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DANZA DEL ALMA; LA EXPRESIÓN DEL CUERPO

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DANZA DEL ALMA, una compañía artística que, tras 15 años de creada, consolida un prestigio coreográfico en Cuba y el extranjero, dado, sobre todo, por la persistencia de un repertorio que penetra en los temas más candentes de la contemporaneidad: la fragilidad de la existencia humana; los conflictos generacionales; la transexualidad; la diversidad sexual, y el existencialismo. Son códigos estéticos que reverdecen una manera de imponer una mirada en el entorno cubano.


Por Luis Machado Ordetx

                             

Una estética diferente ronda por la ciudad. Tiene tres lustros de impregnación en un contexto de espíritu vanguardista; de descubrimiento; de discurso artístico. Es el regodeo persistente de las técnicas expresionistas de la vanguardia; de nuestra época.

En sus fundamentos hay un  apogeo conceptual que punza en la libertad del gesto y un alejamiento de las ataduras imperantes en la métrica y el ritmo del cuerpo. Danza del Alma es eso y mucho más: una auto-expresión que se afirma en la relación con el espacio y el tiempo.

No sé por qué de esa rara costumbre entre nosotros de pasar un onomástico sobre aguas; como si el viento se llevara hojas que jamás estarán secas. Paso una revista; brevísima, desde aquel miércoles 15 de noviembre de 1995. Surgió de la mano fundadora de Ernesto Alejo Sosa, y persiste una afirmación de Santa Clara; de encuentro con la singularidad danzaria; de aporte a los aires renovadores de la coreografía; de provocación al espectador y de abordaje de conflictos mundanos y espirituales que envuelven a la sociedad.

Si en un principio fueron exclusivamente mujeres las que subían al escenario, ahora la impronta es diferente. Sus  protagonistas son  hombres que desafían la contemporaneidad desde una mirada del arte expresionista que reivindica la libertad corporal. Sobre los hombros llevan un respiro del ser humano desatando sus represiones interiores; sus conflictos individuales y sociales.

Danza del Alma, de acuerdo a una apreciación de las coreografías concebidas por Alejo Sosa —desde aquellas iniciales incluidas en «Fuero versus Luna», «Una niña se ha ido», «Ellas escriben cartas de amor hasta las doce» y «Magdalena»—, precisa en conceptos espiritualistas y de esencias de la realidad; en ese ruedo los danzantes se afanan en atraparla; aprehenderla y desean trascenderla hacia confines más subjetivos.

Por eso en la actualidad, los discursos y la dramaturgia concebida para hombres sobre la escena —«Machos y Hembras», «Las cosas que se ocultan», «Vestidos blancos», «Panes y peces» y «La pared»—, muestran una perspectiva válida de los costados visibles o no del ser humano, así como los desgarramientos y sufrimientos interiores y el consabido estado de fragilidad de toda existencia.

La corporalidad de los danzantes, en la liberación y tropiezo con el espacio, se contrae, y adquiere mayor expresividad; de ahí la preferencia de bailar descalzos en la búsqueda sustancial con la realidad y el hallazgo de algunos cuestionamientos de los problemas subjetivos, también objetivos, que abruman o desatan los controversias del hombre.

Son estados de ánimos que tienden hacia la liberalización del movimiento; a la averiguación inquisidora del movimiento, propios de la danza expresionista surgida a principios del pasado siglo en el énfasis por la energía física y espiritual que brota del cuerpo y provocar una interpretación, una opinión —cuestionadora de la realidad— en el receptor necesitado de explicarse el por qué de los hechos y situaciones que lo rodean.

Es, incluso, una afirmación nítida que logra Danza del Alma, y constituye parte de esa energía particular que ostentan las coreografías de Alejo Sosa dentro de una estética expresionista, vista sobre todo en «La Pared»: una demarcación del presupuesto dramático y la posibilidad y capacidad de improvisación de quienes ejecutan el acto artístico sobre un escenario.

Aquí, una pieza no es idéntica a otra, y a su vez se erige en lucha de contrarios a partir de la pauta trazada por el coreógrafo y cribada por las improvisaciones de los bailarines en su relación con el espacio circundante, hecho que inscribe el «silencio» en efecto dramático. Desde esa dimensión, música y movimiento deliberado del cuerpo humano, consiguen idéntico protagonismo en aras de una plasticidad espontánea que apuesta por la expresión.

La obra coreográfica de Alejo Sosa, perfeccionada de un tiempo a esta parte en las temporadas danzarias en las cuales convoca a Santa Clara, tiende a rebasar las fronteras cubanas, de acuerdo a distinciones alcanzadas en regiones europeas.

Ya no constituyen un estudio en solitario. Es un laboratorio de todos los artistas e investigadores que lo rodean en el análisis de aquellas dudas inherentes al espíritu del hombre. Allí todo pasa por un tamiz de perfeccionismo y de exigencias antes de incluirlo en el montaje meticuloso de un proceso creativo de esencias.

Hacia esos confines, en el patrimonio de la colectividad, va Danza del Alma. Es la indagación de los confines existenciales del ser, sus preocupantes más candentes, y las afirmaciones de un expresionismo que raya en innovación estética en el contexto de nuestra modernidad. Es, además, una explicación artística, de reconstrucción subjetiva, del cómo y el porqué acontecen acostumbrados sucesos individuales o sociales que obligan y precisan de una meditación frecuente.   

 


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