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MARTÍ, ANTICLERICAL

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- Martí:   "anticlerical" revisitado, o una(s)  relectura(s) a  su   paradigma  ético.  Un vistazo a Jesús de Nazaret: un paradigma ético de José Martí, libro de Delio G. Orozco González.

 

 

Por Jorge Luis Rodríguez Reyes (Escritor cubano, residente en Villa Clara).

 

 

 

 

A Cintio Vitier:  

que más que presidente

 de la república de las

 letras, era un sincero

martiano y

un honorable cubano. 

 

 

 

 

Todo pueblo necesita ser religioso. No solo

lo es esencialmente, sino que por su propia

utilidad debe serlo (...) un pueblo irreligioso

morirá, porque nada en él alimenta la virtud.

 

 

José Martí. Hay en el hombre.

 

 

 

 

 

Entre los tangibles e imperecederos aportes de las Publicaciones Territoriales ha estado la descentralización de un discurso habanocentrista  y esto en casi cualquier disciplina, además de la posibilidad real de publicación para cualquier creador nacional, ubicado lo mismo en la falda de una ceiba avileña que en el centro mismo del más  manso o intranquilo  ojo de buey del río Toa.

 

 

Y es que insertado en una polémica (de la) capital  ya casi añeja, (y con aportes, a excepción de pocos, más que beneficiadores: castrantes), la Editorial Orto,  de la provincia  Granma  publicó en el 2005 el  ensayo: Jesús de Nazaret: un paradigma ético de José Martí, de Delio G. Orozco González. Su autor es licenciado en historia e investigador de  la ciudad de Manzanillo y director del Archivo Histórico de dicha ciudad.   El libro recorre una temática de posiciones encontradas entre estudiosos del tema martiano y donde no pocas veces las tensiones han bordeado otros tópicos que escapan al ámbito académico e incluso martiano. 

 

 

¿Por qué se nos ha escamoteado la creencia religiosa de José Martí? ¿Acaso se demerita  por ello?  ¿Y si se admite -de una vez por todas-  que él abrazó  la fe de Dios, dejará de ser nuestro primer hombre? ¿Acaso fue un mero retórico al afirmar aquel día de mayo del 95, en su probable  último discurso -relatado por Manuel Piedra  Martel, en las memorias de ese villareño insurrecto- : "[... ] por Cuba estoy dispuesto a que me claven en la cruz". ?1 Son preguntas que afloran a todo aquel que se adentre en el estudio martiano  y que libros como el de Delio Orozco buscan responder.

 

 

En las primeras páginas del texto de Luis Toledo Sande: Anticlericalismo, idealismo, religiosidad y práctica en José Martí, se cita  lo siguiente: "el sacerdocio católico es necesariamente inmoral".2. Con frases lapidarias como esta se ha construido una imagen de Martí en guerra abierta contra la religión o por lo menos contra quienes la predican. ¿Pero Martí fue siempre tan radical en ese sentido?

 

 

Creemos que no. Martí combatió contra todo lo procolonial y si estos eran hombres de Dios -me atrevo a afirmar que él no concebía nada más importante que la lucha por la libertad de Cuba-, contra estos también lucharía, en bien de la patria. Además, no estamos ocultando la  probada postura anticlerical y laica de muchos de sus textos,  ni siquiera prestamos oídos sordos a textos citados por estos autores, prestos, más que a abordar el pensamiento martiano sin prejuicios o falsas imparcialidades, a luchar contra los llamados por ellos  sectarios, cuestionando a estos que reclamen a Martí para sí; entiéndase: católicos, cristianos, masones, etc. Toda una amalgama social que ve coordenadas dentro del pensamiento  martiano y el corpus de sus postulados.

 

A pesar de ello, afanados han estado la inmensidad de estos estudiosos martianos en un silencio, por lo menos editorial,  en lo relativo a la religiosidad   martiana, que nos hace volcarnos a ese aspecto y dar pistas para que encuentre cada uno  el sendero que desea. El pensamiento de Martí, como todo hombre cabal, no fue rectilíneo,  pero mucho menos ateo. Por eso inquieta ver a esos "mansos caimanes"  intentar cazarlo dentro del pantano (no cabe  palabra más gráfica)  ideológico, y  reclamarlo a su ideología, para   empotrarlo: lienzo difícil de empotrar si los hay,  a un ateísmo burdo. ¿Pero entonces no  serían ellos también sectarios?

 

Martí, lo intuimos todos,  es mucho más que eso.

 

Y entendemos que a Martí debemos arroparnos, no solo con Lezama que lo describió, acaso, de todas, la descripción más excelsa: "...un vecino arropado de los senderos, un solitario que mira de frente y se abanica con palmas. Una levita olorosa a camino, a monte, a ciervo que busca amparo...", 3 sino como un hijo se arropa, sin dobleces,  a su padre.    

 

Es cierto que en varios textos arremete contra curas, iglesias, credos, (Jesús de Nazaret,  acaso no hizo lo mismo en su momento) incluso exhorta  a los hombres de campo a separarse de los curas  que hacen tangible con su ejemplo a: "Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda  las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan las manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero.

¡No, amigo mío, hay otro Dios! " 4 

 

En muchos textos, además de este, sus venablos, más dolidos que envenenados, van hacia el pecho de la iglesia. Lo entendemos: un clero católico que refugiaba en las iglesias a las tropas de España,  conspirando abiertamente contra los mambises y contra cualquier vestigio de oposición a España,  frenando el ascenso del clero criollo a las altas dignidades de la isla,   explotando al campesinado y danzando al son de las camarillas del poder, etc.  en fin, qué podemos esperar de Martí en ese contexto: sólo combate.

 

Lúcidos son sus artículos: "La excomunión del padre  Edward McGlynn", "El cisma de los católicos en Nueva York". Sobre los rejuegos políticos del papado  escribió: "El papa amenazado de expulsión", "El libro de un apóstata", "Entrevista de reyes", "Roma de gala, " "Final tumultuoso de un debate", " Los prelados de Sagasta", " Proceso ruidoso", "Benjamín Mecalusso", " Usanzas de hidalgos" , " Las pascuas romanas", " Los pueblos y los políticos", " Peregrinos y carlistas"  y  "Garibaldi".   Textos anteriores  que son la apoyatura central de la "construcción" de un  discurso martiano anticlerical y donde se explaya el apóstol en un lenguaje álgido  contra las  prácticas de personas e  instituciones que desprestigian la obra de Dios. 

 

Inmerso en ese dédalo está  el  breve e intenso ensayo: Jesús de Nazaret: un paradigma ético de José Martí, de Delio G. Orozco González,  y viene a sincronizarse con "recientes" obras,   como la de Rafael Cepeda,  que  han  dado un vuelco audaz al estudio y publicación del eje religioso en el pensamiento martiano. Vuelco que secunda a posturas sostenidas contra viento,  marea y otras inclemencias del trópico,  por el recién desaparecido Cintio Vitier, solitaria figura donde,  como pocas veces,  se han encarnado (literalmente) las enseñanzas martianas en un discípulo.

 

Delio Orozco realiza una extensa búsqueda bibliográfica y nos muestra un   guarismo interesante: hasta su investigación son 105 el número de asientos bibliográficos sobre el tema religioso en José Martí. De ellos  77 antes de la Revolución; de los restantes, 7 fueron publicados fuera de la isla, y de los otros  21,  publicados dentro de la Revolución: a  la mayoría, según el autor citado, a pesar de reconocer la religiosidad martiana,   muchas veces parece dolerles.  

 

Con la lectura del libro de la editorial granmense podemos adentrarnos sin contratiempos, de forma amena y  documentada, a una exploración que nos prepara para aventuras mayores  en la obra martiana que aún nos esconde prontuarios para fortificar nuestra alma contra cualquier contratiempo, ya sea espiritual o de cualquier índole. Y Delio Orozco ha sabido construir en su armonioso  ensayo una ruta para caminar  en un temario  que siempre lo han querido difícil  y espinoso cual Calvario,  pero al igual que Jesús de Nazaret y José  Martí, podemos recorrerlo con honestidad y decoro,  que espacio aún hay en él  para todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1- Piedra Martel, Manuel. Mis primeros treinta años. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, p. 141.

 

 

2- Toledo Sande, Luis. Ideología y Práctica en José Martí. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p. 128.

 

 

3- Guerra, Félix. Para leer debajo de un sicomoro. Editorial Letras Cubanas, 1998, p. 17.

 

 

4- Martí, José. Obras completas. Editorial  Nacional de Cuba, La Habana, 1964, p. 383.

 

 

 

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