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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

FEIJÓO-BATISTA: EL GUAJIRO CUBANO POR DENTRO

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Por Luis Machado Ordetx


Una vista dirigida hacia el interior de dos hombres, y sus actitudes intelectuales en defensa de un propósito único e insustituible en la cultura cubana, constituyó el reconocimiento a Feijóo-Signos-René, observados  dentro de un arsenal teórico presentado este sábado en Santa Clara durante el penúltimo día de la 23 edición de la Feria Internacional del Libro en las provincias centrales.


El quehacer investigativo y folklórico de Samuel Feijóo Rodríguez, quien al cierre de marzo cumplirá el primer centenario de natalicio, y del camajuanense René Batista Moreno, un hacedor imprescindible en los años fecundos de Signos, quedaron  expuestos con claridad meridiana por escritores villaclareños que abordaron aspectos intrínsecos en torno a la publicación surgida en 1969, fecha en la cual Santa Clara irradió cultura y universalidad a partir de un amplio movimiento artístico-literario gestado por el Sensible Zapapico cubano.


Ricardo Riverón Rojas, el moderador, y los panelistas Silvia Padrón Jomet, Alexis García Artíles y  Arnaldo Toledo Chuchundegui, destacaron particularidades de las misiones folkloristas, de investigación de campo en la ruralidad cubana y las cualidades que impregnaron Feijóo y Batista Moreno a Signos, una expresión cultural en nuestros pueblos, una revista que insertó a escritores, antropólogos y pintores —sin conocimientos académicos en las artes plásticas— para enaltecer la cultura nacional.


Diferentes facetas, desde los métodos empíricos de investigación, hasta las cercanías y diferencias entre Feijóo Rodríguez (1914-1992) y Batista Moreno (1941-2010), esbozaron los panelista en aras de presentar a los creadores en un camino de fidelidad a la cultura.


El «alma de Signos hasta su fallecimiento fue René, quien se vinculó a la publicación a partir de 1972, como hombre propuesta en la composición de ejemplares anuales o semestrales», dijo Riverón Rojas, escritor que tuvo la posibilidad de colaborar con Batista Moreno, y hablo de aquellos aspectos que acercaron o divergieron al camajuanense de las metas investigativas o folklóricas de Feijóo Rodríguez.


Padrón Jomet, una investigadora que hace años presentó sus libros La dimensión cultural de Samuel Feijóo (2005), y luego Signos, la verdadera historia (2012), recabó en la necesaria presencia de un espacio artístico-literario que enaltezca la intención comunicativa del Sensible Zapapico, «no como antigüedad y recordación, sino desde el prisma de hombre moderno y de sentido antropológico» en las letras o las artes plásticas y la promoción y difusión cultural.


La fijeza hacia un «Feijóo plural, y las disputas con sus seguidores, y hasta los conflictos con José Seoane Gallo, autor del Folklore Médico de Cuba, o Las palmas del Sena, tienen que verse en toda amplitud», dijo Riverón Rojas.


Por su parte Toledo Chuchundegui, Doctor en Ciencias Filológicas y actual director de Signos, afirmó que Camajuaní, terruño natal de Batista Moreno y sitio de encuentro permanente con Feijóo, «constituyó un territorio insólito, de diálogo con la realidad maravillosa que rompe con la medida recreada por René en sus Fieras broncas entre Chivos y Sapos, así como en El Vuelo de Andrés Lavatúa, y los Cuentos de guajiros para pasar la noche, textos que realzan la capacidad de fabulación, y la pericia investigativa y hasta folklórica, garantizan el enriquecimiento del imaginario literario-popular», aseguró.


Ahí está el «Camajuaní celeste de René, y la fidelidad  de invención mítico-popular de un escritor distante de la extrañeza que causa todo relato», afirmó Toledo Chuchundegui, mientras Alexis García Artíles abundó en la capacidad de cronista, o de hacedor de palabras y de oralidad.


García Artíles declaró que el aporte fundamental de Batista Moreno estuvo en la prolongación del pensamiento de Feijóo Rodríguez, y en su manera de aglutinar a creadores, insuflarle dimensión humana, y versatilidad y proyectos de identidad cultural, hubo un encuentro inestimable. René «actuaba con el espíritu de Signos, y su mayor miedo era que se perdiera el insuperable sentido artístico-literario», significó. 


Un reparo tendría que hacerle al panel: el distanciamiento y también las cercanías de Feijóo Rodríguez y Batista Moreno en el intento y la validación de reconstruir otras realidades inmediatas a partir de la óptica que lega el periodismo, aspectos no tocados por los disertantes.


Ambos creadores, vistos en la distancia, en idéntico modo que desarrollaron un espíritu de búsqueda folklórica en la ruralidad, tuvieron al hombre en el centro de sus disquisiciones periodísticas, de aprehensión  del reportaje, la entrevista o la crónica escritas para diferentes publicaciones cubanas.


Otro de los alejamientos, no apreciados en las formulaciones, están dados por la capacidad de cuentista de Batista Moreno, un hombre que hasta los últimos instantes de vida halló en la risa, la ironía filosa y hasta el humor contrastante, las lanzas o dardos de un discurso oral inigualable, propio de quien, como indicó Toledo Chuchundegui, «se inventó un mundo circundante», un centro de gravitación, que se prolongó en otras preocupaciones:  no perder el paisaje rural o urbano del cubano en una traslúcida visión o esencia folklórica.

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