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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

FEIJÓO Y SUS REVISTAS

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Por Luis Machado Ordetx

Marzo se escapa con el gozo de un «silencioso testigo», sentencia acuñada por Lezama Lima, y los cubanos disfrutamos el acontecimiento con un doble propósito.

 Uno preludia el surgimiento de la Imprenta Nacional, allá en 1959, y la designación del narrador Alejo Carpentier en la dirección de esa institución cultural dedicada a afianzar los caminos de la sabiduría colectiva; otro constituye el nacimiento de Samuel Feijóo Rodríguez, allá  en 1914, en San Juan de los Yeras, mítico territorio villaclareño que contribuyó a la forja de una visión particular de entender la filosofía del folklore campesino y rural dentro del ámbito de lo popular.

La imprenta cubana desde entonces está en constante renovación insular en la óptica de aquellos perfiles temáticos definidos; momento en los que también se insertan las surgidas hace dos décadas en las 14 provincias    —llamadas territoriales—. El empeño acentúa la divulgación de las hornadas de escritores nacionales y el insustituible impulso de lo más trascendente de la cultura universal.

Todo tiene un destinatario común: el público lector que, con una avidez notable, colma librerías y se apropia de una sabiduría que enriquece la cultura espiritual, sea propia o colectiva, a la cual, de un modo u otro se sumó Feijóo Rodríguez en ese deambular por las zonas centrales de la Isla.

Su ánimo creció en el rastreo de un acervo virgen en la divulgación e investigación empírica de los hechos literarios y orales plasmados de manera pictórica en los más variados papeles y formas de impresión artística.

Precisó Feijóo en sus libretas de “Apuntes” que «Trabajo, como una oscura raíz, para que arriba haya una flor», suceso intelectual, de orden personal o colectivo, que lo identificó hasta el 14 de julio de 1992, fecha en que falleció tras dejar un profusa obra literaria que abarcó la poesía, la investigación antropológica, sociológica, de animación cultural y pictórica, y también narrativa y de edición de revistas y textos del panorama literario cubano.

A principios de 1958, desde la Universidad Central de Las Villas, el folklorista Feijóo, considerado por los investigadores literarios cubanos como «un hombre-montaña», asumió la dirección de  la editorial y de la revista Islas, perteneciente a los departamentos de Estudios Folklóricos y Publicaciones de ese centro docente, y desde ahí arraigó su dimensión de propagador de culturas.

Islas tiene una salida ininterrumpida por trimestre hasta que fenece en 1966; y unos 500 libros —teóricos, de poesía y de narrativa— de autores cubanos o extranjeros aparecieron en las colecciones  folklóricas y de estudios Hispánicos, entre los que destacan ciertas rarezas que al paso del medio siglo de existencia no tuvieron reediciones preliminares.

Allí, por vez primera, salió Tratados en La Habana, de Lezama Lima; Kant, iniciación de su filosofía, de Medardo Vitier; Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier; El pan de los muertos, de Enrique Labrador Ruiz; Biografía del tabaco habano, de Gaspar Jorge García Galló; Historia de una pelea cubana contra los demonios, y Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar, ambos de Fernando Ortiz; José A. Saco, Estudio y Bibliografía, de Manuel Moreno Fraginals; Papelería, de Roberto Fernández Retamar; Maguaraya Arriba, de José Lorenzo Fuentes; Retorno a la Alborada, Raúl Roa García, y…

Esa es una etapa que, desde el hacer feijoseano, y del propósito editorial de la Universidad Central de Las Villas, todavía precisa de un estudio teórico que redunde desde el punto de vista científico en cuánto aportó el escritor a la difusión y el engrandecimiento de la cultura cubana.

La revista Islas, desde otras aristas editoriales y temáticas, sigue la vigencia del fundador Feijóo, quien en 1968 inauguró un estadío sin precedentes, como de continuidad, al preparar de manera ininterrumpida hasta unos meses antes del fallecimiento en 1992, aquellos 34 números que cada trimestre caracterizaron la búsqueda investigativa, teórica, pictórica y de dimensión inigualable que atesora Signos, publicación todavía activa desde su gaveta postal radicada en la biblioteca Martí, en Santa Clara.

Marzo, en su último día del calendario, si bien tiene una deuda impagable por aquel surgimiento de la Imprenta Nacional de Cuba, dada su representatividad en los tesoros literarios que propaga un libro y la sabiduría que impregna; también rinde tributo a Samuel Feijóo Rodríguez, un escritor nacido en similar fecha, pero de 1914, y conductor de una impronta difusora sin muchos precedentes en nuestro panorama creativo insular.
 

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