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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

LAM OCULTO

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Por Luis Machado Ordetx

 

 

Nadie duda que Wifredo Lam tuvo muchos ocultamientos más allá de fundamentarse como el más universal de los pintores cubanos; de mostrar su audacia surrealista contenida en la espiritualidad afrocubana o la herencia china; incluso de plantarse en medio de la plenitud conquistada por una técnica artística y de simbolismo gráfico de realeza inigualable.

 

 

El sentido furtivo de ese sagüero inmortal; de frondosidad y esoterismo cultural definidos por Fernando Ortiz, tal vez tuvo su mayor realización en las calles y entre la gente de la Villa del Undoso,  luego de cumplir 76 años de existencia y recorrer idénticos escenarios transitados durante la infancia, fecha en que junto al equipo de realización cinematográfica que asistía a Humberto Solás, el pintor decidió que un momento significativo del documental en preparación, tendría obligatoriamente que captar fragmentos esenciales de su vida y las relaciones con amigos inseparables por el tiempo.

 

 

Antes, en 1972 tras la salida del libro de Alain Jouffroy sobre la obra pictórica de Lam, la televisión sueca hizo un documental; dos años después el Italo Mussa filmó otro cortometraje; ahora las cosas serían diferente, según el proyecto de Solás de captarlo en el ambiente natural de su ciudad portuaria; entre los recuerdos de infancia y aquellos instantes definitorios en una estética sin precedente: la danza, la música, la poesía y, por tanto, el "el arte como una batalla de alto compromiso moral, y la profesión como una disciplina abnegada y ajena a toda concesión", como afirmó cineasta.

 

 

Lam y Castilla, nacido un lunes 8 de diciembre de 1902, justo en el advenimiento de la República, tenía presente el fundamento plástico contenido en La Jungla, primer manifiesto de su tipo en el tercer Mundo; "porque la pintura es la lengua más antigua y elocuente de los hombres", y entre los hombres de su pueblo debía aparecer a cada instante.

 

                                                                     EXCLUISIVO TESTIGO

 

 

Un testigo de excepción es convocado ahora; puede hacer el recuento gracias a la memoria prodigiosa y la papelería que atesora; es el pedagogo y pintor Manolo Guillermo Fernández García, quien desde Varadero, donde reside, recuerda:

 

 

«En la mañana del sábado 7 de enero de 1978 varios artistas recibimos una comunicación oficial que advertía el deseo de Lam de encontrarlos a todos en la noche o al día siguiente para que intervinieran en el documental que se filmaría. Los salones del Taller Libre de Artes Plásticas "Fidelio Ponce de León", de Sagua la Grande, sitio de lecciones pedagógicas, fueron escenarios del murmullo y la euforia: otra vez el pintor estaría en su tierra natal; era domingo a media mañana y en un ómnibus del tipo Girón, Lam venía de pie, cercano a la puerta de salida, recorriendo con la vista las áreas aledañas al Parque La Libertad.

 

 

«Una caravana pequeña formada por varios tipos de automóviles se acercaba; allí en la sede del Partido aguardaban dirigentes políticos y estatales, así como algunos integrantes del taller (José Ramón (Pepito) Núñez Iglesias; Teódulo Morales Rossell, Manuel García Borbón, Jorge Hernández, quien cámara en ristre tomó varias de las imágenes y Ramón Infante, entre otros. Lam sonriente extendió la mano a todos, a otros los abrazó, y acto seguido hizo las presentaciones de quienes lo acompañaban: Solás, Lou (Laurin), la esposa, y sus amigos franceses Yvon y Jackelin Taillander.

 

 

«Solás dijo que era necesario comenzar a rodar el documental temprano en la mañana, a orillas del río Undoso y cerca del puente El Triunfo; allí en un parque, a la sombra de una ceiba gigantesca del Rincón Martiano.

 

 

«El fotógrafo Jorge Herrera, del equipo de Solás, hacía advertencias para que se presentaran personas de avanzada edad y que en la niñez o la juventud conocieron a Lam o a su familia; al siguiente día debían concentrarse en el parque Joaquín Albarrán; recuerdo que Lam dijo, ¡Manolo,  esta vez no me voy de Sagua sin disfrutarla y contemplar mis viejas pinturas; así que no te me pierdas!

 

 

«Señalé que las piezas estaban en exhibición, en una pequeña pinacoteca.

 

 

-    ¿Pinacoteca?, interrogó Solás al oírme.

 

 

-    Sí, la fomentamos en un salón en los altos del antiguo casino español, actualmente biblioteca municipal Raúl Cepero Bonilla.

 

 

«El cineasta se sorprendió cuando comenté que existían allí otros originales de Víctor Manuel, Amelia Peláez, Fidelio Ponce de León, Leopoldo Romañach, Armando Menocal; y Lam ripostó:

 

 

-Pues mañana los veremos antes de comenzar a filmar.

 

 

«Solás tenía preocupaciones; de vez en cuando miraba a Lam, y lo percibía en inquietud; hasta llegó a alarmarse ante la posibilidad de que se agotaran los rollos que traían para aquel documental concebido solo en 45 minutos de duración luego de la edición.

 

 

«El propósito del realizador era definido: la relación afectiva y profesional del pintor con su gente y su pueblo; la transculturación y el mestizaje dentro del ámbito de la intimidad artística. Por eso fuímos a la calle Carmen Ribalta, cerca del estero, en el bario San Juan, asentamiento de asiáticos, donde residió Lam. Hubo tomas de cámara, y al medio día se suspendió el rodaje para una siguiente jornada. El centro de descanso era el Motel Las Rocas, a la salida de Sagua.

 

 

 «El lunes 9 de enero, en la mañana todo estaba previsto para que el pintor visitara la pinacoteca "Apolinario Chávez"; subimos las empinadas escaleras de mármol a pesar de las dificultades que ya se advertían en el  caminar de Lam. Ante cinco de sus obras iniciales, el artista señaló que eran viejísimas y no pensaba que se conservaran en tan buen estado, y precisó que cuando pintó aquellos cuadros, jamás creyó verlos en exhibición y protegidos en su tierra natal. Creo que esas piezas todavía deben estar en Sagua.

 

 

«Con euforia, Lam declaró: "¡Coño, estos cuadros son más viejos que Matusalén!; fueron concebidos entre 1917 y 1925, fecha en que me  involucré en estudios de la Academia San Alejandro"; pertenecieron por obsequio del artista a Humberto Domínguez, el amigo y músico sagüero.

«Después hubo otras tomas en el parque Albarrán, y al mediodía fuimos a Isabela de Sagua, y a orillas del mar se hicieron las últimas filmaciones del documental. Después nos despedimos; esa fue la última vez que aprecié de cerca de Lam, quien entre los labios y el recuerdo tenía prendidos los días infantiles de la escuela de Cocosolo.

 

 

«Precisó Solás que el tiempo apremiaba; pues después irían a Sancti Spíritus, territorio de nacimiento Ana Serafina Castilla, la mamá del pintor; momento que aprovecharían esas locaciones cercanas a la Trinidad de viajes de infancia, para rememorar a Huelva, zona minera en la cual el artista residió antes de estallar la Guerra Civil Española.

 

 

El documental, una joya del cine cubano, lo disfrutó Manolo Guillermo Fernández García, según confesó,  poco antes del fallecimiento de Lam en Paris, aquel infausto sábado 11 de septiembre de 1982; los restos del pintor fueron incinerados en el cementerio Përe Lachaise, y luego trasladados a suelo patrio para su reposo perpetuo. De aquella cinta, declaró mi testimoniante, próximo ya a cumplir 85 años de existencia y siete décadas de vida artística, que   todavía perpetúa en su memoria la osadía de Humberto  Solás por congeniar realidad con ficción; música y danza en un intento siempre permanente por devolverlos al Lam oculto entre los propios sagüeros.

 

 

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