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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

BARRENECHEA, OTRO FULLERO CUBANO

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Réplica al bloguero independiente José Gabriel Barrenechea, con residencia en Villa Clara, al centro de la Isla caribeña.

 

Por Luis Machado Ordetx

 

José Gabriel Barrenechea, como Judas Iscariote, está carente de la menor  vergüenza. Ahora en su miope lectura la emprendió contra Ciudades en pugna (Capiro, 2015), y comete lamentables pifias históricas que demuestran la sorna de un diletante que se acerca a escritores e intelectuales cubanos para venderse al mejor postor por migajas de dinero.

 

Al leer su opúsculo, lleno de imprecisiones teóricas e históricas, recordé su  “espíritu” rastrero cuando fue tildado de apropiarse de fondos destinados a Cuadernos de Pensamiento Plural http://razonesdecuba.cubadebate.cu/noticias/acusan-de-robo-de-dolares-a-bloguero-independiente/), una revista de periodismo independiente.

 

Después su rúbrica apareció, una que otra vez, en las nóminas de esas redacciones, y hasta escritores del centro cubano lo tildaron de “soplón” vulgar.  Un día se “auto-inventó” la de censura de un artículo “histórico” en Guamo, publicación del Ministerio de Cultura en Villa Clara.

 

Era un estudio-refrito sobre las expediciones cubanas por la zona de Pinar del Río durante las guerras por la independencia contra el colonialismo español. Ahí se “imaginó” el cuento de la recogida “masiva” de la publicación y formuló un “mea-culpa” por el ciberespacio, cuando en realidad la tirada de Guamo estaba agotada. 

 

Desde estas cuartillas hago réplica abierta para destejer el falso protagonismo revisionista de los apuntes que expuso, y lo considero un impostor. Diría con Pierre Vilar  que el «historiador es un físico, no un experto», pero en el caso de Barrenechea, con su crítica agazapada, ofrece un destilado de incompetencias.

 

Iscariote, al fin, recibió una recompensa monetaria por la “reseña” —subjetiva e impresionista— de reciente circulación en  http://www.14ymedio.com/cultura/portada-Ciudades CYMIMA20150727 0018 16.jpg. Nada tenía que escribir y la emprendió contra el libro, con lo cual demostró los imperfectos estudios sobre nuestra historia y el retorcido carácter de su “personalidad literaria”, rayana en la ignorancia  documental y estilística.  

 

Algunas apostillas le refrescarán su falsa visión de juego “critico”, y desde la cual no comprendió el fin último de Ciudades en pugna: la intención permanente de Santa Clara por la capitalidad territorial del centro cubano durante un siglo. O sea, desde mediados del XIX hasta la primera mitad de la siguiente centuria.

 

Desgraciadamente leyó un capítulo (“Humos del periodismo ¿la polémica?”), y esas páginas “¿sobraron?” para orquestarse una reseña ácida e hipercrítica. ¡Qué tipo de analista es Barrenechea!, quien tilda el discurso de oscuro para no mostrar su incapacidad valorativa y de interpretación.

 

Cuenta que nada le dice el libro. ¡Claro no lo puede apreciar en toda su magnitud!, pues jamás lo aquilató, y mucho menos comprobó  que en el esclarecimiento de lo desconocido hay una prospección e indagación en las fuentes documentales.

 

Creo, incluso, en su desmedida envidia por los escritores —gremio al cual dice que pertenece—, no le permiten reconocer cuando Lucács anunció en Sobre la esencia y forma del Ensayo (1910), que el género consiste en «no sacar cosas nuevas de una nada vacía, sino solo ordenar de modo nuevo cosas que ya en algún momento han sido vivas […] Y como sólo las ordena de nuevo, como no forma nada nuevo de lo informe […], ha de enunciar siempre “la verdad” sobre ellas, y hallar expresión para su esencia». Eso ocurrió en Ciudades en Pugna sin el subjetivismo que, con “miopía” incorpora Barrenechea en ideas colmadas de desacertadas impresiones personales e invenciones historiográficas.

 

Jamás sabrá, quien opera desde la óptica del “miope”, que en los antecedentes, las causas y el significado de los acontecimientos y las repercusiones, descansan los pilares interpretativos del libro. El ensayo, no como lo “entiende” Barrenechea, admite dosis de subjetividad en los argumentos. Por esa razón le mostraré que, en dos cuartillas, incurre en deslices históricos imperdonables que lo afirman en improbidad intelectual y periodística. Ojala, como suele hacerse llamar “Hidalgo Rural Cubano”, no termine, después de traicionar a muchos coterráneos, ahorcado en un árbol, como Judas Iscariote, según se narra en Mateo: 27.5.

 

Lo publicado por Barrenechea está próximo al límite del mísero “orquestador” de palabras. En http://www.14ymedio.com, dijo pepemartinez «¿Santaclareños en pugna? “A este artículo le falta la elegancia y el respeto propios de una buena crítica». Acaso los lectores son tontos ante un fullero-timador, quien según declaración es «escritor profesional en su domicilio». ¿Cuál?...  ¿Será el Café Literario de Santa Clara, sitio donde husmea con desmedida parsimonia lo que otros conversan? ¿Dónde están sus libros y ensayos? ¿Cuántas oraciones coherentes ha redactado en vida?... Oiga, no se haga el “sueco”, en buen diálogo cubano,  pues todos sabemos de sus carencias intelectuales.

 

El autotitulado “Hidalgo Rural Cubano”, en su desenfreno “crítico”, hasta se apropia de fundamentos de Félix Julio Alfonso, y no tiene la decencia de colocarlos en comillas. Claro, al escribir su opúsculo, desconoce en teoría lo expuesto por Pedro Aullón de Haro cuando significó que el ensayo está «Concebido como libre discurso reflexivo, se diría que […] establece el instrumento de la convergencia del saber y el idear con la multiplicidad genérica mediante hibridación fluctuante y permanente».

 

Entonces, ¿cómo tildar a Ciudades en pugna de «pedantería retórica»?, cuandoen realidad descubre entresijos en los enfrentamientos histórico-culturales entre territorios limítrofes del centro cubano desde aquella mercedación de tierra organizada por las primeras administraciones españolas en la Isla.  

 

Barrenechea, y es risible, sin exhibir instrumentales teóricos de la Literatura, el Arte, la Historia, o el Periodismo —porque no los tiene a su alcance—, ahora repudia el contraste de fuentes documentales, y no reconoce la vitalidad de valoraciones-antecedentes-contextualizados en criterios expuestos por otros investigadores.

 

La ceguera intelectual no le permitió detectar el objetivo central del libro, como mal indica a partir de la lectura del capítulo que relata: «Humos del periodismo, ¿la polémica?». Ahí nunca traté de demostrar la insuficiencia del carácter ¿letrado? de Santa Clara en su historia. Lo significativo allí son los encontronazos del periodismo impreso de aquellas regiones beligerantes por el poder logocéntrico. Se nota que el Fullero de Encrucijada es un pésimo lector con invidencia natural para reconstruir la realidad que lo circunda.

 

En su alegato tampoco se detuvo a observar  las diversas opiniones de periodistas, o escritores, entre las que se incluyen a Baquero, Mañach, Rumbaut —quien en ningún momento se dice en Ciudades en pugna que perteneció a un club anti-santaclareño, criterio que Barrenechea inventa—, y olvidó por presunción de mentiroso aquellos planteamientos dejados por Pedrosa Raimundo, García Galló, Ballagas, González Puig y…

 

Tiene Barrenechea una manera sórdida de “inventar” historias y manipular a lectores que carecen del libro. Tal vez desee apropiarse de cierta “celebridad” que en el fondo de los hechos siempre será dudosa. Por eso cita a Mañach, pero  ¿no observó usted cuando ese filósofo sagüero comentó las particularidades del parque Vidal?, y se detuvo a puntualizar que la gente de una ciudad se valora de acuerdo a las características de un paseo urbano. Después dice que solo se le cita en una ocasión. Verdaderamente usted padece de una vulgar visión para las lecturas, muy similar a la que emplea en indicar que no encuentra relación entre lo expuesto por Baquero y Rumbau Yanes. Oiga, no se haga el ingenuo, allí todos los criterios, incluidos los de otros que usted no menciona, están contrastados.

 

De igual modo, ¿conoce dónde reside la objetividad del periodismo de Gastón Baquero desde tiempos de los rotativos Información y Diario de la Marina, allá a inicios de la cuarta década del pasado siglo? No lo puede saber. Con sinceridad, usted en teoría y práctica es  un neófito en periodismo. Esa objetividad que usted excluye se aprecia en lo que ahora se denomina reportaje profundo, o en profundidad, y en el interpretativo, tipologías que  añaden antecedentes, documentos y análisis. Tienen un lead de entrada con carácter literario, tal como se distingue en «Cienfuegos o la cordialidad», publicado indistintamente a finales de 1945 en  La Correspondencia y El Comercio, diarios de la Perla del Sur. Ese fue el detonante de la carta que, en enero del siguiente año, el poeta-periodista dirigió a La Publicidad, de Santa Clara, para sustentar sus puntos de vista.

 

Oiga, Barrenechea, por favor, instrúyase antes de respaldar sus criterios. No haga tomadura de “pelos” a los lectores. También lo emplazo a que localice una línea, una página, incluso el nombre de Narciso López, en la Historia Física, Económica-Política, Intelectual y Moral de la Isla de Cuba (1861), de Ramón de la Sagra, escrita a su paso en  agosto de 1859 por territorios de La Habana, Matanzas, Cárdenas, Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spíritus, Villaclara, Sagua la Grande, Banagüises y el retorno posterior a España. 

 

En las 250 páginas de ese monumental libro de viaje, y hasta en diálogos con la aristocracia cubana y española, jamás se mencionó a Narciso López y su proyecto anexionista. Creo que usted siente predilección por ese tipo de pensamiento, muy alejado del sentimiento patriótico y nacionalista de los cubanos.

 

¡Claro!, es evidente que la «zozobra» que apunta usted, y a la cual hizo referencia el abolicionista español, está referida a los encontronazos por la capitalidad. Todo queda inferido. Aprenda a leer en los documentos. Recuerde que Narciso López murió en garrote vil en septiembre de 1851. Fue en la jurisdicción de Trinidad, y no en Santa Clara, donde tomó fuerza y financiamiento su intención anexionista, muy distante del sentir ibérico que animó a Ramón de la Sagra, quien no venia a Cuba desde 1835.

 

Santa Clara jamás fue una ciudad ¿letrada?, según el concepto teórico de algunos estudiosos contemporáneos que extrapolan los criterios de Ángel Rama. Por favor, deje a un lado su fullería y no se haga el tonto para embaucar a sus “lectores” potenciales del ciberespacio. ¿Cómo hablar de Eduardo Machado Gómez  (1838-1877) para correlacionar  el ambiente literario de la central ciudad cubana? Oiga, sin demeritar los valores  patrióticos y culturales de ese criollo, lea su Autobiografía, y percátese que desde los 20 años residió en el extranjero. Regresó a su localidad querida en 1866, período en el cual fundó el rotativo La Época, de carácter efímero por su retorno a Europa. Después volvió a la patria para incluirse entre los hombres decisivos en la Guerra del 68. Seguro, usted que recorre algunas calles de Santa Clara antes de partir a su natal Encrucijada —o asumir criterios diletantes—, desconoce el lugar exacto de la que fue vivienda-residencia del patriota. 

 

Otra vez lo emplazo para que indique línea, párrafo y página de Ciudades en pugna en la cual se subraya que Cuba Contemporánea (1913-1927), la revista que gestó Carlos de Velasco y José Sixto Sola en su espíritu nacionalista y antimperialista, surgió en Santa Clara. Creo, con sinceridad, que usted es un mentiroso de poca estatura mental y un farsante en toda dimensión de la palabra. Ahora me percato de las equivocaciones que tuve al tratarlo. Por respeto a los lectores, mida en adelante con mayor objetividad sus puntos de vista dentro de un impostado espíritu de “crítico” literario, una talla que no le compete y que tampoco tiene carrera y horas de “vuelos” en la escritura.   

 

Por último usted la emprende contra Maylén Domínguez Mondéjar, quien cuidó de la edición de Ciudades en Pugna, y como “crítico” muestra su rostro retorcido al intentar soslayar que esa profesional, como todos en su actividad, atiende con desmedido celo los libros que toma, y hasta los discute con sus autores. Ella, no lo ponga en entredicho,  tiene un elevado prestigio en las casas impresoras cubanas. Infiero que usted siente una profunda envidia por esa experta actividad. No por gusto dentro del denominado periodismo independiente usted ha  tratado de desplegarla, pero de inmediato sé que le retiran “voz y mando” dentro de las autocracias imperantes en las más competentes de las redacciones.

 

Ya acabo la declaración que le dirijo a José Gabriel Barrenechea, otro de los fulleros cubanos. Desearía, luego de revisar su “crítica” literaria encontrar un juicio certero y no falsas imputaciones investigativas que lo demeritan en ese “hacer” de periodista con dudosa factura de independiente.

 

Al concluir le dejo un consejo muy sano, alejado de dimes y diretes profesionales: en lo perspectivo tenga cuidado no aparezca un espíritu bilioso, propio de la usanza de Emilio Bobadilla (Fray Candil, 1862-1921), y decida enfrentar sus mentiras con “una galleta” en pleno rostro, justo en la ocasión en que usted transita por cualquier calle cubana.

 

 

                                 En Santa Clara, sábado 1 de agosto de 2015    

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