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Por Luis Machado Ordetx

Rara vocación martiana en espacios públicos de Santa Clara durante el pasado menos inmediato. Extraña aún resulta el reconocimiento a los fundamentos de dos hijos de esa localidad, entre los primeros cubanos, en entregar al Apóstol una dimensión permanente.

La huella más remota está en Carlos de Velasco, editor-director de la revista nacionalista Cuba Contemporánea, que en 1915 solicitó a todos los cubanos colocar flores blancas en tributo a Martí. El entusiasmo fue acogido por profesoras y estudiantes de la escuela Spencer número 3, de la antigua capital de Oriente.

También desde Santiago de Cuba se incluyeron en el encargo de un busto al escultor Ugo Luisi, mientras con colectas públicas, iban ofrenda en mano,  al nicho 134 de la galería sur del Cementerio General, actual Santa Ifigenia, sagrado protector de la tercera inhumación de las reliquias del más universal de todos cubanos. Así correspondían al deber patriótico.

El Doctor Elio Fileno de Cárdenas y Acosta, es otro de los martianos que la ciudad olvida. Desde su posición de senador de la República por el partido Demócrata durante  el gobierno de Grau San Martín, impulsó las prédicas del periodista Guido García Inclán para recabar el financiamiento a la campaña «Por una tumba digna de Martí» en Santa Ifigenia. El proyecto se propuso como Ley al Senado, y se aprobó el 19 de febrero de 1945 y tuvo firmeza legal en octubre de ese año.

Al finalizar junio de 1951 quedó inaugurado el Mausoleo a José Martí, pero el villaclareño Cárdenas y Acosta no vio en vida el entusiasmo mayor de todos los cubanos.

                                     REPASO AL PARQUE  

Por años indago  por el busto de Martí que, esculpido por Mateo Torriente Bécquer, se colocó el parque Vidal de Santa Clara. Las pesquisas son infructuosas aunque tres bocetos en yeso se localizan en el Museo Histórico de Cienfuegos. Al menos es una suerte que en el aniversario 165 del natalicio de Héroe Nacional, se encuentren esas piezas en excelente depósito.

Cuando en La Publicidad, de Santa Clara, correspondiente  al 25 enero de 1941  el periodista Sergio R. Álvarez, incluyó su artículo «Villa Clara y Martí», anunció que tres días después ocurriría un acontecimiento muy esperado por todos. Transcribo el texto:

«Al fin, la idea bellísima de muchos: Centro de Veteranos, Club Rotario, Comité organizado por el Dr. Aurelio Hernández, etc., que pasaba el tiempo y no tenía realización práctica, el veinte y ocho, día del aniversario del nacimiento del gran cubano —no bien conocido por nosotros— quedará realizada al ser descubierta en nuestro Parque Vidal la magnífica escultura que ha modelado el notable artista cienfueguero Mateo Torriente Bécquer, de quien dijo Horacio Rubens, el gran amigo de Martí, en el acto inolvidable en el Liceo de Villaclara, corazón de Cuba, en su propio corazón, que es nuestro gran Parque Vidal, la efigie del Apóstol y Mártir de nuestra independencia, necesidad sentida, y que ahora el dinamismo de Julia Elisa Consuegra de Montalvo, Superintendenta Provincial de Escuelas, hace posible.

«En esa mañana de gloria para la Ciudad, cuando el blanco lienzo caiga para dejar al descubierto el busto de Martí, nuestro corazón saltará de gozo, por tres motivos:

«Por haber cumplido la Ciudad una deuda de gratitud con el Hombre Excepcional.

«Por haber plasmado una villaclareña en realidad el ideal de todos.

«Y por contar Villaclara con una gran obra artística, que calzará la firma del modesto y valioso Torriente Bécquer, de tanto porvenir para la gloria de Cuba y su pueblo natal, la bella y acogedora Perla del Sur: obra que será consagrativa para él».   

Un mes antes, Consuegra de Montalvo aseguró a ese rotativo local que el suceso era necesario para «levantar el sentimiento patriótico; imprescindible destacar las gloriosas figuras del pasado, que han de servir de ejemplo  de las nuevas generaciones que surgen».

Después argumentó más su proyecto, abonado por cuestación voluntaria de maestros y estudiantes primarios de Santa Clara, con una cuota máxima de cinco centavos, al considerarlos émulos  de aquellos hombres y mujeres humildes que en la emigración  sufragaron el periódico Patria y la guerra necesaria que, con amor, desencadenó Martí por la independencia definitiva de Cuba y Puerto Rico.

Entonces la pedagoga villaclareña dijo que siempre quienes «tenemos la visión sagrada de encausar los niños y la juventud, estamos en el deber de llevar a sus mentes la grandeza del Apóstol y hacerles imperecedero su recuerdo feliz». Por desgracia, la permanencia del busto, al parecer por cierta conjura regional y artística, duró menos de una década. Es la razón del por qué el Parque  Vidal representa uno de los pocos recintos céntricos del país que carece de un busto a Martí.

Decían entonces del Parque de los Mártires, frente a la estación de Ferrocarril, que «no es monumento rigurosamente hablando, debe ser sustituido por un verdadero monumento que lleve la idea patriótica o simbolismo de los que tienen, como un verdadero culto, la memoria de los que ofrendaron abnegadamente la vida por la libertad de Cuba». Así, el 19 de mayo de 1953, quedó inaugurado allí el Rincón Martiano, en el Parque de los Mártires o de la Independencia, como también denominaron a la espaciosa plaza.

Al acto asistió Jorge Mañach Robato, el biógrafo-ensayista, quien habló de la trascendencia histórica del Apóstol, y reconoció los valores de la obra artística de Alfredo Gómez Rodríguez, el escultor.

Abundan los espacios cubanos con un busto del Apóstol, y tal vez del empeño mayor de una estatua  —incluida la réplica ecuestre, fiel, exacta y única de la escultura de Anna Haytt Huntington,  expuesta con toda significación desde este 28  de Enero en La Habana—, y son escnecarios siempre abiertos para rendirle pleitesías a Martí, el guía espiritual de la unidad, el amor y la virtud.

                                 PRECLARA REFERENCIA

Es la razón por la cual entendemos mejor a Enrique Collazo, cuando en carta del  12 de agosto de 1896, desde Los Vueltas, en Holguín, aclaró:

«El otro día acampamos como á una legua del sitio donde cayera nuestro Martí. El general Máximo Gómez citó á todas las fuerzas montadas que había aquí, y como á las cuatro de la tarde del día 9, con él y Calixto García á la cabeza, emprendía marcha aquella columna de ginetes, en pelotón los jefes y oficiales, y formada la tropa, por el camino, hasta llegar al lugar donde muriera el Apóstol. Cuando cruzábamos el Contramaestre, indicó el general Gómez que cada ginete cogiera una piedra ó dos, para llevarlas al lugar.


«Pocos actos me han conmovido tanto, en medio de su sencillez, como el presente, é indudablemente se me vino á la imaginación este pensamiento: "Feliz el hombre que después de muerto tiene tantos amigos que lleven una piedrecita para señalar el lugar de su tumba"; el túmulo sencillo que piedra á piedra levantó el cariño de sus compañeros, no es título lujoso, pero sí honroso para el mártir caído en la lucha.


«Llegados al lugar del suceso, limpio y chapeado, se arrancó un poste que marcaba el sitio, se puso en su lugar otro de madera dura, y unida á él una pequeña cruz de cedro, y ambos fueron acuñados con la pirámide de piedras que entre todos formamos, y que será aumentada por cada cubano que por allí pase, según indicó el general Gómez.


«El epitafio que éste hizo, es así: "Un héroe: José Martí", y me pareció tan corto como elocuente.


«Los ginetes formaban largas y apiñadas filas á ambos lados del camino, y en el centro, al pié de la cruz, los jefes de más graduación formábamos un grupo.

«A la luz del sol que se ocultaba en el horizonte, y á la sombra de los árboles, el grupo tenía un aspecto pintoresco, al mismo tiempo que el silencio y la apostura indicaban recogimiento y sentimiento.


El general Gómez, conmovido y con los ojos llorosos, pronunció frases sentidas, dichas más con el corazón que con la cabeza; al terminar él, habló Valdés Domínguez en igual forma.


«Poco después retornábamos tristes y silenciosos al campamento de Vueltas.
«Hoy el viajero encontrará el túmulo sencillo, agreste como el lugar y como nuestra vida; pero que será fiel reflejo de nuestro cariño y respeto á la memoria del muerto.» (Sic).

Faltan palabras para describir la emoción de Gómez, el Generalísimo, y sus fuerzas independentistas rindiendo honor al Mayor General, al fundador de Patria, al Delegado del Partido Revolucionario Cubano, a José Martí, el Apóstol, caído en combate. ¿Quién iba a decir que el Comandante Collazo, en apariencias enemigo de Martí desde la fátidica carta de enero de 1892, dejarían para la historia un documento sublime hacia la perpetuación del recuerdo y el respeto?.

Las aportaciones de Collazo son testigos de la valía indiscutible de quien enseñó al cubano a tener fe en sus destinos, y por el lugar más oculto por el cual transitó, siempre dejó un jalón de amor para engrandecer el optimismo y la confianza en el triunfo y la lucha contra imposibles. La eterna presencia es la claridad que siempre nos descubre a todos.