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ZULUETA, INSTANTES DE DOMINGOS EN 100 FUEGOS

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Único pueblo, al igual que Iguará, atacado en dos ocasiones por fuerzas del Frente Norte de Las Villas. - Sucesos inéditos y virtudes del combatiente Camilo Cienfuegos Gorrarián a medio siglo de su desaparición física ocurrida el 28 de Octubre de 1959.

 

 

Por Luis Machado Ordetx y Horacio Pérez Noa

 

 

                  «... hemos peleado unas cuantas veces y hemos  

                   ganado todas las peleas

 

 

                                                     Camilo, Diario de Campaña

 

 

Es domingo; tal parece un azar de acontecimientos desencadenados por el Señor de la Vanguardia en Zulueta. La recurrencia tiene marcada significación: un domingo avistó por vez primera, junto a su tropa, el territorio tras el paso por Buena Vista; otro, en diciembre, desencadenó el último y definitivo combate por la liberación, y el 11 de octubre de 1959  saludó al pueblo previo a un recorrido exploratorio para construir una fábrica de papel a partir de la materia prima del bagazo de caña salido de los ingenios de la zona. Por tanto, la historia cuenta su tiempo.

 

 

                               LA PARTIDA

 

 

En El Salto, allá en la Sierra Maestra, se inició la selección de los 92 integrantes de la columna número 2 "Antonio Maceo", y el domingo 17 de agosto de 1958 Fidel impartió las últimas instrucciones al jefe guerrillero impuesto de un plan estratégico que desencadenaría la invasión a Occidente.

 

 

El martes 7 de octubre llegan a suelo villareño; es la Llanada de Alunado, en Jatibonico, sitio en cual el estado físico de la mayoría de los hombres es deplorable: pies llagados  y afecciones bronquiales, trastornos digestivos y otros males provocados por las infatigables marchas y la escasa alimentación. Pero los hombres después de atravesar Camagüey no se doblegan; sienten la necesidad de seguir adelante.

 

 

El miércoles 8 de octubre Camilo informa a Fidel: "... Yo besé la tierra villareña, los hombres que componían  la tropa estaban alborotados. Unos maldecían a Camaguey y otros bendecían a Sta. Clara (...) habíamos cruzado el largo recorrido desde Oriente hasta Las Villas, con solo tres bajas.»[1]

 

 

Al establecer la Comandancia en zonas de Juan Francisco, Sierra de Bamburanao, montes intrincados de las inmediaciones de "La Caridad", Camilo se dispuso a batir desde allí al ejército de la tiranía.

 

 

Eusebio Barruetas del Río, tiene 76 años; reside en Zulueta, y cuenta que sus cinco hermanos salían del barrio Las Yaguas hacia el campo para hacer labores agrícolas. En el camino de Buena Vista a Meneses, Camilo estableció un campamento, expone, y «la primera noche que llegó allí, nosotros ordeñábamos vacas; eran como a las tres de la madrugada, y sus hombres venían agotados, en una situación mala, con 10 o 12 combatientes en hamacas; sacaron a los enfermos para lugares seguros, pero al aclarar había una balacera tremenda; y dijimos, ¡aquí se cagó el pato! Ese día no se pudo exprimir casi ninguna ubre y hubo hasta animales muertos por el tiroteo.»

 

 

Otras acciones combativas realiza la Columna para impedir la farsa electoral del 3 de noviembre, tal como orientó Fidel desde la Sierra Maestra; momento en que Camilo planea -auxiliado por fuerzas del Partido Socialista Popular y del Movimiento 26 de Julio-, realizar un perspectivo avance hacia Pinar del Río; la operación se denominó Caja de Tabaco. Con  ese propósito establece contactos, localiza guías, crea patrullas, y coordina  ataques a Zulueta, Venegas,  Mayajigua, Perea, Meneses y Placetas.

 

 

                       UN REGALO, LA BUFANDA

 

 

El viernes 5 de abril de 1953 Camilo Cienfuegos Gorriarán dejó la sastrería "El Arte", en Reina entre Ángeles  y Amistad, La Habana, y junto a Rafael (Rafles) Sierra, sacó visa de turista y permiso de residencia temporal en los Estados Unidos. Desde entonces hay numerosas fotografías que lo captan con bufanda; se exhibe con elegancia del vestir. En El Hombrito, en el campamento del Che, en la Sierra Maestra, se protege el cuello del inclemente frío de los primeros días de 1958. También, en el batey de "La Caridad" se muestra con similar prenda.

 

 

Elsa Borges Ramos, ya fallecida, conservó con gran cariño una bufanda que Camilo le regaló a su suegra Elia Ferrer Treto, quien antes de morir, testimonió con satisfacción:

 

 

"Vivía con su familia en la finca Montalbán, ubicada entre Weiba y Dolores, en Buena Vista, y estaba aterrorizada por la cantidad de guardias del Ejército que cruzaban por las cercanías de la casa empeñados en localizar las fuerzas rebeldes de Camilo. Eran los días finales de noviembre de 1958, y una tarde -dijo la suegra de Borges Ramos-, se apareció en la casa un hombre de mediana estatura, mirada profunda y pelo y barba largas; venía acompañado por un grupo de combatientes raros. El visitante preguntó luego de ofrecer saludos campechanos.

 

 

- ¿Usted conoce a Camilo Cienfuegos?, y la mujer sorprendida contestó:

-   ¡No, no lo conozco, ni tampoco quiero conocerlo!

 

 

El otro sonriente, respondió de inmediato a su interlocutora:

 

 

-   Yo soy Camilo en persona, y esta noche mi tropa va a acampar en las cercanías.

 

 

«Enseguida los muchachos de la casa -declaró Ferrer Treto a la nuera-,  mataron un puerco, y la alegría invadió el recinto.

 

 

«Cuando Camilo regresó por ese lugar con rumbo al monte "La Caridad" tras la primera toma de Zulueta, en gesto alegre saludó a la joven y le obsequió una bufanda.»

Dijo Borges Ramos que su suegra le expuso que Camilo indicó:

 

 

-¡Te regalo esto!, me lo hizo una novia.

 

 

La prenda, todavía conservada, mide 143 centímetros de largo por 31 de ancho, y está rematada con flecos en las puntas. El tejido es con hilo de estambre, de color ocre; tiene finos dibujos a relieve y algunas rasgaduras en la estructura de la tela,  debido, al parecer, por el contacto directo con ramas de los árboles que interrumpían la marcha del guerrillero.

 

 

En una foto aparecida en Camilo Señor de la Vanguardia, de William  Gálvez, está Camilo cruzando el río Salado, Vertiente Sur, en las alturas de Maniabón, en Holguín, con idéntica bufanda.

 

 

                        PRIMER Y SEGUNDO ASALTOS

 

 

«Cuando eso, tenía 28 años -testimonia Barruetas del Río, quien ahora vive frente a un parque donde antes estuvo el  cuartel de la guardia rural-;  los rebeldes llegaron como a las dos de la mañana; hicieron fuego desde la línea férrea; y ahí donde ahora existen varias casas con portales corridos, era la cuadra de caballos; Viciedo, un guardia de Adela, se hizo el muerto ante tanta balacera; a Vargas, le dieron un tiro; al teniente Moreno una bala casi le saca un ojo; mientras a Armando Sobrado lo partieron por la columna cuando se iba huyendo; la guarnición mantuvo una resistencia tenaz, y Camilo ordenó tirar cocteles Molotov y  tomó la edificación por asalto; esa fue la primera vez. Era el amanecer del lunes 24 de noviembre. Después cargaron con algunas armas y se retiraron al campamento de Juan Francisco.»

 

 

El martes 16 de diciembre Camilo estudió dar golpes sorpresivos en  Caibarién, Zulueta, Placetas o Remedios; decidió investigar los lugares, al tiempo que prestó atención a la unidad y organización de los obreros y campesinos con vista a celebrar el Congreso Obrero, en General Carrillo, previsto del viernes 19 al domingo 21 de ese mes. El 19 su columna atacó Mayajigua, y se proyectó la ofensiva hacia Yaguajay, un reducto importante de la tiranía en el norte de Las Villas.

Barruetas del Río refiere que los rebeldes llegaron en la segunda ocasión como a «las cinco de la mañana, y lo acabaron de tomar a las 9 de la noche; era el domingo 21 de diciembre; recuerdo aquella historia del doctor Manuel Vicente Mortera Sánchez, médico de la localidad, quien al reclamo de Camilo alertó  a los casquitos para que se rindieran, porque el pueblo estaba dispuesto a incendiar el cuartel; y así ocurrió. Durante el combate, por mi juventud, auxilié en el rescate del cadáver de Paco Pérez; eso no lo olvido.»

 

 

                         HUMILDAD DEL INVASOR

 

 

Francisco (Paco) Pérez de la Rosa era un colaborador del Movimiento 26 de Julio y conocía de las operaciones de la columna "Antonio Maceo". En varias ocasiones llevó mensajes clandestinos hasta "La Caridad", en la sierra de Bamburanao. El domingo, día del combate, él hacía vigilancia en una escogida cercana al cuartel, de donde disparó un francotirador, y no importó la baja estatura para que una bala lo fulminara en el instante. Son cosas de la guerra. 

 

 

La viuda del revolucionario es Elvia Chávez Crespo. Tiene 84 años y reside ahora en la calle Marcelino Cruz número 36, en Zulueta; ella recuerda el  carácter alegre y decidido del joven esposo. «La noche anterior al asalto, él arribó a la casa; venía con una capucha, y sugirió que protegiera a las tres niñas y las tendiera sobre el piso de tierra de la modesta casa.

«Al rato se fue, y al amanecer  empezó el tiroteo. Lo volví a ver ya cadáver cuando lo trajeron a la cuartería donde vivíamos en las cercanías de la tienda Riverón.

 

 

«Al rostro de Camilo lo grabé en la memoria; conversó conmigo. Lo veo por única vez después que matan a Paco; preguntó por la familia del fallecido, y entonces le dijeron de dónde éramos. Allí después de tendido el cadáver en la casa que tenía mi papá en la calle Abella,  el guerrillero del Sombrero Alón hizo guardia de honor con otros combatientes; y por la mañana, antes de  salir el entierro, dijo:

 

 

-Mire, yo la voy a ayudar, y a las niñas también.

 

 

«Entonces, metió la mano en un bolsillo y me entregó una suma de dinero; no recuerdo cuánto. Luego expuso:

 

 

-                    Nunca quedará desamparada; usted tendrá un trabajo seguro, y una casa donde residir mejor que la que tiene y las niñas recibirán educación gratuita.

 

 

«En medio del dolor que sentía, sé que Camilo derrochaba amabilidad y respeto ante la perdida del padre de mis hijas; de mi esposo. Yo no quería el coger el dinero; tenía una pena tremenda. El entierro fue bajo tiros; no recuerdo si él estuvo en el cementerio, pues a mi no me dejaron ir. Después jamás volví a verlo; es la primera vez que cuento esto en público. Al poco tiempo tuve un trabajo decoroso en la Policlínica local, donde me jubilé hace varios años.»

 

 

                     

Aquellos instantes de 100 Fuegos quedaron coronados en la memoria del singular guerrillero, cuando el sábado 18 de abril de 1959  Zulueta lo declaró "Hijo Adoptivo"; era una historia no repetida hasta entonces para el gallardo hombre de pueblo.

 

 


[1] William Gálvez ((1979): Camilo Señor de la Vanguardia, p. 298; Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

 

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