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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

LAM, UN GUAJIRO QUE ASUSTÓ AL MUNDO

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Por Luis Machado Ordetx

 

En estado de meditación del artista, en pleno Parque Central de La Habana, sin ningún temor a equivocarse, Manolo Guillermo de la Caridad Fernández García, encontró y trabó trato solidario con Wifredo Lam, un sagüero que conmovió al mundo como artífice del surrealismo pictórico dentro de la efervescencia de la vanguardia europea, el legado de las raíces paternas chinas y la estirpe afrocubana que brotó del seno de la madre.

 

Un cuarto de siglo hará que este 11 de septiembre murió Lam, allá en Paris, y una solicitud imaginaria llevó hasta Varadero, donde actualmente reside el pedagogo y pintor Fernández García, hombre clave en desentrañar historias y misterios y anécdotas relacionadas con el esplendor cultural de Villa Clara, la Escuela de Artes Plásticas y Diseño «Leopoldo Romañach» y la gente que transitó por estas tierras.

 

«A Lam lo tuve, por vez primera, al frente, allá en 1951, cuando recibió el Primer Premio del Salón Nacional de Cuba, tras la exposición efectuada en el Parque Central. Estaba sentado en un banco, con traje gris y camisa de cuello de playa, y llevaba unas medias de color verde chatré brillante y el cabello brillante y ensortijado. Aquello llamó mi atención avispada. No lo conocía personalmente, aunque tenía sus referencias artísticas.

 

«Allí tenía su cuadro "Trenzas al agua", y miré al hombre y su obra  con absoluto detenimiento, como el que quiere adentrarse en la historia, en la búsqueda de una referencia que delatara el por qué del título. Nada se me ocurría, y no había trenzas y tampoco agua por ninguna parte. Dije, aquí hay algo jodedor en la anécdota.

 

«Hice formalmente mi presentación, y el mulato-chino se puso de pie, de modo correcto, y con una sonrisa, estrechó la mano, al tiempo que dijo: De las pocas personas que han entrado aquí desde que llegué, me pareces el más curioso. ¿Qué te parece mi cuadro?

 

«No tuve respuesta de inmediato que ofrecer. Estaba como mudo, paralizado, y solo atiné a comentarle que estudiaba pintura en una Academia recién abierta en Santa Clara, y con prontitud contestó: ¡Chico, yo soy de Sagua la Grande, un puerto de mar y un escenario familiar que jamás olvido!

 

«Desde entonces se entabló la amistad, y habló sobre "Trenzas al agua", del surrealismo, las corrientes de vanguardia, las historias del pueblo y la riqueza cultural existentes en nuestros ancestros.»    

 

Esa no fue la última vez para un encuentro solidario, apunta  Fernández García. Luego aparecieron otros dos, cara a cara, como aquel que aconteció años después, casi en el nacimiento de la mañana, entre calles y el susurro musical de Sagua la Grande. Ahí conversaron con mayor detenimiento.

 

«Durante sus visitas a Cuba siempre hubo un instante para el terruño, y sobre todo el empeño de saludar al condiscípulo de infancia Humberto Domínguez, violinista de la Orquesta Sinfónica de Las Villas. Un día no halló al amigo, ya fallecido, y tras un diálogo con las hermanas Domínguez, fue al albergue de la Escuela de Artes Plásticas Fidelio Ponce de León, sitio donde impartía clases, y me sustrajo de la cama para desandar el pueblo.

 

«Casi hasta las tres de la madrugada, rendidos de tanto caminar, incluso por la calle Carmen Ribalta, allí donde nació, y por el barrio de crianza donde jugó a la pelota, su deporte favorito. Hablamos de todo, y particularizamos en las cualidades de la enseñanza de las Artes en Cuba, hecho que propició reeditar viejas andanzas habaneras, españolas o parisinas.

 

«Hizo referencias al tránsito de su vida de artista, de combatiente antifascista, del gusto por el sincretismo religioso y étnico, las jugosidades de lo mestizo, de las líneas y del color, y de la pertenencia siempre a sentirse sagüero y cubano.

 

«En otro momento lo aprecié en 1967. Wifredo Oscar de la Concepción Lam Castillo (1902-1982), promocionó el Salón de Mayo francés de pintura en La Habana, y traía invitando a poetas, críticos y escritores. En aquel instante, incluso, llamó poderosamente la atención la cantidad de nombres que se adicionaban a sus generales, costumbre que en mi caso guardaba cierto parecido. Entonces ambos al abordar esa vieja hidalguía de nuestros ancestros, atinamos a reír.

 

«La última vez que lo abordé, fue de manera indirecta: Humberto Solás vino a Sagua la Grande a filmar un documental sobre Lam. Allí, en el parque Albarrán, distinguí la estatura inmensa del pintor y animador cultural que pugnó siempre en defensa de todo lo nuestro. Ese fue el justo instante en que comprendí que Lam constituyó un guajiro que enalteció y conmovió al mundo.»

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