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SANTA CLARA, CÁNTICOS AL PADRE Y LA MADRE

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Por José Osvaldo Saavedra Olivera


Desde Madrid escribe mi amigo, hermano, también un fabuloso cibernético, documentalista y buscador de las bellezas naturales.

 

Quiero compartir, aunque pasó dos días, el encuentro de ese hurgador de historias íntimas, con los lectores.

 

Tal vez, y estoy seguro, luego de terminar mi libro de ensayo Ciudades en pugnas (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 2014), no concordar en sus puntos de vistas. Ya escribiré los míos, y casi seguro, hablaremos sobre idénticas nostalgias y misterios proporcionados por el tiempo y la corrosión impuesta por otros en la desatención al patrimonio histórico de una localidad: la nuestra. 

 

Tal vez denomine con mayores aciertos a Santa Clara, en el centro de Cuba, una ciudad de Telarañas, desde que surgió como pueblo el 15 de julio de 1689 luego del desprendimiento “despótico” de San Juan de los Remedios, pero prometo mayores respuestas. No obstante, vale la apreciación nostálgica de Saavedra.


 

Hoy cumple trescientos veinticinco años mi amada ciudad, donde hace unas décadas me dejó una cigüeña en brazos de mi madre. Al menos eso fue lo que me contaron en mi niñez. Y yo que me lo quise creer.

 

Ahora lejos de allí, desde Madrid, la ciudad que por leyenda urbana, todos dicen está muy cerca del cielo, siento el deseo de dedicarle unas letras a mi Santa Clara añorada.

 

Hace ya unos años, cuando creo cumplía sus trescientos, en una tarde muy linda, desde la loma del Capiro, quise yo dedicarme una encomienda para con mi ciudad. Desde allí aun con mis sueños de niño, - aun mi niño vive en mí -, deseaba empeñarme en dedicar algo de mi vida, simple y ligera, a la ciudad que me vio crecer, no mucho de tamaño, algo más de espíritu.

 

Siento desde la distancia que aún le debo algo, pues todo lo digna y sencilla que puede ser mi vida, se la debo a mi familia y amigos, que allí tuve, que algunos también aún lejos piensan siempre en Santa Clara. Y a otros tantos, los más, que viven allí.

 

No sé si será mucho, contar y hablar de mi ciudad, cuando viajo y ando por otras tierras.

 

Sólo sé y puedo decir, o más bien repetir una frase que leí en una carta reciente, que recibí de mi madre y citó mi padre.

 

Decía mi padre cuando se le convidaba a viajar que pare él la capital del mundo es el Parque Vidal de Santa Clara.

 

Quiero hoy que todos los que reciban este correo, sientan esa pasión, amor y admiración, que siente un anciano como mi viejo, por esa ciudad tan mágica que es Santa Clara.

 

Gracias Papi, tú me enseñaste la aventura, tú me llevaste de la mano por toda Cuba. Y si el deseo de conocer el mundo prendió en mí, creo en gran medida te lo debo a ti y a la libertad y motivaciones que enseñó también mi madre para que “la maldita circunstancia del agua por todas partes” no frenara mi vida.

 

Pero más que todo, por la suerte de saber que la felicidad se busca y se encuentra en el camino. Pero nace en tu ciudad, en tu lugar en el mundo, y nos acompaña donde quiera que estemos, sólo hay que sentirla y vivirla.

 

Hoy quiero sentir que mi padre es feliz, allí en su Parque Vidal, en su Santa Clara querida.

 

Sientan hoy también ustedes eso mismo.

 

Saavedra desde Madrid

 

15 de julio de 2014

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