
Por Luis Machado Ordetx
Alarmado, el botánico matancero Sebastián Alfredo de Morales, el primer biógrafo cubano de Plácido, arribó en julio de 1892 a San Juan de los Remedios. Vino dispuesto a investigar las depredaciones de la flora y la fauna en la cayería del norte de esa jurisdicción, una de las más devastadas en bosques naturales a causa de la expansión azucarera.
Ancló residencia familiar en la vivienda número 38 de la calle San Jacinto, dice José A. Martínez Fortún y Foyo, tras la recopilación de informaciones contenidas en el rotativo El Deber, órgano del Centro de Recreo de Color, dirigido por el folklorista Facundo Ramos.
El investigador de la Atenas de Cuba cree en las ideas de Plinio Cecilio Segundo, el naturalista romano que se opuso al «sacrilegio de talar los bosques y matar hasta los pájaros». No era la vez que el asunto en los territorios centrales salía a la palestra pública: la enmarañada floresta tropical, a hacha y fuego, acababa con las reservas naturales del país a partir de cortes abundantes de maderas de todo tipo que desde 1770 iban hacia el Arsenal de La Habana, la exportación hacia España, Londres, Liverpool, Bremen, Rótterdam, Havre y Nueva York, ó servían para la construcción de ingenios o viviendas.
En 1839 los agrimensores Idelfonso Vivanco y Teodosio Montalbán advertían que «[…] en cuanto se llega a donde cesa el mangle, es decir la gran faja que separa el mar de la tierra firme, se empieza a ver a uno y otro lado del río campos sembrados de ca&nt

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La prensa de San Juan de los Remedios levantó inusitadas polvaredas a principios de la sexta década del siglo XIX. Dimes y diretes entre integristas y liberales dejó las relaciones contractuales de culíes que se incorporaban a las haciendas azucareras. La rebeldía de los asiáticos, aunque jamás se apagó, no era observada como un problema. Los asuntos gravitaron hacia las enfermedades que afectaban a la población.
La fiebre amarilla, la viruela —causante en 1861 de más de cuatro mil muertes en la región central—, y el cólera o morbo asiático, constituyeron temas recurrentes. También la inversión de capitales de hacendados matanceros, y ciertos estados de “intrusismo” profesional en tratamientos de padecimientos humanos, apresuraron una vieja polémica fundamentada once años atrás cuando el cura, vicario y juez eclesiástico Eusebio Bejarano, bautizó a “El Cao”, un popular médico chino de Remedios.
Ahora el periodismo la emprendía contra Pablo Sanz, nombrado “El Cao”. El hombre, vestido con elegancia, apareció de buenas a primera en la localidad y «era solicitado con afán por el vecindario (…), había curado a muchas personas, teniendo constancia algunos regidores.»
Afirma José A. Martínez-Fortún y Foyo en Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción (1930), que desde El Bolet&ia

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Emigrados franceses radicados en La Luisiana propagaron desde Matanzas el cultivo de los primeros cafetales existentes en la llanura central adscripta a la jurisdicción de San Juan de los Remedios. Las cercanías de Las Placetas fue el sitio escogido por la familia Lavalette para fomentar sus plantaciones a partir de 1813, afirma José Antonio Martínez-Fortún y Foyo al abordar la genealogía de la finca fundada por Isabel Gaudinau y Teresa Belchaise de Lavalette, empeñadas luego en construir el ingenio “Flor del Cayo”, próximo a la fábrica de azúcar “San Andrés”, en ese territorio.
Los Lavalette eran propietarios de los ingenios “Coloso” y “Recreo”, asentados en la Atenas de Cuba, y tenían una hacienda aledaña a Las Placetas, lugar en el cual se instalan de forma permanente a partir de 1861. Allí también primó el trabajo esclavo. El comandante Vicente Lavalette —descendiente del general francés que combatió en Haití a las huestes de Toussaint Louverture—, dirige las riendas de los cafetales, y en lo adelante lo hará con mayor aplomo en la elaboración de azúcares. Viaja con reiteración en el vapor “Sagua” desde Caibarién a Cárdenas. Trae consigo a experimentados conocedores de ese cultivo que, con anterioridad, radicaban en Sabanazo, Sumidero, Camarioca y Canímar.
En Anales y Efemérides de San Juan de los Remed

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Camajuaní tuvo un floreciente comercio gastronómico en la última década del antepasado siglo. Una cultura culinaria y de servicios emergió gracias a la presencia de los culíes asiáticos en la jurisdicción de San Juan de los Remedios. Ese territorio recibió parte de aquella oleada migratoria surgida en Cuba a partir del 3 de junio de 1847.
Las fondas, quincallerías y restaurantes pulularon en muchos sitios de ese partido. Todo se debió a que Sagua la Grande y Remedios fueron las dos jurisdicciones —de seis que integraron la parte villareña— con más presencia de asiáticos. Solo estuvieron aventajadas por la llanura matancera, considerada un emporio del esplendor azucarero decimonónico. También en la Habana, Pinar del Río, San Julián de Güines, Trinidad y Guanajay hubo grandes concentraciones de chinos.
Los puertos de Isabela de Sagua y Caibarién fueron determinantes. También los enclaves ferroviarios, de norte a sur, y la fertilidad de suelos vírgenes, obligó en 1860 a la presencia de hacendados que, provenientes de Cárdenas, aparecieron en Remedios y convirtieron a los partidos de Guaracabulla y de Camajuaní en asientos productivos de nuevos ingenios.Por allí resurgen los capitales de los Lavallete, Wilson, Smith, Martínez-Fortún, Vergara y Zulueta, quienes representan la avanzada de los 71 ingenios que componen el territorio.
Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción (1936), de José A. Martínez-Fortún y Foyo, consigna que «1859 hay más de 6

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El teléfono, la espectacularidad científica que el italiano Antonio Santi Giuseppe Meucci exploró en octubre de 1877 durante su estancia habanera, tuvo once años después su primera aplicación práctica en el ingenio “San José”, en Placetas. Ese territorio, perteneciente a la jurisdicción de Remedios, al instalar un aparato del tipo “Blake”, fue el “pionero” en el centro de Cuba en establecer comunicaciones a cortas distancias.
El Criterio Popular, de Remedios, dice el 14 de mayo de 1888: «Hemos sabido que el aparato de luz eléctrica que funcionó en las fiestas cívicas de Caibarién, ha sido ensayado con brillante éxito en la pasada semana en el ingenio “San José”, de D. Agustín Goicoechea, a quien pertenece.
«La prueba se ha llevado a cabo por D. Fernando Martínez, antiguo y entendido jefe de telégrafos, auxiliado por el inteligente mecánico de la finca D. Esteban Ayala. Según se nos informa, una vez completado el aparato con algunos útiles que le hacen falta, será instalado en la próxima zafra en el indicado ingenio, que de este modo será el primero que introducirá tan útil y económica reforma (…) para hacer las instalaciones de teléfonos, telégrafos, luz eléctrica y demás invenciones honra de nuestro siglo…»
Los equipos estaban ubicados en el despacho y casa de vivienda del hacendado azucarero, y eran similares a los que existían desde hacía seis años en La Habana. Fueron fabricados por la Tropical American Telephone Company, con posibilidades de notificarse a unos 450 metros, según las disposiciones que d

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Jícaras de coco “guarnecidas por barillas de plata”, instan al deleite por el chocolate, dice Manuel Dionisio González al paso de 23 años de fundada en 1689 la villa de Santa Clara. La región central cubana se erigió como la primera que fomentó el cacao, y también degustó las bondades de un fruto elaborado en la rusticidad de familias asentadas en los dominios de Pedro Barba, una zona agrícola en el actual Cabaiguán.
Desde su origen integró parte de las 87 haciendas que, en dirección al sureste, tuvo la Jurisdicción de San Juan de los Remedios. Estaba ubicada a diez leguas de distancia de ese caserío.
José A. Martínez-Fortún y Foyo asegura que el ingeniero militar malagüeño Estratón Bausá trazó en 1836 un “Croquis itinerario del camino de rueda desde la Villa de San Juan de los Remedios al Santo Espíritu”, y declaró las distancias entre un punto y otro a «23 leguas provenzales de longitud, y que en épocas de lluvias a veces era impracticable su transitar».
Casi a mitad de ruta se localiza el «Remate de Pedro Barva, (perteneciente a) M. Eulalia; Bme García, Juan Bta Ximénez, Gertrudis de Armas, Pablo Muxica, Ana Muxica.» Hay referencias exactas que en 1540 aparecen las primeras plantas de cacao en la finca “Mi Cuba”, patrimonio de esa hacienda. Las simientes tardaron en llegar 118 años a Baracoa, avalada como la meca actual del cult

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Vega Alta no está enfundada por una cripta de olvido: su historia todavía sustenta la explotación del mayor puente colgante, en longitud y altitud, del ferrocarril cubano. Esto posibilitó en marzo de 1890 que se inauguraran las paralelas que unieron a Encrucijada con Camajuaní, así lo apunta Alcover y Beltrán, y lo refrenda Martínez-Fortún.
El antiguo corral de Bartolomé Rodríguez, regidor alférez real de Santa Clara en 1794, cobró entonces otra dimensión tras el propósito de la sacarocracia de Cienfuegos, Sagua la Grande y Remedios por empalmar de sur a norte a la Isla, y tocar puntos agrícolas del centro del país. Las exportaciones e importaciones, desde los ingenios o los pequeños poblados, irían o vendrían desde sus respectivos puertos.
Casi un siglo antes, en 1696, en los litigios territoriales entre Remedios y Santa Clara —linderos del río Sagua la Chica, en la banda del levante para el primero, y del poniente en el segundo—, Vega Alta, formó parte de las 52 haciendas que integraron la jurisdicción de la Octava Villa de Cuba.
Desde entonces tuvo distinción en la crianza de ganado y el fomento tabacalero y azucarero. La mayor jerarquía la adquiere a partir de la construcción de la línea férrea, y del sorprendente puente. De acuerdo con el rotativo El Criterio Popular, de Remedios, y lo admite (... continúa)
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