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HISTORIA Y CULTURA

Encuentro de Lectores tabacaleros

Encuentro de Lectores tabacaleros

Por Luis Machado Ordetx

 

Desde el siglo antepasado las instituciones relacionadas con el universo del tabaco, tras concluir las faenas de recolección y curado de la hoja, irradian Cultura con lecturas de textos literarios o la difusión de materiales aparecidos en  la prensa plana y audiciones de programaciones radiales.

 

No se concibe el hacer tabacalero sin la presencia del lector, profesional de la palabra hablada existente en Cuba desde mediados de 1850, fecha en que también se arraigó por la emigración en el sur de la Florida.

 

El miércoles próximo, en Ranchuelo, se reunirán los 50 lectores villaclareños, con el propósito de analizar los resultados del primer curso de capacitación profesional, impartido por especialistas de la esfera de la Cultura y la Comunicación Social.

 

También se tributará un homenaje a los lectores tabacaleros, por el desempeño permanente en fábricas de torcido, despalillos y escogidas, y resaltarán la figura de José Martí, quien entre el 19 y el 26 de noviembre de 1891, recorrió instalaciones que elaboraban habanos en la Florida, con el fin de aunar fuerzas y convocar a la Guerra Necesaria por la independencia de la Patria.

Supuesto silencio expresivo

Supuesto silencio expresivo Por Luis Machado Ordetx 

Una predilección, próxima al gusto infinito por lo espiritual, definen el rumbo natural de las estructuras estróficas de la poesía que, amontonada por años, teje como orfebre María Elena Salado Díaz, componedora desde 1980 de una voz singular en el tratamiento a disímiles temas abrazados a moldes clásicos del verso.

 

Desde el taller literario Antonio Hernández Pérez, en el natal Caibarién, se situó entre los fundadores de esa institución y demarcó un sentido por el soneto —combinación métrica de los catorce versos endecasílabos—, y consolidó el decimario popular y culto con la publicación de Con la voz de mi pupila, recogido en 2002 por la editorial Capiro.

 

El goce del autodidacta la llevó hasta las dificultades del ovillejo, rareza métrica que privilegia el octosílabo y la rima aconsonantada, y como muestrario conserva un folleto listo para imprimirse en España.

 

Tiene varios libros terminados, donde aparecen la satisfacción por la décima, el soneto y la literatura infantil, y en los últimos tiempos ajusta canciones, muchas ya difundidas por músicos villaclareños en diferentes regiones del país.

 

 Ante tanta sorpresa por lo elaborado como una artesana, no quedó otra alternativa que indagar sobre las consideraciones que atribuye a  la poesía, su aire espontáneo, en una creadora, casi anónima para unos e insustituible por su constancia y dedicación en otros.

 

Es una respuesta puntual al sentido de la vida, su reconstrucción, y al vínculo con la gente y su algarabía extraña y misteriosa, donde, en mi caso, se cuenta desde la óptica del recreo de los hechos en estructuras nada fáciles, de la métrica y la rima, para aprovechar el sonido, el tímbre y la recogimiento de la palabra.

 

— ¿En ese donaire persisten estímulos y maestros? 

 

— Sí, desde el autodidactismo perfeccionista que se alcanza a partir de la lectura de manuales de preceptiva literaria, el espacio diario, el optimismo y la espontaneidad o naturalidad del trato y el comportamiento del hombre, hasta las enseñanzas brindadas por los versos de Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, José Martí, Juan Clemente Zenea, Julián del Casal y otros. No olvidaría a los coterráneos Antonio Hernández Pérez y Ramón Arenas Hernández, a quienes se agradece desde el humor hasta la rabia que sintieron al enfrentar la vida.

 

— ¿Y el recogimiento en la composición musical de dónde viene?

 

— Bueno, la poesía sin música no existe,ya sea interior o exterior, pero lo cierto es que en algunos de los textos escritos, el discurso está muy próximo, pegado, a la expresión de una canción, al son, la guaracha y el bolero, y así surgieron con temáticas que van desde la perspectiva de lo amoroso hasta lo social. El verso no se abandona jamás, sino que se agiganta en cada espacio, y consigue resonancias en un escenario o en una simple lectura intimista. Ahí está «Denúdame la piel», apareció como soneto y tomó el camino de la canción, lo que obliga por el momento a revisar otros materiales con posibilidades similares. 

 

Un tiempo atrás hubo en tu casa una peña literaria. ¿Por qué aquí?  

 

— Mira, dificultades familiares impedían salir sistemáticamente a la calle, entrar en contacto con las tertulias y los creadores, y un grupo de amigos, escritores, músicos, pintores, teatristas, desde 1999 y hasta el 2001, arribaban a la casa, dos veces al mes, en horario nocturno y en el patio se formaba la Peña de María Elena, donde hicimos lecturas de poemas, distíamos sobre el hacer artístico y desplegábamos labor comunitaria. Luego ese proyecto pasó a la librería y la biblioteca de Caibarién, y  decayó por limitantes laborales de algunos. Sin duda, representó una interesante experiencia cultural.  

                

      ¿Quiénes participaban?

 

      Invitados de todas partes, así como los coterráneos José Lamadrid Vega, Pedro Luis González, Juan Francisco de la Paz, Armando Paz Pineda, Magda Nóbregas, Mayra Pérez, Jorge Peña, el pintor Octavio Carvajal y el trío Los Marinos, por citar algunos. La Peña tuvo un himno, y los recitales iban desde poesía hasta exposiciones informales a la que concurría todo el que lo deseara.  

 

      ¿Dicen que existen posibilidades de reeditarla en el Museo María Escobar Laredo?

 

      Sí, todo está previsto para reabirla lo antes posible, con similares características a la anterior, en mi casa, donde el arte y la cultura trascienda en los encuentros mensuales.

 

      Por supuesto, eso te obliga, ahora que no tienes vínculo laboral activo, a redoblar esfuerzos y dedicar menor tiempo a la creación artística.

       Eso no importa. Siempre habrá un minuto para la creación literaria, aunque el desgaste sea mayor. Antes, otros pensaban en la comunidad, y sigo esa máxima, al tiempo que los versos o las canciones sostengan un paso abultado, porque crecen, y silencio tenga un sentido aparecial en lo expresivo.

Encuentro Memorias de la Ciudad de Santa Clara

Encuentro Memorias de la Ciudad de Santa Clara

Por Luis Machado Ordetx 

El rescate de la historia, las tradiciones, leyendas y personalidades que de un modo u otro resaltan dentro de la idiosincrasia y la Cultura de Santa Clara, desde su fundación en 1689 —fecha en que surgió como asentamiento poblacional originario de la diáspora de San Juan de los Remedios—, hasta la actualidad, convergen otra vez en el encuentro teórico, audiovisual y fotográfico Memorias de la Ciudad que, del domingo al martes, transcurrirá en esa institución de la localidad.

 

En la duodécima edición acuden investigadores, estudiantes y artistas villaclareños que en los últimos años miran el entorno en su impronta interior y los aportes trascendentes de la singularidad cultural y territorial, precisó Roberto Yera Navarro, especialista de la Casa de la Ciudad de Santa Clara.

 

Destacó que tienen inscriptas 60 ponencias, la mayor cifra recibida en relación con sesiones anteriores, así como 7 videos, ningún programa radial, y 10 muestras fotográficas.

 

De esta última, declaró que el jurado seleccionará una para integrar la exposición Mi ciudad en el lente, que se exhibirá junto a la actual muestra de Akitoshi Kondo, fotógrafo japonés que, entre las décadas de los sesentas y setentas, apreció la realidad cubana desde una óptica particular, al tiempo que en su obra artística inserta testimonios gráficos de la vida socio-cultural del país asiático.

 Sobresalen en Memorias de la Ciudad los trabajos teóricos dedicados al estudio de la arquitectura local, y los aportes pedagógicos e institucionales, la vida y obra de personalidades relacionadas con los ámbitos científicos, la música, el deporte y el rescate de los valores patrimoniales y culinarias.

A las puertas del Festival de Invierno

A las puertas del Festival de Invierno

Por Luis Machado Ordetx

 

En noviembre, otra vez, viene el Festival de Invierno, encuentro que anualmente convoca el Cine Club Cubanacán, en Santa Clara, para ratificar el prestigio y la calidad de las propuestas en competencia, un certamen, catalogado por realizadores cubanos, entre los de mayor trascendencia de los efectuados por aficionados.

 

En la ciudad, de 14 al 18, se realizará la edición 23, y hasta la fecha hay inscripta unos 67 materiales fílmicos de cineastas cubanos y extranjeros, así como 14 trabajos teóricos, todos en  representación de los 46 cine clubes del país e invitados procedentes de Europa y América Latina, dijo a Vanguardia Rolando Rodríguez Esperanza, presidente de la institución, próxima a cumplir el 2 de noviembre las tres décadas de existencia.

 

El evento sesionará en el Salón ECO, frente al Parque Vidal, y tendrá como subsedes al teatro de la Universidad Central de Las Villas y a Sagua la Grande, mientras las labores teóricas se efectuarán en la sede de la UNEAC.

 

Las obras concursarán por el Gran Premio Indio Cubanacán, y se entregarán galardones, por calidad y originalidad, en ficción, documentales y animados, y en categorías de realización cinematográfica, actuación masculina, femenina, edición, banda sonora y fotografía.

 

Varias instituciones político-culturales de Villa Clara, entre las que resaltan la UNEAC, UPEC, Biblioteca Martí,  Universidad Central y los Centros Provinciales de Artes Plásticas y Escénicas, junto a otros organismos, se sumarán a la selección y premiación de materiales.

 

El 2 de noviembre, momento de recordación del aniversario de constituido el cine club Cubanacán en la casa de la cultura Juan Marinello —ocasión, además, del natalicio de ese intelectual marxista-leninista—, inaugurarán una exposición de carteles en el Centro Provincial de Patrimonio, luego continuarán con el Festival de Invierno, y hasta finales de 2007 desarrollarán actividades sistemáticas de intercambio comunitario.                                                                 

Desde el escambray al mundo

Desde el escambray al mundo

Por Luis Machado Ordetx

A MACAGUA (Manicaragua).— Empeñado en mostrar los problemas humanos y universales candentes en estos tiempos, sin el imperio de codificaciones o barreras idiomáticas, el Grupo  Teatro Escambray (GTE) no pierde ocasión de confrontación y comunicación abiertas con el público.

 

Tras el estreno en septiembre de La vida en la plaza Roosevelt, original de Dea Loher, con dirección artística de Carlos Pérez Peña, se presentó la semana pasada en Santa Clara, primera actuación después de las realizadas en Ciudad de La Habana.

 

El GTE llegará el 6 de noviembre a los 38 años de existencia, y acostumbrado a lenguajes frescos y funcionalidad en los montajes, inserta desde hace tiempo a jóvenes en formación junto a actores experimentados, en una obra difícil y con resonancia crítica.

Radicado en la región montañosa del Escambray, casi 400 kilómetros de la capital del país, llevaron esa experiencia artística a la Temporada de Teatro Alemán en La Habana, organizada por la Fundación Ludwig de Cuba y el Consejo Nacional de Artes Escénicas, sitio en el cual pulsaron el termómetro de la contemporaneidad.

 

El dramatugo Rafael González Rodríguez dijo que en los últimos tiempos el Grupo Teatro Escambray rediseña el repertorio hacia temas universales, válidos para cualquier contexto y auditorio, con el propósito de ofrecer un discurso que penetre en los problemas del hombre, los conflictos existenciales y su vínculo con la sociedad.

 

No es un abandono de los fenómenos cambiantes del campesinado, de la obligatoria defensa a la lucha contra bandidos y del enfrentamiento al oscurantismo, y del reflejo del ambiente y la confrontación generacional en zonas rurales o urbanas, incluso en la adecuación del panorama teatral universal.

 

De un modo u otro, las historias contadas  —entre las que trascienden La Emboscada, Calle Cuba 80 bajo la lluvia, Molinos de viento, El Metodólogo, La paloma negra, por citar algunas— descansan sobre los escenarios, la memoria y el hacer de servicio comunitario, solo que, tal como expone González Rodríguez, hay un alto para mirar los fenómenos sociales que subyacen en contextos diferentes y que, en definitiva, son idénticos a los que azotan al hombre descontextualizado.

 

De ahí, resaltó, la urgencia en la búsqueda de otros replanteos escénicos: la reflexión, la interpretación y el diálogo constante con el público desde la óptica del análisis crítico de esta época.

 

Precisó, además, que harán el mes entrante un periplo por Sancti Spíritus, sitio al que llevarán similar pieza, mientras laboran en los montajes de She love you, yes,yes, yes —idea original estructurada con cuentos de autores cubanos de la década del setenta—, y el Retablillo de Don Cristóbal, de Federico García Lorca.

 

Ambas, destacó, se incluirán en noviembre durante el programa del Festival de la Montaña, auspiciado por Teatro Los Elementos, de Cumanayagua, en Cienfuegos. La primera pieza, versión  de González Rodríguez, tendrá en lo venidero una o varias puestas en El Mejunje, en Santa Clara, espacio cultural de diálogo con el público, y donde, a través de la actuación, llevarán una época y una historia de los cubanos que suman ahora más de cuatro décadas de vida.

 Otros derroteros, apuntó, están por venir en la mirada universal que persigue un acercamiento a la contemporaneidad y a la historia de los hombres.     

Patria y Cultura

Patria y Cultura

Por Luis Machado Ordetx

Reflexión en voz de todos los cubanos por el Día de la Cultura Nacional, 20 de Octubre, fecha en que en 1868, en Bayamo, se entonó por vez primera nuestro Himno de Combate e Identidad.

Dice en verbo agitado Raúl Roa García que en 1930, a raíz de la muerte de  Rafael Trejo, los estudiantes fueron a pedir consejos ante el maestro Enrique José Varona, y  surgieron interrogantes: «¿Qué hacer? ¿Qué hacer?. Y esta fue la juvenil respuesta: — Resistir y esperar. Es decir: combatir». Previo, a ese histórico acontecimiento, la tónica de la Cultura Cubana marca derroteros en una intelectualidad ávida y dispuesta a afianzar la nacionalidad, la idiosincrasia y la Nación al precio del desgaste o la inmolación. Jamás faltaron soberanos empeños.

 

Tampoco hay necesidad de remisión a los años finales del siglo xviii, cuando desde las páginas del Papel Periódico de La Havana, se pugnó por hacer valer los rasgos distintivos de una psicología y una expresión cultural que, entre muchos, identifica el sentir y la voluntad del cubano inmerso en un contexto propio, exclusivo, y sin parangones en otras regiones del mundo.

 

En escritores y artistas, en hombres anónimos, a lo largo del tiempo, la vocación y la misión de resistiencia trascienden en instantes en los que se  apuntala la razón de ser que tipifica a los nacidos en esta isla, y así fue el bregar por las maniguas, por las calles de las ciudad, por los agrestes lomeríos o en las aguas que fluyen como ideas luminosas por nuestras costas.

 Instantes jamás faltarán para enaltecer a la Patria, y en su esencia confirmar nuestra Cultura humanista y sus proyecciones universales, tal como espetan a los cuatro vientos cientos de conceptos, frases y pensamientos que, como baluartes,  ondean en la memoria histórica o tililan en el combate franco y abierto que tipifica a este pueblo, y no otro, junto a sus hombres, de legionarios cubanos.        

«¡Oh, Salvador criollo, negro honrado!

¡Vuelve tu fama, y nunca se consuma;que en alabanza de tan buen soldadoes bien que no se cansen lengua y pluma!Y no porque te doy este dictado,Ningún mordaz entienda ni presumaQue es aficción que tengo en lo que escribo

á un negro esclavo, y sin razón cautivo»,  Silvestre de Balboa, 1608

 

«[...] Díles que ellos son la dulce esperanza de la patria, y que no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad», Félix Varela, 1830

 «Parece Cuba en los mares—¡Prodigiosa semejanza!—el arco en que el indio lanza

duras flechas de jiquí», José Fornaris, 1855

 «Al combate corred, bayameses,que la patria os comtempla orgullosa;no temáis una muerte gloriosa, 

que morir por la patria es vivir», Perucho Figueredo, 1868

 

«Es cubano todo americano de nuestra América, y en Cuba no peleamos por la libertad cubana solamente, ni por el bienestar imposible bajo un gobierno de conquista y un servicio de sobornos, ni por el bien exclusivo de la isla idolatrada, que nos ilumina y fortalece con su simple nombre: peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana...», José Martí, 1892

 «Si la inexperiencia incubagérmenes anexionistas,precursores de conquistas,

velad vosotros por Cuba», Francisco J. Pichardo, 1908

 «¡Aquí estamos!  ........................Traemos

Nuestro rasgo al perfil definitivo de América», Nicolás Guillén, 1930

 

«Sólo dos elementos precisa para que un pueblo se mantenga al paso de las más genuinas vanguardias y no le inquieten las lozanías de vecinos cercanos: la tierra y la cultura...», Juan Marinello, 1928

 

«[...] la cultura lo es dinámico [...], además, una fuerza [...], es cálida [...], por los sentimientos y las ideas [...] La cultura une a todos [...], puede atraer [...], es libertad», Fernando Ortiz, 1948

 

«[...] hemos querido para el pueblo una vida mejor en el orden material, queremos para el pueblo una vida mejor también en todos los órdenes espirituales; queremos para el pueblo una vida mejor en el orden cultural...», Fidel Castro Ruz, 1961

 «[...] somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres», Che Guevara, 1964

Pinturas del interior de la realidad

Pinturas del interior de la realidad

Por Luis Machado Ordetx 

La reconstrucción de la historia, desde la mirada del asombro y la espontaneidad, pulula en el coqueteo ilímite entre lo tangible e intangible, lo que escapó y aún está, parece desmontar con sus pinturas Nerys Herrera González (Santa Clara, 1943), para, en especie de códices, penetrar con gracia e ingenuidad en recónditos parajes que en otros tiempos cohabitó el hombre en una conformación ciudadana.

 

Nada mejor que las líneas y composiciones, en las que subyace desde el manejo de lo documental y lo corpóreo, para expresar el sentido socio-cultural en que se desenvolvió Marta Abreu de Estévez —la Benefactora de Santa Clara, en el aniversario 160 de su natalicio—, hacen del conjunto de la obra un hecho artístico inusual y trascendente.

 

Nunca antes, que tenga conocimiento, en la perspectiva del sentido de lo Naif, fructifica la devoción por la insigne patriota del siglo xix, y su paso por cuánto dejó y todavía persiste desde la memoria factográfica hasta lo monumental, tienen aquí señoríos inabarcables.

 

Herrera González, en hechuras pacientes, sale de los acostumbrados dominios de los interiores, de los vastos y adorados objetos familiares,  y del sentido intimista del entorno, y ofrece pinturas cargadas de luz y color, así como de cromática peripecia, conformando un tecnicismo en que emerge la mano sabia del dibujante, el consejo y el respeto por el otro, así como el conocimiento de la historia.

 

La originalidad, perspectiva y visión artística del ofrecimiento plástico no está en la reelaboración minuciosa de lo que escapó o permanece. No, el hecho estético abarca, desde una vuelta al pasado, un contexto lingüístico que comunica un entendimiento, en un rasgo personalísimo por mostrar los valores patrimoniales desde la perspectiva de lo pictórico que forma parte de la esencialidad del ciudadano común.

 

Sus ojos, provistos en la expresividad de una decena de piezas, van al detalle, y al regodeo o el conjuro de lo popular, para redescubrir cualidades de la cubanidad. Allí comulga Herrera González, como en  anteriores muestras personales o colectivas, con la depuración de una estilística, y despeja con un sentido de diálogo pictórico, la demarcación del acento del primitivista, amparado en la espontaneidad sugerente del inducido, flota una nota valiosísima del tiempo.

 

Todas la obras, vistas o no, están amparadas en disímiles técnicas que llevan esa carga sugerente y digna de lo espontáneo-popular, como embrión y sustancia del que enfrenta el color, la luz, las líneas, el entorno y la historia como un volcán artístico, capaz de atraer el disfrute, desde la mirada reflexiva y nítida, de un encanto tocado por esa huella no reparada por otros.

 De ahí la dignidad y originalidad de una voz que se levanta para enfrentar con su entendimiento la contemporaneidad de aquello que fue, está o se perdió en el tiempo, pero subsiste en la memoria y el legado documental de una región y su Cultura.                         

Cruzada entre el periodismo y la literatura

Cruzada entre el periodismo y la literatura

Por Luis Machado Ordetx

                               

El hombre es portador de una historia, de testimonio, y de memoria individual o colectiva, en que aparece diseñada la recreación de un fragmento de la realidad mediata o inmediata. Ahí la testimonialidad que ofrece una o varias fuentes sólo resulta posible aplicando técnicas provenientes de diferentes disciplinas teóricas de las Ciencias Sociales implicadas en el rastreo de los fenómenos de entorno y del hacer dentro del plano literario.

 

Por tanto, el testimonio periodístico, de corte directo o indirecto, representa un género que existe, pero no constituye un acontecimiento meramente ficcionado, porque puede ser, incluso, la historia puramente contada o relatada por otros. Los recursos técnico-expresivos e instrumentales periodísticos y literarios son vitales para hurgar un contexto, fundiendo en un solo espacio los métodos de investigación social. En periodismo, el testimonio refuerza el reto informador e interpretador de la dimensión de lo humano y lo cercano a una sociedad contextualizada.

 

El Nuevo Periodismo ofreció matices a la literatura, y noveló los hechos político-sociales, a partir de una capacidad integradora de la contemporaneidad, para mostrar una medida artística en el rompimiento de barreras de ductilidad sorprendente en la exploración de otras zonas desconocidas o no dentro del entendimiento histórico.

 

El periodismo, es obvio, procede de un acto de oralidad o visualidad de un fenómeno dado, muy similar a lo que trasciende en el testimonio, como tendencia contemporánea ubicada en un rango especializado —literario—, que va hacia la perspectiva de lo humano.

   En sí, representa una herramienta para la construcción de realidades diferentes, válidas en la transmisión de la memoria de las gentes o de aquella narración que se filtra y, que a veces, no reportamos en la historia.

Aquí entra en juego el hecho fantástico o imaginado, como experiencia  que condensa la labor creativa del acto de transferencia de lo ficticio convertido en lo aparencial-real.

 

 La incertidumbre aparece en ese trance, y en ocasiones conspira contra lo periodístico. Sin embargo, la búsqueda de actualidad, del detalle que raya en lo familiar y lo verosímil para imprimir confiabilidad al discurso, fundamenta el contrapunto embarazoso que tipifica la frontera entre lo verídico y lo inverosímil.

 

Alejo Carpentier, el más grande de los narradores cubanos, en Tientos y Diferencias[2], acota aspectos sustanciales sobre la teoría de los contextos, y explica, entre otras cosas, el valor sustancial de la composición creativa. Recalca que entre la literatura y el periodismo hay un común modo de componer la escritura, el discurso comunicativo y el manejo de la palabra. El enfoque descansa en el estilo y en el goce estético.

 Evelio Tellería Toca en su Diccionario periodístico[3], indica que el estilo periodístico constituye «[...]  el modo peculiar en que se expresa un trabajo periodístico, y es la manera en que se escribe o se debe escribir para las publicaciones periódicas», y acota criterios de Saínz de Robles, González Ruiz, Santamarina, Fell y Vivaldi, los que coinciden con los expuestos por Carpentier en cuanto al «movimiento de la frase que tiende a saltar ante los ojos de la cara y el espíritu».

En La aprendiz bruja —uno de los textos menos difundidos de Carpentier—, sustenta que «¡Me lo niegan todo¡ Hasta poder sobrevivir en la memoria de los hombres!». Por eso puja. La textualidad endofórmica  punza en el relato de corte testimonial y en su estilo, hasta alcanzar una adecuación definida. La informatividad y la coherencia del discurso ganan vida con el pathos, expresado en las relaciones y el punto de vista espacio-temporal adoptado.

 El periodista, hacedor de un texto con perfil literario, se ubica, en este caso, desde la perspectiva del narrador omnisciente (voz que va más allá, reflejada en la tercera persona), y también equisciente (situada en similar plano del personaje, donde la historia surge en primera persona), hecho que permite al destinatario sacar conclusiones en un argumento  dramático-narrativo donde se enfrentan fuerzas inherentes a la acción.

En el periodismo literario, el escribiente tiene que saber lo deseado y la dimensión del perfil de los personajes, para decantar la historia (conflicto-motivación), y modelar una realidad.

 

Algunos escritores, que de una forma u otra transitaron por el periodismo, e xponen puntos de vista definitorios para desentrañar misterios de esa inusual, trascendente y vertiginosa relación bidireccional.

 

García Márquez, opina que «En el periodismo un [...] dato falso desvirtúa a otros [...] verídicos. En la ficción, uno [...] real puede hacer verídicos a las criaturas más fantásticas». En cambio, el cubano Lisandro Otero manifiesta que «La literatura, a veces, resulta excesiva para cosas que se pueden decir con el periodismo [mientras], en el reportaje uno anda a medio camino. »[4]

 

Otros, como el mexicano Juan Rulfo, indica que «Lo importante es crear imágenes que permitan evocar la realidad», y el dominicano Juan Bosch Gavaria sustenta que «La literatura es arte, y periodismo, creación [...] El periodismo describe y comenta hechos que están ocurriendo, y los expone de forma comentada [...] A su vez, en el periodismo, el lenguaje fluido, común y correcto responde a la comunidad [...] Es la misma realidad social la que indica los temas a registrar o transmitir. [Por tanto] la literatura es también respuesta a esas necesidades sociales y goza de libertades que el periodismo no podría sustentar.»[5]

 

Acogemos el basamento teórico-práctico del narrador y periodista dominicano, porque define, en primer término, la interrelación entre ambas maneras de comunicar y expresar un discurso básico dirigido a fines diversos. Uno no restringe al otro, sino que rediseña préstamos evidentes para establecer y desentrañar la decodificación escrita.

 

En el periodismo o la literatura, el argumento dramático —dentro de la dramaturgia de la comunicación— se alza como uno de los factores esenciales del discurso, y funciona como un desafío, donde la misión del creador estriba en la armonía o coherencia de su disertación. Todo se desenvuelve en la duda aparente, en lo que transgrede una visión. Entonces, cabría preguntarse ¿cómo resuelve el periodista o el literato la construcción de ese argumento? :  en la búsqueda de una identificación entre el destinatario, los personajes y la historia. No obstante, hay que reconocer que el argumento sufre intensas polémicas, acciones interpretativas, disgustos conceptuales...

 

Pero, la historia es la relación de hechos ordenados, con adecuación lógica, discursiva, conflictual, entregados o expuestos en una secuencia lineal o no, donde se evidencia un significado dramático de índole causal, temporal y espacial.  El argumento sintetiza una cualidad especial de adecuar y establecer los cimientos de un suceso de forma narrativa. De la correlación entre las cualidades del hacer, surge el conflicto, único, abierto o solapado, que mueve los efectos que ascienden al desarrollo y desenlace del suceso. Este descansa en fuerza e interacción para el cambio.

 

El argumento —tanto en periodismo como en literatura es la historia que se cuenta, mientras el conflicto y la motivación sirven de apoyatura al discurso—, tiene su subjetividad interior, y un contrapunto exterior, según sea el grado de acabado que fije. Hay una lógica intrínseca a la articulación discursiva, pero se demandan herramientas, oficio, experiencia...

 

Uno u otro no pueden «autodefinirse» como meros narradores o articuladores descriptivos de un discurso. Ambos tipos llegan a fundirse. Miriam Rodríguez Betancourt afirma, con acierto que en literatura y periodismo,  varios recursos van de un lado al otro y se imbrican en el decir, y aclara el ánimo de «[...] privilegiar el presentismo, con la nota significativa que combine el detalle, al tiempo que legue confidencialidad, cercanía, comunión entre las partes enroladas en el hacer periodístico. »[6]

 

Al observar reglas, casi generales y tipológicas de toda descripción-narración, aseveramos mayores coincidencias: brevedad, rapidez, viveza y claridad: la impresión directa y escueta, como de primer golpe de vista, sin rasgos superficiales que provoquen olvido. La atención del lector hay que captarla desde la primera línea —tal vez desde el mismo título—, con una intencionalidad que marque las secuencias de la garra del mejor y más atrayente LEAD periodístico.

 

En la descripción-narración es pecado usar o emplear las palabras inadecuadas. Es más aconsejable decir las cosas en su justo medio, sin medias tintas, transparentes. El diálogo, con la clásica pre-pregunta, abre las sendas de la ruptura entre los personajes, y sintetiza un componente primordial de la narración. Los hechos tienen nombres en gestos que, necesariamente, llevan implícita una descripción, para reforzar situaciones, elementos psicológicos y acciones duraderas que revelen el mundo interior o exterior de los personajes o sus detalles.

 

     La frialdad del diálogo mata la narración-descripción. En el caso del testimonio periodístico, el escritor siempre tendrá que imaginar determinados contenidos, restituirles complejidad, enriquecerlos, humanizarlos venciendo retos, transformando o variando los discursos, acuñando «trampas del oficio». Sin embargo, debe conservarse, por encima de todo, la verdad de lo que estas contando. Uno u otro son mediadores y reconstructores de una realidad.

 

     Hugo Rius Blein afirma que, entre los postulados del periodismo literario «[...]se halla la reconstrucción de la realidad, no en forma estrictamente al pie de las letras, sino salpicada de otras sustancias, porque no hay técnica que no podamos saquear... ».[7] Sobran razones para detallar puntos coincidentes, casi limítrofes entre periodismo y literatura. La escritora Ana Vera insiste en que todo lo testimonial [¿acaso la oralidad no constituye una fuente nutricia de lo periodístico?].

 

«[...] se permite [un] trabajo estilístico concerniente al lenguaje, en busca de la claridad y del esclarecimiento de lo desconocido: es un trabajo de prospección, de indagación en la verdad desconocida, y le da buen espacio a la vivencia directa de los testigos».[8]

 

Otro estudioso, Juan Gargurevich plantea que «El testimonio en cualquiera de sus formas (autobiografías, memorias, diarios, confesiones, agendas, cartas, conversaciones) es conocido desde muy antiguo en la literatura que hoy llamamos de no-ficción, es decir, de hechos reales. Cualquier relato histórico edificado a la base de las impresiones y visión personal del autor encaja dentro del género».[9]

 

Afirma que «Cuando la intención del escritor es periodística, es decir, traslado de información a un público lector, el testimonio está restringido normalmente a un hecho de características, de alto valor noticioso transcurrido en un espacio relativamente corto de tiempo».[10]

 

Insiste que en “El testimonio se escribe de manera cronológica, y en todo caso, con un sumario inicial que resalta la importancia del texto (a modo de lead). Se supone que sus valores noticiosos llamarán de inmediato la atención del lector, y en cuanto al estilo, éste dependerá de la capacidad del redactor para ilustrar con palabras su experiencia. »[11]

 

Otros recursos mutuos (entre literatura y periodismo, y en particular del reportaje), decantan: el uso de la escena y el resumen, los vasos comunicantes —escenas opuestas que se integran y relacionan entre sí—, el dato escondido ante un problema cotidiano, la efervescencia de figuras de la retórica y la construcción del pensamiento...

Del personaje hay que saber más: sus costumbres, actos, y el recreo de la época en que se circunscribe, para hallar y explayar la ambientación adecuada sujeta a la verosimilitud y a una óptica indirecta -donde habla el narrador y parece que es el personaje- que se adueñe de la transparencia de los sucesos contados.[12]

El periodismo demanda y reclama un espacio, porque cada día las historias descritas son mejor contadas, disponen de recursos más elegantes, donde el receptor obtiene su propia valoración, tal como sugirió Brecht. Será esa una meta para ganar espacios halagüeños y de credibilidad ante un alter cada vez exigente y refinado en la elección de lo que realmente llena de satisfacción espiritual. Un producto de esos vuelos, de un modo u otro, salido de nuestras mentes a la vuelta de los retos y desafíos que imponen las nuevas tecnologías, deambula suelto por muchas páginas y acontecimientos de la realidad.

 

Lo importante estriba en reconocerlo por su eficacia comunicativa en el instante en que el testimonio no desvirtúe la realidad que recrea un instante o un fragmento particular en la vida del obre. Ahí cobra dimensión y alcanza otros vuelos significativos en el camino del hacer excelente periodismo.

 


[1]- Martí, J. (1963): «Prólogo a Los poetas de la Guerra», en: Obras Completas, tomo 1, pp. 235-240,  Editorial Nacional de Cuba, La Habana.[2]- V. Carpentier, A. (1989): «Problemática de la actual novela latinoamericana», en Tientos y Diferencias, pp. 7-35, Editorial UNIÓN, La Habana.[3]- Cfr. Tellería Toca, Evelio (1986): Diccionario Periodístico, pp. 126-131, Editorial Oriente, Santiago de Cuba.[4]- Rius Blein, Hugo: «Tendencias del periodismo contemporáneo», Conferencias impartidas en la Facultad de Periodismo, Universidad de La Habana, 2000. (En disquete).[5]- V. Bosch, J. (1999): Apuntes a la interperie. Editorial Oveja Negra, Caracas, Venezuela. Los elementos están muy relacionados con los expuestos por Miriam Rodríguez Betancourt durante el curso introductorio de las «Tendencias Contemporáneas del Periodismo», ofrecido en el Diplomado de Periodismo Internacional, Instituto de Periodismo «José Martí», Ciudad de La Habana, junio de 2001. [6]- Rodríguez Betancourt, M.: «Disertación sobre las Tendencias Contemporáneas del Periodismo». Acápite de relaciones con la literatura. Idem. [7]- Rius Blein, H.: Op. Cit.[8]- Vera, A.: «Polémica sobre el testimonio. La voz de los que no tienen voz», en: Revista UNIÓN, p. 25, La Habana, 2000.[9]-  Gargurevic, J. (1982): «El testimonio periodístico», en Los géneros periodísticos, Editorial Belén, Ecuador.[10]- Ídidem.[11]- Íbidem.[12] Podría aplicarse la máxima de Sum Tzu en El arte de pelear, Ediciones Razón, Argentina, 1993.