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Por Luis Machado Ordetx

 

A San Cristóbal de la Habana ocurre en la historia como a San Juan de los Remedios, la Villa endemoniada que fundó Vasco Porcallo de Figueroa, «tal vez en Trinidad, en Sancti Spíritus, etc, fueron mudadas de emplazamiento», dijo Jenaro Artíles en un viejo estudio sobre los orígenes de la actual capital cubana, ahora en el medio mileno de su surgimiento.

El dato aparece en una investigación que publicó en 1946 Emilio Roig de Leuchsenring en aquellos valiosos Cuadernos de Historia Habanera, un lujo de lectura en nuestro tiempo. Artíles recoge aspectos interesantes de la fundación y traslado, así como de La Chorrera, torreón que junto al ubicado en Cojimar, servían de primeras avanzadas en defensa militar en la antigua ciudad.

Como entre Remedios y La Habana se traduce un cruzamiento que recuerda la segunda expedición de Pánfilo de Narváez con el padre Las Casas desde el pueblo indio de Carahate, en la otrora Octava Villa de Cuba, por derecho propio nacida en 1515 hasta que no aparezca otra documentación, queda otra satisfacción.

Son muchos los puntos de encuentros que van, incluso, a lo remoto en aquellos constantes ataques de corsarios y piratas, hasta el encrucijada de reses que iban desde un pedazo del «coto» particular de Porcallo de Figueroa, con parada momentánea en el embarcadero de San Atanasio de Álvarez, hasta llegar por el viejo camino a La Habana.

Los diálogos culturales e históricos, salvando distancias, son inmensos. ¿Nada de parrandas?, dirían otros. No hace falta. Los hechos se apoderan del espacio. Tal ocurre cuando en espíritu Alejandro García Cartula, no presente en el estreno de la primera versión de “Bembé” en La Habana percibe la resonancia que alcanza el virtuosismo de vanguardia afrocubana hacia 1929, ocasión en la cual aquella primera versión musical escrita en Paris por encargo de Fracois Gaillard inundó los ecos del sinfonismo nacional.

Un habanero, considerado el Tercer Descubridor, Fernando Ortiz, dejó una nota singular en Una pelea cubana contra los demonios (1959) que, como dijo, constituye un «Relato documentado y glosa folklorista y casi teológica de la terrible contienda que, a fines del siglo XVII y junto a una boca de los infiernos, fue librada en la villa San Juan de los Remedios por un inquisidor codicioso, una negra esclava, un rey embrujado y gran copia de piratas, contrabandistas, mercaderes, bateros, alcaldes, capitanes, clérigos, energúmenos y miles de diablos al mundo de Lucifer», según el texto.

Es en esencia parte de esa historia que originó las traslaciones de  Remedios de un sitio a otro, y también el desgajamiento, por intereses económicos, al fundar un nuevo pueblo: Santa Clara, al centro. Sin embargo allí perduró la voluntad de ancianos, hombre, mujeres y niños que por arrojo desafiaron la fuerza, se internaron en el monte y no abandonaron lo que llamaron siempre el terruño patrio de sus existencias.

La historia de Una pelea cubana… válida metáfora del tiempo, también quedó recogida en el largometraje de ficción que hizo en 1971 Tomás Gutiérrez Alea, quien, a pesar de desaciertos narrativos, insistió en «hurgar en nuestros orígenes, mirar atrás y adquirir conciencia de cuáles son nuestras raíces como hombres». Era, recordó, un punto de partida de significaciones conceptuales.

 Por si fuera poco, nuevamente Remedios está en La Habana aunque sea en una quinta parte del ron Conde de Cuba, edición El Faro, producido con bases añejas de destilerías del centro-oriente del país. Es una satisfacción, afirmó Lino Luis Pérez Rodríguez, especialista principal de la Fábrica de Ron Mulata, destilería Santa Fe, en el ingenio Heriberto Duquesne, formar parte de un proyecto de formulación de bebida destinada a saludar el aniversario 500 de la Villa de San Cristóbal de La Habana. 

La propuesta de Ron Ligero Cubano comercializada por Ingeniería y Servicios Técnicos Azucareros (Tecnoazucar) en coordinación con Rives   Distillery S.A., «tiene también un pedazo de la identidad remediana», declaró Pérez Rodríguez, aspirante a Maestro. El envase que contiene la bebida es una réplica a escala del Faro del Castillo de los Tres Reyes del Morro, la universal fortificación capitalina, recalcó.

Antes Pérez Rodríguez contribuyó a acentuar similar mística cuando intervino en la elaboración de la edición Remedios 500  de Ron Mulata, y del extra añejo con brillo que festejó el homenaje al aniversario 60 del triunfo de la Revolución en Santiago de Cuba, una bebida espiritosa de equilibrada transparencia y aroma en sus componentes.

De Remedios, en el centro este, a La Habana en el occidente, hay distancias físicas en lo geográfico, pero en historia y cultura persisten antiguas relaciones que crecen con los «misterios» que impulsa el tiempo para el conocimiento de las identidades.

Tal como precisó Eusebio Leal Spengler en Remedios, casi cinco años atrás, habrá que trasladar su apreciación a San Cristóbal de La Habana para que «no se apague el esfuerzo cuando termine este día» de celebraciones. ¡Qué así sea! en nuestra historia.