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ARAÑA SUMERGIBLE, OTRA REALIDAD EN CORCHO

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Por Luis Alberto Pérez de Castro (Escritor residente en Cuba)


El cuento es una relación corta, cerrada sobre sí misma, en la cual se ofrece una circunstancia y su término, un problema y su solución. No es mi ánimo ofrecer definiciones aplicables a todos los cuentos que, en ocasiones, no nos dicen mucho acerca de su esencia narrativa, ya que esta suele ser diferente de autor a autor, de época a época, de cuento a cuento. Quizás por ello centré la atención en un libro, sobre el género en cuestión,  no solo por la manipulación de un suceso central, también por el núcleo de su mensaje narrativo; la marginalidad, perteneciente al creador Bienvenido Corcho Tabio y publicado por la Editorial Capiro en el año 2009, bajo el título Tela de araña.

Volumen estructurado por diez cuentos, donde se nos permite cuestionar: ¿Se manipulan los hechos o no? En caso afirmativo, nos encontramos que un autor real se ha desdoblado en un narrador, y su manera especifica de hacerlo constituye su forma particular de encarar las distintas historias que cuenta, la cual es la que nos interesa para establecer una caracterización más precisa –aunque casuística-  de la forma en que asume la marginalidad, un tema tan llevado y traído en nuestro panorama literario actual. Para lograrlo me gustaría someter a análisis varios de sus cuentos.

Holocausto I, página 47-48, Holocausto II, página 65-66, y Holocausto III, página 75-76. Esta trilogía comienza con una historia ambigua, un suceso que nos obliga a no abandonar la lectura desde el mismo comienzo que en Holocausto I nos dice: “Nunca pudo comprender por qué vino la oscuridad de aquella mano. No era la oscuridad de siempre… Jamás pudo comprender tanta paradoja y su impotencia quedó en breve reducida…” En Holocausto II nos ofrece una visión un poco más clara de sus intenciones: “Otro pudiera salir corriendo, atravesar el lindero de almácigos y dar la voz de alarma, pero la rigidez de tu cuerpo es total. Por eso temes que no habrá amaneceres donde lavar tus sueños…” Ya en Holocausto III la naturaleza de su propia experiencia como autor real queda explicita a lo largo del relato: “El vendedor se aferra a los manubrios. En la caja plástica que lleva adosada a la parrilla… A unos metros, un hombre lo mira con fijeza, su rostro mezcla la indiferencia con un rencor inexplicable.”

En esta trilogía todos los niveles de la existencia coexisten en la percepción, se enfrentan –aparentemente- tres miradas, tres realidades, tres narradores que el relato nos mostrará no obstante como una sola persona. Cada uno responde a un espacio psíquico del narrador, mantienen su independencia frente a las demás secuencias, pero lo más importante es que logra un acercamiento reflexivo a la realidad circundante. El mundo ambiguo y dudoso que rige al comienzo, se derrumba sucesivamente, negando todo acto o palabra fija.

Golpe bajo, página 77-85. Si hay algo que marca esta narración, es precisamente un discurso diseminado que, a través de la construcción del aparente personaje(s) protagonico(s), desintegra las imágenes convencionales para jerarquizar a ese ubicuo y oblicuo narrador-personaje que el lector se verá obligado a reconstruir a partir de fragmentos. Narración que oscila en una (casi) arbitraria superposición espacio-temporal que escamoteará hasta el más hábil lector. “Todo fue como otras veces; primero unos tragos, tirar por un rato las cartas con los amigos, “amigotes”, como decía Elivira, y después… esperar que apareciera el contacto con alguna noticia.” Inicio que obliga a una mirada profunda por lo paródico, por las imágenes que arrastran nuevamente a la duda y desintegran la referencialidad del texto y la configuración de sus personajes, siempre sumidos en la contemplación: “Tal vez fuera cansancio, aquel cansancio interior indescifrable que a veces sentías como un lingote de plomo en el cerebro, pero que no estabas convencido…”; en el sinsentido de una ambición que no les permite sosiego alguno en el laberíntico caos del mundo representado. “Un  gladiador con experiencia sabe cuándo debe medir distancia y cuándo debe emplearse a fondo.” Con esta referencia, página 78, comienza a desaparecer la duda para sorprender a los lectores, atrapados hasta el momento en el atormentado mundo de Elvira, El fiera, La niña y el narrador-personaje, a ubicarlos por pequeños puntos de referencias, como son: “Un fiera” no podía dejarse arrastrar por sentimientos.” o “Nunca habías tenido que pasar por una situación que comprometiera tu orgullo de peleador…” Durante el resto de la narración estos personajes se mueven en el terreno de la autorreflexión, influenciados por un falso concepto de ética y moralidad impuestos por el medio –el barrio y sus gentes-, para al final propinar un knock out rotundo, demostrando que no son más que hombres y mujeres frágiles a las circunstancias, cuando, con una descripción poética del cuarto, nos dice: “En la otra esquina del ring la encontraste tendida bocabajo, con los glúteos desnudos, esperando al lancero de turno. El silencio cayó pesadamente sobre la habitación, hasta que al fin La niña se volvió para buscar una respuesta y solo pudo ver tu rostro descompuesto de peleador vencido.”

Tela de araña, página 87-106. Cuento que da título al libro, y arroja a la luz una vertiente fundamental en la narrativa de Bienvenido Corcho Tabio, que es la de ser una escritura de la multiplicidad psíquica; multiplicidad puesta de manifiesto en el desdoblamiento y las trasmutaciones de sus personajes, El cuña y otra vez un narrador-personaje sin rostro único, los que se enrolan en un estrepitoso viaje a la Habana en busca de una fortuna solo existente en la capital. “El traca traca de las ruedas sobre los rieles cada vez se hace más rápido y siento pesadez en los ojos, pero alguien debe velar…” A través de esta reflexión continua el esfuerzo por una narración diáfana y descriptiva de todos los lugares donde se ven obligados a detenerse y las peripecias a superar para lograr los objetivos propuestos, en ocasiones irónica, otras punzante.

 La venta de cotorras, carne de puerco, la música del Benny, un pregonero parecido a Bola de Nieve y el ánimo desmedido por hacer dinero fácil, son la incógnita progresiva que el relato cumple para lograr un equilibrio entre hecho y realidad, entre los mismos personajes que avanzan, retroceden, se desvían y regresan al punto de partida, los que parecen ejecutar movimientos irregulares alrededor de un eje que también burla su propia inmovilidad. “Finalmente soy también un insecto minúsculo que apenas encuentra fuerzas para escuchar… y te propongo que en el próximo viaje multiplicaremos las ganancias…” Final del relato que pone de manifiesto el logro de una fusión entre una estructura literaria y una psíquica.

Tela de araña en todo su conjunto logra la descripción de los diferentes paisajes, la exploración del acervo de la cultura popular. En él, el tratamiento de lo marginal adquiere una nueva dimensión. La cruda realidad de inicios de los noventa ha encauzado hechos que ilustran una relación agresiva de los personajes con el entorno, sin embargo, muchos de ellos logran crecer ante la dialéctica de la vida. Historias eficazmente abordadas, a veces con humor o con fina ironía, vivencias que trascienden su cotidianidad y devienen actitudes que el autor caricaturiza para ejercer una crítica corrosiva. Y lo logra, sí, mediante el manejo cuidadoso del lenguaje y una búsqueda certera de los recursos estilísticos. ¿Se manipulan los hechos o no? Es el enigma que deberá desentrañar el lector.    

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