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AÑORANZAS POR LAS VITROLAS

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Por Raúl Cabrera Cruz

 

Mi televisor no es ruso, parafraseando al cantautor  Carlos Varela, pero si mi tocadiscos, un ILGA monofónico, que sin ser un modelo de la mejor tecnología de su época, al menos  me permite  disfrutar muchísimo de la buena música de otros tiempos, celosamente recogida en cientos de viejos discos de acetato de 33, 45 y 78 revoluciones.

 

Quizás me tilden de loco por preferir en pleno siglo XXI de la autenticidad de esas joyas sonoras ante la presencia de los CD, VCD, DVD y otros soportes actuales. Todo lo contrario, pero se impone en  mi la añoranza de oír las grabaciones originales de los representantes del panorama musical cubano y foráneo de los años 50 y 60 del pasado siglo, muchas de las cuales lamentablemente se han perdido y otra no rescatadas por la modernidad.

 

Creo firmemente de que las composiciones, intérpretes y los discos viejos son como el vino, mientras más añejados mejores, independientemente de que esa música sea llamada por unos y otros como del pasado, del recuerdo, para «tembos» y desde hace poco tiempo mal encasillada como de vitrola.

 

Precisamente ese último término motivó estas reflexiones, con las cuales pretendo reivindicar el uso en Cuba y, en especial, en Villa Clara  de esos «traganíqueles», que hicieron furor en el país en los años 50 cuando se registraron alrededor de 20 mil,  los cuales servían de verdadero termómetro de popularidad, algo que todavía no podía hacer la radio ni la naciente televisión época.

 

Lo que sonaba en esos aparatos era, sin duda de ningún tipo,  lo  de mayor pegada y aceptación, verdaderos hits. De cantina en cantina Podía apreciarse como se repetían las mismas grabaciones que iban desde la contradanza, el danzón, el son y la canción tradicional, hasta el mambo, el chachachá y algún que otro ritmo foráneo.

 

Es de suponer que en ese amplio abanico  rítmico mayoreaban las canciones románticas, los boleros y las rancheras, algunas de las cuales sus letras eran repetitivas, con marcado carácter machista, hueco y vacío a la hora de contar historias de amor, desamor, traiciones, pasiones cegadas por la infidelidad y otros sentimientos frustrados

 

Fue tal la jerarquía de esos aparatos que incentivó la aparición de creaciones concebidas especialmente para ellas, por lo que llegó a hablarse  del "bolero vitrolero" y muchos autores compusieron piezas que  expresamente  hablaban  de bares y cantinas.

 

Quizás por eso se le llame ahora música de vitrola, pero el termino es falso  y distorsionador de una realidad que muchos recordamos con cariño y profunda emoción.

 

Por azares de la vida comencé mi vida laboral en uno de los tantos bares que existieron en esa época y confieso que sin saberlo empecé a cultivar una cultura musical desde mi puesto de barman o simple parroquiano, junto a amigos, desconocidos y grandes personajes de diferentes localidades.

 

Entre cervezas, tragos de ron y esa música tuve el honor de conocer y ser amigo de grandes intérpretes como  Benny Moré (El bárbaro del ritmo), un coterráneo que nunca olvidó nuestra Santa Isabel de las Lajas, nuestro rincón querido; a un  Lino Borges en pleno apogeo, Kino Morán, Wildredo Mendi y otros.

 

En esos lugares escuché por primer vez las voces prestigiosas de

Pacho Alonso, Fernando Álvarez, Orlando Vallejo, Orlando Contreras, Ñico Membiela, Domingo Lugo, Blanca Rosa Gil, Fernando Albuerne, Miguel Ángel Ortiz y otros tantos cuya música se oía con profusión.

 

También, rondando aquellos  bares, algunos de mala muerte,  oí por primera vez a la orquesta Aragón,   al venezolano Mario Suárez, Juan  Legido, Los Chavales de España, Jorge Negrete, Pedro Infante, Carlos Gardel y los primeros rock and roll del cantante y actor estadounidense Elvis Presley, cuando todavía no era El Rey pero su estilo por ser el más fresco y auténtico pronto le ciño la corona.

 

Si en aquellos tiempos no soportaba  el calificativo de música de vitrola, porque me resultaba despectivo, ahora mucho menos lo admito, por eso resultaron tristes y desafortunados dos recientes programas televisivos que intentaron, si n lograrlo, reivindicar algunos de aquellos temas inolvidables.

 

 Por otra parte, rinde culto y agradezco el  esfuerzo de la emisora provincial CMHW y las nacionales  Progreso, Rebelde y Taíno, que desde diferentes ópticas y estilos dan vida a programas que nos hace recordar, que es como volver a vivir.

 

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