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CUBANO SIEMPRE

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Por Jorge Luis Rodríguez Reyes (Escritor Cubano; Reside en Villa Clara).

 

«También soy cubano»; Título original que remitió el autor para sustentar sus puntos de vista sobre la apreciación de la Literatura Cubana.

 

Porque sí, aclaro, soy cubano y resido en un pueblito nombrado Manicaragua, perdido casi en las montañas del macizo Guamuhaya, alejado de la urbe; alejado de donde sé que con asistir a alguna(s) que otra(s) tertulia(s), sea o no habitual como las del piquete de el Caimán, se abre ya un buen trecho en el (re)conocimiento dentro de la ciudad letrada1; aquella que tan certeramente conceptualizó Ángel Rama, alguien que quizás tampoco se conozca mucho y por ello ubico en una nota lo dicho por el medular crítico uruguayo.

 

Por un momento rehusé contestar: no me gustan esas polémicas surgidas en nuestra tierra. Polémicas que acaban generalmente en un vulgar galimatías, en el conocido ciberchancleteo, y aclaro, no tolero participar en esas andanzas, en esos parloteos, porque entre otras razones no dispongo de mucho tiempo para ello.

 

Aunque no puedo contestar las interrogantes y aclaraciones hechas a Roberto González Echevarría, por el simple hecho de no ser él, intentaré responder alguna de las dudas que me surgieron al leer el texto publicado en http://cubanosdekilates.blogia.com; y además todo aquello referido en algún grado a mí. Creo así poder satisfacer las aclaraciones solicitadas.

 

Parte el texto Roberto González Echevarría: una visión escéptica sobre la literatura cubana desde lo anecdótico de andazas y piquetes faranduleros, algo que en buen periodismo el redactor más inepto segaría de la primera mirada, pero otorgaré un voto a lo espontáneo y por ello pasaré al segundo párrafo, donde se pretende arribar desde lo particular —lo dicho “por el redactor más antiguo del Caimán Barbudo: Bladimir Zamora2 a lo general.

 

No dudo que Bladimir Zamora ha escrito o escribirá lo que le ha venido en gana, pero dudo mucho que pueda publicar lo que le venga en gana —como en cualquier parte que se viva en sociedad, con cualquiera de las legislaciones que administren la polis y sostengo que existen, por demás, muchas, pero muchas ganas que no son las escritas por Bladimir y estoy convencido que no fueron publicadas por diversos motivos, por disímiles pretextos, por disímiles voluntades, en fin por quiméricas ganas, y eso es algo que se debe inferir, porque —sin ofender— no tengo ganas de nombrar.

 

Conozco también que no suelen acercarse personajes temibles a los periodistas y escritores cubanos para dictar en sus oídos el contenido de un texto”, a mí por lo menos no me ha pasado, ni creo permitirlo, pero sé (cualquiera sabe, estoy seguro), respiro, como diría Eliseo Diego, qué es lo publicable: no  podemos ser tan ingenuos. No hay que hacer anécdotas, las ahorro, mucho se ha escrito ya de censura. Pero será incierto que la literatura ha fungido como prensa, que ha llevado el papel de reflejar —por años— la realidad cubana (el cine, salvo excepciones, no ha sido más que una caricatura, gozosa en muchos casos; aciaga en otros, de nuestra realidad). ¿Por qué será esa situación?

 

Suerte la de muchos que escribimos y radicamos en la isla el hecho de que escribir sea un karma, además de una tabla de salvación que implosiona muchas escalas de valores que coexisten en nuestra realidad. Para mí lo es, y así asumo la literatura, y tampoco poseo internet en casa: si un  periodista, uno de los únicos oficios del sector intelectual a quienes les permiten esos servicios en casa no lo tiene, qué deja para un simple lector del interior, que es lo que soy. Aunque aclaro que acá, sí existen sitios, desde la cultura, donde brindan ese servicio a los escritores y demás artistas, algo vital y que se agradece.

 

Es imposible conocer a todo el mundo: uno va dando tropiezos y (des)conociendo gente, rostros que se dibujan y desdibujan. No creo que sea necesario el conocimiento mutuo, pero es algo inevitable desde el escrito Roberto González: Una vi…al menos en cierta dimensión. Ahora, leerme o no, tampoco redundará quizás algo beneficioso. Mucha relectura aconseja el sabio Borges en vez de leer, idea que he intentado seguir desde hace años y es algo difícil porque en este mundo nuestro a cada tropiezo aparece algo interesante en qué ocupar el tiempo y no hablo solo de lectura, pero como asumo que un  graduado de periodismo en Cuba debió estudiar en profundidad la Literatura Cubana, confieso que el no conocer a González Echevarría —aunque sea por referencia—, es algo que deja mucho que desear para tales planes de estudios, porque él es desde hace años, independientemente de cualquier postura extraliteraria,  alguien ineludible al recontar la historiografía literaria cubana de la última mitad del siglo xx.

 

Mucha equivocación conlleva decir que ese sagüero ilustre ha sido publicado una sola vez, lo ha sido varias veces: las últimas ocasiones fueron en el número 36 de Umbral, revista cultural del terruño villaclareño; allí aparece un ensayo sobre la novela Francisco del escritor Anselmo Suárez y Romero, texto que es parte de su último libro titulado Cuban fiestas, y la otra publicación fue la misma entrevista que  se cita, y esta apareció en el boletín digital Hacerse el cuerdo, órgano literario de la UNEAC de Villa Clara. Por cierto, hice gestiones para publicar esa entrevista en la Gaceta de Cuba por el valioso aporte teórico de González Echevarría para la Cultura Cubana y alguna gana —gana no contemplada en las del redactor del Caimán Barbudo— sin ver siquiera la entrevista, después de decir que sí, se negó de un día para otro. Pero asumo que debió ser alguna gana antojadiza y lo entendí: algunas de esas revistas nacionales se hacen muchas veces con ganas muy frívolas y reducidas. ¿Me equivoco? Quizás sí, no quiero ser injusto, pero hoy lo veo así.

 

Como dije al comenzar este texto, no puedo contestar por Roberto González Echevarría, pero es indudable que la literatura cubana tuvo etapas que se pobló de burócratas, o qué son esa banda de desvirtuados que florecieron al son de la ejecución de políticas extraliterarias y parametraron condenando al ostracismo a muchos creadores. Recordemos que es una entrevista y no me corresponde —o no tuve ganas de— validar todo el cúmulo de opiniones vertidas por el entrevistado. Afortunadamente, el mundo literario cubano ha sabido limpiar sus filas y al menos desde donde me desempeño, no atisbo ninguna de las alimañas nombradas, pero recordemos que uno nunca sabe el todo.

 

Sostengo desde hace mucho que lo producido fuera de la isla es un cúmulo a rescatar, es un pie que ya lleva muchos años inmóvil y es necesario echarlo a andar, eso intento con esa entrevista: dar a conocer a un autor importante de esa masa creadora con la cual comparto, por sobre todas las cosas, lo más importante para mí: la Cultura Cubana y a esa, nos debemos todos, los de adentro, los de afuera y los por venir.

 

No  es una pregunta ingenua, al menos lo pretendo así, parto del presupuesto que el entrevistado no conoce la totalidad de la literatura cubana contemporánea publicada, ¿alguien la conoce? Porque es casi seguro que se atrevan a bosquejar los nombres más conocidos, quizás las obras más sobresalientes y algún que otro autor con obra exquisita, pero ¿podrá alguien hacer un canon cubano imperecedero de esas creaciones que se mencionan, alguien podrá a excepción de Cronos y este auxiliado por el valor de uso que brindarán los lectores actuales y futuros a ese corpus en el transcurso de décadas?

 

Creo que muchas veces se publican obras con una visión clonada de Cuba: tópicos que se ponen de moda y se desarrollan en obras que dentro de Cuba no serán publicadas por diversos motivos —o para estar a tono: por diversas ganas— y entonces se buscan otros horizontes editoriales con las diversas condiciones económicas y publicitarias que ello reporta. Horizontes prestos a eso, a publicar esa literatura: muchas veces (no la totalidad de tales obras),  sabiendo que es mala literatura, que —diría un amigo— es una literatura pedestre,  candonguera. Acaso existen hoy en nuestra isla escritores de la talla de Carpentier, de Lezama o de Virgilio, etc., o por ejemplo acaso existen autores que la masa crítica y autoral reverencie tal como se reverencia internacionalmente a Roberto Bolaño o a Ricardo Piglia, para mencionar dos de nuestro continente, aunque Bolaño estuvo repartido entre Chile, México y España, aclaro ante tanto desconocimiento reinante. ¿Se entenderá ahora mi visión?

 

Amparado posiblemente en el dialogismo bajtiano,  cuando leo lo de un Kafka en Camajuaní3 interpreto que los mecanismos de la cultura oficial,4 al ser ejecutados por personas, es muy posible que cometan errores, entre otros, a la hora de jerarquizar. Si permiten un ejemplo, pasé meses buscando la novela El polvo y el oro, de Julio Travieso, novela que es paradigmática en lo que a calidad se refiere para las últimas décadas y no la encuentro en ninguna librería y ha sido robada de varias bibliotecas públicas que he visitado, y  pregunto ¿se acercará el número de ejemplares publicados de esa novela a las reimpresiones sucesivas de otras obras amontonadas casi eternamente en almacenes ante la indiferencia de los lectores? Lo dudo, y asumo que es mi experiencia: por ello no puede ser toda la verdad del asunto.

 

De cierta forma se pide que lea a los escritores cubanos actuales. Lo informo: leo con deleite una masa significativa de estos e incluso aspiro algún día a ser parte de ese movimiento autoral que tiene fuerza y empuje, pero leerlos a todos sería casi imposible: recuerden que sigo a Borges en lo referente a (re)lectura.

 

Ahora quisiera hacer la misma pregunta que me hace el autor del texto referido —supongo, en bien de aclarar a los lectores allende las fronteras, al ser estos textos colgados en un blog en internet—, y yo pregunto a ese autor acerca de las condiciones que imposibilitan el conocimiento de los autores valiosos que pujan en Cuba por un reconocimiento, porque “Una aclaración al respecto me parece indispensable, so riesgo de que un por ciento estimable de lectores no consiga descifrar la incógnita. Muchos lectores desconocen esa realidad y sería interesante ver su punto de vista”.

 

No entiendo porqué al emitir un criterio Roberto González Echevarría se denigra, es su opinión, errada o no, completa o parcial. Es la visión suya de una realidad y supongo que no sea su voz la única al validar una literatura aún en formación, supongo que vendrán muchos críticos a mirar y tasar ese corpus que añoramos e intuimos saldrá de las creaciones que menciona. Ya se sabe mi criterio: solo Cronos y el valor de uso que le den a esa literatura, desde una ama de casa, hasta un académico como González Echevarría: quien sin conocerme, siendo como soy un total desconocido en ese maremágnum autoral mencionado, accedió a intercambiar sus opiniones conmigo y por ello le agradezco infinitamente; también me pidió que distribuyera textos teóricos de su autoría en formato digital, lo cual hice en la comunidad autoral villaclareña —si me dicen cómo—, igual lo haría con quien desee y con ello no  resultará tan desconocido tal teórico. Aunque advierto, la suya es ya una vasta obra que muchos desconocemos en Cuba, y ojalá podamos calibrar en algún momento, no esta simple entrevista, sino la totalidad de lo escrito por él sobre Carpentier, Severo Sarduy o el Siglo de Oro. Eso es una deuda que tenemos con él y la Cultura Cubana algún día tendrá que echar a andar en ese sentido para que podamos palpar ese lado desconocido, para recuperar esas voces que nuestras jóvenes promociones no deben obviar, porque para que ande sólida y sin tropiezo nuestra cultura tendrá que levantar también ese pie que no hemos incorporado como debíamos a nuestros pasos culturales.

 

Ese Libro Total se está haciendo ahora mismo: ya se sabe quiénes serán los parametradores a mi criterio, y por último, esa generación que se anuncia,  sabrá deslindar la hojarasca de lo imperecedero, pero esa perspectiva sincrónica yo no la tengo aún, incluso,  ni la diacrónica. ¿Alguien sí?

 

Martes 18 de enero de 2011

 

NOTAS

[1] - “(...) el anillo protector del poder y el ejecutor de sus órdenes: Una pléyade de religiosos, administradores, educadores, profesionales, escritores y múltiples servidores intelectuales, todos esos que manejaban la pluma, estaban estrechamente asociados a las funciones del poder (…)”. (Resumo, la esencia,  en esta breve nota).

 

2 - Nombro a Bladimir Zamora porque usted lo toma como referente. Me disculpo de antemano con él y asumo que entenderá la necesidad de citarlo.

 

3 - Lo cual es probabilísticamente posible, porque allí existe un movimiento autoral autóctono [recuerde que las ciudades letradas de las urbes se componen por un gran por ciento de autores inmigrantes] que ya quisieran tener esas grandes ciudades, por demás en ese municipio  se gestan procesos culturales de singular atractivo.

 

4 - Entiendo por Cultura Oficial el accionar del conglomerado de instituciones presupuestadas por el estado cubano o al menos las  consensuadas por este.

 

 

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