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SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (11)

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Por Luis Machado Ordetx

Camajuaní tuvo un floreciente comercio gastronómico en la última década del antepasado siglo. Una cultura culinaria y de servicios emergió gracias a la presencia de los culíes asiáticos en la jurisdicción de San Juan de los Remedios. Ese territorio recibió parte de aquella oleada migratoria surgida en Cuba a partir del 3 de junio de 1847.

Las fondas, quincallerías y restaurantes pulularon en muchos sitios de ese partido. Todo se debió a que Sagua la Grande y Remedios fueron las dos jurisdicciones —de seis que integraron la parte villareña— con más presencia de asiáticos. Solo estuvieron aventajadas por la llanura matancera, considerada un emporio del esplendor azucarero decimonónico. También en la Habana, Pinar del Río, San Julián de Güines, Trinidad y Guanajay hubo grandes concentraciones de chinos.

Los puertos de Isabela de Sagua y Caibarién fueron determinantes. También los enclaves ferroviarios, de norte a sur, y la fertilidad de suelos vírgenes, obligó en 1860 a la presencia de hacendados que, provenientes de Cárdenas, aparecieron en Remedios y convirtieron a los partidos de Guaracabulla y de Camajuaní en asientos productivos de nuevos ingenios.Por allí resurgen los capitales de los Lavallete, Wilson, Smith, Martínez-Fortún, Vergara y Zulueta, quienes representan la avanzada de los 71 ingenios que componen el territorio.

Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción (1936), de José A. Martínez-Fortún y Foyo, consigna que «1859 hay más de 682 trabajadores chinos, y tres años después la cifra marca mil 998. A principios de 1872 cuentan con unos 3 mil 989.» Sin embargo, desde  1849 —dos años después de la aparición de los culíes en Cuba—, el hacendado Alejandro Fusté, desde Camajuaní, escribe a la Junta de Fomento para “alertar” el temor de una «desgracia (…), porque, a la voz de uno solo se juntan todos como fieras (…) desde que los visitó un compañero suyo, que dicen ser médico, han desplegado más insubordinación y arrojo.»

Hace referencia a posibles sublevaciones, a conatos, suicidios y hechos de sangre, como los sucedidas en 1865 en los ingenios Proyecto y Reforma, de Remedios, en los cuales existen culíes.

 Félix Erénchun, Oidor de la Real Audiencia Pretorial, en Anales de la Isla de Cuba (1857), introduce un texto de Ignacio G. Olivares que especifica: «los asiáticos están en su derecho, privándose de la vida cuando ha dejado de serles agradable (…), lejos de su país (…), rodeados de personas que no conocen, sometidos a un trabajo más duro y a una disciplina más severa de lo que tal vez creían cuando se contrataron; se encuentran con que su salario por la carestía de la Isla es más reducido de lo que pensaban, y pierden la esperanza de hacer ahorros que les permita volver, concluido su compromiso, al suelo natal

Por eso muestran rebeldías ante los maltratos de negros o blancos mayorales de los ingenios. Incluso, el informe demuestra que de los 13 mil 139 asiáticos existentes, los hechos criminales son inferiores a los que cometen otros estratos sociales de Cuba.

Antonio Miguel Alcover y Beltrán en la Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción (1905), aclara que a mediados del siglo XIX, durante el trazado de calles  “alineadas y tierras a cordel”, hay culíes en la zona. En 1857 refiere un hecho que investigadores dan más valor en voz de Esteban Montejo, el personaje de Biografía de un Cimarrón, la novela- testimonio de Miguel Barnet, que a lo apuntado por el historiador:

«[En noviembre de 1876] se levantaba en Sagua, en las esquinas de las calles Céspedes y Caridad, un inmenso edificio de madera, de una altura que bien abarcaría tres pisos, destinado a teatro de Chinos. Fue estrenado por una compañía de artistas chinos compuesta por 94 individuos. Las funciones dieron lugar a una reclamación de hacendados, pues los chinos contratados dejaban las faenas del campo para venir al teatro y esconderse entre los cómicos: se fijaron solamente los días festivos para celebrarlas

La primera audición de teatro chino en Cuba apareció en 1873. Hubo una  escenificación de títeres de madera en una instalación radicada en las calles Zanja y San Nicolás, en La Habana. Dos años después se fundó allí otra denominada Sun Yen —con actores procedentes de California—, y a Sagua la Grande, sin dudas, se incluirá como el tercer asentamiento poblacional en el cual ocurrió un acto escénico protagonizado por asiáticos.

Durante las «Fiestas reales por el nacimiento de Alfonso XII, el 24 y 25 de mayo de 1857, en la lucha por la cucaña (…) se disputaron con ahínco cuatro representantes de las partes del mundo, Europa, Asía, África y América: que fuera un marineo español, un chino, un negro y un muchacho del pueblo, representantes de los 5 partidos pedáneos de la jurisdicción», precisa Alcover y Beltrán. Eso ofrece el pulso de una rápida y sólida presencia asiática en la región.

Al cierre de la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858), Manuel Dionisio González es explicito: en 275 5/8 leguas cuadradas de superficie hay 43 mil 401 habitantes, y afirma la estancia de 13 colonos yucatecos —otro ensayo migratorio para proveer de brazos a la fabricación de azúcares— y 110 asiáticos.

Por esa fecha, los ingenios “La Esperanza”, “Gratitud”, “Amalia” “San Jacinto” y “San Rafael” en Santo Domingo —jurisdicción de Sagua la Grande—, cuentan con dotaciones de culíes, quienes incluso, sostienen relaciones “maritales”  con mulatas o pardas libres, acontecimiento no muy usual hacia 1853, fecha en que el obispo diocesano Fleix y Solans pronuncia un auto pastoral en contra de esa práctica muy extendida después.

Los libros parroquiales recogen la presencia de 12 mujeres asiáticas en el dominicano. El dato lleva a la curiosidad. Los “chineros” violaron siempre la Real Orden de 6 de febrero de 1856. Antonio Chuffat Latour en el Apunte histórico de los chinos en Cuba (1927), dice que entre 1847 y 1866 viajaron 74 mil 591 culíes: solo 32 eran mujeres. ¿Por qué razón? Puede que el gobierno Chino prohibiera las salidas masivas de féminas. Los investigadores concuerdan en objeciones económicas: costaban entre 300 y 400 pesos los contratos, mientras en el caso de los hombres era de 12 o 15, y desempeñaban variadas faenas agrícolas. Con eso, también impedían la procreación masiva y males mayores en la manutención.

Aquel “permiso” con manto de legalidad a Manuel Bernabé  Pereda, también a la Casa Villoldo y Wardropy, así como a la empresa británica Zulueta & Company, encargadas de introducir 10 mil colonos asiáticos, la sexta parte hembras, se tradujo en furia económica. La “mercancía” viajera procedía de Macao, Cantón, Gemi, Impía, Noin, Pekín y Carroña, principalmente. Las primeras “remesas” destinadas a las haciendas cubanas salieron desde Xiamen a bordo del Oquendo y Duke of Argylet. El primero atracó en La Habana el 3 de junio de 1847. El otro una semana después. De 1853 a 1873, fecha que marca el despegue azucarero en San Juan de los Remedios,  ingresaron en Cuba 132 mil 435 chinos. Hay cálculos que precisan 13 por 100 inmigrantes muertos durante la fase de travesía o arribo.

En tierras de los antiguos ingenios La Perla y Chimborazo, fomentados en  1858 por los norteamericanos Enrique y Tomas Fales, surgió otra fábrica de azúcar con mayores volúmenes productivos: Mercedes, del Conde de Romero, finca adquirida en 1872 por Julián de Zulueta y Amondo, el mayor negrero y chinero de Cuba.

 De ese alavés, el ensayistas Eduardo Marrero Cruz tiene una historia fabulosa en Julián de Zulueta y Amondo, promotor del capitalismo en Cuba (2008), un hacendado que se posesionó en la jurisdicción de San Juan de los Remedios cuando ese territorio disponía de 26.4 % de todos los ingenios del país. De la huella, avatares e historia de los chinos en  jurisdicciones del centro cubano, sin dudas, tendrá que hablarse en otra ocasión.

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