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LITERATURA INFANTO-JUVENIL, LA DEVOCIÓN DE CELIA MARÍA HART

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Por Amador Hernández Hernández (Escritor cubano).

Reconozco que la autora de los libros (La Habana, 1963-2008) Apuntes revolucionarios, Haydée del Moncada a Casa, It’s never too late to love or to rebel y Les debo verlos libres, tiene con los encrucijadenses un vínculo que pasa por la sangre y por el espíritu de vecinos admirables, asimismo confieso que para mí era más que todo la hija de Yeyé y de Armando Hart, que con su sola visita al pueblito origen de sus familiares maternos bastaba para convocar a sus coterráneos a invadir la antigua casona, propiedad de la familia Santamaría Cuadrado, donada luego como Museo Municipal, con el propósito de rememorar esas historias de estirpes ilustres o satisfacer la nostalgia de regresar a las calles por donde muchas veces pasearon el tío enamorado y la madre delicada en busca de esos sueños que colman el alma y hacen grandes a los hombres.

Leer entonces su cuaderno Historias en día de lluvia con José Julián, publicado por Ediciones Abril en el año 2012, constituyó tener la posibilidad real de calibrar de forma armónica a quien fue en vida una mujer de ciencia y revolución. Desde la dedicatoria misma a su madre, expresión de los agradecimientos vitales al recuerdo materno por hacerla partícipe de su proyecto propio para las almas enamoradas que cruzan sin temor los senderos de la luz, el leyente comprende que penetrará un libro donde la inteligencia y el cariño irán de la mano en esa aventura deliciosa con que la autora nos hará recorrer los apasionantes caminos hacia la verdad, esa verdad que algunos padres tercamente intentan esconder a sus hijos por el simple hecho de subestimar la agudeza de los chicos.

En la presentación del texto Jorge Lozano Ros, advierte: “Por los caminos de La Edad de Oro transitan estas narraciones. Sus diálogos irradian sabiduría, sencillez y sinceridad. Nos revelan los desvelos de una madre para educar a sus hijos, a quien puso por nombre el del Apóstol de la libertad”. Indudablemente, Lozano Ríos fue testigo de cómo nació y creció esta necesidad de ternura de Celia y el superobjetivo que se había planteado desde la primera hasta la última palabra: instruir y educar. ¿No fueron acaso estos mismos preceptos los que motivaron al Héroe de Dos Ríos a enfrentar con gallardía la redacción de la Revista para los niños de su América? 

José Julián fue el inquieto hijo de doña Leonor; el niño de ojos despiertos y de espíritu pasionario por un amor que desbordaba todos los deberes circunscritos al ámbito familiar, que ascendió gracias a la estrella que ilumina y mata. José Julián es el hijo de Celia María Hart Santamaría, fruto de su compromiso moral con el hombre que echó su suerte con los pobres de la tierra. 

Arrobado por las inquietudes de la revolucionaria, de la mujer de ciencia, de la hija de “sus padres” celebrados por la historia grande de la patria, de la madre por encima de todo, vamos acompañados de la maternidad exquisita y reveladora de esta artista de la palabra a descubrir, junto con su vástago, los porqué de la lluvia, de las tormentas, de los misterios dulces de un nombre, de la grandeza de un líder de la historia, de la verdad sobre Cristo Jesús y de las leyes que rigen el universo donde residimos, hasta llegar al acto más sublime de la naturaleza: el advenimiento de un nuevo hombrecito o mujercita al hogar para multiplicar la felicidad.

La lluvia servirá de telón y pretexto para que Celia María encuentre el modo ingenioso para calmar el espíritu impaciente de su adorado hijo. Está implícito en este libro un mensaje de amor, un llamado a la reflexión sobre la importancia de orientar a nuestros hijos en su andar por la vida, advierte en no desperdiciar ni un solo minuto; cada segundo es trascendente en esa misión educativa. Contagiará al lector con optimismo y sabiduría para que se convenza de que el resultado de tantos desvelos será el legado más preciado para un futuro mejor.

“A los que tienen niños como los míos les digo: ¡No dejen pasar una gota de lluvia sin una historia sea cual sea o al menos una sonrisa!”, con las propias palabras de la autora, los dejo, entonces con este bellísimo libro, más bello por el trabajo inteligente de la ilustradora Hanna González Chomenko, para que acompañen a José Julián en la aventura de leerlo.

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