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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

Supuesto silencio expresivo

20061117184713-maria-elena1.jpgPor Luis Machado Ordetx 

Una predilección, próxima al gusto infinito por lo espiritual, definen el rumbo natural de las estructuras estróficas de la poesía que, amontonada por años, teje como orfebre María Elena Salado Díaz, componedora desde 1980 de una voz singular en el tratamiento a disímiles temas abrazados a moldes clásicos del verso.

 

Desde el taller literario Antonio Hernández Pérez, en el natal Caibarién, se situó entre los fundadores de esa institución y demarcó un sentido por el soneto —combinación métrica de los catorce versos endecasílabos—, y consolidó el decimario popular y culto con la publicación de Con la voz de mi pupila, recogido en 2002 por la editorial Capiro.

 

El goce del autodidacta la llevó hasta las dificultades del ovillejo, rareza métrica que privilegia el octosílabo y la rima aconsonantada, y como muestrario conserva un folleto listo para imprimirse en España.

 

Tiene varios libros terminados, donde aparecen la satisfacción por la décima, el soneto y la literatura infantil, y en los últimos tiempos ajusta canciones, muchas ya difundidas por músicos villaclareños en diferentes regiones del país.

 

 Ante tanta sorpresa por lo elaborado como una artesana, no quedó otra alternativa que indagar sobre las consideraciones que atribuye a  la poesía, su aire espontáneo, en una creadora, casi anónima para unos e insustituible por su constancia y dedicación en otros.

 

Es una respuesta puntual al sentido de la vida, su reconstrucción, y al vínculo con la gente y su algarabía extraña y misteriosa, donde, en mi caso, se cuenta desde la óptica del recreo de los hechos en estructuras nada fáciles, de la métrica y la rima, para aprovechar el sonido, el tímbre y la recogimiento de la palabra.

 

— ¿En ese donaire persisten estímulos y maestros? 

 

— Sí, desde el autodidactismo perfeccionista que se alcanza a partir de la lectura de manuales de preceptiva literaria, el espacio diario, el optimismo y la espontaneidad o naturalidad del trato y el comportamiento del hombre, hasta las enseñanzas brindadas por los versos de Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, José Martí, Juan Clemente Zenea, Julián del Casal y otros. No olvidaría a los coterráneos Antonio Hernández Pérez y Ramón Arenas Hernández, a quienes se agradece desde el humor hasta la rabia que sintieron al enfrentar la vida.

 

— ¿Y el recogimiento en la composición musical de dónde viene?

 

— Bueno, la poesía sin música no existe,ya sea interior o exterior, pero lo cierto es que en algunos de los textos escritos, el discurso está muy próximo, pegado, a la expresión de una canción, al son, la guaracha y el bolero, y así surgieron con temáticas que van desde la perspectiva de lo amoroso hasta lo social. El verso no se abandona jamás, sino que se agiganta en cada espacio, y consigue resonancias en un escenario o en una simple lectura intimista. Ahí está «Denúdame la piel», apareció como soneto y tomó el camino de la canción, lo que obliga por el momento a revisar otros materiales con posibilidades similares. 

 

Un tiempo atrás hubo en tu casa una peña literaria. ¿Por qué aquí?  

 

— Mira, dificultades familiares impedían salir sistemáticamente a la calle, entrar en contacto con las tertulias y los creadores, y un grupo de amigos, escritores, músicos, pintores, teatristas, desde 1999 y hasta el 2001, arribaban a la casa, dos veces al mes, en horario nocturno y en el patio se formaba la Peña de María Elena, donde hicimos lecturas de poemas, distíamos sobre el hacer artístico y desplegábamos labor comunitaria. Luego ese proyecto pasó a la librería y la biblioteca de Caibarién, y  decayó por limitantes laborales de algunos. Sin duda, representó una interesante experiencia cultural.  

                

      ¿Quiénes participaban?

 

      Invitados de todas partes, así como los coterráneos José Lamadrid Vega, Pedro Luis González, Juan Francisco de la Paz, Armando Paz Pineda, Magda Nóbregas, Mayra Pérez, Jorge Peña, el pintor Octavio Carvajal y el trío Los Marinos, por citar algunos. La Peña tuvo un himno, y los recitales iban desde poesía hasta exposiciones informales a la que concurría todo el que lo deseara.  

 

      ¿Dicen que existen posibilidades de reeditarla en el Museo María Escobar Laredo?

 

      Sí, todo está previsto para reabirla lo antes posible, con similares características a la anterior, en mi casa, donde el arte y la cultura trascienda en los encuentros mensuales.

 

      Por supuesto, eso te obliga, ahora que no tienes vínculo laboral activo, a redoblar esfuerzos y dedicar menor tiempo a la creación artística.

       Eso no importa. Siempre habrá un minuto para la creación literaria, aunque el desgaste sea mayor. Antes, otros pensaban en la comunidad, y sigo esa máxima, al tiempo que los versos o las canciones sostengan un paso abultado, porque crecen, y silencio tenga un sentido aparecial en lo expresivo.

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