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MURIÓ GEOVANNI, EL PERIODISTA BOHEMIO

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Por Luis Machado Ordetx

 

Guido Emilio de Armas Bermúdez, el periodista bohemio del centro de Cuba, falleció ya octogenario, en Santa Clara. Allá en los primeros lustros de los años 70 del pasado siglo se incorporó a la redacción de Vanguardia, y desde la página cultural asumió con un estilo desenfadado los principales acontecimientos artístico-literarios que transcurrieron en al antigua provincia de Las Villas, sitio predilecto para las pesquisas informativas.

 

A partir de ese momento acuñó el seudónimo de Geovanni para rubricar los textos que aparecieron en el diario, y luego en las emisiones radiales que ofrecían los servicios de la Agencia de Información Nacional o CMHW, redacción en la cual laboró luego de la jubilación profesional a finales de 1990 cuando decidió tomar un alto en el universo periodístico.

 

La formación profesional surgió de la mano del padre, Rafael, y del hermano Emilio, integrantes de las nóminas de La Publicidad, El Pueblo y El Villareño, rotativos existentes en la región durante la segunda mitad de los años 40 del pasado siglo.

 

 En todos los espacios consumió Giovanni parte de su juventud, y su alineación autodidacta lo llevó, fundada la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, al departamento de Relaciones Culturales de la institución docente. Allí hizo boletines de divulgación académica y estrechó vínculos con los estudios folklóricos. Su nombre aparece registrado entre los animadores iniciales de Islas, la revista dirigió Samuel Feijóo.  

 

En Vanguardia, de la pluma y el olfato periodístico de Guido de Armas Bermúdez, los lectores conocieron en 1970 de los sucesos del primer Festival Internacional de la Canción de Varadero, y del universo del filing, la trova tradicional y el bolero, así como de la vida nocturna que desarrollaban  los cabarets villareños.

 

Del acontecer bohemio ramificó las presentaciones de Elena Bourke, Celeste Mendoza, Angelito Díaz, Marta Strada, Meme Solis, Argelio García (Chaflán), o las orquestas Venecia y  la jazz-band de Armando Romeu, entre sus ídolos favoritos.

 

Con su cabello engominado hablaba entusiasmado del béisbol de los años 40 y de los estadios habaneros, a los que acudió en compañía del tío paterno, uno de los gerentes del Almendares Park. También dialogaba sobre otras confrontaciones deportivas, o comentaba sobre aquellos enfrentamientos bélicos en Playa Girón y la Limpia del Escambray, territorios en los que estuvo en calidad de soldado.

 

De sus polémicas con el boxeador profesional José Marcelino Castillo (Harold Lloys), o con Roberto González Quesada, el Patriarca del periodismo villaclareño, así como de Otto Avilio Palmero Rodríguez, o Juan José Pérez Palmero, los inseparables colegas, a quienes, vaso en mano, los escoltó en las barras del Maga Bar, El Louvre, o el 1830, en Santa Clara, hay infinidades de anécdotas.

 

Allí iban los periodistas, escritores o artistas a ingerir, mejor libar, algún que otro licor y conversar sobre los sucesos culturales del momento.

 

A esa generación llegamos después, allá en los años 80, otros colegas que, jóvenes, convertimos la redacción de Vanguardia en un hervidero de diálogos y conocimientos. 

 

Ya entonces Guido Emilio de Armas Bermúdez se desempeñaba en la corresponsalía de la Agencia de Información Nacional en Villa Clara, y después de las cinco de la tarde, entre coberturas de prensa, dejó un instante para la tertulia o compartir un sencillo trago de ron mientras elucubraba algún artículo histórico y cultural, temas que incluyó entre sus pasiones fundamentales de investigación o divulgación.

 

Con vestimenta a la antigua, siempre en perfecta combinación, de hablar pausado, y cabello lacio, negro y engominado, muchos de los colegas que tuvimos la posibilidad de conocerlo y disfrutar de su palabra elocuente, precisa, y de consejero, chocamos en Geovannis, como solo ya lo normaban algunos pocos, con un insustituible referente cultural.

 

La mañana de este martes, cuando lo sabía enfermo por el agotamiento físico, llegó temprano la noticia del fallecimiento. Por supuesto, hubo un estremecimiento, y busqué aquellas anécdotas en las cuales siempre primó la explicación y el consejo por colocar en primer orden el verdadero dato sobre la historia de nuestra cultura cubana.

 

Allá en su barriada de La Pastora, lugar donde nació junto a la legendaria iglesia parroquial de igual nombre, fue el sitio de recordación permanente que tuvo De Armas Bermúdez de  aquellos años de adolescencia.

 

Por allí correteó en la plazoleta que conserva el monumento al patriota Miguel Jerónimo Gutiérrez, y también intimó con Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor, o con Severo Bernal Ruiz, el Declamador Dilecto de Las Villas, y después se le vio en el ir y venir por redacciones de los principales periódicos de la ciudad de entonces.

 

En todas partes disfrutó de los periodistas mayores y de los universos por recrear la realidad cubana o foránea desde la objetividad y la imparcialidad del que mira una historia cotidiana. Se fue a otro lugar del mundo el fraterno Guido Emilio, Geovanni, y ahora descansa siempre en paz en la mirada permanente al periodismo cubano.

 

 

 

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