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FAGET, EL PEDAGOGO

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Por Luis Machado Ordetx

                                      «No hay un ser en la Naturaleza que incluya todos
                                       los árboles o todos los hombres
                                                        Félix Varela, Lecciones de Filosofía.


El centenario del natalicio de Juan Antonio Faget San Juan vino como un recordatorio a uno de los más destacados pedagogos que transitó durante medio siglo por pasillos y aulas de la más alta casa de estudios del centro cubano: la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Al observar viejas fotos que conserva el Doctor en Pedagogía Juan Virgilio López Palacio, enseguida vino un recuerdo a la memoria. No sabía el nombre de aquel venerable anciano que recorría las sendas del césped e iba hasta los laboratorios de Física-Química. Casi siempre su atuendo era impecable; vestido en camisa de color claro y de mangas largas, y su distinguida corbata, prenda a la que se aficionó en coleccionar.

López Palacio, un libro abierto a la conversación diáfana e inteligente, dice: «¡ese es Faget, y ronda ahora los cien años de nacido allá en La Habana!».  El suceso le bastó para que describiera pormenores del vasto calado de ese docente en la enseñanza de la Metodología de la Física o la Didáctica.  Como pocos capitalinos, se desentendió del cosmopolitismo de la ciudad, y arribó a Placetas en calidad de maestro cívico-rural. También eso hicieron Onelio Jorge Cardoso, Raúl Ferrer y Silvio de la Torre en otras partes de Cuba. Eran jóvenes impuestos a la contribución al sustento familiar.

Faget San Juan llegó a la otrora Villa de los Laureles, y tomó a ese predio  como “casa propia”, hasta que se instaló en Santa Clara, ciudad  que jamás abandonó en el transcurso de su carrera profesional. Fue «un hombre muy humilde, nacido el sábado 24 de junio de 1911. De ahí viene su nombre, Juan, según el Santoral», destaca López Palacio. Allá, en La Habana, con un precario sostén familiar, concluyó el Instituto de Segunda Enseñanza, y se aficionó a las matemáticas e inició la carrera de Medicina, la cual abandonó de inmediato, y matriculó Arquitectura. La pobreza le impidió continuar su formación, hasta que joven llegó en 1935 a campos cercanos a Placetas.

De aquel hombre, con «andar pausado, blanco en canas, de filosa ironía y un conocimiento impecable de la cultura humanística y el idioma inglés, los jóvenes que estudiábamos la carrera de Pedagogía bebíamos sabiduría», apunta López Palacio, uno de los continuadores de esas lecciones que Faget inculcó sobre el perfeccionamiento de la Metodología de la Enseñanza.

En 1952, cuatro años después de fundada la Universidad, el profesor Faget integró su claustro docente. Ya estaba graduado de Doctor en Pedagogía por la Universidad de La Habana.

Primero venció tres ejercicios de aspirantura: una conferencia, un examen escrito y la elaboración de un programa de estudio en asignaturas relacionadas con la Didáctica del Ciclo Secundario Ciencia y Letras. El tribunal examinador «no tuvo reparos en aplaudirlo y otorgarle la máxima calificación para sumarlo entre los profesores de Pedagogía», subraya López Palacio.

En el primer lustro de la década del 50, el testimoniante entró a la Universidad en calidad de alumno de la carrera de Pedagogía, ocasión en que entabló amistad con Faget San Juan, quien en 1960 le sirvió de tutor del “Proyecto de Didáctica General para los Maestros de Escuelas Primarias”, tesis que le avaló como graduado de la enseñanza superior.

Desde entonces la familiaridad se ensanchó entre ambos. Por más de una década (1960-1976), compartieron aulas en la Escuela de Pedagogía de la Universidad Central de Las Villas, institución en la que Faget demostró su rol de eminente pedagogo; de forjador de generaciones de maestros, y de sabio conductor en el conocimiento de las Ciencias; de la Didáctica.

Por momentos la confesión de López Palacio transita rauda, y hasta hace silencios de evocación. El diálogo con el Premio Nacional de Pedagogía (2003), le anima para mostrar libros que algunos maestros obsequiaron a Faget San Juan en tiempos en que solamente era un sencillo discípulo en aulas de una escuela primaria habanera.

Exhibe una Teoría General de Álgebra, en inglés, y con euforia lee un escrito que el pedagogo habanero escribió en el forro de cartulina que protege una edición empastada e ilustrada del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, fechado en 1876 por la casa editora “Saturnino Callejas”, de Madrid. Allí reza: «No será el de más precio, pero sí el más apreciado de valor». La letra y la rúbrica ostentan una acabada caligrafía.

En la página interior hay un asombro para cualquier lector avezado. El exergo indica: «Esto es justicia, aquí no hay elogios», y a continuación el escribiente sustenta: «Para mi querido alumno Juan Antonio Faget y San Juan. Debe decirse con satisfacción sin que por esto te envanezca, sino que te procures progresar en todos los sentidos que, entre mis alumnos en la escuela número 9, nadie te mejora en conducta, aplicación y en corrección y afabilidad; quien es así como tu, se honra él mismo, porque honra a sus padres. Yo estoy muy contento de ti, no solo por tu conducta, sino también por tu aplicación, que no hay como alabarla. Estos no son elogios de un maestro  para un discípulo a quien se quiere. Esto es justicia nada más. No cambies, nada hay más grato que la satisfacción de un deber cumplido. Procura aprender, pero más ser bueno. La tranquilidad espiritual es nuestra felicidad. Cumple con tu deber

Ese texto lo estampilla Cy Rico, director de la escuela número 9. Por fecha, enero 31 de 1923.  De cierta manera se aprecia una analogía en el discurso que pronunció el Presbítero Varela cuando en 1817 ingresó en la Sociedad Patriótica de La Habana: optimismo ante la educación y el fin moralizante de un proceso formativo que apela a lo analítico. Así lo intuyo en lo que explica López Palacio, y recuerdo a otro inmenso pedagogo: Enrique José Varona y su énfasis en el estudio de las ciencias experimentales, tal como gustaba a Faget en más de medio siglo de ejercicio docente en la explicación de la Física, la Química o la Matemática.

 Aunque después de 1976 el profesor Faget, se instaló en el naciente Instituto Superior Pedagógico “Félix Varela”, jamás dejó de vincularse con la Universidad Central: asistía a claustros; visitaba sus laboratorios; compartía con los estudiantes.

Allí dejó muchas herencias, entre las que cuentan sus continuadores en el campo de la Didáctica y la Psicología: los Doctores en Pedagogía María Dolores (Lolo) Seijas Gómez, Orlando Noriega Madrigal y el propio Juan Virgilio López Palacio.

Con 87 años, el martes 24 de noviembre de 1998, en la adoptiva ciudad de Santa Clara, falleció Juan Antonio Faget San Juan, quien al decir de López Palacio, «estableció una trayectoria humana y profesional que le situó en el universo de los clásicos de la pedagogía cubana». Al menos, esta constituye una justa aproximación a un inconfundible Maestro en el centenario de su natalicio.

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