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BALLAGAS, LAS INICIALES (II)

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Palabras de Poeta, según Carilda Oliver Labra, en diálogo concedido en Matanzas, viernes 11 de mayo de 2007.-

 

Por Luis Machado Ordetx

 

«Sobre Emilio Ballagas, ya que lo preguntas, siempre hay mucho que hablar. Pues quien lee su poesía, quien sabe interpretar ese yo profundo que hay y persiste en sus versos, ese climax que envuelve toda su obra, esa originalidad dentro de lo que pudiéramos llamar un neorromanticismo, muy depurado, muy original, muy puro, alejándose, ya lejos de algunas deficiencias, pudiéramos decir, cosas que nos perturban un poco y no acaban de gustar.

«Ese neorromanticismo, que ya empezaba a estar en derrota, ya estaba siendo vencido por nuevas corrientes, no retóricas, como algunos plantearon cambios y empezaban muy lejanamente una poesía menos retórica, una poesía de ideas en la que el ritmo era menos importante, cuando en realidad eso siempre fue importante.

«No podemos adentraros en esas deficiencias, porque esta breve conversación a solas que hago, este monótono, sería interminable; además, estudiar a Emilio Ballagas, es, pudiéramos decir, un deber de todo crítico literario cubano, y ni una cosa ni otra me considero.

«Soy simplemente una poetisa que tuvo el honor, no de conocerlo, porque realmente no tuve el honor de conocerlo, pero sí de que él fuera el miembro del jurado que otorgó el Premio Nacional de Poesía de 1951. El libro que obedeció fue Al Sur de mi Garganta, que había sido publicado en noviembre de 1949, pero el concurso abarcaba 5 años, certamen que marcó los años anteriores hasta el 50.

«En julio del 51 yo tuve el honor, el gusto y el placer, la emoción, diría, de recibir ese Premio, uno de cuyos jurados, el más importante, era él. Le escribí, me acuerdo, dándole las gracias y contestó, y tuvimos una breve correspondencia también. Él siempre era un maestro. Yo empezaba, y él era un gran maestro ya de la poesía, pues siempre, tan modesto, por no decir delicado,  me hizo algunas observaciones. Por ejemplo, recuerdo que me dijo muy bien que no usara demasiado la primera persona, que tampoco empleara algunas variantes, como el mi y el me, y vaya, eran cosas que yo, bisoña, empezaba, no conocía.

 «Eso me sirvió de mucho, mucho, esa ayuda que parecía ligera, pero que ya en ella, había un baluarte, un apoyo, una cosa en que ampararme. Era un hombre sin envidia, sin rémoras de ningún tipo; amaba mucho la poesía, era un credo que tenía, y su poesía ha dejado una estela. Yo recuerdo que Dulce María Loynaz, a quien no conocía entonces, pero conocí después, tenía un especial sentimiento, una admiración. Me decía de los nuevos, entonces, él era nuevo respecto a ella, por supuesto, era el más estimable, el más sincero, un verdadero poeta, quien no tenía influencias; que esto y que lo otro...

«El último que me habló mucho de Ballagas fue Mario Benedetti, fecha en que tuve el gusto de que viniera a mi casa y también el placer de presentarlo en el Teatro Sauto, en la Atenas de Cuba, durante la visita que hizo a Matanzas y el recital que ofreció allí.»

 

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