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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

CINCO LUSTROS DESPUÉS

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Por Luis Machado Ordetx

 Años después, lógico, rememoro legados tras cinco lustros de realizaciones danzarias en medio de una ciudad que ve pasar a su alrededor a importantes pedagogos y bailarines, rastreadores todos del espíritu folkórico-popular de descendencia africana o hispánica que subyace aún, para bullir de todos, en cualquier recinto que rodee a los cubanos. Ellos se erigieron silenciosos tras las huellas de un sencillo toque de tambor a un orisha —a veces encerrados en la vivienda para evitar el azoro del otro—, hasta aquellos, como Flores Milián, en el central Carmita, empecinado en los albores del nacimiento de 1959 en rescatar el acervo campesino y el contoneo propio que despojan las coreografías del Sumbantonio, La Caringa, El Gavilán y El Zapateo. La fortuna de Flores, ya olvidado, surgió no sólo del recuerdo, sino cuando el intrépido Feijóo recogió en las páginas de Signos una entrevista con el artista, quien reveló historias y testimonios relacionados con la urgencia y el tino del folklore rural. Fue hacedor, además, de un grupo musical acompañante que, en cada presentación en zonas de Camajuaní, hizo delirar hasta los años 80 a los menos intrépidos danzantes, e incluso formó, ante la vejez prematura de algunos de sus integrantes, una cantera de relevos. Similar historia, ahora que escucho dialogar desde la óptica «De lo diverso a lo identitario en la cultura cubana», rememoraría con los impulsos urbanos que recibieron, a golpe de tambor y rumba, algunos de los barrios villareños, émulos, además, de las tradiciones folklóricas dilimitadas por cienfuegueros, espirituanos, trinitarios, y también del occidente y el oriente del país. Pecaría, al cabo de tanto tiempo, si ignorara los legados planteados por los hermanos Víctor y Luis Vázquez Pradera, para que, desde sus deslindes, se acentuara entre todos una tradición artística, de autoctonía y originalidad, en la cual lo propio recibiera, de igual modo, el influjo danzario de otros lares.La pedagoga Sara Lamerán, hasta hace poco, fue alma y guía de las realizaciones danzarias que, año tras año, como hasta mañana, toman por asalto a la ciudad y la envuelven en la magia del movimiento de artistas aficionados, la sonoridad cubana y hasta el diálogo teórico. Hablar de agrupaciones locales y foráneas que intervienen en la cita sería más que extenso por la diversidad de estilos, géneros y tradiciones que difunden, principalmente de raíces hispánicas y africanas. No obstante, en un tanteo, desde Güira de Melena arribó por vez primera Danzarte, agrupación aún joven, que desde un planteamiento técnico-clásico y folklórico internacional, retoma el gusto de las tradiciones de esa localidad habanera por los bailes europeos de salón. Más allá de limitaciones, por supuesto, prenden ahora las enseñanzas que afincan el universo de una idiosincrasia cultural con sólido basamento danzario y musical.

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