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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

CONCLUSO PARA SENTENCIA, POEMARIO SUGERENTE

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Palabras de presentación del poemario Concluso para Sentencia, de Iliana Aguila Castillo.-(In)concluso para festejo punitivo.- Las duplicidades del acto poético frente al escamoteo de la existencia.- Anotaciones.

 

 

Por José Luis Santos Muñoz, escritor cubano residente en Cifuentes, Villa Clara.

 

 

 

Nuestra suerte, turbia,

ha corrido

como las aguas del Sena.

Sólo el ansia de verlas,

de tanta sordidez puede salvarnos.

Creciendo en la obsesión de poseerlas,

de ser arrastrados nos libramos.

 

B. Caluff

 

 

 

1-     En Critica Postcolonial, Xerach Smeding elabora una suerte de impronta analítica: «los historiadores de los siglos XIX y XX han desarrollado un discurso histórico muy concreto, caracterizado básicamente por un sesgo excluyente cuya principal función era(es) la de arrojar hacia los límites mismos de lo moralmente aceptable a todos aquellos que personificaban, en sí mismos, los atributos contrarios al orden político-discursivo del momento. Afro-comunidades, asiáticos, chicanos, mujeres, homosexuales, intersexuales, transexuales, paganos y un sin fín de grupos diferenciados(...) constituyen lo que los teóricos postcoloniales denominan los subalternos.»

 

 

 

2-     Todo lo que anteriormente se infiere conlleva a reutilizar el complejo sistema binario: patriarcado/sujeto femenino como ente que sobrevive a las identidades estáticas o predeterminadas por la Cultura, la Historia o la Política; cultura de lo falogocéntrico/el otro de la hegemonía falocentrista. Expresado de un modo más nítido y explícito, la mujer, con independencia de su status social-operacional, obrera textil, artista, escritora, reclusa, etcétera, sólo desde posiciones de alteridad y allanamiento de lo instaurado por la tradición, pudiese emplazar a «ese otro silenciado venido de la memoria cultural»1, léase herencia hispánica, forjadora de un imaginario colectivo de fábula y se estratifica en el cuerpo masculino, sus símbolos eréctiles, fortaleza física o psicosomática, derecho de conquista y otras tantas legitimaciones que ya cimentadas (y sedimentadas) en ese mismo discurso corporal, relegan a su contraparte a planos de absoluta obediencia estamentaria: matrimonio, concubinato, roles domésticos y demás constructos del poder.

 

 

 

3-     Transcurre, amén de las digresiones sociológicas, el mes de febrero; estamos en el año 2006. Iliana A. Castillo y el que esto redacta, abordan un omnibús ex soviético o ex marxista si es que el medioevo automovilístico admite dichas exégesis. Viajamos a las antípodas del mundo, es decir, a la periférica Manicaragua, por aquel entonces, subsede, de la entrecomillas, Feria Internacional del Libro. Iliana toma y retoma el tópico del viaje, como se sabe, añoranza, postergación y trauma insular desde el acontecer escritural decimonónico hasta el presente, regido, dicho sea de paso, por la infiltración casi tautológica del planteamiento piñeriaño «La maldita circunstancia del agua por todas partes». Sólo que esta vez el asunto transita por la ruta de la experiencia propia y sus hierros lacerantes, por un trasiego que rehúye cualquier vestigio de cosmos preciosista: la hija que opta por la condición exílica, el ser amado que protagoniza un desgarrador episodio de abandono, un viaje a Holanda en el que peligraran soportes culturales eurocéntricos y dicotómicos mitos centros/periferia. Lejos estaba de imaginar (lejos estábamos de imaginar) que este corpus anecdótico de aparente transitoriedad catártica, sería como el acto de preñez de lo que más tarde brotaría parte de la imago, pero que hoy conforma el poemario Concluso para sentencia, Editorial Capiro, 2009.

 

 

 

4-     Desde los paratextos bíblicos que secciona el cuaderno a manera de exordios (Lucas, 11.33, 11.34 y 11.36) hasta su estructuración heterodoxa y mesuradamente tropológica, se advierte el manejo de recursos estilísticos signados por la elipsis, la brevedad que se desentiende de la herencia Haiku, el poder de síntesis, las connotaciones filosóficas, el rejuego desacralizante con el mito griego de la heroína por subyacencia, la clásica Penélope imantada al quietismo de un te status imposible de revertir o reconceptualizar. Lo percibimos a manera de interdicto en «Los labios de la Sibila»:

 

 

 

Pienso: aún no he podido interpretar los jeroglíficos

y el tiempo se acorta,

ya el agua no me parece tan oscura

si el gigante y roba quedando atrás.

No encuentro artilugios para desenvolver esta

madeja...

 

 

 

Y ya con mayor explícitud, desenfado y ansias de socavar la estereotípica estructura de pasividad genérica venida de la Odisea alcanza su momento estético más logrado en «Rueca»:

 

 

 

Esta rueca que he llevado conmigo desde otrora

siendo vana me ha creado cicatrices.

(...)Esta rueca me hizo olvidar al náufrago

que dejó de pensar en mi existencia

durante el ovillo de ultramar,

pudo haber sido deshecha por mortales

cuando desviada fue la barca

pero el oportuno Hermes salvó mi vida.

 

 

 

5-     Es de resaltar la irónica compartimentación textológica, mediante el uso de un tríptico que recaba apoyatura semántica y desplazamientos lexicales por terminologías pre-punitivas o indicaciones a la vieja usanza judicial: Las Evidencias, Presuntos Culpables y Las Pruebas.

 

 

 

6-     La hablante se sitúa a la par de la Avellaneda, la Condesa de Merlín, Lourdes Casal o Magali Alabáu, al revisitar desde la escritura espacios exaltados por la memoria y al mismo tiempo temidos, topográficamente desconocidos. Alarmante leitmotiv que en su momento Damaris Calderón se encargó de desentrañar o desjerarquizar: «El mito de la insularidad, estimulado desde el diario de Cristóbal Colón, la poesía de Silvestre de Balboa, Manuel de Zequeira y buena parte de la poesía del siglo XIX; la ineludible condición insular, sinónimos durante mucho tiempo en la poesía cubana de Paradisiaco, se encarga ahora de un valor semántico negativo. La criatura de isla, la alada criatura de Dulce M. Loynaz que siempre trasciende el mar que la rodea comienza a manifestarse de otro modo»2. En tal sentido del poema «Legítima», resulta un claro exponente de la indagación en el paradigma de la extraterritorialidad:

 

 

 

No estuvo acostumbrada al desamparo

ni a su rostro dibujado en la bruma.

(...)La perturbarle ciñe las alianzas del desenfreno

cuando Europa se percibe como símbolo,

se adentra en la espesura de un dédalo incierto,

no teme a sus pasadizos.

 

 

 

7-     La tesis exilar ovidiana, matizada, al decir de Luisa Campuzano, por un rechazo del espacio de acogida, una nostalgia incurable y una obsesión por el regreso es desplazada por el exilio como postura trasnacional, el exilio de Plutarco, para quien los límites del Universo, patria común del género humano, son los mismos para todos(...) y nadie dentro de ellos es un desterrado, ni un extranjero, ni un forastero: donde hay el mismo fuego, aire, agua3. En uno u otro caso, las coordenadas diaspóricas parecen imponer una vez más el giro mitológico de la bonanza fuera de los límites geográficos. En una mezcla de evidencia/ambivalencia lo postula «Inmersión», a mi juicio uno de los textos más breves y concisos, cuestionador de antiguas y trilladas visiones teleológicas:

 

 

 

Teje su red un muchacho,

no se detiene,

apuesta sumergirse en esas aguas

explorar cierta vida que imagina.

No desiste el empeño ese muchacho

aunque el mar le arrebate sus antojos

y vuelva a deshacerle las redes

en sus ansias está ganar Marbella.

 

 

 

8-     Con un debut en los predios de la letra de imprenta, y una apuesta sobria por «la metáfora de esencia, la noción de metaforicidad»4, y Iliana Águila deviene en hermeneuta de lo que pudiéramos nombrar: tópicos marginales: el in crescendo de la violencia en las calles del país, detalle que la homogeneidad del discurso oficial soslaya o patrimonio casi exclusivo del cuento y la novela. Hagan los presuntos lectores una parada en «Los cuernos del diablo», y experimenten la sobrecogedora sensación que obtube de su lectura no lineal:

 

 

 

La bruma envolvía aquella noche

cuando sentí los cuernos del diablo rosar mi boca.

Le mordí, como si mi vida dependiera

de lastimar su cuerno hasta quebrarlo;

el diablo acariciaba su glande,

la noche y la niebla eran sus cómplices.

Él se sentía dueño de todos los adoquines,

de mi angustia dependiendo de cuatro cardinales...

 

 

 

9-     Poemario transgresor, dialógico respecto a las otredades que exoneran al sujeto femenino de ancestrales marcas y constructos desvalorizantes. En fin, sincero hasta el denuesto, algo que «no se instaura desde la expresión de lo excluido si no que ha creado zonas alternas de generación de sentido, que dan lugar a un sujeto que no se afilia a las condicionantes heredadas sino que crea zonas de desplazamiento donde aboga por su subjetividad y se instaura por sí misma»5.

 

 

 

10- Transcurre el mes de febrero y estamos en el año 2006. Como pasajero de un omnibús fabricado en la unión de repúblicas y demás siglas en fermentación, atisbo paisajes vapuleados por la sequía, casas y rostros ferozmente tristes, más que un poema de C. Vallejo diría yo. Es de suponer: son casas y rostros que el país no incluye en el guión cinematográfico del día. En el asiento contiguo, una mujer de inenarrable belleza me fulmina con su carcaj repleto de flechas vivenciales. Sin que ella lo sospeche, comienzo ha urdir lo que luego sería el segundo poema de Los apagados muchachos del verano: «Iliana Águila dice muchacha en Ámsterdam y surge el poema».

 

 

Referencias:

 

1-     Helga Montalván, El sujeto femenino y la anarquía en el arte contemporáneo, La Gaceta de Cuba, No.2, 2006,p.33.

 

 

 

2-     Damaris Calderón, La poesía es una pistola caliente, El Caimán Barbudo, Edición 276, año XXX, p.30.

 

 

 

3-     Luisa Campuzano, Tristes tropicales exilio y mitos clásicos en poetas cubanas de la diáspora, La Gaceta de Cuba, No.6, 2008, p.28.

 

 

 

4-     Carmen Sotolongo, Canción del bosque de Nemí: enigma y símbolo, dimensiones regionales de la literatura cubana contemporánea, Ediciones Capiro, 1994, p.28.

 

 

 

5-     Helga Montalván, El sujeto femenino...ob.cit. p.34.

 

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