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Por María Aleyda Hernández Suárez

En 1920 la casona colonial ubicada en la manzana limitada por las calles General Carrillo, Alejandro del Río y Santiago en plena Plaza Isabel II, recibiría al matrimonio formado por Silvino García Balmaseda y Diana de Caturla y García y a sus hijos Alejandro, Laudelina, Berta y Othón. A partir del 31 de mayo de 1975 en ese edificio abría sus puertas el Museo Casa Alejandro García Caturla para rendir tributo de recordación al más universal de los remedianos.

La familia García Caturla se inserta en la memoria histórica de San Juan de los Remedios. El Comandante García Balmaseda descendía de patriotas por línea paterna, los García-Conde y Carrillo, y por la materna, de una antigua estirpe remediana, los Balmaseda. Procurador de profesión, se dedicó también a la administración de bienes. El 24 de marzo de 1905 contrajo matrimonio con su prima Diana Victoria de Caturla y García-Conde, con familiares relacionados en las altas esferas políticas y financieras del país y de posición económica desahogada.

Silvino García Balmaseda (10-febrero-1879 -2 septiembre 1959) hijo de Alejandro García-Conde y Carrillo el que, junto a sus hermanos Juan, Joaquín y Francisco formaron el grupo patriótico que la historia local define, por su destacada participación en la Guerra de los Diez Años, como los Hermanos García. Apenas un adolescente, se unió a las fuerzas independentistas en 1895 y llega a ser uno de los más cercanos colaboradores del brigadier José González Planas. En el periodo republicano, como otros tantos oficiales del Ejército Libertador, se dedicó a realizar obras en beneficio social como fueron: la donación de territorios de su propiedad en Punta Brava para la construcción del hospital de Caibarién,  integrar el Patronato fundador del Museo José María Espinosa –hoy Museo Francisco Javier Balmaseda- y el Comité Gestor para la fundación de la Biblioteca Pública José Martí de Remedios.

En el Museo Caturla, en la primera habitación de la derecha entrando, aún se conserva el despacho que ocupara Silvino García cuando a partir de 1911 se hizo Procurador Público. En este espacio pueden apreciarse fotos, muebles, libros y otros objetos tal y como se encontraban cuando eran usados por su dueño. En este ambiente se respira una fuerte presencia martiana: la copia impresa de La Luminosa Frente de Conrado Massaguer, enmarcada y colgada en la pared, un busto de medianas proporciones sobre un librero giratorio y diversas publicaciones relacionadas con la obra del Maestro que constituyen una parte de la voluminosa biblioteca. Entre estos libros, pertenecientes a la Sección de Publicaciones y debidamente protegidos a través del sistema de documentación de los museos se encuentran: «José Martí. Ideario» de Isidro Méndez, «Epistolario de José Martí» de Félix Lizaso, «Martí periodista» de Gonzalo de Quesada y Miranda, «Martí en España» de Emilio Roig, «Código Martiano» de Carlos Alberto Martínez Fortún y otros hasta completar la cifra de treinta y cinco que demuestran la admiración que este patriota sentía por el apóstol de la independencia de Cuba.

Alejandro García Caturla, músico y abogado, tuvo una corta vida (7-marzo-1906- 12-noviembre-1940) pletórica de actividades tanto en el ámbito cultural como en el de la jurisprudencia. El 15 de julio de 1933 Alejandro y Othón García Caturla con la colaboración de Nicolás Guillén, José Antonio Portuondo, Juan Marinello, Manuel Navarro Luna, José Ardévol y Eugenio Florit entre otros intelectuales cubanos editaban el primer número de la revista Atalaya, publicación progresista de influjo martiano. José Martí será nuestro guía. Quien mejor que él, Maestro excelso, puede fijarnos los derroteros a seguir, él que oteó en todos los horizontes y en cada uno dejó muestra de su genio proteico. Atalaya será un vocero de la actualidad infinitamente proteiforme, de las manifestaciones artísticas y literarias (…) Atalaya: sección depurada de la producción intelectual en devenir, en favor de la liberación y el progreso del espíritu colectivo (…)

En el número inicial se hace una valoración del libro «Martí» de Jorge Mañach donde se destaca la humanización que realiza el autor de una figura que se había convertido en dios tropical de verbo cálido y florido y en la sección «Divulgación martiana» se reproduce un fragmento del discurso pronunciado por el apóstol el 26 de noviembre de 1891 en la velada ofrecida por el Club Ignacio Agramonte en Tampa.

Othón García Caturla (6 febrero 1912 -Puerto Rico 6 agosto 1981) fue abogado, escritor, músico y funda, al frente de un Comité Gestor, el 28 de enero de 1936, la Biblioteca Pública José Martí de Remedios. En la inauguración de esa institución, a la que asistió Dulce María Borrero, Directora de Cultura de la Secretaría de Educación, Othón García pronuncia un discurso donde subraya: El Comité Gestor de la Biblioteca, que ha trabajado cinco años, ve hoy su esfuerzo coronado por el triunfo. Aquel iluminado que se llamó José Julián Martí y Pérez dijo en ocasión memorable que “hacer es la mejor manera de decir”. Ningún homenaje mejor a su memoria pudiéramos rendirle hoy que se conmemora su natalicio, que la apertura de la Biblioteca: sus palabras tienen fiel cumplimiento: su pensamiento es interpretado y una realidad perpetuará su nombre, y la difusión de su vida, su personalidad y su obra perpetuará su espíritu. El también dijo que “saber leer es saber andar, saber escribir es saber ascender”. ¡Y a la Biblioteca se va a venir a leer y a escribir!

Entre legajos reclamatorios, libros de leyes, novelas, poesía e infinidad de partituras se deslizaba imperecedera la figura del cubano infinito, inspirando a toda una familia. Silvino, Alejandro y Othón lo asumieron como paradigma en cada una de sus disímiles obras; porque, como señala el precepto martiano, El que no sabe honrar a los grandes no es digno de descender de ellos.