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BÉISBOL, ¿QUEREMOS A VÍCTOR MESA?

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Por Amador Hernández Hdez


A raíz de la llegada del otrora estelar pelotero de los equipos del centro de la isla, en especial del Villa Clara, a la dirección del team Matanzas y de la selección nacional se ha originado un divorcio de sentimientos entre él y su público auténtico (villaclareños de pura cepa); divorcio exacerbado en la final del reciente play-off dado a la rivalidad entre ambas novenas. Quizás la fanaticada ha exagerado un poco en sus rechiflas a la Centella de la pelota cubana, sobre todo si nos atenemos que años atrás en este propio estadio —el Sandino— era vitoreado hasta el delirio por sus magistrales fildeos, batazos oportunos, atrevidos robos de base, y por ese carisma de pelotero show al cual todos los terrenos —incluyendo el Latino— le quedaban pequeño.

Pero no toda la culpa se le puede echar al “respetable”, que se siente dolido por las provocaciones del actual mánayer de Cuba. Su responsabilidad también tiene él. Sus constantes y agresivas salidas al diamante presionando peloteros y árbitros incitan a la indisciplina en las gradas y dentro del terreno; no se puede predicar la moral sin ropas. Sus intempestivas y constantes protestas provocan euforias exaltadas, gritos obscenos, frases irrespetuosas. Recordar que algunos personajes folclóricos naturales de la tierra de Víctor vienen al Sandino a realizar ritos de santerías en contra del equipo de casa, lo que no sucede en otras plazas donde juegan los yumurinos. Y si a todo eso usted le suma el morbo que se manifestó en casi todo el país con la exclusión del estelar receptor de esta provincia del tercer clásico, la no presencia de Manso en el cuerpo de entrenadores del pitcheo en la preparación de la selección nacional al cual fue llevado Riscart más por la amistad que lo une con Víctor Mesa que por mérito alguno y los exabruptos con que ataca el director actual de los matanceros a los periodistas de provincia en las mal llamadas conferencias de prensa, ahí tiene usted las raíces de los conflictos Víctor- público villaclareño. La pelota en Cuba despierta todas las pasiones posibles.

El sentirse excesivamente mimado por los periodistas de la prensa nacional que no le señalan sus serios problemas de carácter, con la excepción de Oscar Sánchez, y el tanto hacerse la  CNB los de la vista gorda ante esas realidades que se manifiestan en el siempre polémico Mesa están forjando otro cuadro que ya se cree intocable, y el ejemplo más elocuente de lo anterior lo encontramos cuando renunció a felicitar públicamente al equipo triunfador con el cual había alcanzado él mismo su condición de tetracampeón y el estrellato. ¿No fue ese gesto una falta de caballerosidad, un no aceptar la derrota en buena lid? Si lo hubiera hecho, de seguro hubieran comenzado a limarse los conflictos con su público autónomo.

Ya Víctor Mesa devolvió a Matanzas el espíritu beisbolero de antaño. La CNB debía de mantenerlo en este cuatrienio solo con la responsabilidad de la preparación de la selección nacional, pero sin permitirle arbitrariedades, pues este país tal vez sepa poco del Skateboard; pero de Beisbol tanto como el que más sepa, de lo contrario se sigue corriendo el riesgo de que la imagen de —apreciación personal— el más grande jugador de la pelota revolucionaria continúe degradándose y eso sería nefasto para el desarrollo de nuestro pasatiempo nacional.

¿Queremos a Víctor Mesa? Pues claro, no se renuncia al orgullo de sabernos coterráneos de un pelotero extraclase, de un hombre gloria de la sociedad cubana. Y soñamos en grande cuando le expresamos a Víctor que nuestro gran anhelo es ver juntos en el mismo equipo villaclareño a Víctor Víctor, al hijo de Pestano, al  de Yosvani Pérez Torres y al de los demás donde incluyo el regreso del retoño de Acebey, abrazados en los sobresfuerzos para continuar la senda ganadora del equipo en el cual sus progenitores tocaron el cielo con la punta de un guante o de un bate. Confiemos en que será más pronto que tarde.

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