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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

ASIDUIDAD PICTÓRICA

20070803212057-isabel.jpgPor Luis Machado Ordetx

El quehacer artístico que hormiguea en lo cotidiano, y la búsqueda afanosa por las entrañas de lo popular, tal vez sean particulares de ese delirium que como alado desprovisto de todo estatismo, ofrece en convergencia la pintura que, por años, envuelve la magia de Juana Isabel Coello Trimiño, una creadora arraigada del colorido imprescindible y del detalle en lo ancestral arropado por todos.


Por un tiempo su obra estuvo como perdida, casi escondida entre las paredes del hogar, y acaso un que otro cuadro apareció en exposiciones colectivas, hasta que, ahora —una década después—, junto a la artesana Diana Márquez Páez, de conjunto, se fueron a la Galería de Arte del Centro de Patrimonio Cultural, en Céspedes esquina Plácido, Santa Clara, para expresar en «Pintando y Parcheando el Caribe», el gesto singular que rastrea en dimensiones de nuestra idiosincrasia.


Aunque siempre dice que pasó por estudios académicos, la huella de lo popular, en la sencillez de los rostros de primeros planos y de perfiles, la complejización en la indagación cromática de la flora y la fauna, jamás desmentirán ese sentido por detener la pupila en la captación de un fragmento sustancial de cualquier realidad y su familiaridad.


Idéntico hace Márquez Páez, a quien los lauros sólo interesan cuando van más allá de la fidelidad y el recreo artístico que pulsa lo artesanal y su visualidad —sin mimetismos— encontrados en minúsculos parches que fijan el detalle y la originalidad del otro precedente aportado por Coello Trimiño.


La flora y la fauna, el rejuego por el folklore afrocubano y el ritual yoruba, con sus atributos, tipifican el perfeccionismo neoimpresionista sustentado por el puntillismo, con puntos de colores, adecuación y cualidad en la ruptura de la luz y el hallazgo de la distancia.


Hay un discurso propio en las 15 pinturas de Coello Trimiño y los 6 parches de Márquez Páez, todos bien decodificable, al regir el entorno y la realidad inmediata presente en la mirada ávida de los creadores, mujeres que desde el mutismo hallan la pincelada yuxtapuesta de todo lo puro, en aras de indagar y localizar en la esencia de todas las tonalidades aparenciales.


Todo agosto estará esa exposición entre nosotros, y dicen que luego irá a Ranchuelo, incluso a predios de Cienfuegos, sitios donde, de un modo u otro, nuevos proemios le aguarda en la placidez del que decanta la profesionalidad y el estilo particular que mueve la conceptualización enriquecedora de lo popular.

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