Blogia

CubanosDeKilates

BOFILL ROJAS DESDE LA CALLE DEL SOL

BOFILL ROJAS DESDE LA CALLE DEL SOL

Por Jesús Díaz Rojas.

 

Palabras introductorias a la exposición “Guapeando”, de Noel Guzmán Bofill Rojas, en galería Carlos Enríquez, en San Juan de los Remedios, Villa Clara, Cuba.

 

 

Intuitiva, la mano que pinta no obedece al cerebro que intenta ordenar sobre el lienzo una idea coherente. La mano que pinta se escapa, esquiva cualquier razón y traza lo que ella como mano que sueña cree pertinente. La mano que pinta no tiene dueño. Una vez un poeta la utilizó para trasmitir al papel lo que las musas le dictaban, pero ella no se dejaría someter por mucho tiempo y comenzó a describir mediante la forma lo que deseaba expresar.

 

No es que exista un divorcio entre el cerebro y la mano, entre la razón y la sinrazón. Es que la mano que pinta es quien dicta los signos, quien busca el motivo y encuentra el camino. ¡Nunca una mano ha sido más independiente! La mano pinta y el cerebro interpreta.

 

El consiente descubre a medida que el cuadro va completándose en su cosmogonía insólita, que el Universo está más allá de las fórmulas matemáticas, los preceptos filosóficos y hasta las reglas del arte; que más que infinito, es insaciable.

 

La mano que pinta desde que dejó de obedecer descubrió que en un mismo espacio y tiempo pueden confluir todas las eras, todas las formas. El vacío es la mayor mentira que se inventaron los hombres para imaginarse solos. Las reglas verdaderas son las que la mano se impone para en la próxima sesión romperlas.

 

Sin embargo la mano que pinta resulta una paradoja, pues pinta a partir de la vida vivida por el ser que la posee para demostrar que ese hombre existe y es diferente.  Por eso la mano que pinta intenta la infinitud de las formas. No es horror vacui, es que el vacío es un mito y le es dado a ella el repletar cada intersticio del soporte con la satisfacción del misterio develado.

 

Entonces… a quién pertenecen las imágenes y rostros que solo pueden engendrase en una mente creadora y fabuladora si ella es la mano del que era poeta. La mano pinta, los rostros que el hombre admira, los dioses que lo animan y que ella no copia, no calca, no reproduce sino que descifra, para escamotearle a la razón la posibilidad de dejar un testimonio Otro. 

 

No es de extrañar que en estos espacios poblados de misterios las épocas no existan, que todo trascurra en la consecución de los signos, en un desfile aleatorio de grandes hombres y enormes acontecimientos. La mano que pinta sabe que juega con la iconografía más apreciada por el hombre que la posee y, satisfecha y atrevida, gusta de conjugar todos los tiempos posibles sobre el soporte idóneo para fusionar arte con eternidad. 

 

Unas veces Hemingway es el viejo pescador que no se dejó vencer por la aguja y sí por el cañón de su fusil de cazador. Cazador que se cazó. Otras tantas un guerrillero con cara de Cristo Redentor porta un brazalete de 26-7 y es Camilo y a la vez todos los Camilos que hay en el pueblo cubano. Otras el mismísimo Cristo de las estampas, cansado de tantos altares y opulencias, descendió a la tierra como guerrillero y puede que le resulte un ser cercano. 

 

Rasputín, Furulo, Wayacón pintor, Jesús pintor, personajes populares en sus mundos paralelos se dan la mano. Yemayá, Chango, Santa Bárbara, palma con ceiba del monte y potente rayo deshaciendo el azul añil de una melena hirsuta. Mar encrespado sobre el que flotan girasoles y donde una diminuta balsa lucha contra torvo huracán. Puerta que se abre una y otra vez hacia el futuro de la América y la llave es el Ché. Camisas militares como la piel de los que la portaron durante las batallas necesarias exhiben su coraza verde olivo e invicta, con nombres que de solo enumerarlos honran al que los lee. 

 

La mano que pinta es fiel al que una vez la guiara por los caminos de la poesía. Tal vez no se haya podido desprender del todo de sus primeros pasos. Puede que todo resulte un rejuego de la existencia y la fábula, de lo aleatorio y lo genésico. Pero lo verdaderamente cierto es que es arte con poesía. 

 

Pero, ¿cómo esa mano puede pintar lo que pinta y soñar lo que sueña? Todo tiene su génesis.

 

El pintor dice que «Nací en la calle del sol, para iluminar el mundo», sin embargo, en  esa calle no nace ni se pone el astro rey. Es del sol, por algún sortilegio  surgido entre los bares, los cafetines, las casas de juegos donde se apostaba a un número esquivo la exigua riqueza de los concurrentes. Es del sol, por el rostro de sus mujeres alegres y dispuestas, maquilladas de luz para ocultar la sombra, la tristeza y  el tedio que las ahogaba en sus interminables noches de lujuria.

 

Del sol, por el proxeneta de gruesas cadenas al cuello y plateado reloj de bolsillo, que enfoca sus ojos de buitre a la quinceañera perdida. Del Sol,  por la dentadura de oro en la sonrisa del guapo del barrio. Del sol, por los infantes que a golpes de cepillo y paño le lustran los zapatos a los que, a hurtadillas, entran a la Ronda. Del sol, por los toques de santo a la luz de las velas que hacen resplandecer los torsos sudados de los negros, mulatos y blancos en el Todo mezclado que nos define. Del sol, por el fulgor de la espada y la copa de Santa Bárbara bendita trasmutada en Changó.

 

Por el San Lázaro de los tabacos inapagables y humeantes, por su botella de aguardiente de caña, sus perros del desvelo y su mechero de aceite eternamente prendido. Por los girasoles de Ochún y la tiara de la Caridad del Cobre iluminada por la fe de los marginados. Del sol, por los faroles de hojalata y espejitos policromados que construye el negro sansarí para las fiestas de la Navidad. Por las tijeras del barbero orador que ha de morir un día cualquiera atravesado por un puñal. Del sol, por las banderitas en colores y los farolitos encendidos en la noche de San Juan. Por el judas que ardía en las cuatro esquinas. Del sol, porque una tarde de diciembre se repletaron los cocteles molotov para la batalla definitiva y se llenó la callejuela de las estrellas que provenientes de la Sierra, auguraban una nueva luminiscencia.

 

En fin del sol, porque en ella habitan seres sin ocasos. 

 

En esta infinita calle que nace en el norte remediano y es cortada por la Plaza del Mercado desaparecida en este San Juan del 500 envuelto en un celofán de brillo que se llevó la captura del güije a otro plano terrenal y dejó al pueblo sin sus juegos tradicionales, nació el 4 de agosto de 1954, Noel G. Bofill Rojas, poeta y pintor.

 

Poeta que anduvo con su jolongo de versos improvisados por toda la isla, cantándoles a los campesinos, los trabajadores, los estudiantes, a los héroes y mártires de cada uno de los rinconcitos que visitaba. Poeta de incansable andar inalcanzable que anduvo por África en busca de la fuente primigenia de sus ancestros;  repartiendo versos como balas, como pétalos, con una mano tendida para el encuentro y la otra firme en su fusil de internacionalista. Poeta que en su bregar de Quijote cubano entendió que tanta belleza natural, tanta Humanidad como Patria debía de ser llevada al lienzo como la manera de compartir lo que veía. Y se le juntaron ceiba y baobab y despertó en un amanecer definitorio con un pincel en la mano y su eterno canto en los labios.

 

El poeta entendió que mediante la pintura otros podían ver lo que él había observado o mucho mejor, lo que él había experimentado cuando se llenó de tantos horizontes. Y se dispuso a trasmitir, no el paisaje real, sino la impresión que causó ese paisaje en sus ojos de niño. Y la humanidad toda se le fue ahondando hacia el centro de lo trascendental y los lienzos se llenaron de güijes, de palomas, de orishas, de santos, de deidades orientales, de fantasmas, pintores, escritores, poetas de todos los rincones del universo y hasta los  espíritus malignos quisieron torcerle el rumbo, poseerlo en cruentas batallas que le encontraron y le encontraran siempre vencedor.

 

Y fue un duende como él, ¡tremendo duende!: El Sensible sarapico Samuel Feijóo quien al abrirle el pecho y tenderle la mano, le ordenó ¡Empínate y anda!

 

Y la mano que escribía versos comenzó a pintarlos sobre el lienzo. 

Se hizo al mundo y de su San Juan se fue una tarde tras el amor eterno a concebir un hijo y e intentar descansar en un Santo Domingo que lo acogió como uno de los suyos.

 

Maestro de sí mismo, el niño que pinta sus cuadros, no dejará de serlo. Bofill Rojas tiene la capacidad de renovarse, de encontrar en cada obra un camino otro hacia la expresión de su genialidad sin dejar de ser él. Un Bofill, es y será siempre un Bofill. La mano que pinta lo sabe y por eso lo secunda en todo. 

POLÍTICA NORTEAMERICANA HACIA CUBA

POLÍTICA NORTEAMERICANA HACIA CUBA

Laura Rodríguez Fuentes (1)

 

«No ha existido nunca una relación normal entre Estados Unidos y Cuba, y su constante fundamental es la hegemonía vs soberanía», aclaró el joven, pero ya reconocido investigador Elier Ramírez Cañedo, invitado junto al maestro Esteban Morales Domínguez al espacio La Caldera, con quien, además, ha publicado varios libros y artículos relacionados con el tema de las relaciones entre ambos países.

 

 

El término que se debe emplear, más que diferendo, es conflicto», agrega Elier. Diferendo existe entre diferentes países, por cuestiones fronterizas o internacionales, pero este es un conflicto de naturaleza sistémica y va mucho más allá de ese término», aseguró en Santa Clara, al centro de Cuba.

 

Ramírez Cañedo también hizo referencia a que alrededor de la confrontación se ha establecido el mito histórico de que su comienzo data de 1959. Sin embargo, se conoce que la política norteamericana siempre estuvo encaminada a bloquear la independencia de nuestro país, mucho antes de que fuera un estado independiente.

 

Morales, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de las relaciones entre ambos países, aclaró que no debemos guiarnos únicamente por la coyuntura, sino tener la posibilidad de predecir los futuros comportamientos de la política norteamericana hacia Cuba.

 

«Esto es extraordinariamente difícil, porque los análisis que se hacen parten de la coyuntura», refirió el investigador. «Para nosotros, predecir lo que puede ocurrir con la política norteamericana es una cuestión de vida o muerte. Hay que echar mano de instrumentos que a veces nuestras ciencias sociales no han sido capaces de emplear en el proceso de análisis. Hace falta que no quedemos atrapados por la coyuntura, que tengamos la capacidad de saber el futuro, al menos el relativamente inmediato».

 

El último libro de ambos historiadores De la confrontación a la negociación. La política de Estados Unidos hacia Cuba plantea resultados que prácticamente se adelantan a los acontecimientos gracias a la forma investigativa empleada a partir de un modelo de análisis.

 

De esta forma, llegan a la conclusión de cuáles son los elementos centrales para entender la dinámica futura de las relaciones en cuestión. Al decir del propio Morales, la variable principal es la realidad interna de Cuba y la capacidad que tiene cualquier país para que estas fuerzas enfrenten el fenómeno.

 

«Una vez alguien me dijo que yo estaba pensando como los norteamericanos, y yo le dije que ojalá tuviera esa capacidad, porque la política es como un juego de ajedrez: si usted es capaz de adelantarse a la jugada del contrario, de seguro tendrá una capacidad mayor de triunfar».

 

Morales prosiguió con la explicación de cómo la política norteamericana puede subvertir al país y lograr sus propósitos futuros.

 

También hizo alusión a que la contrarrevolución cubana no existe porque «contrarrevolucionarios son aquellas personas que se oponen a un régimen político, con un programa, una ideología política, o una clase que defender, que combaten por ella y preparan a sus líderes.

 

«Son mercenarios al servicio de una potencia extraña, por eso, se quedaron colgados de la brocha cuando Obama, inteligentemente y valientemente, planteó el cambio de política (...) Ha sido la agenda política más inteligente que ha dirigido un presidente norteamericano. Ante cualquier enemigo tenemos que reconocer su capacidad, para obrar con inteligencia también en función de sus propósitos, si no hacemos eso, estamos muertos».

 

«Tenemos que quitarnos de encima todo lo superfluo, que los precios bajen, que las personas puedan satisfacer sus necesidades...para entonces dar respuesta a las amenazas».

 

«Cuando viajé por primera vez a Estados Unidos en 1977 no se hablaba de Cuba y la información que entraba solo por los canales de la derecha. A mediados de los ochenta, mis artículos y entrevistas salían por la prensa y ya había un amplio intercambio académico, político, religioso, intelectual, entre Cuba y Estados Unidos. Eso trajo como resultado de que imagen de Cuba allá comenzara a cambiar. El 17 de diciembre, Obama tuvo que considerar también un cambio de imagen.

 

«Nosotros hemos librado una batalla política, pero también cultural. La cultura norteamericana no existe porque es una sociedad multipluricultural. Razón por la cual, en un enfrentamiento cultural, Cuba es capaz de ofrecer más capacidades integralmente como país. Obama siempre tuvo la idea de cambiar la política hacia Cuba desde que era senador, pero cuando agarró la presidencia estaba en una circunstancia en la que no podía de manera inmediata hacerlo. Hasta hace muy poco, Cuba no era prioridad en la política norteamericana».

 

«Hay que tomar esta oportunidad y ver cómo salimos, pero nunca perderla», agregó Esteban Morales. «No podemos decir que Estados Unidos no tenga voluntad política de negociar o que ha hecho desaparecer el interés imperial de volver a controlar a Cuba y subvertir su proceso interno. Hay muchos países vigilantes para ver cómo nos tratan a nosotros para ver cómo en el futuro los pueden tratar a ellos».

 

Durante el espacio, los participantes tuvieron la oportunidad de indagar sobre dichas cuestiones y saldar dudas sobre el papel de las masas y la juventud en el proceso. Muchos acordaron en sus intervenciones de que Obama no ha cambiado su estrategia y que resulta necesario mantener el arraigo a la historia y a la nacionalidad cubana que en Guáimaro se defendió.

 

(1)- http://www.vanguardia.cu/cultura/4481-ver-texto-que-no-supe-como-poner-titulo-y-subtititulo

 

SANTA CLARA Y LA VERBENA DE LA CALLE GLORIA

SANTA CLARA Y LA VERBENA DE LA CALLE GLORIA

Por Luis Machado Ordetx

 

 

Una de las más antiguas fiestas patronales, creada con fines colectivos hacia finales del siglo XVII, aconteció con la Verbena de la calle Gloria, un jolgorio espiritual surgido en Santa Clara, al centro cubano.

 

En los inicios, de acuerdo con el reporte de Manuel Dionisio González en la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858), tuvo motivaciones religiosas. Festejó el establecimiento posterior de la Villa en el hato de Antonio Díaz, en tierra mediterránea, alejada de las costas del litoral del centro-norte de la jurisdicción de San Juan de los Remedios.

 

Fue lo dictado del capitán general Diego Antonio de Viana Hinojosa, según refrendó el sucesor Severino de Manzaneda y Salinas, tras la emigración en los primeros días de julio de 1689 de familias  primitivas que residían en aquel antiguo territorio.

 

Los emigrantes venían espantados por ataques de corsarios y piratas, o de las intrigas religioso-mercantiles, y decidieron por último un asiento definitivo en suelos que consideraron prósperos para el fomento agropecuario.

 

Desde entonces la localidad, poco a poco, tuvo nuevos pobladores y  diferentes denominaciones, entre las que aparecen Pueblo Nuevo, según el historiador Félix María de Arrate. Otros investigadores la circunscriben a Cayo Nuevo, y también a Villa Nueva de Santa Clara del Cayo. De igual modo la llamaron Pueblo Nuevo de Antón Díaz, terreno  protegido por las discretas alturas de Cerro Calvo, el Capiro, La Melchora, Peña Blanca y Dos Hermanas.

 

La comarca, en su fertilidad primitiva, estaba bañada  por los arroyos del Monte (Bélico) y la Sabana (Cubanicay), en los cuales entonces corrían aguas mansas y cristalinas.   

 

Sin embargo, el 16 de agosto de 1695 se acordó que  la Villa se titulara Gloriosa Santa Clara, «por ser el que tenía y debía conservar, y tomase por patrona». En lo sucesivo, todos los días 12 del octavo mes, se enaltecería, según el santoral católico. Harían una Verbena de amplia riqueza religioso-popular que, por tradición, incorporó componentes laicos y profanos.

 

Hasta 1923, fecha de la demolición de la Parroquial Mayor, ubicada al sureste del parque Leoncio Vidal, la Verbena acaeció en la antigua plaza. Después se trasladó hacia la calle Gloria, sitio donde radicaba el Cuartel de Bomberos, en una de las vías transversales que desembocaba al céntrico recinto de paseos.

 

Junto a la antigua fe de bautismo, Pilongo, por extensión y costumbre, hubo orgullo y visos de amor a la patria chica. De acuerdo con la unción de las aguas cristianas para los nacidos en Santa Clara, la Verbena trascendió en  el tiempo, y quedó prendida dentro del imaginario popular con celebraciones anuales.

 

La fiesta tradicional por la Gloriosa Virgen de Santa Clara de Asís, constituyó una diversión que derivó en combinaciones de complejos bailes, juegos y divertimentos, ventas de bebidas, comidas y usanzas de gozos espirituales.

 

La calle Gloria era engalanada con plantas ornamentales, banderolas y quioscos para la venta de fiambres. Después se hacía la procesión de la virgen patrona, Santa Clara de Asís. En el acompañamiento popular de la imagen venerada, siempre intervenían las bandas de música del Cuerpo de Bomberos y otra Civil. Al término de la vía, después de un recorrido de procesión rumbo a las márgenes del río Cubanicay, era colocado un altar hasta la medianoche.

 

Durante las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo la costumbre languideció. En 1989, en ocasión del tricentenario de la fundación de Santa Clara, fue retomada con un matiz más profano.

 

A partir de entonces rescató componentes de la cultura popular-tradicional, sobre todo de repostería doméstica. Expenden vinos caseros, ventas de flores, ferias de artesanía y presentación de trovadores, y muestran bailes y vestuarios alegóricos.

 

En sus orígenes apareció el delicioso vino de tamarindo, árbol y fruto típico de región —según dijo Dionisio González en su novela histórica El indio de Cubanacán o Las brujas de Peña Blanca, de 1848—, así como la cafirolata, un dulce de boniato con leche de coco y canela.

 

También comercializaron el frangollo, especie de torticas de migas de plátano en almíbar, así como el cosubé, unas empanadas de catibía con sabor anís. Fue común disfrutar del mantecadito, un delicioso plato que encantó el paladar del transeúnte que recorrió muchos años atrás el entrecruce de caminos que enlazaban, por ferrocarril o carretera, a todo el país. 

 

A la trascendental de las tradiciones de la localidad, la Verbena, y a sus mitos y leyendas pueblerinas (“Raíz del mote pilongo”, o “La Cruz del Puente”, recogidos en Ayer de Santa Clara, 1959, por el folklorista Florentino Martínez, o Leyendas y Tradiciones Villaclareñas (1929), de Manuel García-Garófalo Mesa, y Tradiciones Villaclareñas, publicada ese año por Antonio Berenguer y Sed, se desencadenó en la actualidad otra costumbre que dista mucho de aquellos rasgos originarios.

 

A la Verbena, próxima en aparecer, la sustituyen los paseos de sábados y domingo en torno a la Glorieta ubicada en el parque Leoncio Vidal desde 1912, un sitio de encuentro de niños, jóvenes y ancianos que cuentan las más disímiles historias del acontecer pasado o presente.

 

Ya no se habla de aquellos mitos sobre “La Calabaza de la Pastora”, o “El Caballo blanco sin cabeza”, así como de “La bruja de Cerro Calvo”, “El hada del Capiro”, y la “Visión del güije del Caney”, por citar antológicos casos de leyendas agrupadas por los historiadores.

 

Ahora las historias son más recientes en tanto llega este miércoles la tradicional Verbena de la calle Gloria, otro momento para el regocijo familiar.

 




 

 

 

BARRENECHEA, ATENCIÓN: UNA HERENCIA, Y LA HUELLA DE CIUDADES EN PUGNA

BARRENECHEA, ATENCIÓN: UNA HERENCIA, Y LA HUELLA DE CIUDADES EN PUGNA

Por Carlos S. Coll Ruiz (Historiador).

 

 

La dialéctica del  tiempo requiere de una inmersión regresiva para el redescubrimiento de procesos o fenómenos de lenta evolución. Pierre Vilar admite que “la investigación causal (…) consiste en dibujar los grandes rasgos del relieve histórico” y someterlos, una y otra vez, al análisis más severo para poder encontrar los verdaderos móviles de los acontecimientos.

 

“Ciudades  en Pugna” de Luis Machado Ordetx, da la posibilidad de penetrar en hechos sustentables en el tiempo y de expansión en un espacio geográfico interior e insular que, al estar sujeto a las condicionantes del desarrollo económico internacional, indagó con afano una salida donde poder insertarse al intercambio. Fue un motivo  existencial, una utopía que en definitiva determinará los contornos y la fisonomía de un grupo social afincado en el poder local. Escudriñarán vehementemente, una y otra vez, un puerto donde  la mediterraneidad, según el autor, los sujetó y acosó,  lo cual “derivó hacia el marasmo geofísico y el espíritu tributario” en la búsqueda de una escapatoria marítima.

 

La “inmersión” de Machado Ordetx hacia la formulación de un espíritu logocéntrico en la jurisdicción de Santa Clara, y el imperceptible caminar del tiempo desde su fundación, constituye el “atrevimiento” que la obra propone a través de la historia. En el empeño por justificarlo, se acerca, por coincidencia  o no, al investigador  Hernán Venegas Delgado cuando la definió como pluricentrista. También se aleja de las disquisiciones, muchas veces enturbiadas, de exaltación de un localismo y regionalismo que no dejan ver las verdaderas causas de los avatares en la historia.

Plantea un debate desde un estudio de caso sujeto a herramientas prosopográficas, pocas veces utilizado por los investigadores, pero muy necesarias cuando de comparaciones se trata.

 

El rastro fundacional de Santa Clara (15 de julio de 1689), que no es otro que el de la aspiración por la tierra y su propiedad, pone el sesgo esencial  a lo largo del libro. El pensamiento fisiócrata explicitado o no en la historiografía constituye eje central de la miopía de la élite de hacendados. De ahí las disputas territoriales constantes enjuiciadas por el autor, no a modo de justificación, sino por incapacidad del grupo social que no  encontró otras alternativas productivas en una época en la cual tener un puerto constituía un salvoconducto  exclusivo de persistencia en el sistema colonial español.

No se deja atrapar el autor por “los factores geográficos de la cubanidad” expuestos por Salvador Massip, esenciales para el análisis en el caso particular de Santa Clara. Recurre al  diálogo con las cifras, pues cuando ya maduro el sistema colonial, ante las puertas de un movimiento insurreccional que ya no le quedaba otra alternativa que la  guerra, el escritor señala que   “en 1860 la jurisdicción central se situó en el último lugar en la producción azucarera. Constituyó el segundo en tabaco y ganadería, y tercero y cuarto, respectivamente, en café y apicultura”, expresión de la  continuidad que dio origen al hecho fundacional.

 

Cuando en  el “imaginario” histórico el  puerto de “San Lázaro del Granadillo” no se hizo posible, deja claro que el “espíritu” logocéntrico no se reduce a esa aspiración, es mucho más, y está  interrelacionado con los factores económico, político y sociales que tiene lugar, lo cual da nombre a la obra: “Ciudades en Pugnas”. Las “coléricas” contradicciones pasan por más de dos siglos, dejando claras aquellas económicas y políticas, o solapadas las sociales que sin dudas corren tras las dos primeras. Los enfoques que siempre el lector encontrará están del lado dialéctico, y no de la consecutividad armoniosa.

Dejando claro que lo “trascendente estribó en el ímpetu por acorralar poderes administrativos, judiciales, eclesiásticos, institucionales, sociales  y culturales”; episodios que no solo  son dados a la llamada región central. Santa Clara como provincia (1878), o Las Villas (1940), y sus ribetes, van hasta las más altas aspiraciones de capitalidad de la nación, dejándonos sedientos por conocer hasta qué punto habían penetrado ciertas tendencias anexionistas en la convulsa y naciente “republica” de los primeros veinte años del siglo XX con un macro proyecto sobre el “supuesto” puerto.

 

No estamos en presencia del  culturalismo, ni las cacafoneadas tradiciones que brindan una idea difusa de un organismo social en movimiento. La obra es una demostración de los epítetos que acompañaron a Santa Clara en el tiempo: “La Muerta”, “La Ciudad Dormida”, o “La Ciudad de Gringos”, “La Ciudad del Polvo”, “La Ciudad Cenicienta”, “La Ciudad Tullida”, y “ La Ciudad Callada”, pues como se esclarece,  Santa Clara no pudo ofrecer una alternativa de desarrollo  que  dejara atrás los lastres de su herencia colonial, quedando atenazada ante dos ciudades que emergieron  con un inusitado impulso azucarero y comercial: Sagua La Grande y Cienfuegos.

Tampoco se deja atrapar por los dos grandes acontecimientos bélicos que sumergieron a la colonia cubana en la segunda mitad del siglo XIX —con sus consecuencias económicas desbastadotas la primera  (1868-1878) hacia la región centro-oriental, y la segunda (1895-1898) a toda la Isla de Cuba—, pues como ilustra constantemente, las causas están en las profundidades del sistema productivo que la jurisdicción asumió como patrón. Las explicaciones hay que buscarlas en la hacienda, siendo la renta sobre la tierra el predominio ante lo cual sucumbió cualquier alternativa de una diversificación que, al no ser la agrícola, estuvo empadronada en la gran, mediana y pequeña propiedad.

 

El caudillismo de la  colonia, injertado  en la “república”, continuó y dio cabida  con amplias alas a la región central de Cuba, particularmente a Santa Clara. Fue expresión del logocentrismo gestando desde el hecho fundacional y expresado con todo su rigor por  el Capitán Luis Pérez de Morales que, con la espada y el arcabuz, ocupó la villa de San Juan de los Remedios en 1691. Seguiría una nueva era, llamada “republicana”, en la cual Machado Ordetx se adentra hasta la década del cincuenta del pasado siglo,  cuyos contextos son económicos, políticos y sociales. No existen otras diatribas, y el autor las expone en su obra.

 

El gran muro que ha tenido que saltar  “Ciudades en Pugnas”, es el hilo de continuidad para captar el hecho en momentos cronológicamente y sistemas diferentes; de ahí su complejidad. En “San Lázaro del Granadillo” está solo el “ardid” que descubre el hegemónico papel de un grupo social o élite para alcanzar sus fines, sean consumados o no. Expresan la adecuación de las aspiraciones políticas a las nuevas circunstancias. Es una tarea nada fácil de lograr si no se mantiene la persistencia del enfoque científico del problema que se investiga.

 

Por último, toda obra de investigación  encuentra un obstáculo que no se puede sortear: la documentación. Un gran estudioso de la colonia cubana como Jacobo de la Pezuela, refiriéndose a los censos de 1774, 1792 y 1817, los calificó como “esqueletos de censos”, por ser poco ilustrativos. De ahí la complejidad en la utilización de las fuentes, pues invariablemente hay que buscar todas aquellas fiables que permitan transitar con cierto “reposo” por el camino de la investigación. Con “Ciudades en Pugnas” de Luis Machado Ordetx, sujeto a esas inclemencias, se cumple brillantemente con la expectativa: una amplia documentación la respalda. Están atesorados en los Archivo Históricos, como las Actas Capitulares de los Cabildos o Ayuntamientos, u otros  de inapreciable valor que existen en fondos de esas instituciones. Hay una amplia bibliografía de consulta en obras de autores de obligada referencia, y  la utilización de la prensa como un sostén de inapreciable precio  para calar en la sociedad y su cultura. Contiene  apuntes de censos, estadísticas, informes, y otros tantos documentos originales sueltos que la propia búsqueda  va poniendo de la mano de un método riguroso de selección y una adecuada concatenación que posibilita probar la hipótesis planteada. “Ciudades en Pugnas”, es ante todo una exposición científica con la sujeción al método histórico de investigación, que como novedad expone el acontecimiento en su larga duración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DISPUTAS TERRITORIALES Y QUERELLAS SIMBÓLICAS EN EL CENTRO DE CUBA

DISPUTAS TERRITORIALES  Y QUERELLAS SIMBÓLICAS EN EL CENTRO DE CUBA

Por Félix Julio Alfonso López

(Prólogo a Ciudades en Pugna, de Luis Machado Ordetx, 14 de julio de 2015, en Santa Clara).

 

 

La historia regional cubana ha tenido uno de sus principales derroteros en el estudio de la formación de las regiones históricas en la Isla. Este tipo de historia, floreciente en América Latina desde la década de 1980, no busca poner en tela de juicio la existencia de unidades nacionales ni de la nación como construcción simbólica y política, sino que más bien trata de indagar en aquellas especificidades de los elementos locales y regionales que han contribuido al principio genésico de lo nacional. El estudio de la historia desde la perspectiva regional nos pone ante un fascinante mundo de posibilidades interpretativas, pues es allí donde la geografía, el medio natural, la economía, las costumbres, las tradiciones, los mitos y leyendas y la cultura popular en general, conservan una interrelación íntima, que solo puede ser observada con rigor utilizando el “microscopio” histórico, según la feliz expresión del gran historiador italiano Carlo Ginzburg.

 

Muchas veces la historia regional ha privilegiado determinados aspectos de la realidad, como pueden ser los desarrollos económicos vinculados a un producto especifico o forma de tenencia de la tierra, o los comportamientos políticos de un determinado territorio, la evolución demográfica, las migraciones, etc. Sin embargo, no es frecuente encontrar estudios acerca de los procesos de construcción de las regiones cubanas y sus contradicciones internas, por más que sepamos que lo que el maestro Juan Pérez de la Riva llamó “la conquista del espacio cubano” fue un proceso complejo en muchos sentidos, desde la propia génesis de las mercedes de tierras en los cabildos:

 

 

       Entre el cabildo de Santiago y el cabildo de Bayamo se dividen, casi por mitad, la       provincia de oriente y una parte de Camagüey, dejando a Baracoa arrinconada en       su esquina con unos cuatro mil quinientos kilómetros de territorio. Puerto Príncipe       va más o menos hasta Magarabomba ocupando unos catorce mil kilómetros               cuadrados; Sancti Spiritus va  a llegar hasta chocar con La Habana, arrinconando       al sur a Trinidad en unos dos mil kilómetros cuadrados (…) Remedios (…) no será       un cabildo en plena función. Así es que La Habana  (…) se va a extender hasta el       río Sagua La Grande y la Ciénaga de Zapata (…), a tocar con la bahía de Jagua.        (1)

 

 

Esta caprichosa estructuración administrativa colonial del territorio insular, es lo que lleva al más importante de los regionalistas cubanos, Hernán Venegas Delgado, a argumentar la pertinencia del esquema descrito por Pérez de la Riva y sugerir que existía una verdadera “anarquía en la mercedación, que se traduce y traducirá en interminables litigios, algunos trasladados hasta el periodo republicano, a inicios del siglo XX”. (2) Un ejemplo de lo anterior sería la mercedación que realiza el cabildo espirituano de la hacienda Ciego de Santa Clara en 1636, “cuando podía haberlo realizado el de Remedios, para ese entonces ya reconocido como tal”. (3)

 

 

El centro de la Isla quedó dividido entre cuatro grandes regiones, tres de ellas vinculadas a las primeras villas fundadas por los españoles en la primeras décadas del siglo XVI: Trinidad, Sancti Spiritus  y Remedios, y como un desprendimiento de esta última Santa Clara, fundada en 1689. Sancti Spiritus y Santa Clara fueron zonas de un temprano desarrollo ganadero, incorporado al gran circuito del negocio del contrabando. Un núcleo más tardío de desarrollo económico fue el que tuvo como escenario a Sagua la Grande, asociado al cultivo del tabaco y la explotación de maderas preciosas. Todo ello, como señala Venegas, trajo aparejado un “interesantísimo proceso de pugnas interregionales al fijarse los límites político administrativos de la nueva región santaclareña  (o villaclareña, como también se le conocería). Este proceso es recogido por la historiografía cubana de diversas épocas  y una de sus manifestaciones más interesantes lo es la expresión de un fortísimo sentimiento de regionalidad para el caso de Remedios”. (4)

 

 

De una parte de esta rica historia de conflictos territoriales y espacios en disputa en el Centro de Cuba, se ocupa la presente investigación del periodista Luis Machado Ordetx, quien indaga en un espacio temporal de casi tres siglos—desde 1689 hasta mediados del siglo XX— y concentra su búsqueda en lo que el autor llama “los anhelos de vecindad marítima” de Santa Clara y los problemas que ello comportó en el transcurso de los años. Detrás de esto se encontraban agrias disputas socioeconómicas con otras jurisdicciones de fundación más recientes como Cienfuegos y Sagua la Grande.

 

 

Machado expresa el carácter autoritario y logocéntrico de Santa Clara en la conformación del  espacio mediterráneo del centro de la Isla, apoyándose en numerosas fuentes bibliográficas y de prensa, y señala como la villa nacida de Remedios pugnó por imponer su hegemonía económica y comercial a sus regiones limítrofes. La prosa del autor en este particular es un tanto apasionada e incluso adusta, como cuando firma que: “Existe una visión  autocrática en la apropiación de las riquezas del subsuelo, las comunicaciones, del entrecruce de caminos y de la travesía anhelada rumbo al mar. Eso compendió una “letra” vitalicia en todos sus desafueros históricos”.

 

 

El autor repasa de manera exhaustiva los numerosos conflictos por la demarcación territorial desde finales del siglo XVII y a lo largo de los siglos XVIII y XIX, en los cuales hatos y terrenos cambiaron de dueño con frecuencia, en función de intereses de poder y ambiciones económicas. La secesión de la zona de Cienfuegos, con su excelente puerto, y el ascenso demográfico y la prosperidad de Sagua, escindida en la década de 1840, fueron hitos importantes en el proceso que el autor describe, de desafío al poder centralizador de Santa Clara.  Todo parece indicar que la necesidad de contar con una salida autónoma al mar, fue uno de los grandes motivos de discordia entre las autoridades coloniales villaclareñas y sagüeras. De tal modo, los cursos de agua como el río Sagua la Chica, limítrofe entre las jurisdicciones de San Juan de los Remedios y Santa Clara, sitio de acceso a la costa norte y de trasiegos tierra-adentro, “fue una obsesión, y representó la ansiada escapatoria al mar”. Por idénticas razones: “El Granadillo sería, en las proximidades del litoral, mucho más anhelado, a poca distancia de la embocadura del estero de Caonao”. Sobre este último lugar y su importancia desde el punto de vista económico y comercial en el embarque de azúcar, el autor abunda en datos y pormenores sobre los intentos de Santa Clara por controlar dicho enclave costero. Asimismo da cuenta de las reclamaciones que realizaron la prensa de una y otra localidad. Incluso, durante la disputa por la capitalidad con Cienfuegos en la década de 1880, los pilongos declararon a su favor la posesión del Granadillo como atracadero marítimo. Otro punto de fricción serían las tierras limítrofes entre ambas jurisdicciones llamadas Colonia de Vives, actual Caibarién, con su puerto, apetecido por igual por remedianos y santaclareños.

 

 

Luego, en el siglo XX, nuevos elementos azuzarían la discordia, como lo señaló un destacado poeta y periodista: “Santa Clara siempre fue un buen centro cultural en pugna con el Cienfuegos de ayer […] En lo material el puerto era su ventaja […] Santa Clara esperaba la revancha, reclamando sus fueros. Y llegó su hora. La Carretera Central la despertó de su letargo forzoso. Se desentumeció Santa Clara y se entumeció Cienfuegos. Siempre fue Santa Clara con su pobreza y su riqueza un  viejo centro de cultura...”.

 

 

Además de los litigios propiamente fronterizos o por zonas de influencia económica, otro territorio en disputa fue el de la cultura y los imaginarios asociados a ella. Opiniones de destacados intelectuales (provincianos por cierto) como Gastón Baquero y Jorge Mañach, nos informa de cierta palidez existencial en la villa de Marta a inicios y mediados del siglo XX, cierto vacío que Baquero atribuye  a su condición de ciudad “cerrada” y “neblinosa” y el sagüero Mañach a su carácter “estoico”. Otras visiones más benévolas, como la del periodista Bienvenido Rumbaut Yánes, señalan que “Villaclara está limpia, remozada. Sus calles, sus edificios modernos, su propio ajetreo de ciudad cosmopolita, dan la sensación de poderío”.  En medio, una multitud de periodistas, cronistas, historiadores y viajeros van reflejando en sus diarios y anotaciones aspectos de la vida cotidiana y los avatares urbanos de las “ciudades en pugna”, casi siempre con aspectos comparativos que las diferencian y las hacen diversas en las percepciones individuales de cada uno. Baquero es el que quizás mejor ilustra esa mirada escrutadora y diferenciadora entre las urbes, contrapuestas por sus estilos arquitectónicos, su geografía y sus peculiaridades socioeconómicas.

 

 

Muchas otras cuestiones relacionadas con estas disputas, como el poco conocido caso del canal del Granadillo, el pretendido traslado de la capital de la Isla para Santa Clara o las inacabables escaramuzas periodísticas entre los diarios de Cienfuegos y Santa Clara, expresiones tanto de divergencias en el orden material  como de índole cultural, encontrará el lector que se adentre en estas páginas, desde cuyo denso follaje retórico, salpicado de erudición bibliográfica y desmesura documental, se asoma una mirada que intenta descifrar el origen de no pocas desavenencias, litigios y  conflictos que todavía perviven en el imaginario de los habitantes del centro de Cuba.

 

 

NOTAS

 

1- Juan Pérez de la Riva, “Sobre la conquista del espacio cubano”, Universidad de La Habana, no. 207, 1978, p. 13.

2- Hernán Venegas Delgado, La formación de las regiones históricas en Cuba. Una propuesta de periodización, Xalapa, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, 2006, p. 39.

3- Ídem.

4- Ídem, p. 43.

 

CIUDADES EN PUGNA

CIUDADES EN PUGNA

Polémica con el periodista y escritor cubano Luis Machado Ordetx

Por José Gabriel Barrenechea, Santa Clara (1)

La incongruencia de que en Cuba en cualquier ciudad de provincias haya al menos una editorial y sin embargo ningún diario, da pie a no pocas deformaciones en nuestra vida literaria. Se imprimen así muchos libros que en realidad nunca debieron pasar de artículo periodístico, y, en el mejor de los casos, de la docena de cuartillas. La práctica de convocar a concursos de ensayo donde no existe la tradición ensayística no hace más que empeorar esta situación.

 

Una muestra de los monstruos que crean las deformaciones mencionadas es Ciudades en pugna, de Luis Machado Ordetx. Este libro ganó el Premio Literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2014 en la modalidad de ensayo y, como es ya costumbre, la editorial Capiro ha puesto en librería justo el día antes de la proclamación de los premios del año siguiente, el pasado martes 14 de julio.

 

Un muy político Félix Julio Alfonso, presidente del jurado que premió este libro, habla en el prólogo de densos follajes retóricos, salpicados de erudición bibliográfica y desmesura documental. En realidad, abunda en el libro la pedantería retórica, con la que por sobre todo se intenta agregar páginas en los inicios de los capítulos y de los epígrafes, y que, como consecuencia de su descomedido uso, desalienta al lector más adiestrado en estos excesos. Pocos pasarán más allá de esos fárragos iniciales. Las fuentes, por su parte, son pésimamente usadas, sin que atinemos a saber si el exceso de citas tiene como objetivo conseguir estirar el trabajo hasta las dimensiones exigidas por el premio o aplastarnos con la vastedad de la erudición del autor.

 

Por ejemplo, observemos el capítulo Humos del Periodismo, ¿La Polémica?, central en la obra ya que en él Machado Ordetx desarrolla lo que en el fondo es su objetivo principal: negar la idea de Santa Clara como ciudad letrada. Aparte del abuso de los signos de interrogación que inunda la obra entera, se hace evidente en la introducción a este capítulo que el autor no tiene a nadie más que a Gastón Baquero para sostener su posición. Menciona a Jorge Mañach, pero no cita nada concreto suyo que lo ayude a argumentar su pretensión desacralizadora, salvo su referencia encomiástica a Camajuaní, que para nada menciona a Santa Clara. Machado llega hasta dar sin más a Bienvenido Rumbaut Yanes como miembro de un pretendido club anti-santaclareño, armado a pura voluntad con Baquero y Mañach, cuando hasta ese momento, y hasta el fin de la obra, solo presenta la siguiente cita suya extraída de la prensa de la época: "Villa Clara (Santa Clara) está limpia, remozada. Sus calles, sus edificios modernos, su propio ajetreo de ciudad cosmopolita, dan la sensación de poderío..., está rejuvenecida. Parece más ampliada. Allí se respira en otro ambiente. No hay en ella la quietud que en otros pueblos...".

 

A no ser que Machado Ordetx haya confundido sus citas, no me explico de qué manera este fragmento de Rumbaut Yanes le permite identificarlo con aquel otro de Baquero, en el que afirma que Santa Clara es un "espacio cerrado en el cual la vida no logra dispararse con el ímpetu y el derroche de luz y la restallante alegría que le son circunstanciales".

 

La propia elección de Baquero como su principal (y en realidad único) caballo de batalla no hace más que debilitar toda su argumentación. Baquero, negro y homosexual, habla de una ciudad muy racista y algo puritana, como el mismo Machado reconoce. Por otra parte, es bien conocido que el periodismo de Baquero no se distinguía por su objetividad. Es en su estilo castizo y en su erudición donde se encuentran sus fuertes, pero no en esa actitud que consiste en distanciarse de los sentimientos y pasiones propios.

 

Más adelante Machado cita una carta de Ramón de la Sagra a Gertrudis Gómez de Avellaneda. En esta, escrita en 1860, De la Sagra habla de agitaciones y zozobras antiguas a las que ha seguido la paz monótona en que entonces viven. Es tal el deseo del autor de que todo apoye su visión de la historia que se pregunta si De la Sagra no se referirá a las tensiones surgidas entre Santa Clara y las regiones de Cienfuegos y Sagua, que poco antes se le habían desprendido.

 

No obstante, para cualquiera que conozca nuestra historia es evidente que De la Sagra a lo que se está refiriendo es al periodo de inestabilidad política relacionado con los intentos anexionistas de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta del siglo XIX. No olvidemos que el general Narciso López, la figura principal en ese periodo, había comenzado su carrera anti-gubernamental precisamente en la zona de Santa Clara.

 

En general, tras la lectura de las citas del capítulo referido a uno le queda más bien una impresión diametralmente opuesta a la que perseguía Machado. Asombra esa constante aparición de publicaciones literarias en una ciudad que entre 1842 y 1929 nunca contó con los recursos financieros que Sagua o Cienfuegos sí poseían, pero que nunca se concretaron en nada semejante. Nos lleva a preguntarnos: si Santa Clara nunca fue una ciudad letrada, ¿cómo es que en ella se daban individuos como Eduardo Machado o cómo fue aquí que surgió ese proyecto tan citado por el propio autor, la revista Cuba Contemporánea?

 

Nos parece que la pretensión de poner en libro lo que no pasaba de ensayo de veinte cuartillas lastra este muy interesante e importante trabajo, que en esa forma merecería ser publicado en alguna publicación de mayores alcances. Claro, si también antes el autor se desprende de la creencia, no solo de Machado sino en general de los medios literarios de la Isla, de que un ensayo mientras más oscuro, abstruso, retórico y cargado de citas, mejor.

 

No quiero dejar de señalar también la errónea selección de la editora a la que se encargó el cuidado de esta obra. Maylén Domínguez es una escritora de literatura infantil que para nada domina esta especial y muy exigente forma literaria, ni mucho menos posee los conocimientos aledaños que se requieren siempre para editar una obra de ensayo historiográfico. El exceso retórico y algunas incongruencias gramaticales, que también las hay, podrían haberse evitado de haber escogido Capiro mejor al encargado de editar esta obra.

 

(1)-http://www.14ymedio.com/cultura/portada-Ciudades-Luis-Machado-Ordetx_CYMIMA20150727_0018_16.jpg

BARRENECHEA, OTRO FULLERO CUBANO

BARRENECHEA, OTRO FULLERO CUBANO

Réplica al bloguero independiente José Gabriel Barrenechea, con residencia en Villa Clara, al centro de la Isla caribeña.

 

Por Luis Machado Ordetx

 

José Gabriel Barrenechea, como Judas Iscariote, está carente de la menor  vergüenza. Ahora en su miope lectura la emprendió contra Ciudades en pugna (Capiro, 2015), y comete lamentables pifias históricas que demuestran la sorna de un diletante que se acerca a escritores e intelectuales cubanos para venderse al mejor postor por migajas de dinero.

 

Al leer su opúsculo, lleno de imprecisiones teóricas e históricas, recordé su  “espíritu” rastrero cuando fue tildado de apropiarse de fondos destinados a Cuadernos de Pensamiento Plural http://razonesdecuba.cubadebate.cu/noticias/acusan-de-robo-de-dolares-a-bloguero-independiente/), una revista de periodismo independiente.

 

Después su rúbrica apareció, una que otra vez, en las nóminas de esas redacciones, y hasta escritores del centro cubano lo tildaron de “soplón” vulgar.  Un día se “auto-inventó” la de censura de un artículo “histórico” en Guamo, publicación del Ministerio de Cultura en Villa Clara.

 

Era un estudio-refrito sobre las expediciones cubanas por la zona de Pinar del Río durante las guerras por la independencia contra el colonialismo español. Ahí se “imaginó” el cuento de la recogida “masiva” de la publicación y formuló un “mea-culpa” por el ciberespacio, cuando en realidad la tirada de Guamo estaba agotada. 

 

Desde estas cuartillas hago réplica abierta para destejer el falso protagonismo revisionista de los apuntes que expuso, y lo considero un impostor. Diría con Pierre Vilar  que el «historiador es un físico, no un experto», pero en el caso de Barrenechea, con su crítica agazapada, ofrece un destilado de incompetencias.

 

Iscariote, al fin, recibió una recompensa monetaria por la “reseña” —subjetiva e impresionista— de reciente circulación en  http://www.14ymedio.com/cultura/portada-Ciudades CYMIMA20150727 0018 16.jpg. Nada tenía que escribir y la emprendió contra el libro, con lo cual demostró los imperfectos estudios sobre nuestra historia y el retorcido carácter de su “personalidad literaria”, rayana en la ignorancia  documental y estilística.  

 

Algunas apostillas le refrescarán su falsa visión de juego “critico”, y desde la cual no comprendió el fin último de Ciudades en pugna: la intención permanente de Santa Clara por la capitalidad territorial del centro cubano durante un siglo. O sea, desde mediados del XIX hasta la primera mitad de la siguiente centuria.

 

Desgraciadamente leyó un capítulo (“Humos del periodismo ¿la polémica?”), y esas páginas “¿sobraron?” para orquestarse una reseña ácida e hipercrítica. ¡Qué tipo de analista es Barrenechea!, quien tilda el discurso de oscuro para no mostrar su incapacidad valorativa y de interpretación.

 

Cuenta que nada le dice el libro. ¡Claro no lo puede apreciar en toda su magnitud!, pues jamás lo aquilató, y mucho menos comprobó  que en el esclarecimiento de lo desconocido hay una prospección e indagación en las fuentes documentales.

 

Creo, incluso, en su desmedida envidia por los escritores —gremio al cual dice que pertenece—, no le permiten reconocer cuando Lucács anunció en Sobre la esencia y forma del Ensayo (1910), que el género consiste en «no sacar cosas nuevas de una nada vacía, sino solo ordenar de modo nuevo cosas que ya en algún momento han sido vivas […] Y como sólo las ordena de nuevo, como no forma nada nuevo de lo informe […], ha de enunciar siempre “la verdad” sobre ellas, y hallar expresión para su esencia». Eso ocurrió en Ciudades en Pugna sin el subjetivismo que, con “miopía” incorpora Barrenechea en ideas colmadas de desacertadas impresiones personales e invenciones historiográficas.

 

Jamás sabrá, quien opera desde la óptica del “miope”, que en los antecedentes, las causas y el significado de los acontecimientos y las repercusiones, descansan los pilares interpretativos del libro. El ensayo, no como lo “entiende” Barrenechea, admite dosis de subjetividad en los argumentos. Por esa razón le mostraré que, en dos cuartillas, incurre en deslices históricos imperdonables que lo afirman en improbidad intelectual y periodística. Ojala, como suele hacerse llamar “Hidalgo Rural Cubano”, no termine, después de traicionar a muchos coterráneos, ahorcado en un árbol, como Judas Iscariote, según se narra en Mateo: 27.5.

 

Lo publicado por Barrenechea está próximo al límite del mísero “orquestador” de palabras. En http://www.14ymedio.com, dijo pepemartinez «¿Santaclareños en pugna? “A este artículo le falta la elegancia y el respeto propios de una buena crítica». Acaso los lectores son tontos ante un fullero-timador, quien según declaración es «escritor profesional en su domicilio». ¿Cuál?...  ¿Será el Café Literario de Santa Clara, sitio donde husmea con desmedida parsimonia lo que otros conversan? ¿Dónde están sus libros y ensayos? ¿Cuántas oraciones coherentes ha redactado en vida?... Oiga, no se haga el “sueco”, en buen diálogo cubano,  pues todos sabemos de sus carencias intelectuales.

 

El autotitulado “Hidalgo Rural Cubano”, en su desenfreno “crítico”, hasta se apropia de fundamentos de Félix Julio Alfonso, y no tiene la decencia de colocarlos en comillas. Claro, al escribir su opúsculo, desconoce en teoría lo expuesto por Pedro Aullón de Haro cuando significó que el ensayo está «Concebido como libre discurso reflexivo, se diría que […] establece el instrumento de la convergencia del saber y el idear con la multiplicidad genérica mediante hibridación fluctuante y permanente».

 

Entonces, ¿cómo tildar a Ciudades en pugna de «pedantería retórica»?, cuandoen realidad descubre entresijos en los enfrentamientos histórico-culturales entre territorios limítrofes del centro cubano desde aquella mercedación de tierra organizada por las primeras administraciones españolas en la Isla.  

 

Barrenechea, y es risible, sin exhibir instrumentales teóricos de la Literatura, el Arte, la Historia, o el Periodismo —porque no los tiene a su alcance—, ahora repudia el contraste de fuentes documentales, y no reconoce la vitalidad de valoraciones-antecedentes-contextualizados en criterios expuestos por otros investigadores.

 

La ceguera intelectual no le permitió detectar el objetivo central del libro, como mal indica a partir de la lectura del capítulo que relata: «Humos del periodismo, ¿la polémica?». Ahí nunca traté de demostrar la insuficiencia del carácter ¿letrado? de Santa Clara en su historia. Lo significativo allí son los encontronazos del periodismo impreso de aquellas regiones beligerantes por el poder logocéntrico. Se nota que el Fullero de Encrucijada es un pésimo lector con invidencia natural para reconstruir la realidad que lo circunda.

 

En su alegato tampoco se detuvo a observar  las diversas opiniones de periodistas, o escritores, entre las que se incluyen a Baquero, Mañach, Rumbaut —quien en ningún momento se dice en Ciudades en pugna que perteneció a un club anti-santaclareño, criterio que Barrenechea inventa—, y olvidó por presunción de mentiroso aquellos planteamientos dejados por Pedrosa Raimundo, García Galló, Ballagas, González Puig y…

 

Tiene Barrenechea una manera sórdida de “inventar” historias y manipular a lectores que carecen del libro. Tal vez desee apropiarse de cierta “celebridad” que en el fondo de los hechos siempre será dudosa. Por eso cita a Mañach, pero  ¿no observó usted cuando ese filósofo sagüero comentó las particularidades del parque Vidal?, y se detuvo a puntualizar que la gente de una ciudad se valora de acuerdo a las características de un paseo urbano. Después dice que solo se le cita en una ocasión. Verdaderamente usted padece de una vulgar visión para las lecturas, muy similar a la que emplea en indicar que no encuentra relación entre lo expuesto por Baquero y Rumbau Yanes. Oiga, no se haga el ingenuo, allí todos los criterios, incluidos los de otros que usted no menciona, están contrastados.

 

De igual modo, ¿conoce dónde reside la objetividad del periodismo de Gastón Baquero desde tiempos de los rotativos Información y Diario de la Marina, allá a inicios de la cuarta década del pasado siglo? No lo puede saber. Con sinceridad, usted en teoría y práctica es  un neófito en periodismo. Esa objetividad que usted excluye se aprecia en lo que ahora se denomina reportaje profundo, o en profundidad, y en el interpretativo, tipologías que  añaden antecedentes, documentos y análisis. Tienen un lead de entrada con carácter literario, tal como se distingue en «Cienfuegos o la cordialidad», publicado indistintamente a finales de 1945 en  La Correspondencia y El Comercio, diarios de la Perla del Sur. Ese fue el detonante de la carta que, en enero del siguiente año, el poeta-periodista dirigió a La Publicidad, de Santa Clara, para sustentar sus puntos de vista.

 

Oiga, Barrenechea, por favor, instrúyase antes de respaldar sus criterios. No haga tomadura de “pelos” a los lectores. También lo emplazo a que localice una línea, una página, incluso el nombre de Narciso López, en la Historia Física, Económica-Política, Intelectual y Moral de la Isla de Cuba (1861), de Ramón de la Sagra, escrita a su paso en  agosto de 1859 por territorios de La Habana, Matanzas, Cárdenas, Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spíritus, Villaclara, Sagua la Grande, Banagüises y el retorno posterior a España. 

 

En las 250 páginas de ese monumental libro de viaje, y hasta en diálogos con la aristocracia cubana y española, jamás se mencionó a Narciso López y su proyecto anexionista. Creo que usted siente predilección por ese tipo de pensamiento, muy alejado del sentimiento patriótico y nacionalista de los cubanos.

 

¡Claro!, es evidente que la «zozobra» que apunta usted, y a la cual hizo referencia el abolicionista español, está referida a los encontronazos por la capitalidad. Todo queda inferido. Aprenda a leer en los documentos. Recuerde que Narciso López murió en garrote vil en septiembre de 1851. Fue en la jurisdicción de Trinidad, y no en Santa Clara, donde tomó fuerza y financiamiento su intención anexionista, muy distante del sentir ibérico que animó a Ramón de la Sagra, quien no venia a Cuba desde 1835.

 

Santa Clara jamás fue una ciudad ¿letrada?, según el concepto teórico de algunos estudiosos contemporáneos que extrapolan los criterios de Ángel Rama. Por favor, deje a un lado su fullería y no se haga el tonto para embaucar a sus “lectores” potenciales del ciberespacio. ¿Cómo hablar de Eduardo Machado Gómez  (1838-1877) para correlacionar  el ambiente literario de la central ciudad cubana? Oiga, sin demeritar los valores  patrióticos y culturales de ese criollo, lea su Autobiografía, y percátese que desde los 20 años residió en el extranjero. Regresó a su localidad querida en 1866, período en el cual fundó el rotativo La Época, de carácter efímero por su retorno a Europa. Después volvió a la patria para incluirse entre los hombres decisivos en la Guerra del 68. Seguro, usted que recorre algunas calles de Santa Clara antes de partir a su natal Encrucijada —o asumir criterios diletantes—, desconoce el lugar exacto de la que fue vivienda-residencia del patriota. 

 

Otra vez lo emplazo para que indique línea, párrafo y página de Ciudades en pugna en la cual se subraya que Cuba Contemporánea (1913-1927), la revista que gestó Carlos de Velasco y José Sixto Sola en su espíritu nacionalista y antimperialista, surgió en Santa Clara. Creo, con sinceridad, que usted es un mentiroso de poca estatura mental y un farsante en toda dimensión de la palabra. Ahora me percato de las equivocaciones que tuve al tratarlo. Por respeto a los lectores, mida en adelante con mayor objetividad sus puntos de vista dentro de un impostado espíritu de “crítico” literario, una talla que no le compete y que tampoco tiene carrera y horas de “vuelos” en la escritura.   

 

Por último usted la emprende contra Maylén Domínguez Mondéjar, quien cuidó de la edición de Ciudades en Pugna, y como “crítico” muestra su rostro retorcido al intentar soslayar que esa profesional, como todos en su actividad, atiende con desmedido celo los libros que toma, y hasta los discute con sus autores. Ella, no lo ponga en entredicho,  tiene un elevado prestigio en las casas impresoras cubanas. Infiero que usted siente una profunda envidia por esa experta actividad. No por gusto dentro del denominado periodismo independiente usted ha  tratado de desplegarla, pero de inmediato sé que le retiran “voz y mando” dentro de las autocracias imperantes en las más competentes de las redacciones.

 

Ya acabo la declaración que le dirijo a José Gabriel Barrenechea, otro de los fulleros cubanos. Desearía, luego de revisar su “crítica” literaria encontrar un juicio certero y no falsas imputaciones investigativas que lo demeritan en ese “hacer” de periodista con dudosa factura de independiente.

 

Al concluir le dejo un consejo muy sano, alejado de dimes y diretes profesionales: en lo perspectivo tenga cuidado no aparezca un espíritu bilioso, propio de la usanza de Emilio Bobadilla (Fray Candil, 1862-1921), y decida enfrentar sus mentiras con “una galleta” en pleno rostro, justo en la ocasión en que usted transita por cualquier calle cubana.

 

 

                                 En Santa Clara, sábado 1 de agosto de 2015    

REMEDIOS TIENE UNA PALABRA DE ALERTA

REMEDIOS TIENE UNA PALABRA DE ALERTA

Por Luis Machado Ordetx

 

El imaginario popular, en ocasiones, trastoca los nombres de las calles de sus respectivos parajes, y unas veces, deciden llamarla a la antigua, y otras por los apelativos de la modernidad, lo cual provoca desde la incertidumbre de un cartero de barrio, hasta la del sencillo transeúnte. Tal indecisión  también perjudica la verdadera historia de un lugar particular.

 

En Santa Clara, ahora en su aniversario 326 de fundada por la diáspora de espíritu económico-social de familias remediadas que, el 15 de julio de 1689, tomaron camino de tierra-adentro, y decidieron crear una localidad para el fomento agropecuario, principalmente ganadero, constituye uno de los paradigmas  más notables en las mutaciones que titulan a sus principales vías.

 

Una de las más notorias de aquellas antiguas rutas fue la conocida por “Soledad”, tránsito hacia los caminos reales a La Habana, hacia el oeste, y a San Juan de los Remedios, en el punto contrario. La señalaron  también “Del Puente”, y después “Santa Elena”, hasta finales de 1894, en que la apellidaron “Antonio Maura”, para enaltecer al ministro español defensor de colonialismo en Cuba y Puerto Rico.

 

Al concluir la guerra necesaria organizada por Martí, y antes de la instauración de la República de 1902, se designó “Independencia”, única calle que, de este a oeste, recorría toda la ciudad y que luego de 1989, con el paseo público que se asemeja en el ámbito urbanístico —sin sus antológicas particularidades—, a un boulevard, dejó trunco en un tramo comercial al tránsito de vehículos.

 

Aquel viejo camino a San Juan de los Remedios, en las proximidades del puente sobre el río del Monte (Cubanicay), guardó por años la leyenda de la Cruz, lugar al cual llegaron las familias remedianas para formar la Villa Nueva de Santa Clara, sitio donde encontraron en medio de la tupida floresta un misterioso “emblema” cristiano hecho en madera rústica.

 

Allí está el Paso de la Cruz. El símbolo religioso, esculpido en mármol, a instancias de Martín Camps y Oliver, se colocó el  3 de mayo de 1861 a orillas del río, momento que perpetúa la historia de aquel tortuoso tránsito poblacional.

 

Destino al este, la carretera aparece como “de Camajuaní”, así como más reciente, “Avenida de la Liberación”, por ocurrir allí el descarrilamiento del Tren Blindado por tropas combinadas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y la columna número 8 “Ciro Redondo”, comandadas por el Che Guevara.

 

En planos oficiales de Santa Clara, anteriores a 1959, incluso después, se inscribe como “Avenida Rafael Trejo”, mártir estudiantil de 1930. Incluso se recoge, indistintamente, como “Avenida Eutimio Falla Bonet” —según reza una placa—, y se desconocen la fecha y acuerdos tomados por el Gobierno municipal para tales designaciones. En el segundo de los casos parece que fue en 1954 cuando el acaudalado millonario lo declararon “Ciudadano Benemérito” de la ciudad por sus aportes benéficos en la liga contra el cáncer e instituciones docentes.

 

Más olvidado por la historiografía de Santa Clara lo constituye el momento que, desde el Puente de la Cruz hasta el actual centro docente Pedro María Rodríguez —cercano a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas—, la carretera se apodó “Avenida de San Juan de los Remedios”, título aprobado por el Gobierno Municipal durante la celebración del aniversario 246 del nacimiento del asentamiento poblacional, según refrenda el periódico El Faro, en la edición del lunes 22 de julio de 1935.

 

Ese, según nuestro juicio, debió ser siempre el verdadero apelativo de la arteria vial, tránsito obligatorio al original camino al Cayo de la Sabana, Octava Villa de Cuba, y estableció, según resalta la prensa, el primer encuentro oficial entre direcciones políticas, económicas y el pueblo remediano en la efeméride que perpetúan el surgimiento de Santa Clara.

 

Ese momento quedó cortado después de 1959, y en el aniversario 300 de Santa Clara, fue retomado hasta la actualidad. De acuerdo con el titular del rotativo, se consigna: «En Santa Clara se celebró la fiesta-aniversario de su fundación por los remedianos, titulando a una avenida con el nombre de “Av. De San Juan de los Remedios”», hecho que dejó un espíritu de cordialidad y apego hacia los aportes culturales que todavía perduran.

 

Apunta el periódico: «Hace un año el empleado de la Ad. Municipal de Santa Clara, señor Julio Yera, sugirió al Alcalde de esa Ciudad la idea de dar el nombre de alguna calle o avenida de aquella ciudad, como homenaje de recuerdo a la vieja ciudad progenitora, es decir a esta de Remedios que fundó a la de Santa Clara. El Alcalde dio calor a la idea, dictando al efecto un decreto, cuyo cumplimiento se efectuó este día 15 de Julio, colocando a las 8 de la mañana de ese día, una tarja al principio de la calle Independencia, es decir, del tramo de carretera que comienza en la Granja-Escuela y termina ideológicamente en los comienzos de la citada calle de Independencia» (Sic).1 

 

También los visitantes fueron a la “Loma del Carmen”, y rindieron tributo al lugar donde se verificó el primer “Santo Sacrificio de la Misa”, al pie del legendario tamarindo, árbol simbólico de   Santa Clara.

 

 En el teatro La Caridad, el Doctor Almadovar, en nombre de los residentes en la Octava Villa,  abordó la historia de la “Familia, Religión y Hogar”, a propósito del lema que tuvo desde 1894 el antiguo escudo de Armas de la ciudad.

 

En principio, afirmaban que, con la designación de una calle, los de la Villa Nueva, herederos de   la Santa Cruz de la Sabana de San Juan de los Remedios del Cayo, según refrendó el blasón del cuartel superior del símbolo de Santa Clara, la ciudad y jurisdicción del centro cubano, siguieron en su consecución histórica y olvidaron una parte de la memoria documental que fijó el tiempo.

 

NOTA

1- «En Santa Clara se celebró la fiesta-aniversario de su fundación por los remedianos, titulando a una avenida con el nombre de “Av. De San Juan de los Remedios”», en El Faro, Remedios, 5(454):1, lunes 22 de julio de 1935.