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BIBLE OF HELL: «LA BIBLIA PERDIDA», INCITACIONES

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Una polémica que abre otras aristas en torno a la investigación y la ficción histórica contenida en «La Biblia Perdida», del poeta, narrador, editor y crítico literario Ernesto Peña, autor de ese texto inédito aún, y merecedor en 2009 del Premio Alejo Carpentier. Tomado íntegramente de http://verbiclara.nireblog.com/

Por José Ernesto Nováez Guerrero y Jenny Pérez (estudiantes de periodismo en la UCLV)

El escritor villaclareño Ernesto Peña obtuvo recientemente el prestigioso Premio Alejo Carpentier 2010, en novela, otorgado por la Fundación que lleva el nombre del ilustre intelectual cubano y la editorial Letras Cubanas, con su obra “Una biblia perdida”.Peña es uno de los más destacados jóvenes literatos de la provincia, quien reafirma su talento con este notorio galardón.


—Háblame de “Una biblia perdida”

—Es una novela histórica cuya trama se desarrolla en la Cuba de los años 1763 a 1812. Narra, fundamentalmente, la vida de José Antonio Aponte, uno de los mártires de nuestras luchas de emancipación, organizador de la organizador de la conspiración que lleva su apellido. Siempre hubo varios aspectos sobre esta figura que me llamaron la atención. Era un negro libre, nacido de negros libres.

«Pertenecía a la milicia de morenos de La Habana, con el grado de cabo primero. Tenía un libro de pinturas, al que hago referencia en la novela, que era una especie de biblia, cuyas obras se relacionaban unas con otras, como los vía crucis de las iglesias. En los interrogatorios que le hacen a Aponte cuando lo capturan, se ve obligado a describir el libro y reconoce que su mayor influencia desde el punto de vista ideológico proviene de lo africano, específicamente del imperio etíope. Parte de la relación bíblica de Salomón con la Reina de Saba y su descendiente, Menelik I, la dinastía salomónica de los etíopes. Traté también de rescatar un poco esa historia que no aparece en la biblia tradicional.»

—¿Cómo surge la idea del libro?

—De manera casual. Siempre me han gustado mucho las novelas de espionaje. Busqué en la historia de Cuba algo semejante a lo que uno encuentra en las novelas de John Le Carré, por ejemplo. Me topé con esta conspiración que siempre me pareció un período poco estudiado o, al menos, poco referido en la literatura.

«En el libro La conspiración de Aponte, de José Luciano Franco, conozco los personajes fundamentales involucrados en esta y percibo su verdadero alcance. Como mi interés era recrear las relaciones interpersonales basadas en la simulación, en el encubrimiento, esta conspiración vino muy a propósito para ese objetivo. Este tipo de relaciones genera un dramatismo muy interesante para cualquier novela, además de todas las cosas que le dan cierta textura novedosa, como la influencia etíope.»


—Para la realización de esta novela debiste emprender un gran trabajo investigativo, ¿cuánto tiempo te llevó la elaboración del texto?

—La escribí en un año aproximadamente. La investigación sí llevó más tiempo. Tuve la suerte de que el escritor de nuestra provincia, Yamil Díaz, me facilitó buena parte de la información, y me ahorró muchas horas de búsqueda. Encontré bastante bibliografía en internet, sobre todo porque en estos momentos se está digitalizando el Archivo de Indias, en España, lo que me dio acceso a muchos datos importantes, como las cartas de Salvador de Muro y Salazar, Marqués de Someruelos, Capitán General de la isla en esa época. También consulté el libro Los apellidos ilustres, de María del Carmen Barcia, entre otros.

—¿Hasta qué punto fue un reto enfrentarte a la figura de José Antonio Aponte?

—Sobre Aponte hay poca información. De los interrogatorios que le fueron realizados se conservan unos pocos; no existe ningún retrato suyo. Su libro de pinturas desapareció, solo poseemos la descripción hecha por él en los interrogatorios. Todo esto convierte en un desafío reconstruir esa figura. De hecho, su infancia, su relación con sus padres, con sus abuelos, todo es ficticio. Incluso, la conspiración, en gran parte, es inventada, por el secreto que rodea a esta serie de actividades.

—¿Qué compromiso representa para ti este premio?

—Nunca he escrito pensando en un premio. Lo hago buscando el placer estético, sobre todo. Busco que ese placer que yo siento al recrear los personajes, al verlos interactuar entre sí, se pueda comunicar a quien me lee. Siempre me ha importado más tener un público lector que un premio. Considero mi mayor compromiso seguir trabajando para las personas que quieran leerme.

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