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Por Luis Machado Ordetx

 Desde El cuento y otros cuentos, allá en la Tierra del Cebú, hay oficios que confabulan historias de escritores. Es un ir y venir de palabras. Todas se engranan a una “comarca”, en hechos, espacios y realidades destejidas por la imaginación.

 En una ocasión Mario Brito Fuentes, quien desde su región Manicaragua, entre lomas y llanos del sur villaclareño, contó cómo allí ocurren sucesos, a veces inverosímiles para unos, pero reales para otros. Es un escenario parecido al Macondo de García Márquez, o Comala de Rulfo.

 Sin embargo, siempre apuestan por lo diferente. En el universo del colombiano está la magia de lo real-maravilloso y sugerente que expuso Carpentier. En el contexto del mexicano reside el infierno viviente sin permanencia al más allá del espacio o el tiempo. En Manicaragua abunda todo lo opuesto.

La respuesta de Brito Fuentes, quien ahora presentó Cuentos de Comarca, de Alfredo Delgado Pérez (Manicaragua, 1949), se reproduce como autoparodia. Sin que nada concluya en “polvo” como en Rulfo, aparece la atractiva figura del escritor que, lejos del desajuste de lugar, va a la fascinación de los personajes y el entorno que lo rodean.

Es como un delirio, un misterio, que fascina. No existe un páramo dentro del ambiente que jamás sea vislumbrado. No obstante existen penumbras en la condición del personaje-escritor. Nada es sórdido, y tampoco asfixiante. Allí mora una “comarca” diferente, como un invento histórico-geográfico  que deslumbra y enorgullece.

 Es el toque de “gracia” del porqué abundan al sur los narradores, con una “autoescuela” de crecimiento. Los nombres sobran,  y también son artífices de cuentos. No por gusto, Jorge Cardoso, quien hurgó por llanos y montañas, lodazales y sitios abandonados, decidió un día deambular por esas serranías a la “caza” de fábulas  sobre los perros jíbaros. Eso atestigua la existencia de una poesía oral-escrita en el firmamento de las palabras y las frases de los personajes que recrean los escritores de la serranía.

 Nada alienante, o negativo, en fin distópico, asoma en las temáticas que divierten, o aleccionan en boca de los narradores de allá.  Con Cuentos de Comarca los lectores percibirán nueve pequeñas piezas maestras, en ráfagas, reunidas por Delgado Pérez. Ya no se trata del imaginario infantil que dispuso en la novela Muchacho, y con anterioridad en El cuento y otros cuentos, una selección de textos-divertimentos que abordan la fugacidad del tiempo y las cosas, la solidaridad, el cariño y la fantasía espiritual, y también el acto de creación literaria, una obsesión persistente en el escritor.

Esas confabulaciones el lector las encuentra en libros publicados en diferentes épocas por ediciones Capiro, casa impresora que, como ahora, estableció con Delgado Pérez un “pacto” de reconocimiento para distinguirlo entre os cubanos que, desde una localidad —su Comarca—, constituye en el país uno de los maestros silenciosos del cuento. 

 Tal vez, esa y no otra, la prueba del porqué Brito Fuentes presentó al público villaclareño Cuentos de Comarca, y Delgado Pérez, mostrara gracias de entusiasmo en contar cómo uno tras otro se fueron juntando en lecturas dirigidas a adultos. El “duende” de la creación literaria anda suelto “En la carretera”, o “La noche del Buitre”, “Esperancita”, la fraterna y querida esposa  que se recondena a cada instante en el hogar. Ella, la mujer,  lo observa, cuando desde el portal del rancho y sentado en algún taburete, el hombre de casa, elucubra historias, rompe cuartillas, revisa el texto y…

 Ahí está el instante de pensar en los imaginarios que darán existencia a otra palabra escrita.