Blogia
CubanosDeKilates

CUBANÍA TOTAL

BOLÍVAR Y WASHINGTON, RASTROS OLVIDADOS

BOLÍVAR Y WASHINGTON, RASTROS OLVIDADOS

 

                    «Abrirse, labrar juntos, llamar a la tierra, amarse, he aquí la faena».

                                                    José Martí

Nadie comenta por nuestros días como dos Avenidas céntricas de la Habana Vieja cambiaron sus nombres por decisión popular, y según la propuesta de un villaclareño. 

Todavía ambas calles conservan sus títulos —por imaginario colectivo como ocurre en muchas ocasiones—, y que según las rutas de los mapas tienden a la confusión del más inocente de los transeúntes.   

 Por Luis Machado Ordetx

 El sábado 19 de abril de 1919 La Habana palpitó por la unidad latinoamericana: una Avenida de la capital cubana llevaría en lo adelante el nombre de Simón Bolívar. Fue un día histórico: fecha del natalicio de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y ocasión en que Venezuela inició en 1810 la ruta emancipadora contra España.

Eran las cuatro y media de la tarde. Dos banderas nacionales, la de Cuba y Venezuela, cubrían una placa de bronce con las incrustaciones del nombre del Libertador, un cíclope de la fraternidad entre los pueblos.

El acto constituyó la humilde propuesta de un ensayista nacido en Santa Clara, centro del país. Tres años antes, por el Acuerdo número 392 de la presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, según legalizó el general Ignacio Andrade, ministro de Relaciones Exteriores de ese país, recibió la Condecoración de la Orden del Libertador en la Tercera Clase, el mayor reconocimiento entregado a nacionales, o no naturales de ese país sudamericano.

El premio fue conferido al coterráneo por sus servicios desinteresados y prestados a la humanidad. ¿Quién es?... Un cubano de tuétanos y de almas, antiimperialista en extremo. Un periodista martiano y de radical de pensamiento latinoamericano.  También un exclusivo nacionalista que difundió la defensa de lo propio, lo autóctono, como blasón inequívoco de nuestra cultura.

De Santa Clara tuvo siempre el recuerdo permanente. Fue alumno de Mariano Clemente Prado y Pérez en el Colegio Santa Ana, y en julio de 1915, el Ayuntamiento local lo avaló como “Hijo Ilustre” de la ciudad. Hoy su nombre y legado, apenas se difunde.

Puede, incluso, que fuera el primero de su tiempo en ostentar esa distinción. Al menos no existen otras referencias históricas que precisen un reconocimiento enaltecedor, con la efigie de Bolívar,  el «[…] más alto honor que puede recibir y ostentar con orgullo un americano devoto de aquel maravilloso genio político y militar cuya obra inmensa llena las más gloriosas páginas de la historia de la épica lucha, cruenta y larga, por la libertad de América; de aquel cuyo nombre cien veces ilustre viene a los labios cuando se dice: El Libertador…»1 de cinco Repúblicas de América del Sur.

Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), hijo de mambí, un anónimo hombre de Santa Clara radicado en La Habana en su adolescencia, fue el director-fundador de Cuba Contemporánea (1913-1913), publicación que dirigió hasta enero de 1921, fecha en que se desempeñó por breve tiempo en el servicio consular en países europeos. Durante 8 años dirigió la revista nacionalista, y preparó, con su peculio y de otros amigos, 96 números, de los 176 registrados: un 54% del total de todas las ediciones mensuales.

La característica primordial del carácter de la publicación estuvo orientada a los actos de fraternidad latinoamericana, de discusión de temas contemporáneos sobre la vida económico y social de nuestro  país y a la historia nacional en sus más insospechadas aristas culturales. Fue la revista antiimperialista de su tiempo, y un abrigo permanente de observación contra las pretensiones de los Estados Unidos de expandirse por el mundo.

El pensamiento de Bolívar, y su prolongación en Martí, estuvo entre los asideros más inconfundibles.   Ahí surgió en Cuba el primer gran reconocimiento público al Libertador de América. También la reciprocidad de Venezuela de perpetuar el paso efímero de Martí por Caracas, capital a la que arribó el 21 de enero de 1881, y partió el 1 de julio de ese mes. Allí el Apóstol cubano dejó su huella periodística con la fundación de la  Revista Venezolana, y colaboró con La Opinión Nacional. Del país sudamericano dijo en su despedida: «[…] Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mi un hijo». Idéntica devoción mostraría antes con México, Costa Rica, República Dominicana y…

¿Cuándo Carlos de Velasco sacó al ruedo público la permanencia del recuerdo de Bolívar en La Habana? Ocurrió en noviembre de 1917, con la aparición de «Bolívar y la independencia de Cuba»,2 del erudito colombiano Gabriel Porras Trononis, ensayo al cual insertó una nota a pie de página, interrogante y de devolución:

«¿Por qué nuestra patria no ha cumplido aún con el deber de honrar la memoria insigne del primer guerrero americano que pensó en libertarla? En deuda, ciertamente, estamos los cubanos con muchos ilustres compatriotas cuyos nombres semiolvidados […] Bolívar, el primer hombre de América nuestra, el más grande de los caudillos y el más glorioso de los libertadores de pueblos, merece que aquí se le tribute, sin más demora, algún homenaje digno de su fama y demostrativo de que Cuba sabe agradecer el empeño generoso que quiso intentar el brazo incansable de aquel genio cuya figura, reproducida en bronce o mármol, quisiéramos ver honrado y decorado alguno de nuestros  principales sitios públicos. Más, ya que esto no es posible por ahora, al menos pudiera el Ayuntamiento de La Habana dar el nombre de Bolívar a una calle principal de la capital de esta tierra que él ansiaba libertar; y al efecto Cuba Contemporánea excita a los ediles habaneros para que cumplan este deber. Bolívar podría llamarse, en lo adelante, la calle todavía denominada de la Reina, o la de San Rafael, u otra cualquiera importante. Y el día que fuera puesta la primera tablilla en la calle que lleve el nombre del ínclito hijo de Venezuela, rendir a su memoria, al Inmortal, el tributo de respeto y de amor que toda América le debe, y que especialmente le debemos los cubanos por haber sido él quien primero soñó en darnos lo que hoy tenemos por el esfuerzo impagable de nuestros libertadores: la República».3

                                       LA AVENIDA HABANERA

Un total de 20 ensayos, unos cortos, otros medulares por sus aportaciones, abordan en las páginas de Cuba Contemporánea  el pensamiento y la proyección americanista de Bolívar. También Martí, el Apóstol cubano, tiene marcada relevancia durante el período que Carlos de Velasco tuteló una publicación plural, de intercambio inquebrantable entre intelectuales cubanos y latinoamericanos, integrantes de 20 repúblicas definidas en el contexto de la congregación cultural.

Los textos comienzan en mayo de 1913 —tres meses después de fundada Cuba Contemporánea—, y son los venezolanos Rufino Blanco-Fombona y Diego Carbonell, quienes, respectivamente, remiten los ensayos «Simón Bolívar, la revolución Hispanoamericana y la política española en 1821», y «La grandeza y las ambiciones del Libertador», análisis último divulgado con exactitud con un año de diferencia en relación al primero. En septiembre de 1914 el colombiano Porras Troconis ve impreso su ensayo «Las ideas políticas de Bolívar», y el legado histórico del Libertador, entra en punto de debate, de permanencia latinoamericanista, de unidad y confraternidad de nuestros países.

Razón tuvo el chileno Ernesto de la Cruz, cuando en Cuba Contemporánea propagó en 1915 «El genio político de Bolívar», y recordó las palabras del uruguayo José Enrique Rodó, al sustentar que, cuando «[…] veinte siglos hayan pasado; cuando una pátina de antigüedad  se extienda desde el Anahuac hasta la Plata, allí donde hoy campea la naturaleza o cría sus raíces la civilización; cuando cien generaciones humanas hayan mezclado, en la masa de la tierra, el polvo de sus huesos con el polvo de los bosques […], verán, como nosotros también, que en la extensión de sus recuerdos de gloria nada hay más grande que Bolívar».4

El Libertador, Simón de Bolívar y Palacios (1783-1830), aquel que murió como había nacido, desnudo, tendría en adelante el primer reconocimiento público en Cuba. La propuesta de Carlos de Velasco, aparecida en Cuba Contemporánea, la acogió el periódico habanero La Discusión, y El Nuevo Diario, de Caracas, en sus ediciones respectivas del sábado 5 de enero de 1918.

El consejal capitalino Lorenzo Fernández Hermo presentó antes de esa fecha una moción al Ayuntamiento de la provincia. Era la sugerencia de Carlos de Velasco, y así lo reconoció. En lo sucesivo «[…] las calles de Reina y de la Marina, en toda su extensión (que, en no lejano tiempo, ha de ser una de las más importantes de la Ciudad, con la prolongación de las obras del Malecón), se denominen respectivamente Avenida “Simón Bolívar” y Avenida “George Washington”, celebrándose dichos actos, al ejecutarse oportunamente esos acuerdos, con la mayor solemnidad posible, invitándose al efecto al ilustre Cuerpo Diplomático en nuestra Nación…»5

El periódico caraqueño dirigido por Santiago Key Ayala, admitió, según el despacho de Carlos de Velasco, que Venezuela correspondería a similar acto patriótico y latinoamericano, «[…] poniendo el nombre de Martí a una de las principales calles de la ciudad capital, Caracas, como podemos afirmarlo no solo por los informes privados que obran en nuestro poder, sino por los que revelan los conceptos finales del párrafo en que El Nuevo Diario recoge nuestra nota al artículo del Dr. Porras Troconis (titulado Bolívar y la independencia de Cuba), donde este prueba, con documentos irrefutables, que Bolívar quiso libertar nuestra tierra».6

La fecha tentativa del cambio de nombre a las vías ocurriría el jueves 10 de Octubre de 1918, medio siglo del Grito de Yara, gloria de los cubanos que se lanzaron a la lucha por la independencia nacional. Un día antes, dice La Discusión, de La Habana, el Ayuntamiento refrendo el acuerdo.  Carlos de Velasco sugirió otro calendario para los vínculos indisolubles entre Cuba y Venezuela: el sábado 19 de abril de 1919.

Lo dice en carta al erudito cubano José Manuel Carbonell, uno de los oradores escogidos para el acto patriótico y de hermandad latinoamericana, al cual asistirían el cuerpo diplomático y los residentes extranjeros radicados en la capital.

Ya para entonces, en días previos, Caracas exhibía en una de sus calles el nombre de José Martí, lo atestigua Carlos de Velasco, y también lo refrenda Armando Rivas Vázquez, representante de esa colonia extranjera en la capital cubana, y otro de los oradores del acto escenificado en la esquina de las calles Aldama y Reina, ya daría nombre a la Avenida Simón Bolívar, en La Habana, según insinuó el periódico El Mundo, de La Habana.7 La Banda Municipal interpretó los himnos nacionales de ambos países.  Carbonell pronunció un discurso efusivo:

«[…] Se dice Bolívar, y hasta la tierra siente los escalofríos de la epopeya; se iluminan los montes al resplandor de los incendios libertadores; flotan al mástil los ensueños de tiempos legendarios, se ven pasar los héroes, llaneros y cholos, y rotos y gauchos, haciendo trepitar la pampa salvaje bajo los cascos redentores de sus corceles en desenfrenado galope; un soplo de victoria refresca los corazones, y parece que vibran en homérica diana los alegres clarines de Pichincha y Carabobo, de Ayacucho y de Junín…»8

La Avenida Simón Bolívar, según el imaginario popular todavía sigue llamándose Reina, y la Plaza Martí, en Caracas, lo expuso El Universal, de esa capital, en la edición del miércoles 26 de febrero de 1919,9 eran una realidad en el «[…] propósito de laborar sin tregua por la humana idea de congregar los países latinoamericanos en una confederación de estados, consagrando así los previsores evangelios políticos del Libertador», dijo Carbonell. 

Después de concluido el acto, ante el monumento a Martí en el Parque Central de La Habana, el Cuerpo Diplomático, el pueblo aglomerado, y otros insignes personalidades nacionales, depositó una ofrenda floral al Apóstol cubano. Ricardo Gutiérrez, ministro de Colombia, expresó la gratitud de las cinco repúblicas, hijas del esfuerzo de Bolívar: Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia. El sueño de Cuba Contemporánea, y del nacionalista Carlos de Velasco y Pérez, el hijo natural de Santa Clara, era una realidad para propagar aún más el genio profético del Libertador de América.

NOTAS

1-     Cfr. Notas Editoriales: «Un gran honor al director de Cuba Contemporánea», en revista Cuba Contemporánea, 4(1):95-96, tomo xi, La Habana, mayo de 1916.

2-     Gabriel Porras Troconis: «Bolívar y la independencia de Cuba», en revista Cuba Contemporánea, 5 (3): 191-209, tomo xv, La Habana, noviembre de 1917.

3-     Cfr. N. de la D. de C.C: Idem., p. 191. Texto redactado por Carlos de Velasco.

4-     Ernesto de la Cruz: «El genio político de Bolívar», en revista Cuba Contemporánea, 3(2): 321, tomo x, La Habana, octubre de 1915.

5-     Cfr. Notas Editoriales: « Bolívar, Washington y Cuba», en revista Cuba Contemporánea, 6 (2): 259-260, tomo xviii, La Habana, octubre de 1918.

6-     Idem., p. 260.

7-Cfr.  Notas Editoriales: «Las Avenidas Bolívar y Washington», en revista Cuba Contemporánea, 6(3):372-373, tomo xviii, La Habana, noviembre de 1918.

8-     Cfr. Notas Editoriales: «Bolívar y Cuba. Venezuela y Martí», en revista Cuba Contemporánea, 7(77): 150-160, tomo xx, La Habana, mayo de 1919.

9- Idem., p. 160.

GARCÍA CATURLA HEROICO Y PURO

GARCÍA CATURLA HEROICO Y PURO

Por Jesús Díaz Rojas (Escritor cubano).

(Palabras pronunciadas en San Juan de los Remedios en ocasión del aniversario 110 del natalicio de Alejandro García Caturla, el más universal de los naturales de la Octava Villa de Cuba, y padre junto a Amadeo Roldán del sinfonismo nacionalista en una vertiente afrocriolla de profunda raigambre mundial).

 Arrullado por el canto de Diana, la madre, y los cantos de la negra nodriza, un niño duerme en cuna de mimbre trenzado, sobre finos y blanquísimos pañales de seda y algodón. Siete días de marzo se han desprendido del almanaque y seis años han trascurrido desde el inicio del siglo veinte.

Silvino, el padre, puede descansar satisfecho pues tiene garantizado el futuro de la familia con el pequeño abogado que duerme frente a sus ojos.

Diana la madre, se estremece al presentir que al niño no le caben en el cuerpo la verdad y los sueños y que esto, a la larga, le causará problemas. Entonces, lo levanta de la cuna,  aprieta al hijito contra su pecho y jura protegerlo mientras le asistan las fuerzas.

Alejandro – defensor de hombres- que así le pusieron, además de Tomás y Evelio y Othón- para al final llamarle Nené o Alex;  es un niño rubio como el sol, de piel suave y blanca, tan blanca que puede el resplandor dañarlo- por eso resalta entre los brazos de la negra manejadora, por eso se siente a sus anchas entre los pechos grandes y negros que lo amamantan.

Silvino y Diana, la abuela, los tíos, la familia toda, siempre desearon un niño fuerte, inteligente y culto, por eso le procuran toda suerte de maestros. La tía lo lleva al teatro y al coro de la iglesia del Buenviaje, y la madre- sentada al piano- le canta canciones y arias de óperas y le lee obras de teatro y poemas– pero como les nació enfermizo- le permiten el juego, las aventuras y cuanta travesura se le ocurra. Tal vez por ello casi se ahoga cuando se lanzó al río sin saber nadar, tal vez por ello esté un poco engreído y prefiera agregarle huevo a cuanto alimento le ofrecen, no importa sean frijoles o mantecado.

Impetuoso y vivaz no le alcanza el tiempo para realizar los que desea. Se mueve inquieto entre lo blanco y negro, entre el amor y los odios. Consentido por lo negro y consentido por los blanco. Blanco y negro, como las teclas del piano que la madre toca en las tardecitas húmedas, esas que muchas veces le negaron la posibilidad del juego con los chicos del barrio cuando sus ruegos lo solicitaban: «déjame jugar, aquí al ladito mamá, aquí cerquita, mira que mis amigos me están esperando».

Niño de nácar entre amigos de barro, de cedro y ébano. Amigos libres manchados de frutas y hierbas, sentados en la acera alta, conversando de lugares distantes en donde los tambores ponen como loca a la gente y es imposible contener los pies.

Niño travieso, inquieto, se escapa, tiene alas y, a veces Diana no lo encuentra en la acera y lo busca desesperada por todos los recodos posibles, hasta que aparece, sudado, excitado, con el pelo vuelto un revoltijo y entra a la casa como una tromba, se sienta en un rincón, callado, quieto, con los ojos cerrados, como soñando no sabe la madre con qué mundo. Luego repasa las lecciones de música y se le escucha protestar cuando el majadero violín le niega la nota deseada.

Canta Diana la madre. Canta Avive, la manejadora. Canta el niño, alto y afinado en el coro de la iglesia. Cantan los amigos en el solar percutiendo latas y piedras, batiendo manos. Canta una y otra vez mezclando las canciones…

Repito, era marzo en su séptimo día y estas cosas se fueron sucediendo hasta concluida la segunda década del siglo pasado.

Tenía catorce años cuando fue a residir a la vivienda que hoy es museo. La casa donde nació – como ven - no es digna de verse. La dejaron a merced del tiempo y, los vecinos necesitados de espacio, la fueron dividiendo hasta hacerla irreconocible.

Tenia catorce años, la edad exacta para escribir en el autógrafo de una amiga: el amor es un sentimiento heroico y puro…. Es heroico por que no reconoce límites ni tiene fronteras, porque no respeta edades, razas, colores, familias, posiciones sociales, gustos, antagonismos…. Catorce años para aseverar que la carrera que más le gustaba era la de derecho: porque me gusta la igualdad ante todo.

De la música no escribió nada en la libreta de la amiga. Esa la tenía en el alma.

Alejandro García Caturla. Alex. Niño grande heroico y puro. Heroico en el amor, puro en la justicia, ambas cosas en la música cumple hoy 110 años. Al más universal de los remedianos… felicidades. 

CUBA; EL HIMNO DE LA PATRIA

CUBA; EL HIMNO DE LA PATRIA

Por Luis Machado Ordetx

               «no es posible que sea digna ni feliz la sociedad en que   

               haya unas clases que vivan a expensas de otras…»

                   Diego Vicente Tejera, Club San Carlos, Key West, 1897.

 

Durante una conferencia ofrecida a los obreros cubanos, emigrados durante la guerra de independencia, la necesaria como denominó Martí, el pensador Diego Vicente Tejera, reclamó lo que aún significaba entre los «hombres el derecho y la justicia, acaso lograremos, presentándolos unidos a nuestra fuerza colectiva, que no nos cojan más la parte que nos toque en el reparto terrenal», idéntico espíritu que primó entre todos desde aquel 10 de Octubre de 1868 cuando Carlos Manuel de Céspedes, en La Demajagua, clamó y enrumbó el camino de la patria independiente.

 

Pasaron 10 días, y en Bayamo, con un «sol refulgente», se estrenó aquella pieza musical que luego devino en el Himno Nacional de Cuba tras la primera victoria militar de aquellos hombres que se lanzaron a la manigua, acompañados de esposas e hijos, para defender un ideal: morir en el empeño por lograr la soberanía del poderío español de entonces.

 

Aquella llama de combate, que después aparece en ocho versos, surgida de la firmeza popular que acariciaron sus autores (Perucho Figueredo, letra, y Manuel Muñoz Cedeño, música), hizo que Martí, el «peregrino viril», como lo denominó Max Henríquez Ureña, exclamara que «tengo de Bayamo el alma intrépida y natural»,  símbolo caliente  de rebeldía ciudadana en proseguir esa lucha que confirma: «la patria os contempla orgullosa», como apunta el himno.

 

No por gusto, en 1923 desde las páginas de la revista habanera Cuba Contemporánea, el dominicano Federico García Godoy, declaró que la «Virtud fundamental y suprema es el sentimiento consciente de lo que es positivamente la patria (…) Desde casi el instintivo apegamiento al pedazo de tierra, al rincón en que se nace y se vive, a las múltiples peculiaridades físicas que lo construyen  y lo revisten de especial fisonomía (…), hasta la vibración más alta y compleja de ese sentimiento, hasta la nación en sí», criterio que también entronca con  «el amor dulcísimo» que engalanó Martí.

 

El concepto se funde con lo subrayado por Fernando Ortiz sobre el sentido de cubanidad y cubanía en esa conciencia y voluntad de ser hijo y pertenecer a todos los sueños impostergables de nuestra Isla.

 

Nuestro Himno, entonado al clamor de la victoria mambisa en Bayamo, retumbó nuevamente el 11 de enero de 1869 cuando todavía humeaban las viviendas de los moradores de esa ciudad dispuestos a convertirla en cenizas antes de entregarla a las fuerzas colonialistas españolas. Era y será siempre el canto de guerra y soberanía que jamás claudicará en el recuento de las epopeyas libertarias.

 

Ese representa el sedimento de la Cultura Cubana, con sus símbolos: bandera y escudo nacionales que perpetúan en las letras y las artes un sentimiento de firmeza prolongado en el tiempo, como dijeron nuestros nacionalistas de principios del pasado siglo: «Marchad adelante, en el cumplimiento de la misión que nuestra generosidad ha impuesto; pero marchad con energía y con cautela» para «A las armas valientes corred» en la historia libertaria. Representa el espíritu ciudadano, como impusieron  y decidieron por voluntad aquellos padres fundadores que dieron el primer grito de «libertad o muerte» desde la manigua oriental, y aún se prolonga en la actualidad. 

 

Ahí están las fuentes nutricias de la Cultura Cubana, y del canto que enarbolan versos, o la música, las letras y el gesto que distingue al hombre en nuestra historia pasada o presente.

 

Es la espiritualidad de la nación  forjada al calor hidalgo, como exteriorizó Bonifacio Byrne, en el lugar en el cual «no deben haber dos banderas/ donde basta con una: la mía», para hondear gallarda.

 

Una melodía, sonoridad y texto únicos, ennoblecen nuestro himno patrio; ese que no cree en límites geográficos, o en contenes intelectuales en la inmensa condición genérica de pueblo, como apuntó Fernando Ortiz. La patria está aquí, siempre latiendo insobornable con su himnario histórico, tal como se entonó en 1868  Bayamo, primera ciudad fieramente libre de nuestro país.

 

 



MARTA ABREU: DISLATES HISTÓRICOS DE UN LIBRO INFECUNDO

MARTA ABREU: DISLATES HISTÓRICOS DE UN LIBRO INFECUNDO

Por Francisco Antonio Ramos García y José Miguel Dorta Suárez

 

 

A propósito del libro Marta Abreu, la caridad como energía creadora, de Josefina Toledo.

 

 

En un trabajo anterior habíamos afirmado que: Todo sol tiene sus manchas y las del sol que, sin dudas, parecen ser la enorme cantidad de errores de todo tipo que se encuentran en Marta Abreu, la caridad como energía creadora, (1) libro de la destacada escritora, historiadora y biógrafa cubana Josefina Toledo.

 

 

Hoy vamos a dedicarnos a analizar algunos de esos errores, los más notables. También, por qué no, ciertos destellos de los pocos que tiene. Ya en la página seis chocamos con el primer dislate, la autora al comentar sobre la fundación de Santa Clara y la misa fundacional; basada como consigna en el texto Cuba en la mano, enciclopedia ilustrada de la República de Cuba. Talleres Gráficos de Úcar, García y Cía, La Habana,1939.

 

Josefina plantea en una nota a pie de página (la seis): «Las fuentes que he podido consultar no consignan la fecha ni el nombre del sacerdote celebrante de aunque como hipótesis, la fundación debió ser después de 1706 y antes de 1722…»(2)

 

 

Para quien en la nota cuatro cita al historiador Manuel Dionisio González y su Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción, editada en 1858, no podían existir dudas en cuanto a este tema, eso está claramente dilucidado en la referida obra, además para nadie es un secreteo que Santa Clara se fundó el 15 de julio de 1689.

 

 

 En la página ocho aparece la siguiente pifia, al continuar comentando sobre la fundación de Santa Clara y su desprendimiento de Remedios: «Después de varios años, en 1843, San Juan de los Remedios fue declarada como jurisdicción reconocida de Santa Clara…» (3) Este hecho ocurrió realmente mucho antes, el 28 de julio de 1696.

 

 

Ya refiriéndose a la vida de Marta y Luís Estévez en la página 21, no considera autonomista a Luís Estévez, al comentar la guerra de los diez años y a la filiación indeterminada del padre de Marta afirma: «Sin embargo, el matrimonio de Marta Abreu y Luís Estévez siempre sería consecuente con el ideal independentista que ambos habían abrazado».(4)

 

 

La militancia autonomista de Luís la refieren casi todos los biógrafos de Marta, y para alguien que dice:  «la revisión de todos los textos exegéticos dedicados a esta mujer me permitió aprender mucho sobre ella y su contexto histórico y, sobre todo, constatar cómo se repiten lindamente unos a otros». (5)

 

 

Esto no podía haber pasado por alto. Estévez pasa al separatismo ya en Francia a finales 1895 o principios de 1896. Sobre la militancia de Luís en las filas del autonomismo, por citar una fuente reciente, se puede consultar hoy el texto de Rolando Rodríguez García: Cuba: Las Máscaras y las Sombras. La primera ocupación. Editorial de Ciencias Sociales. II Tomos. Habana 2007. (6)

 

 

En la Página 22 consigna la fundación de la escuela para niñas pobres Santa Rosalía en enero de 1882: «En enero de 1882, en vida de su madre y cumplimiento de sus deseos, Rosa, Marta y Rosalía fundan la escuela para niñas pobres Santa Rosalía».(7)

 

 

 

Este hecho ocurriría 3 años más tarde el 28 de diciembre de 1885, según asevera una de las fuentes más seguras en lo que se refiere a las obras benéficas de Marta, el folleto Homenaje de Villaclara a Marta Abreu de Estévez, editado por el Ayuntamiento de Santa Clara en 1895 por la Imprenta El IRIS en 1895. (8) Ya la madre de Marta había fallecido el 18 de octubre de 1882.

 

 

En la Página 38: Hace una exhaustiva historia del obelisco a los padres Conyedo y Hurtado de Mendoza y termina: «se acordó emplazarlo en el Paseo Vidal (…) El monumento fue develado y bendecido el 15 de julio de 1886». (9)

 

 

Todavía en 1886 faltaba mucho para que nuestro parque fuera denominado de esta forma. Lo cual se efectuaría en 4 de marzo de 1899. (10) Curiosamente Rafael Marquina en su Alma y Vida de Marta Abreu”, Editorial LEX.,La Habana, 1951. También comete el mismo error. (11)

 

 

Más adelante en la página 51 refiriéndose a 1895 manifiesta: «En ese mismo año dispone la construcción del paradero de ferrocarril entre Santa Clara y Cienfuegos, cuyo frontón felizmente aún ostenta su nombre». (12)

 

 

Marta no hace nada de esto, sino que el 12 de diciembre de 1894, el Señor. Francisco Paradela administrador del ferrocarril de Cienfuegos a Santa Clara y quien estaba remozando la estación de ferrocarril de Santa Clara propone con motivo del Homenaje que se efectuaría a Marta por la inauguración del alumbrado eléctrico, nombrar la estación Marta Abreu. (13)

 

 

En la página 76 Josefina plantea: «En junio de 1893, el matrimonio Estévez-Abreu viaja a París y se establece en su residencia de la calle Beaujon del sector Paris número 8. Desde la Ciudad Luz, Marta Abreu dispuesta a cualquier sacrificio para contribuir a la independencia de la patria, sigue siendo la gran Benefactora de los villaclareños y de todos los cubanos necesitados que acudan a ella». (14)

 

 

Esto en realidad ocurre en 1895, en junio de 1893 Marta se encuentra en EE.UU. visitando la Exposición Internacional de Chicago, en unión de su esposo e hijo y el profesor de este último, Carlos de La Torre. Después continúan hacia Francia y no se conoce en esta fecha de sus aspiraciones independentistas.

 

Esto, sin embargo, es utilizado por la autora para justificar una hipótesis que había manejado con anterioridad: «El primer nexo personal de Marta con Ramón Emeterio Betances parece originarse a partir de la relación ejemplar con su amiga boricua Lola Rodríguez de Tió…En carta enviada desde La Habana, con fecha 5 de diciembre de 1893, le escribe la poetisa y patriota boricua: Sra. Da. Marta Abreu de Estévez. Mi inolvidable y querida amiga del corazón, (…) Le envío a ud. un fragmento de la carta del Dr. Betances, un amigo del alma, a quien yo respeto como a un padre de la patria antillana,(…) Le envió a ud. una tarjeta para Betances con su dirección por si atendiendo a su súplica hecha por mí, para otros a quienes yo no me atrevo a acercarme quiere usted mandarle algo para el pobre ciego - ¡Cuánto se lo agradecerá a ud. mi viejo amigo el Dr Betances! Ah ¡Si ud lo conociera vería en efigie viva al nazareno como hubiese sido si no hubiera muerto a los 33 años! (…) Betances tiene anegaciones de redentor y ternuras de inagotable amor! Ud. y Don Luís lo querrían y estimarían mucho porque es hombre intachable…» (15)

 

 

Pero nadie mejor que Josefina sabe que esto no ocurrió pues en una de las 22 cartas de Lola a Marta que la misma autora reproduce en su libro “Lola Rodríguez de Tió” publicado por Ediciones Unión en La Habana en el 2007, exactamente en la del 14 de septiembre de 1894 Lola escribe: «Mucho me alegraría que Ud. conociera al venerable Dr. Betances - ¡tiene un alma toda bondad y luz!».(16)

 

 

Por otra parte Luís un poco más tarde el 18 de mayo de 1902 en la revista Cuba y América en un artículo titulado “Todo predisponía en su favor” se referiría al que ocupara el cargo de Delegado del Partido Revolucionario Cubano en Francia durante toda la contienda: «Le conocí en París el año de 1895 y una irresistible corriente de simpatía me atrajo hacia aquel ilustre portorriqueño que por sus propios méritos supo hacerse un lugar en la capital del mundo y conquistar allí la cruz de la Legión de Honor…» (17)

 

 

Volviendo al inicio, si en verdad Marta en 1893 hubiera estado “dispuesta a cualquier sacrificio para contribuir a la independencia de la patria” el 18 de junio de 1894 Betances no hubiera aconsejado a Gonzalo de Quesada: «que José Martí no venga a París en busca de auxilio porque no los conseguiría». (18)

 

 

Esto lo expresa a raíz de observar que: «a mí no me frecuentan los miembros de esta colonia cubana, si existe, los revolucionarios no están bien vistos en dicha colonia».(19)

 

 

La idolatría de Josefina por Lola la lleva a afirmar que la poetisa y patriota portorriqueña estuvo en la Inauguración del Teatro La Caridad el 8 de septiembre de 1885 (20) cuando en realidad en esa fecha, según la misma Josefina, Lola se encontraba en Puerto Rico.  Otro tanto le sucede cuando manifiesta: «Los festejos de todo el pueblo santaclareño, con motivo de la inauguración del público, culminaron al día siguiente con una gala especial de homenaje a Marta Abreu que contó con la presencia de la poetisa y patriota puertorriqueña, su amiga Lola Rodríguez de Tió…»(21)

 

 

Lola no estuvo en esos festejos ocurridos a finales de febrero y principios de marzo de 1895, en una carta suya a Marta fechada el 11 de marzo de 1895 la misma escribe: «He estado todos estos días displicente y recogida en cama, pero hasta el oscuro rincón de mi cuarto llegaron los ruidosos ecos de la fiesta dada en su honor, repercutiendo en mi corazón la alegría de ese noble pueblo…» (22)

 

 

Cuando uno lee el libro de Josefina por momentos se lleva la impresión de que el título del mismo en vez de Marta Abreu, la caridad como energía creadora, se llama “Lola y Marta o Lola la mentora de Marta”, cosa esta última que nunca fue así, sí existiendo entre las dos una gran amistad.

 

 

En la página 54 la Toledo escribe sobre la partida de Luís y Marta al exilio parisino ya que los festejos por la inauguración del alumbrado eléctrico en Santa Clara habían sido tomados por las autoridades españolas como una celebración del reinicio de la lucha independentista: «Pocas semanas después de aquellos grandes festejos y homenajes, probablemente a finales de marzo de 1895, Marta Abreu, como otros ricos hacendados, toma junto a su familia el camino del exilio y regresa a su residencia parisina…» (23) 

 

 

Esto no ocurre en esa fecha, en cualquiera de sus biógrafos podemos encontrar la fecha exacta: 16 de junio de 1895 a bordo del vapor La Navarre, (24) además existe una carta de Lola Rodríguez de Tió fechada el 13 de junio de 1895 donde esta se lamenta de la próxima partida de Marta y su familia para París: «¡Que olas bonancibles empujen la gallarda nave hasta tocar las riberas de la hermosa Francia!…Salude a Estévez y a los demás y Ud. llévese si no le aumenta la carga todo el cariño de esta amiga y también el de todo mi hogar… Yo espero verla antes que se vaya ¿verdad que sí? Suya Lola». (25)

 

 

Otro gazapo aparece en la página 57 donde la autora escribe: «En carta enviada desde París a don Tomás Estrada Palma, el 10 de julio de 1896, escribe: “Quiera Dios que estemos asistiendo a los últimos momentos de dominación española en Cuba, pues mi espíritu se conforta mucho con la actitud unánime de los cubanos de rechazar la inoportuna autonomía».(26)

 

 

 Esta carta en realidad es del 8 de noviembre de 1897 lo que se puede comprobar en la biografía: Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero, de Manuel García Garófalo Mesa, donde se encuentran textualmente todas las palabras de la cita de Josefina. (27) El 10 de julio de 1895 es cuando Marta le dirige a Estrada Palma su primera carta en respuesta a una que este le había enviado el día 5 de junio anterior, en la misma la patriota se refiere a otras cosas. (28)

 

 

 En la página 71 plantea al comentar sobre el dinero enviado por Marta a la revolución: «El conjunto de todas esas erogaciones sobrepasa los 210 000 pesos…» (29)

 

 

Cuando desde hace bastante tiempo se demostró que al dar esta cifra Garófalo en su Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero, de 1925 se equivocó (30) y en realidad la suma fue de cerca de 150 000 pesos. (31)

 

 

Estos son algunos de los errores que hemos advertido en el libro de Josefina, los más importantes, pues existen otros como por ejemplo confundir al biógrafo Manuel Garcia – Garófalo Mesa con su padre Manuel García – Garófalo Morales. (32) Atribuir a Marta una donación hecha en 1894 para la reconstrucción del Convento de los Padres Pasionistas (33), cuando fue Rosalía su hermana quien efectuó la donación. La fecha en que Marta dona dinero para la construcción de la logia Progreso (34). La fecha de inauguración del monumento a Marta en el parque Leoncio Vidal Caro, que la autora plantea ocurrió el 24 de febrero de 1924, (35) evento que sucedió en realidad el 15 de julio de 1925.

 

 

 No obstante todo lo anterior existen algunos destellos en el libro que contribuyen a conocer más sobre Marta, su familia y su obra, en primer lugar la valentía de la autora cuando plantea en la página 1: «Después en la Universidad de La Habana, Marta Abreu nos fue mencionada como una de las figuras más representativas de la poderosa plutocracia criolla y, sin decírnoslo se asumía que no era necesario destacar demasiado sus donaciones de dinero para la Guerra de Independencia…» (36)

 

 

También Josefina reproduce dos cartas inéditas de la poetisa Luisa Pérez de Zambrana, (37) en la primera la misma le solicita un favor y en la segunda se lo agradece. En la página 16 reproduce (38) parte de uno de los famosos cuadernillos, de los que poco nos deja ver, donde Marta con 18 años escribe sobre lo que parece ser un desengaño amoroso. El tratamiento que da a una posible relación amorosa entre Pedro Estévez y Patria (39) la hija de Lola en las páginas 75 – 78, aunque en este aspecto consideramos que pudo tratar el tema con mayor profundidad y, por último los detalles que ofrece, aunque algo imprecisos, sobre el proceso que llevó a la separación de Pedro Estévez de su esposa Catalina Lasa. (40)

 

 

Otro aspecto a destacar es que por primera vez en más de cincuenta años una editorial de rango nacional, Ciencias Sociales, haya publicado algo sobre Marta Abreu.

 

 

 Tal vez algo embullados por la reconocida calidad de la escritora, la cual ya nos había proporcionado con anterioridad las 22 cartas inéditas de Lola a Marta en su biografía sobre la primera y su acceso a los documentos inéditos del Fondo Marta Abreu de la Biblioteca Nacional nos hizo esperar mucho más de Josefina de lo que nos podía dar y el resultado como hemos expresado, nos haya defraudado tanto, dejando un sabor amargo y, por lo menos, aquí, en Santa Clara, muchos veremos más las manchas del sol de la escritora que los fulgores.

 

 

Santa Clara 19 de abril de 2015

 

 

 

NOTAS

 

1-V. Luís Estévez fue un mujeriego empedernido. http://cubanosdekilates.blogia.com/2015/041601-luis-estevez-romero-fue-un-mujeriego-empedernido.php (Disponible, jueves 23 de abril de 2015).

2- No comprendemos porque Josefina va a consultar un texto tan antiguo, es como tirar por la borda todo lo hecho en cuestiones de historia local por los historiadores de acá, que después de muchos esfuerzos y años de espera pudieron publicar la “Síntesis histórica municipal: Santa Clara” Ver: Hedy Hermina Águila Zamora y otros: Síntesis histórica municipal: Santa Clara, Editora Historia. La Habana.2010.

3- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ciencias Sociales. La Habana 2014, p.  6.

4- V. González, Manuel D: Memoria Histórica de Santa Clara y su Jurisdicción. Imprenta El Siglo, Santa Clara, 1858, pp. 57-58. O también, Hedy Hermina Águila Zamora y otros: Síntesis histórica municipal: Santa Clara, Editora Historia. La Habana.2010, pp. 20–21.       

5- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ciencias Sociales. La Habana 2014, p.  21.

6- Ídem., p. 2.

7- Rodríguez García, Rolando: Cuba: Las Máscaras y las Sombras. La primera ocupación. Edit. Ciencias Sociales. Tomo I. Habana 2007. Págs. 98 y 285

8- Toledo Benedit Josefina: Ob. cit., p.  2.

9- Ver: Ayuntamiento de Santa Clara. Homenaje de Villaclara Marta Abreu de Estévez. Imprenta El Iris. Santa Clara 1895, p. 14.

10- V. Lucha, La: Magazine. Provincia de Santa Clara. Habana. 1926. Pág.55.

11-V. Marquina y Angulo, Rafael: Alma y Vida de Marta Abreu, Editorial LEX. La Habana, 1951, p. 146.

12- Toledo Benedit Josefina: Ob. cit., p. 51

13- V. Actas Capitulares del Ayuntamiento de Santa Clara correspondientes a los días 12 de diciembre de 1894 y 27 de febrero de 1895. Las mismas se encuentran en el Archivo Provincial de Historia en Santa Clara.

14- Toledo Benedit Josefina: Ob. cit., p. 76.

15- Ídem., p. 56.

16- Toledo Josefina: Lola Rodríguez de Tió .Ediciones Unión. Habana. 2007, p. 168.

17- Estrade, Paul: Iniciación a Betances. Casa de las Américas. Habana. 2008, p.  125.

18-  Ídem., p.  58.

19- Toledo Josefina: “Lola Rodríguez de Tió”, Ob. cit., pp. 52-56.

20- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora, Ob. cit., p. 49.

21- Toledo Josefina: Lola Rodríguez de Tió  Ob. cit., p. 177.

22- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 54.

23- Toledo Josefina: Lola Rodríguez de Tió. Ob. cit., p. 179

24- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 57.

25- V. García Garófalo Mesa, Manuel. Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero. La Moderna Poesía. Habana. 1925, pp. 182–183. Las fechas de las cartas de Marta a Estrada Palma se pueden verificar por el “Inventario General del Archivo de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano en New York (1892-1898)”. Tomo I. La Habana. 1955. Publicado por el Archivo Nacional de Cuba y donde aparecen en las páginas 1 y 2 las fechas de todas las cartas dirigidas por Marta a Estada Palma.

26- V. García Garófalo Mesa, Manuel. Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero. Ob. cit., p. 159.

27- Ídem., p. 158.

28- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 71.

29- García Garófalo Mesa, Manuel. Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero. Ob. cit., pp. 190-191

31- V. Martínez Rodríguez, Florentino. Marta Abreu y Arencibia. Biografía de una mujer excepcional. Editorial LEX. La Habana. 1951, pp. 169-170. También Marquina y Angulo, Rafael: Alma y Vida de Marta Abreu. Editorial LEX. La Habana, 1951, pp. 54-55. 

32- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 68.

33- Ídem., p. 45.

34- Ídem., p.  25.

35- Ídem., p. 97.

36- Ídem., p. 1.

37- Ídem., pp. 44-45.

38-  Ídem., p. 16.

39- Ídem., pp. 75-78.

40- - Ídem., pp. 84-85.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANTONIO MUÑOZ, EL GIGANTE DEL ESCAMBRAY

ANTONIO MUÑOZ, EL GIGANTE DEL ESCAMBRAY

Por Luis Machado Ordetx

 

Palabras insertadas en el prólogo de El Gigante del Escambray (Colección Infinito, editorial Mecenas, Cienfuegos, diciembre de 2014), del periodista, escritor y estadista Osvaldo Rojas Garay, el slugger de Báez. Aborda la biografía de Antonio Muñoz Hernández, el mítico número 5 de los equipos de béisbol Las Villas, Azucareros, Sancti Spíritus,  Cienfuegos y CUBA durante 24 series nacionales (1967-1991), y una cronología detallada de sucesos históricos que distinguen al carismático pelotero entre los más destacados del pasatiempo nacional en el último medio siglo de la centuria pasada.

 

Emerson, el filósofo y escritor norteamericano dijo que una biblioteca es una especie de gabinete mágico. Ahí radica el sigillum autenticum de Osvaldo Rojas Garay. Muchos lo catalogan como  enciclopedia deportiva andante. Otros lo distinguen por sus certeras valoraciones, o contrastes de fuentes documentales.  De un modo u otro el periodista villaclareño tiene un inusitado entusiasmo por la memoria y la mirada que recorre las líneas e imágenes impresas en los archivos atesorados en el ámbito familiar. La papelería que conserva, casi de manera artesanal, ya comenzó a mostrar otros “frutos”: sus libros.

 

 

La grandeza del ferviente slugger de Báez, nacido en 1962 en las cercanías de Guaracabulla, el centro de Cuba, estriba en la humildad Formó los “legajos” cuando apenas era un niño. Tuvo la “osadía” de recopilar recortes de publicaciones periódicas cubanas o extranjeras referidas al deporte o las culturas nacionales. Montañas de papel lo acompañan en el afanoso empeño por establecer conexiones entre hechos-atletas, escenarios y apreciaciones.

 

 

El universo “técnico” de búsquedas se amplió luego de culminar los estudios filológicos en la Universidad Central, y acoger las redacciones de prensa en Cienfuegos y Villa Clara. Desde esos  lugares asumió otros encargos de las redacciones urgidas de aportaciones de datos históricos.

 

 

Casos y cosas del béisbol (Capiro, 2011), lo catapultó al mundo de las estadísticas, anécdotas y curiosidades surgidas después de 1959 en el deporte de las bolas o los strikes, el denominado pasatiempo nacional. El libro en sus dos ediciones está agotado en Cuba. El proyecto inicial, ya ampliado, figuró como resorte para otros textos escritos y pendientes de publicaciones.

 

 

No es solo la pelota, como a cualquier otro cubano, el apasionamiento de Rojas Garay. Los relatos, más allá de la capacidad del cronista por enriquecer la estética de la palabra escrita u oral, radican en la conformación del apunte. Tienen el sentido polifónico del hallazgo y la originalidad de descubrir la relevancia que en otros “rastreadores” de historias, por lo general,    pasan inadvertidos.

 

 

En Rojas Garay no predominan los discursos rebuscados. El periodismo es su principal arsenal para examinar, investigar, explicar y entender lo que pasó en sucesos pasados o presentes, y referidos a un personaje o una ocurrencia deportiva. De ahí el análisis cronológico y la curiosidad revelada. Nada tiene protocolos o metalenguajes específicos. Mucho menos el ornamento del adjetivo, las rupturas de frases hechas y de figuras retóricas. Los textos, con ingredientes narrativos y elementos argumentativos, están enriquecidos por la observación directa o los datos que acumuló. Su afán último es encender y propagar la pasión de atletas y aficionados.

 

 

El cronista Rojas Garay tiene un estilo llano, directo y objetivo. La pretensión, como en otros colegas, subyace en la exaltación deportiva, y en la capacidad de colaborar con un dato, o cotejar una historia y hallar sus fuentes nutricias.

 

 

Allá en julio 1993, en “La Explosión de las 12”, el célebre programa que gestó en la emisora CMHW en ocasión de las Olimpiadas de Barcelona, sostuvo una animada polémica con el historiador Edel Casas Vegas (1926-2008), y surge el ¿tema?: los jonrones del Señor Pelotero Luis Giraldo Casanova. Todavía algunos fanáticos recuerdan la anécdota relacionada con los ¿tres batazos de cuatro esquinas? en un juego de la V Copa Intercontinental, de Edmonton, Canadá.

 

 

Rojas Garay disertó, “memoria en ristre”, y dijo que Casanova ganó la triple corona en esa ocasión, con 517 de average, 6 cuadrangulares y 19 impulsadas. ¡No fueron tres jonrones en un partido, como apuntó Casas Vegas! El que dio tres vuelacercas en un desafío fue Omar (El Niño) Linares, en la Intercontinental de 1989. El Señor Pelotero había logró esa hazaña en el Campeonato Mundial de 1990.

 

 

Sin petulancias, el amistoso “match” entre Casas Vegas y Rojas Garay quedó sellado en empate. Algunos dieron el punto a favor del joven “estadístico” de Báez. Desde entonces era una voz respetable en las compilaciones “caseras” de efemérides y acontecimientos insólitos que involucran a atletas y disciplinas deportivas, y en especial a la pelota cubana.

 

 

Ahora, por fortuna, aparece otra de sus excelentes investigaciones: El Gigante del Escambray,   referida al legendario inicialista Antonio Muñoz. De la biografía, por supuesto, nada diré. Con puntos y apartes Rojas Garay retoma el periplo beisbolero de quien considera su “Ídolo” exclusivo. Es el reconocimiento de un hombre, un deportista, que entregó en los terrenos nacionales o foráneos  la pasión y los atributos de una cultura que identifica con sus particularidades derivadas al cubano: la pelota.

 

 

Todavía hay muchas historias perdidas que reclaman búsquedas, investigaciones y escrituras. Una de las más sorprendentes estrellas de la pelota cubana está olvidada. El nombre de una calle de Santa Clara lo recuerda: ¿Quién no conoció a Alejandro Oms Cosme (1895-1946), y de su exitoso paso por los Clubes “Tosca”, o “Leopardos”, “Habana” y las giras por Venezuela, México y Estados Unidos.

 

 

El Caballero Oms  requiere una historia para cualquier curioso de la pelota cubana. En la temporada 1922-1923 debutó como center field en el club “Santa Clara”, y formó parte, junto a Pablo “Champion” Mesa y Oscar Charleston, de la mejor triología de jardineros de todos los tiempos en Cuba.

 

 

La última aparición de Oms, ya enfermo, fue con el equipo Almendares. Jugó a instancias de Adolfo Luque. Ya la clásica majagua parecía un objeto inútil en las manos del recio pelotero de Santa Clara, y a los pocos días, ciego, agotado por completo, yació moribumbo en el Sanatorio “La Esperanza”, de La Habana, donde lo aguardaba una triste caja de pino para su enterramiento. ¡Qué vergüenza!... El pueblo cubano, que lo estimaba y reconocía sus méritos, se indignó. No permitió que fuera despedido como un hombre cualquiera, sino como gloria del deporte. Sin embargo, aún aguarda por una biografía que lo enaltezca. Otras figuras de la pelota, vivos o muertos, también esperan por los investigadores cubanos.

 

 

Los estudios de este tipo, tal vez brotaron en Cuba por la región central: Luis M. Domínguez, matancero-cienfueguero, redactor de La Publicidad, de Santa Clara, dejó un ¿libro? Jamás he visto uno de los 500 mil ejemplares editados, pero las reseñas de la prensa de esa época lo atestiguan: Mi vida en el base ball: Conrado Marrero (1953). Es el testimonio que ofreció el Guajiro de Laberinto (1911-2014) sobre su paso deportivo por los equipos Cienfuegos, Havana Cubans, Almendares y el staff de lanzadores de los equipos nacionales en competencias extranjeras. En el momento en que apreció el ¿libro? Marrero, con 42 años de edad, era monticulista de los Senadores de Washington.

 

 

Otras biografías de peloteros cubanos son más recientes: Conrado Marrero. El premier (2000) y José Méndez. El Diamante negro (2004), ambas del pinareño Severo Nieto. También está Martín Dihigo. El inmortal del béisbol (2006), y Un astro del montículo. El diamante negro (2009), escritas por Alfredo Santana. La recreación de  particularidades  del desenvolvimiento humano en el pasatiempo nacional tiene en José A. Martínez de Osaba y Goenaga a uno de los principales puntales: El niño Linares (2002), Pedro Luis Lazo, el rascacielos de Cuba (2010) yEl Señor Pelotero (2011). Hace años salió a la luz pública Agustín Marquetti número 40 (2008), de Dulce María Sotolongo, y ahora Rojas Garay redescubre al mayor jonronero zurdo en la historia de Series Nacionales de la pelota cubana.

 

 

Otras investigaciones de Rojas Garay están sobre el tintero, en su escritura de “gabinete”, de archivo “andante” en montañas de papelerías. Ya tiene algunas terminadas, como “Casos y cosas del Deporte”, en todas aparece el hecho insólito, como el ocurrido en la primera Copa de Fútbol, en Uruguay, 1930, cuando en los 18 partidos celebrados no hubo juegos empatados.

 

 

Sin más, dejo a los lectores con Osvaldo Rojas Garay, un magnífico slugger de Báez, quien coronó otra de sus aportaciones trascendentes: el recuento de una leyenda viva del béisbol cubano, Antonio Muñoz Hernández, el mítico Gigante del Escambray, un hombre de todos los tiempos.

 

REMEDIOS TIENE VOCES PARRANDERAS

REMEDIOS TIENE VOCES PARRANDERAS

Por Luis Machado Ordetx

 

Los parciales parranderos de los barrios El Carmen y San Salvador, en Remedios, la otrora Octava Villa de Cuba, comenzaron a instalar sus respectivos trabajos de plazas y carrozas con el propósito de desarrollar la folklórica festividad el próximo 24 de diciembre, momento que antecede en 2015 a la celebración de los cinco siglos de fundado el caserío que fundió a habitantes originarios y españoles llegados a la región con el conquistador Diego de Velázquez.

 

 

De acuerdo con investigaciones históricas los orígenes de la parranda surgida en Remedios y extendida luego a la región central, se remontan a 1820, fecha en la cual se formó una tradición cultural y folklórica que abarca 17 ciudades y localidades radicadas en Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.

 

 

Eso determinó que el pasado año fuera declarada Patrimonio Cultural de la Nación, dado el carácter popular-folklórico y artístico que se refleja en los trabajos de plaza, las carrozas y la variedad de fuegos artificiales, y típicos repiques de las contagiosas músicas de barrios contrincantes, con pregones y faroles específicos, así como disímiles instrumentos, entre los cuales resaltan rejas, cencerros, tambores y trompetas.

 

 

Los parranderos de un lado y otro, utilizan atributos y colores diferentes, donde destaca en San Salvador el gallo y el rojiazul, mientras El Carmen emplea el globo y el carmelita. También en sus representaciones artísticas se agrupan por igual la música, la literatura con mitos y leyendas, la danza, el teatro y los oficios tradicionales perpetuados por continuidad de generaciones remedianas.

 

 

Francisco Reinaldo Gutiérrez, presidente de los parciales de San Salvador, estima que, a pesar del arribo a destiempo de recursos materiales (maderas, acetileno y hasta componentes de pirotecnia), la parranda es un «hecho grandioso en el cual  mostrarán una carroza con tema de la cultura India, civilización milenaria asiática, y sus particularidades tradicionales conservadas luego de las conquistas musulmanes y los colonizadores europeos», precisó.

 

 

El trabajo de plaza está relacionado, indicó, con las historias de las ocho villas fundadas por los españoles en Cuba, y constituirá un vistoso acontecimiento que recrea los 500 años de San Juan de los Remedios, territorio que en 2015 festejará la efeméride histórica.

 

 

Ambos momentos de la fiesta, carroza y trabajo de plaza, fueron seleccionados a partir de trabajos insertados en un concurso, del cual se eligió el más representativo en cada caso, y de acuerdo con criterios de los parciales del barrio, así como de otros motivos de la celebración (tiro de voladores, palenques, morteros y los changüí callejeros), darán un inmenso lucimiento a la salida de los remedianos de San Salvador por los alrededores de la céntrica plaza de Remedios.

 

 

La joven artista de la plástica Viviana Mederos García forma parte del equipo que labora en la terminación del trabajo de plaza distinguido por abarcar más de 200 metros cuadrados de paños de luces de colores, un suceso no logrado en anteriores parrandas.

 

 

Omar Camacho Valencia preside el barrio El Carmen, y aseguró  el trabajo de plaza, con 85 metros de altura aborda una leyenda de la Amazona, con sus encantamientos, mitos y realidades de los pueblos originarios de América, mientras la carroza aborda un tema japonés. Esas proyecciones artísticas, a diferencia del barrio San Salvador, no se presentaron a concursos de oposición, y fueron escogidas por la directiva del barrio, detalló.

 

 

El talón de Aquiles reside en las acciones de los fuegos artificiales (voladores, palomas, morteros y palenques), pero cuentan con material suficiente para hacer estremecer la parranda durante la noche-amanecer del próximo 24 y 25 de diciembre, momento cumbre de una festividad cultural de inmenso arraigo entre los cubanos y visitantes foráneos.

 

Durante esas jornadas saldrá un ganador: el pueblo y su cultura arraigada por sucesivas generaciones, tal como ocurre en las Charangas de Bejucal, o los Carnavales de Santiago de Cuba, hitos en las artes y la historia cubanas.  

¡LA PATRIA!, PRIMERO

¡LA PATRIA!, PRIMERO

Por Luis Machado Ordetx

 

Antes que el sagüero Jorge Mañach apuntara aspectos del carácter y la personalidad del cubano en su Indagación al choteo (1925),  los nacionalistas caribeños fueron definitorios al observarlos desde una triple influencia: la educación, el medio social y el contacto con otras civilizaciones.

 

 

En Cuba Contemporánea (1913-1927), se inscriben la indisciplina, el choteo y la burla, con propensión constante a la broma y la explotación del lado ridículo de las cosas, así como la informalidad, el sensualismo, la novelería, el pesimismo (como predisposición frente a la esperanza o el optimismo), la frivolidad y la docilidad, o carnerismo, para soportar un sometimiento.

 

 

Ninguno de esas particularidades del carácter del cubano, incluidos su hospitalidad, sinceridad o nobleza, están ausentes en la actualidad dentro de las actuaciones del cubano contemporáneo. Una vista a las realidades y sus conductas se distingue a partir de una valoración formulada por diferentes teóricos nacionales que observan nuestra realidad desde óticas diversas.

 

 

                       «…para vivir y morir, si toca el momento, la Isla»

                                                           Los niños se despiden

                                                Pablo Armando Fernández

 

 

En el diario acontecer la cultura cubana se multiplica. No en el instante específico, sino siempre, en todos los desafíos que la acorralen. Martí habló sobre el himno nacional y «se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres»  a pesar del riesgo de prender la patria, amenazada constantemente de momentos difíciles.

 

 

Ahí está la trascendencia del 20 de octubre, cuando en 1868 Pedro (Perucho) Figueredo, allá en Bayamo, aportó su indómita marcha a la determinación de lucha del pueblo, y el himno se convirtió en canto de rebeldía de voces multiplicadas por la historia. Desde entonces vibró el empuje de los padres fundadores de la nación, prevenidos en  abonar valores e identidad imperecedera. No importa que nuestra época proponga transformaciones para el sostenimiento del país, de la cultura y la historia independentista y de progreso social. Lo importante es la marcha, siempre continua.

 

 

El cubano conoce a la perfección, y su cultura lo acendra, cómo prepararse para cada asalto, debate o tiempo. Ese constituye el sentido de la Isla: percibir el horizonte y circunstancia de cada época y su tiempo. El camino de la unidad, y el respeto a la diversidad se abren paso, sin la existencia de silencios, de disimulos o actos callados en el no decir la verdad. Es el fogonazo del país, y la patria clama, al diálogo sostenido, invariable, o justo, aunque, a veces, los caminos sean tortuosos y llenos de incomprensiones.

 

 

Todos vivimos inmersos, y más ahora, en una frecuente e intensa pugna de valores. Fernando Martínez Heredia, en El corrimiento del rojo (2001), dijo que en estos tiempos, los nuestros, resultará  «necesario derrotar las creencias acerca de las relaciones y representaciones  capitalistas como algo dado, de origen externo, que resulta inevitable aceptar». A partir de las transformaciones que asume el modelo económico, como alternativa viable contra el capitalismo y sus signos, no podremos retroceder, y la mirada del teórico resulta válida.

 

 

La ruta por recorrer, sin dudas, recalca  más al país en un proyecto integrador y participativo sin despilfarrar el bienestar de todos y con todos, como aconsejó Martí. Tendremos que actuar no solo contra el individualismo y los estereotipos foráneos, sino, además, frente  a la banalidad, la “novelería”, la mediocridad material y espiritual, o el deterioro de los valores humanos y…

 

 

Jamás podrá aceptarse que las reglas del juego en la cultura sean impuestas por el capitalismo y su homogenización predominante en los consumos espirituales. Desde la perspectiva de la cultura, más allá de los peligros que entraña el presente, o futuro, se defiende a Cuba. Es la continuidad del legado de los fundadores de la nación, y también del vivir socialista, o participativo. Lo nacional existe en nuestros símbolos, en el imaginario social y colectivo, y está ahí, junto a todos.

 

 

En la actualidad, dijo Martínez Heredia, el tejido social cubano se complejiza y «diversifica cada vez más y con celeridad; la diversidad social se despliega, frente al ideal de homogeneidad que reinó durante décadas; y esas formas de organización social tienen nuevos efectos y mayor incidencia en la totalidad social». Tiene razón, y laboramos para superar los posibles tropiezos dentro de nuestra capacidad y cultura de resistencia, vistas con otros ojos: desde la perspectiva de dimensión propia y sin retrocesos, o imposiciones exteriores.

 

 

Un siglo atrás, Mario Guiral Moreno, desde la modesta configuración del ferviente nacionalista, precisó  en algunos “Aspectos censurables del carácter del cubano”, no vistos en aquellos tiempos como  «dechado, en fin, de todas las virtudes», y compaginó determinados defectos que en la actualidad tienden a la reiteración.

 

 

El articulista de Cuba Contemporánea alertó en la indisciplina, junto al frecuente choteo, considerados definitorios de una actuación requerida de rectificación inmediata.

 

 

La disposición de tomar en «broma todos los actos de su vida, aun los más serios» para explotar el lado ridículo de los acontecimientos, «ora escogiéndolos como temas para sainetes del género bufo, ora sacando de ellos asunto para canciones y dichos populares», necesitaban desterrarse a partir de la educación cívica, los modales familiares, el comportamiento ciudadano y el respeto al otro, como símbolo de la pluralidad.

 

 

Incluso, declaró que el más simple de los mortales se «cree autorizado para emplear en todo momento la chanza, la burla; y el más encopetado de los jefes de cualquier empresa se halla expuesto a que, tras un confianzudo tuteo, el último de sus subalternos le dé el día menos pensado, en son de broma, un suave golpecito familiar en el hombro o en la mejilla». Lo denomino incultura, o improcedencia de una ética alejada del tono civilizado y la responsabilidad y el civismo nacional.

 

 

No erró el curioso cuando también afirmó, como particularidad reclamante, que junto a la indisciplina, o el choteo, preexistía la informalidad en los deberes, derechos y ofrecimientos sociales, o deberes institucionales. Ejemplos sobran… Desde el deterioro de la cultura ciudadana, de normas de convivencia, hasta el irrespeto de los espacios públicos.

 

 

Evelio Rodríguez Lendián, otro jurista relacionado con el cuerpo de redacción de la publicación nacionalista de principios del pasado siglo, al analizar el pensamiento de José Antonio Saco, el abolicionista enfrentado a las tentativas de anexión, afirmó que  a «la patria se le sirve de varios modos: el guerrero la sirve con su espada; el poeta con su lira, el escritor con su pluma, el hombre de ciencia con sus descubrimientos geniales, el artista con las creaciones de su rica fantasía…»   ¿Qué es?..., pues cultura, acatamiento a una compatibilidad nacional, o comunidad de bienes, y patria como primer blasón independiente y antimperialista, como forjó Martí en los ideales supremos de los deberes del cubano.

 

 

Es, tal como en una ocasión dijo Manuel Calviño, intercambio, diálogo entre subjetividades dispuestas a la producción cultural en un país que forma parte de la existencia de todos y con todos, sin imperios ni exclusiones. Nadie es cubano por accidente, alertó. Lo que se es, admitió el pedagogo, enaltece un servicio público, porque crea valores y conciencias en el hombre que recibe emociones y se armoniza con sus semejantes.

 

 

Son ideales, más allá de equivocaciones, como los encara la Revolución con carácter irrenunciable, de mejoramiento humano, y demuestran que el cubano siempre estará dispuesto a vivir de otro modo: el mejor de los posibles en una sociedad en constante perfeccionamiento.

 

 

No obstante, como advirtió Martínez Heredia, en las últimas décadas la cultura del capitalismo ensancha una «combinación de gran madurez para integrar o neutralizar retos pasados, un control cualitativamente superior de la producción y el consumo culturales y un verdadero programa de dominación cultural». Admite, la «eficacia de los callejones sin salida» para consolidar la manipulación del potencial de rebeldía de los pueblos.

 

 

Hay que enfrentar, sustentó, un enfrentamiento a todo vestigio de cultura enemiga  que aparece disfrazada como «un «progreso, un acomodo a nuevas circunstancias». Por tanto, junto a la nación, nuestra cultura, hay que salvar al país desde la perspectiva de la diferenciación y de la diversidad social, y en la defensa del orgullo histórico del ser cubano, sin que existan espacios vacíos, de legitimación de deberes y derechos, en el ámbito nacional.

 

 

 Será la vía para conducir la búsqueda del bienestar y la felicidad de todos. Por tanto: la Patria, ¡primero!..., con una cultura nacional sin concesiones o acatamientos, como soñó Martí.

 

 

SANTA CLARA, CÁNTICOS AL PADRE Y LA MADRE

SANTA CLARA, CÁNTICOS AL PADRE Y LA MADRE

Por José Osvaldo Saavedra Olivera


Desde Madrid escribe mi amigo, hermano, también un fabuloso cibernético, documentalista y buscador de las bellezas naturales.

 

Quiero compartir, aunque pasó dos días, el encuentro de ese hurgador de historias íntimas, con los lectores.

 

Tal vez, y estoy seguro, luego de terminar mi libro de ensayo Ciudades en pugnas (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 2014), no concordar en sus puntos de vistas. Ya escribiré los míos, y casi seguro, hablaremos sobre idénticas nostalgias y misterios proporcionados por el tiempo y la corrosión impuesta por otros en la desatención al patrimonio histórico de una localidad: la nuestra. 

 

Tal vez denomine con mayores aciertos a Santa Clara, en el centro de Cuba, una ciudad de Telarañas, desde que surgió como pueblo el 15 de julio de 1689 luego del desprendimiento “despótico” de San Juan de los Remedios, pero prometo mayores respuestas. No obstante, vale la apreciación nostálgica de Saavedra.


 

Hoy cumple trescientos veinticinco años mi amada ciudad, donde hace unas décadas me dejó una cigüeña en brazos de mi madre. Al menos eso fue lo que me contaron en mi niñez. Y yo que me lo quise creer.

 

Ahora lejos de allí, desde Madrid, la ciudad que por leyenda urbana, todos dicen está muy cerca del cielo, siento el deseo de dedicarle unas letras a mi Santa Clara añorada.

 

Hace ya unos años, cuando creo cumplía sus trescientos, en una tarde muy linda, desde la loma del Capiro, quise yo dedicarme una encomienda para con mi ciudad. Desde allí aun con mis sueños de niño, - aun mi niño vive en mí -, deseaba empeñarme en dedicar algo de mi vida, simple y ligera, a la ciudad que me vio crecer, no mucho de tamaño, algo más de espíritu.

 

Siento desde la distancia que aún le debo algo, pues todo lo digna y sencilla que puede ser mi vida, se la debo a mi familia y amigos, que allí tuve, que algunos también aún lejos piensan siempre en Santa Clara. Y a otros tantos, los más, que viven allí.

 

No sé si será mucho, contar y hablar de mi ciudad, cuando viajo y ando por otras tierras.

 

Sólo sé y puedo decir, o más bien repetir una frase que leí en una carta reciente, que recibí de mi madre y citó mi padre.

 

Decía mi padre cuando se le convidaba a viajar que pare él la capital del mundo es el Parque Vidal de Santa Clara.

 

Quiero hoy que todos los que reciban este correo, sientan esa pasión, amor y admiración, que siente un anciano como mi viejo, por esa ciudad tan mágica que es Santa Clara.

 

Gracias Papi, tú me enseñaste la aventura, tú me llevaste de la mano por toda Cuba. Y si el deseo de conocer el mundo prendió en mí, creo en gran medida te lo debo a ti y a la libertad y motivaciones que enseñó también mi madre para que “la maldita circunstancia del agua por todas partes” no frenara mi vida.

 

Pero más que todo, por la suerte de saber que la felicidad se busca y se encuentra en el camino. Pero nace en tu ciudad, en tu lugar en el mundo, y nos acompaña donde quiera que estemos, sólo hay que sentirla y vivirla.

 

Hoy quiero sentir que mi padre es feliz, allí en su Parque Vidal, en su Santa Clara querida.

 

Sientan hoy también ustedes eso mismo.

 

Saavedra desde Madrid

 

15 de julio de 2014