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En «Aula de Poesía», espacio de encuentro en el cual intervienen escritores cubanos que asisten a la Feria del Libro en Villa Clara, ocurre un diálogo inusual entre los hacedores de la palabra, sea en un género u otro, y estudiantes de la enseñanza medio-superior interesados en adentrarse en el universo de la Literatura. Especial para CubanosdeKilates.blogia.com, hay un acercamiento a la poética de Sergio García Zamora, Mildre Hernández Barrios y Lina de Feria, un instante singular de intercambio con los lectores cubanos.

Por Luis Pérez de Castro (Escritor cubano).

Reflexiones bajo la sombra del buen decir (I)

Durante la Feria Internacional del Libro y la Literatura del año 2004 me llamó la atención un libro titulado Autorretrato con abejas, publicado por Ediciones Sed de Belleza en el año 2003, pero lo que me dejó perplejo del libro fue la madeja de poemas que lo conformaban, todos con una construcción sólida y un manejo del lenguaje seductor. Fui directo a sus datos personales del autor y, con mayor estupefacción, comprobé que este constaba solo con diecisiete años, lo que me hizo exclamar: “¡Pero si es un muchacho!”.

Y confieso, aún no había tenido la posibilidad de conocer a ese muchacho que tanto me llamó la atención, hasta el último día de la feria y pude asistir a la presentación del libro; donde constaste, además, lo enigmático de su personalidad, y ya alejado de todo estupor, conocer al joven que con ese mismo lenguaje seductor seguía sorprendiendo no solo a los lectores, también a los críticos entendidos en la materia con títulos como Tiempo de siegas, El afilador de tijeras, Poda, El Valle de Acor, Pabellón de caza, entre otros, así como merecedor de innumerables premios, donde se destacan Poesía de Primavera, Mangle Rojo, Calendario, Digdora Alonso, Fundación de la Ciudad de Santa Clara y recientemente el Rubén Darío, en Nicaragua.

Obra con un hacer poético poco asible, la que nos sorprende y al mismo tiempo nos distancia; poética poco dada para permitir la construcción de un discurso sobre ella, siempre en los límites y marcando un límite. ¿Desde dónde entonces abordarla? ¿Cómo dejarnos acompañar por ella? En este caso, no es una decisión de óptica, visión o lectura, se trata más bien de escuchar, pues esta poesía ejerce sus poderes desde la orilla del oído más que de la vista, es decir, desde su música interior y el tiempo.

En él el poder de la poesía trasciende el orden de lo estético, aunque se mueve en sus propias aguas, siempre aspira a un más allá de la belleza. Tal vez sea ésta una de las verdades que se desprende de su obra y que es, al mismo tiempo, una vocación y una apuesta.

Y confieso, pasado algunos años aun sigo sorprendido por este muchacho que responde al nombre de Sergio García Zamora, no solo por su poética, también por su enigmática personalidad.

 Carta a una Diva (dos puntos) Mandar acuse de recibo (II)

Mildre Hernández Barrios escribe desde la mitología, la superstición y, en ocasiones, hasta lo arcaico forma parte de su poesía, percibiéndose, desde la lectura de su primer libro, Vuela una sombra, una gran tensión entre escritura, personajes ¿infantiles? y la vida cotidiana (esa vida cotidiana que bordea lo ridículo y se establece bajo los códigos de sus disímiles personajes que responden a rinocerontes, tojosas, ballenas, Bellas durmientes, soldaditos de plomos y héroes como Peter Pan) Y no puede ser de otra manera, porque la superstición es la poesía de las gentes enteramente sencillas y posee también algo de fascinación, de ahí deriva que su forma de ser, como despreocupada y a la deriva, encaje con facilidad en la literatura, sin encasillarla en géneros.

Pues para ella, y para mayor satisfacción para los que consumimos cuanto escribe, la literatura no es lo único poético, también la vida, las miradas del vecino más cercano repleta de interrogación, el diálogo abierto de un infante con su juguete favorito y hasta el rumiar del gato a orillas de sus pies es poesía.

Solo mediante el ensamblaje de lo cotidiano surge lo extraordinario y es así que, Mildre Hernández Barrios, logró construir su obra, como son, entre sus más de quince libros publicados, Cartas celestes, Despertar del viento, Cuentos para dormir a un elefante, ¿Y la reina dónde está?, Memorias de un sombrero, El próximo despertar, Es raro ser niña, En el otro espejo, Corazón verde tatuado, y por los cuales ha obtenido diferentes premios, destacándose entre ellos: Eliseo Diego, Pinos Nuevos, Abril, Sed de Belleza, La Rosa Blanca, Regino Botti, Hermanos Loynaz, la Edad de Oro y recientemente el Casa de las América. Libros, en su conjunto, con una gran cohesión y unidad de concepto, todo ello dado a través del empleo de un léxico frecuentemente implicado en leyendas trasmitidas por diferentes generaciones.

Una palabra clave para entender la estética de esta literatura es transparencia, esa transparencia que no es más que la plasmación misma de la ausencia, la huella, la sombra de aquella niñez que un día tuvimos y nos dijo adiós.

Después de conocer a Mildre Hernández Barrios y de hurgar en sus libros, descubro que la literatura nos es una utopía, que la utopía es algo que uno se imagina y aún no existe, no ha sucedido.

Otra forma de pernoctar en la palabra (III)

Hay una mujer que resurge del agua y de la vida como una espada inextinguible, quien enseña, además, que nuestra sentencia es saber que el día en que este juego sin fin con las palabras se termine habremos muerto.

Escribo sobre una mujer que reconoció el valor de las formas como continente de la revelación poética, por lo que no es casual que en su extensa obra, que abarca la poesía, la investigación y la crítica, se aprecie el ahondamiento en cierto misticismo. Despliega, además, una importante variedad de recursos que permiten la fragmentación del discurso, el cual expresa mediante su condición formal: lo caótico, lo enigmático y la (des)significación manifiesta a lo largo de su obra, compuesta por más de quince títulos, y en la que encontramos, entre otros, Casa que no existía, A mansalva de los años, El ojo milenario, El rostro equidistante y País sin abedules. Y siendo reconocida con los premios David de la Uneac, en varias ocasiones el Premio Nacional de la Crítica y la que está, para criterio de los lectores cubanos y extranjeros, apta con sus venas abiertas para recibir el Premio Nacional de Literatura.

La estabilidad de cuantas metáforas asume cuajan como un dibujo que va adquiriendo forma por los mismos personajes que hablan y se interrelacionan en un lugar en el tiempo, dándoles plena libertad para que los hechos discurran y acontezcan.

Digamos: obra en objeto individuado y obra en conjunto, para ser percibida desde la historia como inflexión implacable al menos en el momento en que se redacta, sin subterfugios.

El secreto de la poética de esta mujer radica en su capacidad para componer, para convertir en un cuerpo flexible, móvil y sin embargo, en ocasiones, rígidamente coherente, el contexto de la poesía. También en el uso de los ejes estructurales: el espacio y el tiempo que imponen, por sus libertades y delirios estilísticos, una armónica y secreta concisión al texto: la forma, la composición. Por lo que en su conjunto está repleta de espiritualidad, de la acción o el conocimiento particular del saber, ese saber que genera la infinita capacidad de esperar en el punto de máxima tensión donde crear es, para ella, repentinamente posible.

Me han pedido que escriba sobre una mujer y no me pude negar, y he aquí lo que acontece a diario en la vida de esa mujer que responde al nombre de Lina de Feria, pues para ella la escritura es, y será, un incesante baño de fantasmas.