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CubanosDeKilates

«Cuba, surgida de una abreviatura amerindia, situada en el Mar Caribe, tiene en Cristóbal Colón, el descubridor, a Von Humbolt, el investigador y propagador geográfico, y a nuestro Fernando Ortiz, el conocedor de la cultura afrohispánica.»

Luis Machado Ordetx, es periodista y escritor cubano. Nació en Vega Alta, San Antonio de las Vueltas (1958); Las Villas.

Desde la óptica del periodismo y la literatura es observada la cultura cubana en sus universos mediatos o inmediatos de cuánto acontece en la Mayor de las Antillas.

Entre los libros del autor, aparecen: "Coterráneos" (1996); "Kilates del Testigo" (2007); "Ballagas en Sombra" (2009); y sus ensayos y artículos están recogidos en ISLAS, UMBRAL, así como en la antología "Para ver las cosas extraordinarias" (2005), y también en publicaciones digitales de Cuba o el extranjero.

Año VIII

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SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (12)

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Por Luis Machado Ordetx


Emigrados franceses radicados en La Luisiana propagaron desde Matanzas el cultivo de  los primeros cafetales existentes en la llanura central adscripta a la jurisdicción de San Juan de los Remedios.   Las cercanías de Las Placetas fue el sitio escogido por la familia Lavalette para fomentar sus plantaciones a partir de 1813, afirma José Antonio Martínez-Fortún y Foyo al abordar la genealogía de la finca fundada por Isabel Gaudinau y Teresa Belchaise de Lavalette, empeñadas luego en construir el ingenio “Flor del Cayo”, próximo a la fábrica de azúcar “San Andrés”, en ese territorio.


Los Lavalette eran propietarios de los ingenios “Coloso” y “Recreo”, asentados en la Atenas de Cuba, y tenían una hacienda aledaña a Las Placetas, lugar en el cual se instalan de forma permanente a partir de 1861. Allí también primó el trabajo esclavo. El comandante Vicente Lavalette —descendiente del general francés que combatió en Haití a las huestes  de Toussaint Louverture—, dirige las riendas de los cafetales, y en lo adelante lo hará con mayor aplomo en la elaboración de azúcares. Viaja con reiteración en el vapor “Sagua” desde Caibarién a Cárdenas. Trae consigo a experimentados conocedores de ese cultivo que, con anterioridad, radicaban en Sabanazo, Sumidero, Camarioca y Canímar.


En Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción (1936), Martínez-Fortún refiere que el cabildo eleva en septiembre de 1843 una instancia al Capitán General Gerónimo Valdés, por conducto del Teniente General de la Real Armada Francisco Javier de Ulloa, quien espera la toma del mando de Leopoldo O´Donnell y Jorris.


La queja dice: «(…) la historia de este pueblo es desgraciada y miserable (…), nunca ha podido aspirar a ponerse en parangón con otros de la Isla cuando tiene elementos para superar a muchos. Los capitales principales son haciendas y potreros de ganados, algunos cacaotales, cafetales y vegas de tabaco, con principios de uno que otro ingenio que se están fomentando…»


No especifica el área exacta de los cafetales. Toda inferencia va hacia  Placetas. Los Lavalette ponen en práctica las prudencias aprendidas en el manejo de ese cultivo. Un resumen estadístico aparecido en 1859 en El Boletín, primer periódico impreso siete años antes en esa  jurisdicción, aclara  que tienen «(…)  51 ingenios o trapiches, 3 cafetales, 356 potreros, 26 haciendas de crianza, 813 sitios de labor, 69 vegas de tabaco y 13 fincas…» Francisco Javier Franch, director del diario, informa de la labor de dos colonos procedentes de Yucatán. Nadie pondría en duda que fueran los Lavalette.


Tengamos en cuenta lo que expone Alejandro García Álvarez al introducir el ensayo Un café para la microhistoria (2008), escrito por María de los Ángeles Meriño Fuentes y Aisnara Perera Díaz: «Al parecer  los huracanes de gran intensidad que azotaron Matanzas y parte de La Habana en 1844 y1846, unido a la rebelión de esclavos que afectó la zona de plantaciones de la llanura matancera, fueron algunos de los factores que aceleraron la salida definitiva de los cafetales de los territorios centrales de la llanura roja Habana-Matanzas, dejando a la caña la ocupación casi total de sus espacios agrícolas.» Tal vez, eso “obligó” a los Lavalette a no desatender su hacienda en Las Placetas.


En el Manual de la Isla de Cuba (1852), José García de Arboleya sustenta que «(…) después del ingenio es el cafetal la finca más notable de los campos de Cuba, excediéndole a veces en amenidad y belleza. Su extensión varía de 4 a 20 caballerías de tierra, las cuales no solo se dedican al cultivo de los cafetos sino al arroz, viandas, frutos y hortalizas que se siembran entre las matas de café
Localizar rastros de explotación cafetalera en las llanuras centrales constituye un acto difícil. No obstante, la historiografía que aborda las jurisdicciones de Sancti Spíritus, Trinidad, Remedios, Villaclara, Sagua la Grande y Cienfuegos, es precisa. Más allá del consumo interno, hubo significativas exportaciones, principalmente hacia los Estados Unidos, un mercado seguro en aquel tiempo.  


La Coffea arábica, plantada en suelos rojos del Wajay o Ubajay en 1748 se propagó  con rapidez por las llanuras de la isla. Nueve lustros después más de 30 mil emigrantes de Saint Dominige se desplazaron al Caribe y  estados sureños de Norteamérica. A Cuba vinieron unos 15 mil.  Las jurisdicciones de San Juan de los Remedios, también Cienfuegos y Sagua la Grande, sufrieron los embates de los recién llegados.


Hacia 1860 el ingenio hace declinar los cafetales, y el cultivo queda arrinconado en zonas menos aptas para los cañaverales: las serranías. El investigador norteamericano  Leland Hamilton Jenks, en Visión Económica de Cuba  (1928), incorpora un análisis de  Antonio Riccardi: 


«De 5 mil 731 caballerías ocupadas por cafetales en 1830, el área de la caficultora se redujo a poco más de 140 mil cordeles en 1902, que era el 1.6% del área total cultivada en el país. En 1912 ya marcaba una ocupación de 6.700 caballerías y en 1952, algo más de 6 mil 800 caballerías con 19.721 fincas y un promedio de producción de cerca de 700 mil quintales. Ocupaba entonces el café el cuarto lugar de las producciones agrícolas del país; y sostenían unos 522 centros de trabajo entre centros de torrefacción, industrialización y empaque (…) En la era republicana, la verdadera recuperación de la caficultora cubana se debe, en gran parte, a la reforma arancelaria de 1927, a grado tal que se suprimieron totalmente las importaciones y poco después se iniciaron las exportaciones, suspendidas desde la época colonial


Antonio Miguel Alcover y Beltrán en Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción (1905), atestigua que a partir de 1844 hay exportaciones de unas 519 @ de café por el puerto de Isabela de Sagua. Una década después aclara que disponen de «(…) 79 ingenios, 2 cafetales, 186 potreros, mil 329 sitios de labor, 53 tejares y alfarerías, 5 alambiques y 2 tenerías».  En 1862 la producción de las cerezas/oro disminuyó en 321 arrobas.


La Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858), de Manuel Dionisio González, esclarece, casi al imprimirse el libro, que «(…) tienen 71 ingenios, 652 potreros, mil 786 sitios, 305 estancias, 44 vegas de tabaco y 57 colmenares: 88 mil 310@ de azúcar blanca; 5 mil 844 quebrado; 748 mil 807 mascabado; 35 mil 047 cucurucho y raspadura; mil 08 pipas de aguardiente; 5 mil 459 bocoyes de miel de caña; 599 de café, 84 mil 160 de arroz y…» Por vez primera el aromático grano, como fruto de cultivo, aparece referenciado en ese texto.


Una asimetría persiste entre la producción agrícola y el consumo del café. Muchos fueron los sitios para degustar la bebida incorporada al imaginario cultural del cubano. Martínez-Fortún cita con predilección el Café “La Dominca”, de Manuel Rebollar, en la calle Nazareno esquina San Juan de Dios, en Remedios. Fue un centro concurrido a partir de 1864. Ese año queda inaugurado el café-dulcería-restaurante “El Louvre”, y su dueño Francisco López impone a los dependientes una ética: servir con pantalón, y camisa blanca, chaqueta y corbata negra. Igual ocurrirá en El Mascotte, radicado en la céntrica arteria de San José, en la Octava Villa de Cuba.


El proceso de torrefacción, molinado y expendio tuvo importantes establecimientos en la región central. El Magazine de La Lucha (1926), inscribe en Santa Clara, por ejemplo, 21 cafeterías, 16 hoteles con fondas, 19 restaurantes y 30 cantinas. En todas se expende la bebida ambarina. De los tostaderos cita dos: “Abundio Rodríguez”, radicado desde 1906 en la calle Tristá número 33, y “F.E. Romero y Hno. S. en. C”, en la Avenida de Bélgica (actual Eduardo Chibás) y Carretera a Calabazar de Sagua. Molían un 75 % de grano arábico cubano y un 25% de Puerto Rico.


Otra vez la producción y el consumo tienden a lo asimétrico. Retomar nuevamente la historia ancestral de los cafetales como vergeles de las llanuras, constituye un paso firme para romper ese lastre que sujeta la ausencia permanente de la más codiciada bebida de todos los cubanos.

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