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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (10)

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Por Luis Machado Ordetx

El teléfono, la espectacularidad científica que el italiano Antonio Santi Giuseppe Meucci exploró en octubre de 1877 durante su estancia habanera, tuvo once años después su primera aplicación práctica en el ingenio “San José”, en Placetas. Ese territorio, perteneciente a la jurisdicción de Remedios, al instalar un aparato del tipo “Blake”, fue el “pionero” en el centro de Cuba en establecer comunicaciones a cortas distancias.

El Criterio Popular, de Remedios, dice el 14 de mayo de 1888: «Hemos sabido que el aparato de luz eléctrica que funcionó en las fiestas cívicas de Caibarién, ha sido ensayado con brillante éxito en la pasada semana en el ingenio “San José”, de D. Agustín Goicoechea, a quien pertenece.

«La prueba se ha llevado a cabo por D. Fernando Martínez, antiguo y entendido jefe de telégrafos, auxiliado por el inteligente mecánico de la finca D. Esteban Ayala. Según se nos informa, una vez completado el aparato con algunos útiles que le hacen falta, será instalado en la próxima zafra en el indicado ingenio, que de este modo será el primero que introducirá tan útil y económica reforma (…) para hacer las instalaciones de teléfonos, telégrafos, luz eléctrica y demás invenciones honra de nuestro siglo…»

Los equipos estaban ubicados en el despacho y casa de vivienda del hacendado azucarero, y eran similares a los que existían desde hacía seis años en La Habana. Fueron fabricados por la Tropical American Telephone Company, con posibilidades de notificarse a unos 450 metros, según las disposiciones que dejó a Goicoechea un comerciante enviado por Enrique B. Hamel.

José Antonio Martínez-Fortún y  Foyo en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios, advierte que el ingenio “San José”, fundado en 1840, constituía una de las fábricas más prósperas entre las 30 existentes en la localidad.    

En 1889 comienzan a colocarse, dice el historiador, «los teléfonos de la guardia civil de toda la comarca». Pasados cinco años, al lado del hotel “Mascotte” —propiedad de Piedra y Franco—, en la calle San José, en Remedios, ponen un equipo público que brinda servicios a los viajeros y a la población.

También en 1894 Caibarién, Santa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Trinidad y Sagua la Grande gestionan teléfonos  públicos. Ya las dependencias militares de esos territorios en los cuales residían más de 350 mil habitantes —casi un 22% de la población del país—, contaban con equipamientos emplazados.

En Sagua la Grande, un año antes Andrés Casas Arlet —proyectista y constructor—, ideó una red telefónica, apunta Alcover y Beltrán. Eso «(…) implica que allí en donde se encuentra instalada, existe una población importante y comercial…» Sustenta que la Villa del Undoso es  el cuarto territorio  en implantar ese servicio público. Martínez-Fortún difiere, y ubica en ese lugar a Caibarién, según la fecha de noviembre de 1893.

Antes ya tenían esa prestación social, indica, «La Habana, Placetas y Remedios». Después apareció Santa Clara, casi simultáneo con Cienfuegos, muy adelantada en tiempo a Puerto Príncipe, Matanzas y Santiago de Cuba.

Previo a que el teléfono surgiera, el telégrafo era una realidad en el centro cubano. Manuel  Dionisio González en la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción,  advierte que en 1855 se activan «(…) las obras que habían de facilitarnos la comunicación telegráfica con otros pueblos de la Isla, habiéndose escogido la altura donde se eleva la ermita del Carmen para situar la casa que debía servir a la estación, y de la que habrían de partir los alambres conductores hacia la capital, Cienfuegos, Santo Espíritu, Remedios y Sagua la Grande, con quienes íbamos a ponernos en contacto por medio del más admirable descubrimiento de nuestro siglo

El 29 de julio 1856 Antonio Miguel Alcover, redactor de la Hoja Económica del Puerto de Sagua la Grande, envía un mensaje a sus homólogos de La Alborada, en Santa Clara: «Hoy comienza a funcionar el telégrafo. Sagua saluda a su madre Villa clara y la desea toda clase de prosperidades», según notifica González. Un tiempo antes esta jurisdicción quedó enlazada con Cienfuegos.

Siete décadas pasaron, y Santa Clara tuvo un suceso mayor: fue la más significativa central telegráfica del interior del país. El Magazine del periódico La Lucha (1926), aclara que la estación contaba con 67 telégrafos; fue inaugurada en 1918. Durante el último semestre de 1925 «envió 646 mil 430 telegramas, a razón de 107 738 despachos mensuales. Era atendida por 193 empleados, dedicados, además a la vigilancia, reconstrucción y mantenimiento de las líneas, incluidas las  telefónicas y de alumbrado público

Placetas también fue noticia en otros tipos de comunicaciones: la heliográfica, vinculada a Santa Clara en 1895. Otro territorio del centro del país no contó con ese sistema, diseñado después para emplearse en la Trocha de Júcaro a Morón. En la Villa de los Laureles se colocó una planta  intermedia en Loma Mogote, y una estación central en la azotea del  Ayuntamiento, sustenta Martínez-Fortún.

El aparato estaba compuesto por anteojos potentes y espejos que reflejaban la luz solar, luego interrumpida por medio de convencionales signos. En las noches, la claridad común se obtenía con reflectores que producían similares efectos. El heliógrafo tenía fines militares para detectar el movimiento de las tropas independentistas.

¡Ah, el correo postal! Los manuales de Martínez-Fortún, y Alcover y Beltrán dan la respuesta. Primero fue por hombres montados a caballos; en recorridos por caminos y trillos vecinales.

Después surgieron las rutas de vapores de las costas norte y sur, con salidas casi diarias y por destino la capital. También hubo vías internacionales. En 1831 el correo marítimo salía para España los primeros días de cada mes: los 10; 20 y 30 la correspondencia iba al interior del país. También surgieron vapores que cubrían las líneas hasta Nueva York y Europa. Ese año se situó un  cable submarino desde la capital cubana hasta Cayo Hueso; ya existía otro al comienzo de esa década.

En 1856 Cuba instituye el sello postal. Las cartas, telegramas, bultos y mercancías no sufrían graves extravíos. En 1890, afirma Martínez-Fortún, por «cada diez palabras escritas, un telegrama cuesta 10 centavos.» Comienza la modernización de los sistemas públicos de comunicaciones, los cuales tendrán su era de esplendor expansivo con la entrada del siglo siguiente.

A partir de diciembre de 1900, tras la primera ocupación norteamericana, todas las prestaciones públicas quedaron en manos de la Havana Telephone Company. Nueve años después los derechos de explotación de las redes inalámbricas fueron cedidos a la Cuban Telephone Company, subsidiaria de la Internacional Telephone and Telegraph Company, monopolio que organizó una central completamente automática y consolidó el empleo de teléfonos de discado. El proceso inversionista favoreció el dominio económico extranjero sobre los impuestos administrativos de todas las comunicaciones cubanas.



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