el sentido de la inmediatez, la actualidad y presentismo de los textos en el recuento de lo que sucede en un tiempo carente de preciso pasado.

 

Al historiador como al periodista los insufla el esclarecimiento del misterio, la vocación de cronista, la objetividad y la sensibilidad de estructurar un análisis  contentivo de eticidad y veracidad del dato oculto a los ojos del otro.

 

Contemplar la profesión que desempeña, tanto el historiador como el periodista, entraña determinadas antinomias, aun cuando elaboren materiales amparados por similitud de herramentales teóricos; pero como ciencia, una va a lo pretérito y a la exactitud de los hechos y sucesos para explicar su tiempo, mientras la otra se aferra a la actualidad, a la reconstrucción de la realidad inminente.

 

No obstante, todos tenemos vocación de mirar la historia a través del prisma del periodismo; de ahí la existencia concreta del periodismo histórico que  mueve audiencias en interés por comprender aquello que sucedió, y entender, asimismo, el presente y formar interrogantes sobre hechos que, al margen de la capacidad informativa, requieren esclarecimientos y revelación de lo que estuvo dormido u oculto.

 

La capacidad de investigación, del dominio y cotejo de fuentes vivas y documentales, del intercambio y disposición de técnicas, métodos de análisis, de observación participante o no, y también del entrecruzamiento entre Ciencias Sociales y apropiación estilística de cuanto ofrece la narrativa, en fin, la ficción literaria para, sin abandonar la objetividad y la reflexión, esa novedad que se expone a la lectura dentro del dominio de lo histórico, se impongan ribetes de amenidad y legitimidad.

 

El periodista no puede admitir, al menos, el periodista cubano comprometido con la realidad social que construimos, aquellas consideraciones  de Pierre Vilar relacionadas con la relatoría de acontecimientos comparables, sin la humanización de los conflictos de los personajes y situaciones que se cuentan, sin la búsqueda de la novedad y la veracidad.

 

Nadie niega que, de acuerdo a la definición marxista-leninista, la «historia es la doctrina que trata sobre la evolución progresiva, sujeta a las leyes de la sociedad, como un conjunto. Es una ciencia que informa del pasado de la humanidad, así como de sus distintos grupos, clases sociales, naciones y nacionalidades; sobre la historia de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, sobre el desarrollo de la civilización y de la cultura»; y por su significación, al igual que el periodismo, tiene tareas múltiples en la instrucción, la educación, la teoría y la práctica.

 

En la investigación histórica, también en el periodismo, se plantea inevitablemente la cuestión de lo típico de unas u otras situaciones de los rasgos de la vida social, de la conducta de los representantes sociales, y en ese carácter está la expresión de determinadas leyes que rigen el proceso histórico; hecho que tanto investigadores, como periodistas o escritores, tienen que descubrir, y de la exigencia por lo típico en los fenómenos aislados de la vida social o económica y de saber exponerlos aproximadamente con labor creativa, estriba el sentido de la escritura.

 

Belinski, el esteta ruso dijo que «La dificultad de las condiciones del talento histórico estriban precisamente en que en él deben compaginarse el estudio riguroso de los hechos y de los materiales históricos, el análisis crítico, la fría imparcialidad, la inspiración poética y la capacidad creadora de combinar los acontecimientos, convirtiéndolos en un cuadro vivo, en el cual se observen todas las condiciones, las perspectivas y la correlación de luz y sombra.»

 

Sin ir muy lejos, idéntico derrotero reclama el periodismo, alejado también como la historia de atisbos de arbitrariedad y subjetivismos. Esas ligazones de las funciones de la experiencia histórica, del criterio de la verdad, la demostración, el sentido heurístico, aplicables también al periodismo que aborda el pasado y el presente del desenvolvimiento de la sociedad, resulta definitorio.

 

También, incluiría la cuestión de la autenticidad de las fuentes, las que, además del tiempo y el lugar de surgimiento, así como la dependencia y la originalidad, revelan un sentido en el juzgamiento del documento y la oralidad expuestas.

 

No olvidemos que la interpretación lógica explica las relaciones internas de las noticias, investiga cómo los datos están sujetos a las leyes del pensamiento lógico y la interpretación sicológica; comprueba los momentos sicológicos individuales y colectivos que codeterminaron el contenido y la tendencia de la noticia; incluso detengámonos por un momento en la cualidad del método sincronista de la observación y de las tareas de la síntesis histórica en la reconstrucción de los acontecimientos pasados, empleando para eso palabras instructivas y eficaces.

 

¿Acaso, lo anterior difiere de la práctica del periodismo?

 

Ahora, dialogamos aquí, intercambiamos puntos de contactos, opiniones, experiencias en ocasión del aniversario 110 de La Correspondencia, y ¿cómo olvidar una publicación que no solo en la región villareña, sino también cubana y universal, sentó cátedra en el hacer periodístico?

 

Incluso, seríamos muy ingratos, sin el rastreo de publicaciones periódicas anteriores, por lo que representan no solo como fuentes documentales, sino como archivos de noticias para explicar el dato exacto de lo que falta, ignorar a los padres fundadores de la historia del periodismo cubano, y en particular de esta región, representados por «El periodismo en Sagua», escrito por Antonio Miguel Alcover, y editado en La Habana en 1901, así como «La Prensa en Remedios y su jurisdicción», de 1926, escrito por Fortín y Foyo; y también «La Prensa en Cuba (1902-1932)», de Tomás González Rodríguez, y por último «El periodismo en Las Villas», presentado en 1953 por Alberto Aragonés Machado.

 

Desconocer hoy en día el contenido de esos rarísimos texto, tal vez privilegios de conservadores privados, constituye una herejía por el carácter documental y de archivo de noticias que atesoran, no solo en el rango de las periodizaciones de una región particular, sino también por el caudal informativo que propician en el conocimiento de la historia de una profesión de caudal inagotable en la reconstrucción de la realidad político-social y económica de Cuba.

 

Beber de las fuentes documentales, conocer como se cotejan, contraponen y rinden sus frutos informativos, privilegia y testimonia épocas pasadas en las que, a veces, carecemos de la debida exégesis a la hora de componer tipologías propias de los géneros explicativos, interpretativos y opinativos en que se mueve el periodismo histórico.

Ahora que los colegas de Cienfuegos celebran con beneplácito el aniversario 110 de La Correspondencia, jamás podría sustraerme en recordar cómo cinco lustros atrás, en la Sala de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Provincial «Roberto García Valdés», encontré los referentes que necesitaba en las pesquisas iniciales de la preparación de libro que compone los capítulos de Lorca en el centro de Cuba.

 

Antes, el historiador Florentino Morales compiló para la revista Signos[1], a solicitó de Samuel Feijóo, aquellas crónicas, comentarios y artículos que periodistas de los diarios La Correspondencia y El Comercio escribieron antes y después de la primera disertación de Lorca en abril de 1930 ante la intelectualidad de Cienfuegos, a instancias de la Hipano Cubana de Cultura de esta localidad, una de las tres existentes en predios villareños, al igual que Sagua la Grande y Caibarién, todas con similares identidades culturales.

 

Los objetivos últimos que perseguía durante la investigación no estaban en Cienfuegos, sino en las localidades de Sagua la Grande, Caibarién, Remedios y Santa Clara, sitios en los que se decía que también estuvo el encanto literario y pianístico de García Lorca.

 

De las lecturas de los dos diarios cienfuegueros, llamó la atención la riqueza teórica y universal de sus periodistas, sobre todo, integrada en las redacciones por emigrados españoles, hecho que obligó en la polémica que suscitaron, principalmente, por lo apuntado en La Correspondencia, que García Lorca, tras el paso por Santiago de Cuba, regresara una segunda vez a la Perla del Sur para disertar sobre «Mecánica de la Poesía», concepción personal referida a la influencia de Góngora en el bicentenario de su nacimiento.

 

Desde La Correspondencia, el 30 de marzo de 1930, aparecieron comentarios y artículos referidos a García Lorca. En los créditos: Saturnino Tejera (Tenerife), José Navarro, Efraín Iznaga Montes de Oca, Joaquín Ramos (Somar) y otros. La publicación, al igual que El Comercio, apuntó a criterios del periodismo interpretativo, la polémica y lo opinativo.

 

La Correspondencia, sin dudas, ofreció el antecedente al publicar notas cortas de corresponsales de la Villa del Undoso, en la que se anunciaba que el 23 de marzo de 1930 el granadino estaría en el teatro Principal de Sagua la Grande, y ese hecho del intercambio periodístico, alejado del regionalismo y la búsqueda de la noticia alojada en el sitio menos apropiado de las página de un diario, sirvieron como archivo informador, detonante de insuflar el olfato, instigador del cotejo de  fuentes, velador de la objetividad y la astucia.

 

Junto a otros sitios, la historia, pasada o presente, a veces anda escondida, comulgando con nuestra realidad, pero en su dedicación, desde el prisma del periodismo o del investigador profesional, demanda tiempo en el estudio, en la búsqueda  de la verdad, para que, como aquí se reseñó efusivamente, rescate del olvido, no solo a personalidades del sector, sino también a esos instantes de nuestras instituciones que guardan la memoria cultural que necesitamos preservar como solidarios y profusos historiadores del momento en que se reconstruye cualquier realidad social.

 

Nada de lo que aconteció en relación a la estancia del poeta granadino, y sus disertaciones en el Casino español, aquel martes 8 de abril de 1930   -«Góngora, la imagen de la poesía»-, y el jueves 5 de junio de ese año desde el escenario del Teatro Luisa Martínez Casado -«Mecánica de la poesía»-, cuando ocurrió la segunda visita a Cienfuegos, pasó al olvido. Ahí radica la validez irreversible de la memoria documental; esa que permite que hagamos nuestro el criterio del autonomista Rafael Montoso, quien cerca de toda verdad, sustentó que: «La Historia de nuestra prensa es en gran parte la Historia de Cuba. No puede esta escribirse, ni aun estudiarse, sin acudir a las colecciones de periódicos.» Otra razón no existiría para anunciar que verdaderamente en los periodistas hay profusos historiadores del instante histórico del presente o el pasado social.


[1] Florentino Morales (1986): «La visita del poeta-dibujante vanguardista García Lorca provoca polémicas en Cienfuegos», revista Signos, (18):341-363, Santa Clara, Villa Clara.

 

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