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EVOCACIÓN POR SAN JUAN DE LOS REMEDIOS

EVOCACIÓN POR SAN JUAN DE LOS REMEDIOS

Por Luis Machado Ordetx

 

Cuando Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana, tomó por gratitud el escenario del teatro “Rubén Martínez Villena”, de San Juan de los Remedios, para repasar la historia de Cuba, la significación de la Octava Villa en su decurso de cinco siglos de existencia cultural, dejó una lección desde el pasado hacia el futuro: preservar el sentido de pertenencia e identidad de una región y el país.

 

Fue también el sustento del editorial “Nuestro Programa”, aparecido en el primer número, del viernes 2 de enero de 1931, en el periódico El Faro, de Remedios. El órgano de prensa encarnó un batallador por encausar la cultura y defender los valores patrimoniales de una original arquitectura y un universo de pensamiento.

 

También respaldó el periódico Independiente y de Intereses Generales de Remedios, los derechos de la población para forjar un Museo de Historia, o una Biblioteca Pública “José Martí”, así como oficializar la existencia de un Historiador: José A. Martínez-Fortún y Foyo, quien desde años antes se dedicó a hurgar en los acontecimientos de la localidad y dar a conocer los monumentales Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios, editados con su peculio en la Imprenta Pérez Sierra, en La Habana.

 

Muchos intelectuales remedianos, y también otros que amaron la localidad, como el mexicano Juan Pérez-Abreu y de la Torre, y hasta el pintor y pedagogo español Gabriel García  Marato, así como Othón y Alejandro García Caturla, y Edmundo Rivera, alentaron las propuestas de Carlos A. Martínez-Fortún y Foyo, con su proyecto de Museo de Historia, Arqueología y Etnografía, quinto del país en surgir.

 

Desde entonces  se le recuerda con méritos tras acoger la idea de Rogelio Espinosa, hijo de José Manuel, un insigne remediano, para reunir en esa residencia la donación de piezas que acumularan bienes patrimoniales y riquezas colectivas que elevaran la cultura del pueblo.

 

Eran propósitos generosos, sin capacidad de lucros. Eso hizo, un siglo antes Marta Abreu de Estévez, tal como recordó Leal Spengler al hablar de la Benefactora de Santa Clara. Por años no escuché en Cuba, mucho menos en San Juan de los Remedios, del altruista Eutimio Falla Bonet, quien encargó al arquitecto Aquiles Maza, restaurar la Parroquial Mayor San Juan Bautista, una joya de la cultura cubana, considerada entre las más antiguas del país.

 

Casi una década demoró aquella restauración financiada con el peculio de Falla Bonet, propietario del Banco de Cuba, y cuando el Historiador de La Habana lo recordó con beneplácito, recordé otra vez aquel editorial “Nuestro Programa”, de El Faro, el periódico de Remedios, dirigido y administrado por Eduardo J. Roque Sosa, aquel  hombre emprendedor y altruista que, desde las rotativas en Máximo Gómez número 76, fundó la imprenta El Cayo, órgano de difusión de importantes publicaciones locales.

 

En la primera página del número inicial del periódico, y del amplio editorial, hay un párrafo que sentencia lo expuesto por Leal Spengler: «Evoquemos las grandezas de nuestro pasado, no para adorar inútilmente lo que fuimos, sino para mostrar a la presente generación lo que han valido las anteriores; como el suelo de entonces dio lo que hoy tal vez no ostentemos, pero que tenemos el derecho a reconquistar», declararon en 1931.

 

Al menos, tras escuchar con atención la profusa y elocuente oratoria de Eusebio Leal, y de cómo laborar «juntos desde el presente hacia el futuro», sin olvidar jamás lo que fuimos, sé porqué razón en San Juan de los Remedios, la Octava Villa de Cuba, inscrita por derecho propio entre las fundadoras de la nación cubana, siempre existe una sorprendente cultura escondida junto a las piedras de sus edificaciones coloniales y la cordialidad y el espíritu mítico de un pueblo.

 

 

REMEDIOS CONTRA TODOS LOS DEMONIOS

REMEDIOS CONTRA TODOS LOS DEMONIOS

Por José Antonio Michelena

 

La ciudad de Remedios, en la actual provincia de Villa Clara, al centro de Cuba, libró en el siglo xvii, acaso la más extraña y encarnizada batalla que tuviera lugar en la Isla en toda su historia. Fue una lucha de los remedianos por la defensa de su espacio durante casi veinticinco años donde intervinieron todos los poderes y actores de la época: la población en todos sus estratos sociales; curas, alcaldes, regidores, notarios; el Rey, la Iglesia, el Gobernador, la Real Audiencia; incluso Dios y el Diablo.

 

Don Fernando Ortiz recogió ese episodio insólito en su libro Historia de una pelea cubana contra los demonios (1959), el cual nos ha servido de fuente principal para esta crónica.

 

El punto inicial de este relato data de 1672, cuando ya la villa de San Juan de los Remedios contaba con 613 habitantes. Su posición geográfica, muy próxima a Cayo Francés, en la costa norte, la hacía presa fácil, asequible, para las legiones de corsarios y piratas que circulaban por sus cercanías. Entre 1667 y 1668 sufrió varios asaltos  con los consiguientes despojos de bienes y riquezas, violaciones de mujeres y destrucción de propiedades. Esta es la razón esgrimida por dos curas –que se disputaban liderazgos y beneficios– para proponer que la ciudad se traslade hacia un sitio más seguro. Los curas se nombraban Cristóbal Bejarano y José González de la Cruz. Las desmesuras cometidas por este último habrían de convertirlo en personaje protagónico de esta contienda.

 

En el debate por la mudanza de la villa se formaron tres bandos: el del P. González de la Cruz, que aboga por el traslado hacia el Hato del Cupey, propiedad de ese cura; el del P. Bejarano, que sostiene la ventaja de mudarse para el sitio nombrado Santa Fe; y el de muchos vecinos y autoridades que querían permanecer en su asiento de origen, donde habían nacido y desarrollado su vida. Como la disputa no encontró solución de consenso, intervino el Capitán General de la Isla, que era entonces don Francisco Ledesma. Este comisionó a un oficial de su gubernatura para actuar en el teatro de los hechos y consultar las opiniones en discordia. El resultado favoreció la tesis del P. González de la Cruz y hacia Hato del Cupey partieron muchos vecinos.

 

 Pero, como las tierras del cura resultaron inapropiadas para albergar decorosamente a todos, el P. Bejarano tuvo su oportunidad y arrastró a sus seguidores para sus propiedades en Santa Fe. Esta dispersión y vagabundeo de los pobladores trajo ruinas, miserias, empobrecimiento durante años, sin beneficio de nadie, de ahí que el Gobernador dispuso el regreso a Remedios. Terminó así un capítulo de esta trama, mas mucho faltaba aún para su conclusión definitiva.

 

 

En el siguiente acto, en 1682, el P. González de la Cruz toma la ofensiva para promover otra vez el traslado de la villa para Hato del Cupey; ahora vienen en su auxilio los demonios, gente del más allá. En este negocio, el presbítero era toda una autoridad, pues, además de párroco de Remedios, era Vicario Juez Apostólico, Real Sub delegado de la Santa Cruzada y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición. Para validar su tesis de que Remedios estaba invadida por grandes legiones de demonios y debía ser abandonada, el cura citó al mismísimo Lucifer, lo obligó a declarar y le llamó perro con todo su prestigio de inquisidor. Este recurso o arte de penetración en el “otro mundo” lo ejecutó a través del exorcismo que le practicara a una negra esclava nombrada Leonarda. Desde las entrañas de la negra habló un demonio que dijo llamarse Lucifer, quien declaró que 35 legiones de sus colegas tomaban asiento en ese cuerpo.

 

Dijo también que “la causa por la cual él y los demás se habían apoderado de todas estas criaturas era por las culpas de las dichas criaturas y de las de sus Padres; y que este lugar estaba determinado a hundirse y que debajo de la güira de Juana Márquez la vieja estaba una boca de infierno y que si no querían creer lo que decía luego verían”. Luego de esa declaración diabólica, el cura exorcista le expresó a los alcaldes y vecinos presentes que pensaran bien lo que harían porque, según las reglas del exorcismo, el lugar donde habitan muchos demonios en cuerpos de Criaturas debe dejarse porque se hundirá. Estos “hechos” tuvieron lugar en la iglesia de la villa y estaban como testigos los alcaldes Jacinto de Rojas, Esteban de Monteagudo, Felipe González de Castro y Félix de Espino, según consta en Acta de 4 de septiembre de 1682 tomada por el Notario Público Bartolomé del Castillo.

 

 Según el párroco, en dos años él había luchado contra 800 mil demonios en los exorcismos practicados y ahora había vecinos tan endemoniados que alojaban en su cuerpo 100 legiones de malos espíritus. De acuerdo con las estadísticas demonológicas esas personas portaban unos 600 mil diablos. Remedios estaba “en candela”.

 

Era de esperarse que los remedianos salieran corriendo de su pueblo a la mayor velocidad si no querían hundirse por la puerta infernal que tenían muy cerca, pero nada, siguieron empecinados, por lo que el cura-exorcista-inquisidor, más emperrado aún, continuó buscando el amparo de los poderes y acudió a Dios, al Rey, al Capitán General, al Obispo, quienes le dieron la razón, sin que los vecinos, apoyados en los alcaldes, cejaran en su resistencia. Y como el que persevera, triunfa; luego de más de veinte años de guerra contra curas y demonios, en 1696, el pueblo de Remedios comenzó a renacer de sus cenizas en su lugar de origen de San Juan de los Remedios del Cayo con su cuerpo capitular restituido.

 

Un fuerte sentido de pertenencia, de identidad, sostuvo a estos hombres y mujeres que enfrentaron a todos los poderes (civiles, religiosos, Reales) hace más de trescientos años, en un desafío por mantenerse en el sitio donde nacieron y desarrollaron sus vidas. Ellos escribieron una página memorable. En su trama están presentes elementos diversos de tragedia, comedia, magia (blanca y negra), brujería, con tintes del absurdo, del grotesco; de manera que por momentos parece una farsa; pero, para quienes la vivieron, fue una epopeya. 

LEGENDARIO SAN JUAN DE LOS REMEDIOS

LEGENDARIO SAN JUAN DE LOS REMEDIOS

Por Luis Machado Ordetx



 

              «[…] No vivimos tiempos de individualismo y dispersión, sino de

               junta y empuje».1

                                                                          Jorge Mañach

 

 Remedios es un ¿misterio?, y un laberinto pródigo de historias que apuntan, según su fundación, hacia el primer cuatro del siglo xvi, criterio más aceptado el año 1515, momento del medio milenio que entronca con la octogenaria sentencia del polémico sagüero, quien luego de escribir la crónica «El pulso de la provincia» y recibir una réplica del entusiasta Othón García de Caturla, resaltó particularidades de la Octava Villa de Cuba, un punto de ebullición de culturas e instituciones legendarias.

 

Desde aquel cacicazgo de Zavana o Zavaneque, visitado en las exploraciones de finales de 1513 por Pánfilo de Narváez, Juan de Grijalba y el Padre Bartolomé de las Casas, y la carta de relación remitida al monarca español por Diego de Velázquez, en abril  del siguiente año, confusas hipótesis de investigadores mencionan los arranques históricos a partir de la conquista y colonización.

 

 No por gusto, con el reconocimiento de las particularidades de ese pueblo, el colérico Mañach, precisó que en «reyertas de vecinos se le fue a España por mucho tiempo la sangre que la nación necesitó», y resaltó que allí, en ese territorio villareño, se demostró con fiereza cómo lo «que uno no solo puede hacer, dos pueden» en la indagación, hasta el presente, del primer asentamiento poblacional.

 

En Santa Cruz de Vasco Porcallo, en un inicio, y después en tierra adentro Santa Cruz de la Zavana del Cayo, y por último San Juan de los Remedios de la Sabana del Cayo, recordó Joaquín Giménez Lanier en su profuso artículo «Una villa que no quiso desaparecer», que según Antonio J. Valdés, otro de los primeros historiadores de Cuba,  que “después de Sancti Spíritus, y de las otras  cuatro villas, Bayamo, Santiago, Puerto Príncipe y Trinidad, se fundó Remedios en la parte Norte, y el 25 de Julio de 1515, la Villa de San Cristóbal de la Habana, en la costa Sur”, pero en esto no están tampoco de acuerdo la mayor parte de los historiadores».2

 

También Ignacio José de Urrutia y Montoya, expresó que «No hacen Herrera ni los demás historiadores clara mención del tiempo en que se fundaron las villas de La Habana y San Juan de los Remedios, expresando solo aquel en su descripción de las Indias, Capítulo 6to. Que lo fueron poco después que las mencionadas villas primitivas». 3

 

                                       EL  FEUDO ¿PARTICULAR?

 

Con Porcallo de Figueroa se define la estancia del colonizador. Sin embargo, no hay referencia, al término de 1513, de su nombre en la avanzada de la expedición española. Hay conocimiento de la intervención cruel en Baracoa, San Salvador de Bayamo, Puerto Príncipe, Trinidad y Sancti Spíritus. Antes de fallecer, en octubre de 2009, Rafael Jorge Farto Muñiz, habló con entusiasmo por dirimir de manera científica las disputas  existentes entre asiento y fundación de su localidad, puntos discordantes entre historiadores cubanos.

 

Detalló la condición de Octava Villa, y segunda en jerarquizar la condición «de pueblo español» en Cuba. Incluso, dijo que «desde épocas remotas se festejó el aniversario partiendo de 1514, supuesta  fundación. En 1983 se trocó por aquella de 1524, y tres años después por la de 1515», momento autorizado para la celebración de los cinco siglos de existencia hasta que aparezca fundamentos históricos de apunten lo contrario.

 

En una “Nota Final”, a las Cosas se Remedios (1932), de Facundo Ramos y Ramos, dos hermanos, incansables investigadores, Carlos A. y José A. Martínez-Fortún y Foyo, plantearon que el «3 de Mayo de 1514, confirmó Vasco Porcayo de Figueroa, la fundación de SANTA CRUZ DE VASCO PORCAYO, visitado y descubierto en 1513, posesionándose de todas sus tierras y convirtiendo el pueblo indio Carahaté […] en una estancia de su propiedad, por la abundancia de su casabé y otras riquezas», según lo recogido por Juan López de Velasco en sus Crónicas de 1571-1574.

 

Farto Muñiz, por supuesto, partió, como otros estudiosos remedianos, de la “Relación o extracto de una carta que escribió Diego Velázquez, Teniente de Gobernador de la Isla Fernandina á S.A.”, lo cual le condujo a sustentar que «el nacimiento de San Juan de los Remedios, como pueblo eminentemente español, se produjo con anterioridad a muchas de las de las fundaciones de las “siete primeras villas”, y su iglesia, esencia última de la conversión a la religión católica, data de agosto de 1515».4

 

No obstante, la villa y sus orígenes no están en la relación de las primeras fundadas hasta 1519, momento del asiento definitivo de La Habana. Ya sean 1513-1515, o 1520, San Juan de los Remedios constituye la Octava en surgir, y tal como insistieron los hermanos Martínez-Fortún y Foyo al comentar aspectos del Escudo de la Ciudad, habrá que persistir hasta tanto en muchos rumbos investigativos para arribar a una conclusión definitoria. Por tanto,  más allá de las interpretaciones, o la carencia de un dato u otro, celebramos ahora el medio milenio.5

 

Un feudo particular, exclusivo, tuvo Porcallo de Figueroa en Remedios. Fue su “Villa Escondida”, dijo Farto Muñiz, quien corroboró la existencia de Ayuntamiento en 1545, según acotó José A. Martínez-Fortún y Foyo, aunque la primera noticia de formación del cabildo remediano existente es de 1578.

 

Ya el territorio disponía de iglesia, y desde inicios del asentamiento de españoles  y población originaria, en un encuentro singular, veneraron el madero de la Santa Cruz, y comenzaron a recibir constantes ataques de corsarios y piratas, según las apreciaciones de la visita pastoral del obispo Juan del Castillo, efectuada años antes.

 

En consecuencia, apuntó el historiador, el «surgimiento de la Villa se omite en obras contemporáneas de Historia de Cuba, o se incluye la fundación en época posterior a lo que indica el orden en que fueron apareciendo esas primeras vecindades en la Isla».6

 

Porcallo se apropió de la parte más próxima al cacicazgo de Camagüey. Fomentó una vasta estancia, y la convirtió feudo privado, dependiente durante largo tiempo de Sancti Spíritus, lugar tenía cabildo y era el máximo representante.

 

La ausencia de documentaciones históricas que expresen la fecha de fundación, condujo a la oscuridad de interpretaciones, y a hipótesis diversas. Nadie negará que San Juan de los Remedios, ahora Remedios, o como su nombre inicial, Santa Cruz…, es por derecho la Octava Villa,  y figura entre los primeros pueblos surgidos hace cinco siglos.

 

Eso constituye un mérito de exclusividad, tal como aclararon los hermanos Martínez-Fortún cuando precisaron, a partir de los apuntes de Facundo Ramos y Ramos, la existencia de una «historia antigua que recordar al mundo y un escudo de armas antiquísimo que demuestra lo limpio y esclarecido de su abolengo».7

 

                                       CIUDAD COLONIAL

 

 Remedios, al igual que Trinidad y Sancti Spíritus, son tres excepciones  en la región central, declaró el arquitecto Enrique Cayado, en agosto de 1936, fecha de un amplísimo recorrido para “calar”  el significativo sello que legaron sus fundadores a generaciones perspectivas.

 

Habló con admiración del trazado irregular de la población, sitio que «pudiera considerarse como radial, ya que sus principales calles […], curvas o torcidas, con altos sardineles, alineaciones interrumpidas y tejadillos salientes son atractivos y despiertan tanta curiosidad que, a pesar de su burla a las reglas geométricas y a los amantes del cartabón, las encontramos bellas y sugestivas».8  

 

Sintió admiración por la plaza, única en Cuba con dos santuarios católicos, y donde se «levanta coquetona y bonita   la iglesia del Buenviaje, cuya reconstrucción, después de haber sido destruida por un incendio, data de 1865 […], y existe un púlpito de grandes proporciones, con tallas e inscripciones muy notables, que tanto por su tamaño como por su estilo, es algo extraño a nuestras iglesias y quizás a las del continente y hasta a las españolas».9

 

Siempre se fijó en las edificaciones, y de las joyas históricas que rodearon aquella plaza central, donde se «aprecia siempre algún detalle o pequeño rincón, de interés para el arquitecto y para el investigador, artista o historiador».10

 

Otro proyectista, Aquiles Maza, extasiado, escribió un enjundioso estudio de las “Características más notables de la Parroquial Mayor de San Juan de los Remedios”, aquella que en 1691 hizo pronunciar a Diego Evelino de Compostela, obispo de esta Isla de Santiago de Cuba, Jamaica, la Florida, y del Consejo de su Majestad el Rey, que allí había un “santuario hermoso”, por la magnífica decoración policroma de su techo.

 

Ahí está la Parroquial, que «en su mayor parte, o sea, las tres fachadas y los techos de sus naves hasta los arcos del presbiterio son de principios del siglo xvii. Las arquerías interiores son de algo después, pero siempre del mismo siglo […], desde que se erigió en el lugar que hoy ocupa, fue de tres naves, y es una de las más antiguas de la Isla y quizá la primera que se construyera con esa característica».11 

 

Por su mítica resistencia ante corsarios y piratas, de los sucesivos tres traslados —del sitio originario a tierra adentro—, incluso contraria a aquella disposición de Severino de Manzaneda, cuando ordenó el 25 de enero de 1690, «desarraigarse aquella población de casi dos siglos de existencia para que todos los vecinos se trasladasen a Santa Clara […] bajo la pena de quinientos ducados de multas y dos años de destierro en la Florida»,12 hubo, en principio, una ciudad que enalteció la historia y la cultura cubana desde los confines de cualquier tiempo, y juntos, como afirmó Mañach, hombres y mujeres   pugnaron siempre por propagarla al mundo.

 

NOTAS

1- «Pro-Remedios», epistolario cruzado entre Othón García de Caturla y Jorge Mañach, en El Faro, 3(217):1, Remedios, lunes 20 de febrero de 1933.

2- Joaquín Giménez Lanier: «Una antiagua Villa que no quiso desaparecer», en El Faro, 13(1062):1, Remedios, jueves 28 de enero de 1943.

3- José Ignacio Urrutia y Montoya: Teatro histórico, jurídico y político militar de la Isla Fernandina de Cuba. Tomo I, Libro 2do. Cap.vi, p .80.

4- Fragmento de una entrevista inédita hecha por el autor en 2006.

5- Cfr. José A. M. Fortún y Carlos A. M. Fortún: «El Escudo de Remedios», en El Faro, Remedios, 2(178):2,  jueves 29 de septiembre de 1932. 

6- Idem.

7- Idem.

8- Enrique Cayado: «Ciudades Coloniales-Remedios», 6(563):1;3, en El Faro, Remedios, lunes 24 de agosto de 1936.

9- Idem.

10- Idem.

11- Aquiles Maza: «Características más notables de la Parroquial Mayor de San Juan de los Remedios: Ensayo de su valor artístico», en El Faro, 15(2031):1;2, jueves 23 de marzo de 1945.

12- Joaquín Giménez Lanier: «Una antigua Villa que no quiso desaparecer (II)», en El Faro, Remedios, 13(1063), jueves 4 de febrero de 1943.

PREMIO JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y EL SUEÑO DE MANSO CENDÁN

PREMIO JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y EL SUEÑO DE MANSO CENDÁN

Por Francisnet Díaz Rondón



El poeta y escritor villaclareño Geovannys Manso Cendán ganó recientemente el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, lo cual lo convirtió en el tercer cubano en obtenerlo, después de Amando Fernández (1949-1994), quien lo obtuvo en 1991, y Carlos A. Díaz Barrios (Camagüey, Cuba, 1950), en 1994. Un diálogo con el poeta resultó imprescindible para conocer más su quehacer literario.

 

 

—Geovannys, háblame del poemario que presentaste al «Juan Ramón Jiménez»



—Se titula Los leves sobresaltos, contiene poemas de un intimismo explícito, imágenes que han perdurado en mí a lo largo del tiempo; otros donde me acerco a distintas experiencias de la década del 90. Contiene un poema dedicado a José Lezama Lima en nueve partes, una especie de «cántico» deLibro de los muertos, de recordatorio de momentos ínfimos y enormes del poeta. Otros son extrañezas del dolor, escolios de la soledad y un poema final que surge de antiguos aullidos de Allen Ginberg; aullidos que torno contemporáneos y los fijo en Cuba; un poema que termina siendo un gran homenaje a la POESÍA toda.

 

 

—¿De qué eres graduado?



—Yo me gradué de Medicina, aquí en Santa Clara, en el 2000, tras siete años de estudio. Casi toda la década del 90 estudiando, entrando y saliendo de los hospitales, adentrándome en los misterios de Galeno, de Hipócrates. Yo considero que la Medicina es un arte y una ciencia. Si no pude seguir siendo médico, es porque sentía que lo más humano de mí, lo más sólido, estaba entre los libros, y todo hombre debe aprender a buscar, y a encontrar el sitio desde donde proyectará su luz más clara y vital.

 

 

—¿A qué se debió ese cambio de ruta en tu vida?

 


—Al hombre lo rigen sus paradigmas, sus grandes figuras tutelares. Y estos paradigmas, estos padres tutelares dejaron de ser personas con bisturí y estetoscopios; mis nuevos iconos escribían intensas novelas en escuetos cuartos, en extrema soledad, escribían sus poemas más allá de toda pobreza. Dejaron de llamarse Galeno o Hipócrates, para nombrarse César Vallejo, Federico García Lorca, Alejo Carpentier, Ernest Hemingway, José María Heredia, Emily Dickinson...

 

 

—¿Y no echas de menos tu antigua profesión?



—Sí, extraño aquellos días, cuando fui médico en la Quinta. Allí dejé muchos amigos, una familia, gente que me acogió como si fuese su hijo, su hermano. Días inolvidables de extraña comunión con los demás y conmigo también. Pero, así es la vida. Tengo un amigo que dice: «piedra movediza no cría moho», y eso he hecho siempre: moverme por el mundo para atisbar nuevos horizontes...

 

 

—¿Cómo asumes la poesía? ¿Qué te inspira a escribirla?



—Asumo la poesía como un acto de creación donde no solo imperan las leyes de la gramática, de la sintaxis, de la lexicología, sino también donde impera lo más abyecto y lo más humano del corazón del hombre. Asumo la poesía como un conducto por donde emergen nuestros días pasados, presentes y futuros, porque la poesía es un péndulo que oscila infinitamente. Jamás se cansa la poesía: oscila y crece, nos conmueve y nos hace vivir, nos reafirma y nos levanta del lodo. Asumo la poesía como un acto de conspiración: contra el miedo, contra la soledad, contra la inercia.

 

 

«Como mi poesía es muy vivencial y surge de esas convulsas interrelaciones que establezco con el cosmos que me rodea, siempre me inspiran las cosas sutiles: el repiqueteo de la máquina de coser Singer de mi madre, un bolero interpretado por el Benny Moré o por Cascarita, el aliento del café cada mañana, una lectura inclaudicable. En fin: todo lo que traiga su fuerza y su amor, me inspira a escribir un poema...

 

 

—¿Hay algo que te distingue de otros poetas, consideras tener un estilo personal?



—Siempre nos distingue la intensidad con que miramos las cosas, los fenómenos, los aludes. Nos distingue el sobresalto ante cada estación, ante el sonido antifonal de la flauta. Nos distingue quiénes hemos sido y qué hemos ofrecido desde el día de nuestro nacimiento, hasta el día en que escribimos nuestro último poema. Me distingue la familia que he formado, la familia que me formó y que me acunó, en extraña comunión con la ternura.

 

 

«Me distingue los amigos que he abrazado, los libros que atesoro y que han viajado conmigo de casa en casa, sobreviviendo a goteras y tempestades; las botas cañeras que mi padre Malengo y su esposa Nélida guardaban para mí y que debían durar un año, hasta la próxima zafra; la sonrisa de mi hermana Nellys, que nos resguarda de la intemperie habanera; el apellido Manso, heredado de gente noble, trabajadora, sencilla; el apellido Cendán, que yo escribo con S en mis libros, originario de Galicia, de gente labradora y humilde. Los estilos, no. Creo en los dolores personales, en las éticas personales. La poesía es una ética, una reivindicación del silencio que explora sin límites, el camino que se abre ante nuestras pupilas.

 

 

—¿Crees que la poesía ha perdido terreno en los tiempos actuales de modernidad y tecnologías?



—Creo que lo que ha perdido terreno es la capacidad de los poetas para traducir el instante, la eternidad, lo verdaderamente esencial. Con ello no quiero decir que no existan poetas esenciales hoy. Pero siempre hay que volver a Martí, cuando sentenciaba: «Los poetas no debemos estar entre los devoradores sino entre los devorados». La poesía sigue siendo un universo en expansión, una semilla germinativa, un magma que nada ni nadie puede ni podrá apagar: ni tecnologías, ni modernidades. Nada. Un viento huracanado que lo arrastra todo cuando dice: «no poseyendo más / entre cielo y tierra que / mi memoria, que este tiempo; / decido hacer mi testamento. / Es éste: les dejo el tiempo, / todo el tiempo»*.

 

 

—Tu esposa, Lisy García Valdés, también es escritora. ¿Analizan entre ambos los escritos de cada cual? ¿Quién es tu mayor crítico(a)?



—Para Lisy la poesía es un estado natural, de innato aprendizaje. Ella carga con esa luz, aunque deba ordenar la casa, abrazar a sus tres hijos. Esa verdad la conocen todos aquellos que han leído sus versos. Yo tiendo a ser esquivo, pero enseguida voy como un niño para leerle en voz alta algún poema, un cuento, un fragmento de una novela en proceso. Es inevitable.

 

 

«Ella también lo hace con sus poemas, y aunque nuestras críticas lleguen contaminadas por el amor y haber compartido once años donde han nacido nuestros dos hijos: Dylan y Lía Violante, tratamos de ser justos, distanciarnos de esa memoria en común para corregir incongruencias y oscuridades. Pero si de crítico se trata, suelo maltratar lo suficiente mis textos como para saber que no soy compasivo. Reescribo constantemente, borro, anoto, subrayo, tacho e intento iluminar al texto en días, semanas, meses sucesivos. Jamás creo que el trabajo haya concluido. Jamás.

 

 

—Libros preparados para publicar.



—Existe una novela con la que obtuve mención en el premio Casa de las Américas en el 2011, Los hijos soñolientos del abismo, que ha permanecido inédita por extraños motivos, ajenos a mi interés por verla publicada, que quizás publique en breve Letras Cubanas; aunque aún no es un hecho festejable. Pero, sí tengo muchos proyectos en los que trabajo ahora mismo: una novela policíaca, un nuevo libro de poemas, un libro de ensayos, y otro sobre Maximiliano, ese personaje que me ha traído tantos abrazos.

 

 

*Del poema Testamento, del poeta cubano Eliseo Diego.

MARTA ABREU: DISLATES HISTÓRICOS DE UN LIBRO INFECUNDO

MARTA ABREU: DISLATES HISTÓRICOS DE UN LIBRO INFECUNDO

Por Francisco Antonio Ramos García y José Miguel Dorta Suárez

 

 

A propósito del libro Marta Abreu, la caridad como energía creadora, de Josefina Toledo.

 

 

En un trabajo anterior habíamos afirmado que: Todo sol tiene sus manchas y las del sol que, sin dudas, parecen ser la enorme cantidad de errores de todo tipo que se encuentran en Marta Abreu, la caridad como energía creadora, (1) libro de la destacada escritora, historiadora y biógrafa cubana Josefina Toledo.

 

 

Hoy vamos a dedicarnos a analizar algunos de esos errores, los más notables. También, por qué no, ciertos destellos de los pocos que tiene. Ya en la página seis chocamos con el primer dislate, la autora al comentar sobre la fundación de Santa Clara y la misa fundacional; basada como consigna en el texto Cuba en la mano, enciclopedia ilustrada de la República de Cuba. Talleres Gráficos de Úcar, García y Cía, La Habana,1939.

 

Josefina plantea en una nota a pie de página (la seis): «Las fuentes que he podido consultar no consignan la fecha ni el nombre del sacerdote celebrante de aunque como hipótesis, la fundación debió ser después de 1706 y antes de 1722…»(2)

 

 

Para quien en la nota cuatro cita al historiador Manuel Dionisio González y su Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción, editada en 1858, no podían existir dudas en cuanto a este tema, eso está claramente dilucidado en la referida obra, además para nadie es un secreteo que Santa Clara se fundó el 15 de julio de 1689.

 

 

 En la página ocho aparece la siguiente pifia, al continuar comentando sobre la fundación de Santa Clara y su desprendimiento de Remedios: «Después de varios años, en 1843, San Juan de los Remedios fue declarada como jurisdicción reconocida de Santa Clara…» (3) Este hecho ocurrió realmente mucho antes, el 28 de julio de 1696.

 

 

Ya refiriéndose a la vida de Marta y Luís Estévez en la página 21, no considera autonomista a Luís Estévez, al comentar la guerra de los diez años y a la filiación indeterminada del padre de Marta afirma: «Sin embargo, el matrimonio de Marta Abreu y Luís Estévez siempre sería consecuente con el ideal independentista que ambos habían abrazado».(4)

 

 

La militancia autonomista de Luís la refieren casi todos los biógrafos de Marta, y para alguien que dice:  «la revisión de todos los textos exegéticos dedicados a esta mujer me permitió aprender mucho sobre ella y su contexto histórico y, sobre todo, constatar cómo se repiten lindamente unos a otros». (5)

 

 

Esto no podía haber pasado por alto. Estévez pasa al separatismo ya en Francia a finales 1895 o principios de 1896. Sobre la militancia de Luís en las filas del autonomismo, por citar una fuente reciente, se puede consultar hoy el texto de Rolando Rodríguez García: Cuba: Las Máscaras y las Sombras. La primera ocupación. Editorial de Ciencias Sociales. II Tomos. Habana 2007. (6)

 

 

En la Página 22 consigna la fundación de la escuela para niñas pobres Santa Rosalía en enero de 1882: «En enero de 1882, en vida de su madre y cumplimiento de sus deseos, Rosa, Marta y Rosalía fundan la escuela para niñas pobres Santa Rosalía».(7)

 

 

 

Este hecho ocurriría 3 años más tarde el 28 de diciembre de 1885, según asevera una de las fuentes más seguras en lo que se refiere a las obras benéficas de Marta, el folleto Homenaje de Villaclara a Marta Abreu de Estévez, editado por el Ayuntamiento de Santa Clara en 1895 por la Imprenta El IRIS en 1895. (8) Ya la madre de Marta había fallecido el 18 de octubre de 1882.

 

 

En la Página 38: Hace una exhaustiva historia del obelisco a los padres Conyedo y Hurtado de Mendoza y termina: «se acordó emplazarlo en el Paseo Vidal (…) El monumento fue develado y bendecido el 15 de julio de 1886». (9)

 

 

Todavía en 1886 faltaba mucho para que nuestro parque fuera denominado de esta forma. Lo cual se efectuaría en 4 de marzo de 1899. (10) Curiosamente Rafael Marquina en su Alma y Vida de Marta Abreu”, Editorial LEX.,La Habana, 1951. También comete el mismo error. (11)

 

 

Más adelante en la página 51 refiriéndose a 1895 manifiesta: «En ese mismo año dispone la construcción del paradero de ferrocarril entre Santa Clara y Cienfuegos, cuyo frontón felizmente aún ostenta su nombre». (12)

 

 

Marta no hace nada de esto, sino que el 12 de diciembre de 1894, el Señor. Francisco Paradela administrador del ferrocarril de Cienfuegos a Santa Clara y quien estaba remozando la estación de ferrocarril de Santa Clara propone con motivo del Homenaje que se efectuaría a Marta por la inauguración del alumbrado eléctrico, nombrar la estación Marta Abreu. (13)

 

 

En la página 76 Josefina plantea: «En junio de 1893, el matrimonio Estévez-Abreu viaja a París y se establece en su residencia de la calle Beaujon del sector Paris número 8. Desde la Ciudad Luz, Marta Abreu dispuesta a cualquier sacrificio para contribuir a la independencia de la patria, sigue siendo la gran Benefactora de los villaclareños y de todos los cubanos necesitados que acudan a ella». (14)

 

 

Esto en realidad ocurre en 1895, en junio de 1893 Marta se encuentra en EE.UU. visitando la Exposición Internacional de Chicago, en unión de su esposo e hijo y el profesor de este último, Carlos de La Torre. Después continúan hacia Francia y no se conoce en esta fecha de sus aspiraciones independentistas.

 

Esto, sin embargo, es utilizado por la autora para justificar una hipótesis que había manejado con anterioridad: «El primer nexo personal de Marta con Ramón Emeterio Betances parece originarse a partir de la relación ejemplar con su amiga boricua Lola Rodríguez de Tió…En carta enviada desde La Habana, con fecha 5 de diciembre de 1893, le escribe la poetisa y patriota boricua: Sra. Da. Marta Abreu de Estévez. Mi inolvidable y querida amiga del corazón, (…) Le envío a ud. un fragmento de la carta del Dr. Betances, un amigo del alma, a quien yo respeto como a un padre de la patria antillana,(…) Le envió a ud. una tarjeta para Betances con su dirección por si atendiendo a su súplica hecha por mí, para otros a quienes yo no me atrevo a acercarme quiere usted mandarle algo para el pobre ciego - ¡Cuánto se lo agradecerá a ud. mi viejo amigo el Dr Betances! Ah ¡Si ud lo conociera vería en efigie viva al nazareno como hubiese sido si no hubiera muerto a los 33 años! (…) Betances tiene anegaciones de redentor y ternuras de inagotable amor! Ud. y Don Luís lo querrían y estimarían mucho porque es hombre intachable…» (15)

 

 

Pero nadie mejor que Josefina sabe que esto no ocurrió pues en una de las 22 cartas de Lola a Marta que la misma autora reproduce en su libro “Lola Rodríguez de Tió” publicado por Ediciones Unión en La Habana en el 2007, exactamente en la del 14 de septiembre de 1894 Lola escribe: «Mucho me alegraría que Ud. conociera al venerable Dr. Betances - ¡tiene un alma toda bondad y luz!».(16)

 

 

Por otra parte Luís un poco más tarde el 18 de mayo de 1902 en la revista Cuba y América en un artículo titulado “Todo predisponía en su favor” se referiría al que ocupara el cargo de Delegado del Partido Revolucionario Cubano en Francia durante toda la contienda: «Le conocí en París el año de 1895 y una irresistible corriente de simpatía me atrajo hacia aquel ilustre portorriqueño que por sus propios méritos supo hacerse un lugar en la capital del mundo y conquistar allí la cruz de la Legión de Honor…» (17)

 

 

Volviendo al inicio, si en verdad Marta en 1893 hubiera estado “dispuesta a cualquier sacrificio para contribuir a la independencia de la patria” el 18 de junio de 1894 Betances no hubiera aconsejado a Gonzalo de Quesada: «que José Martí no venga a París en busca de auxilio porque no los conseguiría». (18)

 

 

Esto lo expresa a raíz de observar que: «a mí no me frecuentan los miembros de esta colonia cubana, si existe, los revolucionarios no están bien vistos en dicha colonia».(19)

 

 

La idolatría de Josefina por Lola la lleva a afirmar que la poetisa y patriota portorriqueña estuvo en la Inauguración del Teatro La Caridad el 8 de septiembre de 1885 (20) cuando en realidad en esa fecha, según la misma Josefina, Lola se encontraba en Puerto Rico.  Otro tanto le sucede cuando manifiesta: «Los festejos de todo el pueblo santaclareño, con motivo de la inauguración del público, culminaron al día siguiente con una gala especial de homenaje a Marta Abreu que contó con la presencia de la poetisa y patriota puertorriqueña, su amiga Lola Rodríguez de Tió…»(21)

 

 

Lola no estuvo en esos festejos ocurridos a finales de febrero y principios de marzo de 1895, en una carta suya a Marta fechada el 11 de marzo de 1895 la misma escribe: «He estado todos estos días displicente y recogida en cama, pero hasta el oscuro rincón de mi cuarto llegaron los ruidosos ecos de la fiesta dada en su honor, repercutiendo en mi corazón la alegría de ese noble pueblo…» (22)

 

 

Cuando uno lee el libro de Josefina por momentos se lleva la impresión de que el título del mismo en vez de Marta Abreu, la caridad como energía creadora, se llama “Lola y Marta o Lola la mentora de Marta”, cosa esta última que nunca fue así, sí existiendo entre las dos una gran amistad.

 

 

En la página 54 la Toledo escribe sobre la partida de Luís y Marta al exilio parisino ya que los festejos por la inauguración del alumbrado eléctrico en Santa Clara habían sido tomados por las autoridades españolas como una celebración del reinicio de la lucha independentista: «Pocas semanas después de aquellos grandes festejos y homenajes, probablemente a finales de marzo de 1895, Marta Abreu, como otros ricos hacendados, toma junto a su familia el camino del exilio y regresa a su residencia parisina…» (23) 

 

 

Esto no ocurre en esa fecha, en cualquiera de sus biógrafos podemos encontrar la fecha exacta: 16 de junio de 1895 a bordo del vapor La Navarre, (24) además existe una carta de Lola Rodríguez de Tió fechada el 13 de junio de 1895 donde esta se lamenta de la próxima partida de Marta y su familia para París: «¡Que olas bonancibles empujen la gallarda nave hasta tocar las riberas de la hermosa Francia!…Salude a Estévez y a los demás y Ud. llévese si no le aumenta la carga todo el cariño de esta amiga y también el de todo mi hogar… Yo espero verla antes que se vaya ¿verdad que sí? Suya Lola». (25)

 

 

Otro gazapo aparece en la página 57 donde la autora escribe: «En carta enviada desde París a don Tomás Estrada Palma, el 10 de julio de 1896, escribe: “Quiera Dios que estemos asistiendo a los últimos momentos de dominación española en Cuba, pues mi espíritu se conforta mucho con la actitud unánime de los cubanos de rechazar la inoportuna autonomía».(26)

 

 

 Esta carta en realidad es del 8 de noviembre de 1897 lo que se puede comprobar en la biografía: Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero, de Manuel García Garófalo Mesa, donde se encuentran textualmente todas las palabras de la cita de Josefina. (27) El 10 de julio de 1895 es cuando Marta le dirige a Estrada Palma su primera carta en respuesta a una que este le había enviado el día 5 de junio anterior, en la misma la patriota se refiere a otras cosas. (28)

 

 

 En la página 71 plantea al comentar sobre el dinero enviado por Marta a la revolución: «El conjunto de todas esas erogaciones sobrepasa los 210 000 pesos…» (29)

 

 

Cuando desde hace bastante tiempo se demostró que al dar esta cifra Garófalo en su Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero, de 1925 se equivocó (30) y en realidad la suma fue de cerca de 150 000 pesos. (31)

 

 

Estos son algunos de los errores que hemos advertido en el libro de Josefina, los más importantes, pues existen otros como por ejemplo confundir al biógrafo Manuel Garcia – Garófalo Mesa con su padre Manuel García – Garófalo Morales. (32) Atribuir a Marta una donación hecha en 1894 para la reconstrucción del Convento de los Padres Pasionistas (33), cuando fue Rosalía su hermana quien efectuó la donación. La fecha en que Marta dona dinero para la construcción de la logia Progreso (34). La fecha de inauguración del monumento a Marta en el parque Leoncio Vidal Caro, que la autora plantea ocurrió el 24 de febrero de 1924, (35) evento que sucedió en realidad el 15 de julio de 1925.

 

 

 No obstante todo lo anterior existen algunos destellos en el libro que contribuyen a conocer más sobre Marta, su familia y su obra, en primer lugar la valentía de la autora cuando plantea en la página 1: «Después en la Universidad de La Habana, Marta Abreu nos fue mencionada como una de las figuras más representativas de la poderosa plutocracia criolla y, sin decírnoslo se asumía que no era necesario destacar demasiado sus donaciones de dinero para la Guerra de Independencia…» (36)

 

 

También Josefina reproduce dos cartas inéditas de la poetisa Luisa Pérez de Zambrana, (37) en la primera la misma le solicita un favor y en la segunda se lo agradece. En la página 16 reproduce (38) parte de uno de los famosos cuadernillos, de los que poco nos deja ver, donde Marta con 18 años escribe sobre lo que parece ser un desengaño amoroso. El tratamiento que da a una posible relación amorosa entre Pedro Estévez y Patria (39) la hija de Lola en las páginas 75 – 78, aunque en este aspecto consideramos que pudo tratar el tema con mayor profundidad y, por último los detalles que ofrece, aunque algo imprecisos, sobre el proceso que llevó a la separación de Pedro Estévez de su esposa Catalina Lasa. (40)

 

 

Otro aspecto a destacar es que por primera vez en más de cincuenta años una editorial de rango nacional, Ciencias Sociales, haya publicado algo sobre Marta Abreu.

 

 

 Tal vez algo embullados por la reconocida calidad de la escritora, la cual ya nos había proporcionado con anterioridad las 22 cartas inéditas de Lola a Marta en su biografía sobre la primera y su acceso a los documentos inéditos del Fondo Marta Abreu de la Biblioteca Nacional nos hizo esperar mucho más de Josefina de lo que nos podía dar y el resultado como hemos expresado, nos haya defraudado tanto, dejando un sabor amargo y, por lo menos, aquí, en Santa Clara, muchos veremos más las manchas del sol de la escritora que los fulgores.

 

 

Santa Clara 19 de abril de 2015

 

 

 

NOTAS

 

1-V. Luís Estévez fue un mujeriego empedernido. http://cubanosdekilates.blogia.com/2015/041601-luis-estevez-romero-fue-un-mujeriego-empedernido.php (Disponible, jueves 23 de abril de 2015).

2- No comprendemos porque Josefina va a consultar un texto tan antiguo, es como tirar por la borda todo lo hecho en cuestiones de historia local por los historiadores de acá, que después de muchos esfuerzos y años de espera pudieron publicar la “Síntesis histórica municipal: Santa Clara” Ver: Hedy Hermina Águila Zamora y otros: Síntesis histórica municipal: Santa Clara, Editora Historia. La Habana.2010.

3- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ciencias Sociales. La Habana 2014, p.  6.

4- V. González, Manuel D: Memoria Histórica de Santa Clara y su Jurisdicción. Imprenta El Siglo, Santa Clara, 1858, pp. 57-58. O también, Hedy Hermina Águila Zamora y otros: Síntesis histórica municipal: Santa Clara, Editora Historia. La Habana.2010, pp. 20–21.       

5- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ciencias Sociales. La Habana 2014, p.  21.

6- Ídem., p. 2.

7- Rodríguez García, Rolando: Cuba: Las Máscaras y las Sombras. La primera ocupación. Edit. Ciencias Sociales. Tomo I. Habana 2007. Págs. 98 y 285

8- Toledo Benedit Josefina: Ob. cit., p.  2.

9- Ver: Ayuntamiento de Santa Clara. Homenaje de Villaclara Marta Abreu de Estévez. Imprenta El Iris. Santa Clara 1895, p. 14.

10- V. Lucha, La: Magazine. Provincia de Santa Clara. Habana. 1926. Pág.55.

11-V. Marquina y Angulo, Rafael: Alma y Vida de Marta Abreu, Editorial LEX. La Habana, 1951, p. 146.

12- Toledo Benedit Josefina: Ob. cit., p. 51

13- V. Actas Capitulares del Ayuntamiento de Santa Clara correspondientes a los días 12 de diciembre de 1894 y 27 de febrero de 1895. Las mismas se encuentran en el Archivo Provincial de Historia en Santa Clara.

14- Toledo Benedit Josefina: Ob. cit., p. 76.

15- Ídem., p. 56.

16- Toledo Josefina: Lola Rodríguez de Tió .Ediciones Unión. Habana. 2007, p. 168.

17- Estrade, Paul: Iniciación a Betances. Casa de las Américas. Habana. 2008, p.  125.

18-  Ídem., p.  58.

19- Toledo Josefina: “Lola Rodríguez de Tió”, Ob. cit., pp. 52-56.

20- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora, Ob. cit., p. 49.

21- Toledo Josefina: Lola Rodríguez de Tió  Ob. cit., p. 177.

22- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 54.

23- Toledo Josefina: Lola Rodríguez de Tió. Ob. cit., p. 179

24- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 57.

25- V. García Garófalo Mesa, Manuel. Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero. La Moderna Poesía. Habana. 1925, pp. 182–183. Las fechas de las cartas de Marta a Estrada Palma se pueden verificar por el “Inventario General del Archivo de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano en New York (1892-1898)”. Tomo I. La Habana. 1955. Publicado por el Archivo Nacional de Cuba y donde aparecen en las páginas 1 y 2 las fechas de todas las cartas dirigidas por Marta a Estada Palma.

26- V. García Garófalo Mesa, Manuel. Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero. Ob. cit., p. 159.

27- Ídem., p. 158.

28- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 71.

29- García Garófalo Mesa, Manuel. Marta Abreu Arencibia y Luís Estévez Romero. Ob. cit., pp. 190-191

31- V. Martínez Rodríguez, Florentino. Marta Abreu y Arencibia. Biografía de una mujer excepcional. Editorial LEX. La Habana. 1951, pp. 169-170. También Marquina y Angulo, Rafael: Alma y Vida de Marta Abreu. Editorial LEX. La Habana, 1951, pp. 54-55. 

32- Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ob. cit., p. 68.

33- Ídem., p. 45.

34- Ídem., p.  25.

35- Ídem., p. 97.

36- Ídem., p. 1.

37- Ídem., pp. 44-45.

38-  Ídem., p. 16.

39- Ídem., pp. 75-78.

40- - Ídem., pp. 84-85.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LUIS ESTÉVEZ ROMERO FUE UN MUJERIEGO EMPEDERNIDO

LUIS ESTÉVEZ ROMERO FUE UN MUJERIEGO EMPEDERNIDO

Por Francisco Antonio Ramos García y José Miguel Dorta Suárez.


A propósito  de la circulación en Cuba del Marta Abreu, la caridad como energía creadora, escrito por Josefina Toledo.

 

 De eso pretende convencernos la escritora Josefina Toledo en su reciente libro “Marta Abreu, la caridad como energía creadora” editado por Ciencias Sociales el pasado año y vendido aquí en Santa Clara profusamente durante la reciente Feria del Libro. Para tal aseveración la autora se vale de varias citas de cartas de Marta Abreu a su amiga y confidente Teresa Quijano y de unos cuadernillos consultados por ella en el Fondo Marta Abreu de la Biblioteca Nacional José Martí.

 

 La autora nos cuenta: “Pero el sufrimiento acaso más lacerante – y más humillante- de Marta Abreu en París fueron las infidelidades de su esposo Luís Estévez Romero…” (1). A continuación pasa a “demostrar” lo afirmado:

 

 “En la carta que le envía a su amiga y confidente habanera Teresa Quijano, con fecha 18 de febrero de 1896, Marta le cuenta que su hijo está muy solicitado por las muchachas francesas y que: “(…) se alborota bastante con ellas. Si usted lo viera no lo creería, se pone verdaderamente ridículo, (…) igualito al padre, cuando está entre muchachas, que se cree que todavía está en la edad de hacer conquistas(...) Le aconsejo que nunca venga a París porque se pasan muy malos ratos, las mujeres son muy sonsacadoras y los cubanitos se dejan sonsacar”.

 

 La cita la refiere a: “Véase Berta Arocena y Meitin de Martínez Márquez: Marta de los Ángeles Abreu y Arencibia, un reportaje nervioso con clave de epistolario, (s. n.). La Habana, 1945. En este breve folleto de veintidós páginas aparece la mayor parte de las cartas de Marta Abreu a su amiga y confidente habanera Teresa Quijano de Molina”. (2)

 

 Después Josefina saca conclusiones gratuitas de unas palabras de otra carta sobre la cual no refiere fecha: “En otra carta le refiere a su amiga el poco acierto que últimamente demuestra su esposo en las cuestiones administrativas y de negocios”. (3) Y traduce esto como: “Esta confidencia dolorida puede traducirse como la displicencia con que en Paris Luís Estévez y Romero ayudaba a Mata Abreu a gastar el dinero de su vasto patrimonio…” (4)

 

 Más adelante cita otra carta, sin referir la fuente, que uno debe asumir pertenezca al libro de Berta Arocena:

 

“En carta de 25 de febrero de 1896, Marta vuelve a desahogarse con su amiga y confidente Teresa Quijano: “Aquí anda Don Luís lo mismo, con su anillo y corbata nueva todos los días. Yo lo que siento es que ni mi edad ni mi carácter ni mi estado de espíritu me permiten hacer otro tanto para pagarle con la misma moneda”. (5) 

  Por último pasa a lo que ella considera su prueba más demoledora, La cita de uno de los famosos cuadernillos, cuadernillos que la autora en ningún lugar precisa si las anotaciones en ellos estaban fechados o no, pero que hábilmente hace coincidir más o menos en esta época:

 

“Los apuntes que hace Marta en su cuadernillo número 30 revelan la intimidad dolorida de su relación matrimonial, que parece arrastrar no una infidelidad de ocasión, sino casi un irrespeto habitual por su esposa, que no deja de amarlo y perdonarlo, y se desahoga en esa prosa que va escribiendo a borbotones: “Ángel consolador que Dios me envía para consuelo de mis grandes penas. Haces que sea mi amor idolatría. Yo me tengo la culpa de que tú abuses tanto de mi porque siempre te perdono, soy demasiado buena, tanta tolerancia no es buena, yo escribo y tú abusas de ella, preciso se me hace poner coto(…) dice tu amigo que yo te he dado permiso; eso haces creer tú; no hay tal, el permiso se limita al baile porque veo que te gusta y no te quiero privar de él porque sé que sería exigir un sacrificio de tu carácter alegre y decidor, bullanguero y amigo de mostrarte en todo de tu juventud y posición(…) pues no así que llegaría al extremo como ha llegado(…) ¡quien ama no perdona!” (6)

 

 Estas son las pruebas que nos presenta Josefina para acusar a Luís de ser un Don Juan consumado, sin embargo consideramos que con estas palabras expuestas por la autora, todas sacadas de documentos más amplios y que la autora no se digna de incluir en ningún lugar de forma íntegra ningún tribunal condenaría a Luis.

 

 El primer documento que se expone es una clara burla jocosa de Marta a su marido por creerse lo que llamaríamos un viejo verde, el segundo sólo nos dice que a Luís le gustaba presumir y andar elegante y el tercero si uno lo interpreta con calma, se percata de que está dirigido a Pedrito el hijo de Marta y no a Luís “amigo de mostrarte en todo de tu juventud y posición” Luís no estaba en el todo de su juventud ya contaba para la fecha con 46 años y la única posición que tenía era la de ser el esposo de una millonaria. Pedrito por el contrario si estaba en plena juventud con sus veintiún años y tenía una posición envidiable, era el heredero único de millones. Existen otros elementos en este documento que avalan nuestra tesis pero consideramos que con lo expuesto basta. Muchos podrán decir que lo afirmamos no pasa der una interpretación intencionada de los documentos, pero convengamos que es tan válida como la de la autora.

 

 Lo que más sentimos, porque nunca nos ha gustado criticar a nadie y menos a quien apreciábamos por su excelente biografía de la patriota portorriqueña – cubana Lola Rodríguez de Tió, es que a Josefina ni por un instante se le haya ocurrido buscar y consultar el libro de Berta Arocena: Marta de los Ángeles Abreu y Arencibia, un reportaje nervioso con clave de epistolario. Editora Nacional S.A. La Habana, 1945 de 22 páginas. (7) Con ello tal vez se hubiera ahorrado escribir toda esta disparatada historia, hubiera apreciado que el libro si está paginado y que en el no aparecen como ella afirma “la mayor parte de las cartas de Marta Abreu a su amiga y confidente habanera Teresa Quijano de Molina” sino breves referencias a ellas. Berta Arocena sobre el tema que nos ocupa lo que expresa es lo siguiente:

 

“…La carta tiene fecha de 15 de octubre de 1895. Rosa, su hermana, marchó a París, acompañan­do a Grancher, porque Pasteur ha muerto, y el cuñado de Marta era amigo y colaborador del extinto. A Marta le hubiera gustado asistir a las funerales del genial hombre de ciencias, pero Don Luís, que todavía se encuentra bien entre las muchachas pirenaicas -¿estará Marta Abreu celosa?-, ha preferido quedarse...”

 

“En París, en 1896, vuelve Marta a hablar de modas, pero a la vez, puesto el corazón en su doliente Cuba insurrecta, se queja de la frivolidad de una amiga; "¿Cómo todavía tiene la gente allí ánimo para divertirse, yendo al par­que? Me han contado que E. en su afán de lucir, aprovecha cualquier oportuni­dad para conseguirlo. Donde no hay cabeza ni corazón, nada debe extrañar­nos, Teresila."

 

“Y otra vez, una inflexión de mujer celosa. Contesta a su invariable amiga, quien le informó que a su esposo le agrada aún elegantizarse, que lo mismo que Don Femando anda Don Luis. Presume, y cambia a diario sus anillos y corbatas. "Ándese con cuidado, como yo", aconseja Marta. Era lógico que Marta, sin encono, celara al marido, porque ya en la cincuentena, entre ellos florecían las ternezas. Para comprobarlo, escuchen:”

 

“Marta no ha escrito a su buena amiga el día 15, como había prometido hacerlo lodos los meses, porque el 16 fue su aniversario de boda y hubo que estar de luna de miel cuatro días. ¡Oh, los caramelos azucarados de Don Luis! Ella los terminó el 19 de mayo de 1896 para cumplir desde Cambó su compro­miso amistoso.” (8)

 

 

 Como se puede apreciar Marta tal vez estuvo un poco celosa, pero no le perdía pies ni pisadas a Luís "Ándese con cuidado, como yo", no obstante los celos parecen ser infundados y viene la recompensa en el aniversario de bodas.

 

 Además todo lo que comentan Josefina y Berta se concreta a finales de 1895 y principios de 1896, después en infinidad de cartas entre las dos amigas (y que Josefina sigue referenciándolas a Berta Arocena) más nunca aflora el tema. Como hemos comprobado no hay razón alguna de expresar como lo hace Josefina que Marta “parece arrastrar no una infidelidad de ocasión, sino casi un irrespeto habitual” por parte de Luís.

 

 Josefina como es lógico no inventó los fragmentos de las cartas que reproduce sino que los toma de: Marquina y Angulo, Rafael: «Alma y Vida de Marta Abreu” Editorial LEX. La Habana, 1951. Cuyo autor si tuvo el epistolario en las manos y lo utiliza de forma fragmentada en diversas citas. El epistolario en forma íntegra parece que nunca se publicó y hoy se desconoce si existe.

 

 La primera prueba que presenta la Toledo aparece prácticamente igual en el libro de Marquina en la página 106 lo de “el poco acierto que últimamente demuestra su esposo en las cuestiones administrativas y de negocios” se encuentra en la página 107 y el segundo documento también en la misma página. Al analizar lo escrito por Marquina que cuando le conviene cita el trabajo de Berta pero también omite lo que plantea “sobre quien le informó que a su esposo le agrada aún elegantizarse” el "Ándese con cuidado, como yo" y lo del aniversario de bodas, se nota una curiosa coincidencia con lo que expresa Josefina.

 

 Como conclusión consideramos que las pruebas presentadas de la infidelidad de Luís Estévez no son suficientes para tacharlo de marido infiel y que no amara a Marta como ella lo amó a él. Ahora, ¿celos? ¿Qué matrimonio no los ha tenido? Que tire la primera el que se sienta libre de este sentimiento tan propio del amor.

 

 Todo sol tiene sus manchas y las del sol que sin dudas es la obra de la destacada escritora, historiadora y biógrafa Josefina Toledo, parecen ser la enorme cantidad de errores de todo tipo que se encuentran en el libro “Marta Abreu, la caridad como energía creadora” donde la infidelidad de Luis no es ni con mucho lo más lacerante.

 

 Es una pena que este libro sea el que más esté al alcance de nuestra juventud, pues constituye sin dudas el peor trabajo biográfico realizado a Marta y el que lo lea puede quedar bastante confundido en temas no sólo de la vida de Marta sino de la historia de Santa Clara y de Cuba. Realmente esperábamos algo más digno de Josefina y de su calidad como escritora e historiadora.

 

Santa Clara 16 abril de 2015


NOTAS


1-  Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ciencias Sociales. La Habana 2014, p. 78

2-  Ídem., p. 79

3-  Ídem., p. 79-80

4-  Ídem., p. 80

5-  Ídem.

6-  Ídem., p. 81

7-  El libro de Berta Arocena surge producto de una conferencia que la periodista dictó el 12 de noviembre de 1945 en la Escuela de Periodismo de la Habana con el título “Marta Abreu, mambisa”. Está basada en una entrevista a Renée Molina la hija de Teresa Quijano. Al otro día, centenario del nacimiento de Marta, el periódico El Mundo la publicó con el título de: Entrevista a Renée Molina. Hoy el libro se pude observar en perfecto estado de conservación en la Sala de Fondos Raros y Valiosos de la biblioteca Martí de Santa Clara. Los que disfrutan de Internet pueden ver gran parte de la conferencia en el libro digital: Mujeres ensayistas del Caribe hispano. Hilvanando el silencio. Antología. Editorial Verbum. España. 2007, pp. 43–50.

En la dirección  https://books.google.com.cu/mujeres ensayistas del caribe hispano. 

Y si tiene los 12 euros y pico que cuesta hasta puede comprarlo.                         

8- Arocena, Berta: Marta de los Ángeles Abreu, un reportaje nervioso con clave de epistolario. Editora Nacional S. A. Habana. 1945, pp. 17-18

 

RAÚL FERRER, EL POETA OLVIDADO

RAÚL FERRER, EL POETA OLVIDADO

Por Luis Machado Ordetx

 

Un poeta en su centenario, casi olvidado, convirtió a la ciudad de Santa Clara en escenario habitual de encuentros con los más importantes escritores que, de un modo u otro, residieron en la antigua capital de Cuba.  Visitas y anécdotas o diálogos sistemáticos con Severo Bernal Ruiz, el declamador, o con Onelio Jorge Cardoso, el cuentero, y Enrique Martínez Pérez, el poeta, fueron reiteradas y son casi desconocidas en la Historia de la Cultura Nacional. Testimonio que en 1987 dejó Bernal Ruiz, el Declamador Dilecto de Las Villas. Aparece recogido en Kilates del Testigo (Capiro, Cuba, 2007), un libro que rastrea en la memoria literaria y artística cubana.


 

Detenido quedó en una valla de recreo exclusivo y natural. Olfateando al contrario midió las distancias, acunó ideas y destiló sueños. Tenía sangre hirviente, propia del temperamento y verbo. Siempre lo vi de esa forma, y no de otra. Era un hombre de músculo regocijado, cargado con palabras de intencionalidad juiciosa y metafórica.

 

De ahí afloró su nobleza, y dispuso del corazón para quemar frases e incinerar discursos y opiniones, pero... Prefirió halagarlas en el encendido camino de un oído capaz de percibir el murmullo de las hojas de la floresta. Delirando lo suyo, revoloteando inquieto, agitando las manos, siguió canturreando un disparo de  querencias.

 

Así de ardiente lo intimé en el querube que esclarece, ríe, y se viste de sinceridad perdurables. Fue eso y mucho más. Quien lo trató, no dirá otra cosa. De lo contrario blasfemaría sobre el grueso cristal que ampararon los ojos. En el fondo era un «adolescente» dormido en el interior, deseoso de delirar...

 

 Eso contó y, por supuesto, también lo constaté. Cuando lo percibí se esclareció la soberbia melodía... Era un ángel en remanso sonriente y, como criatura, se despojaba de las riquezas espirituales con la hondura del orfebre encumbrado en el encantamiento.

 

Es de aquí y de allá, sin punto fijo: en cubanía pletórica de «guajirigallos. En infinita gracia supo divertirse con probada sinceridad. Naturalizado en Yaguajay  —sin residencia detenida en Narcisa, Caibarién, Santa Clara, Manzanillo, La Habana,..—, Raúl Ferrer Pérez es considerado un enconado polemista de punta a rabo. Si alguien difiere, pregúntenme para acentuar la definición, aunque... Otros, casi seguro, estarán de acuerdo con la profusión de las conjeturas.

 

Su exactitud: el entusiasmo espontáneo y vertiginoso que incita a la plática enjundiosa. La mejor vestimenta: la metáfora  juguetona y tierna que brota de la garganta, y que tropieza en un eco con el juicio certero,  inequívoco y total. La probidad: soberbia ante lo injusto, y el trato: cristalino con todos.

 

Desde que desprendió los párpados al mundo, allá en 1915, abrigó idéntico ropaje. No en balde instauraron atributos del tono expresivo y el santo o la seña del  poeta-maestro. Los enunciados de ningún modo escaparon de la boca. Él acercó la vocación, y cogió las letras con el disfrute incalculable del que ostenta un querubín.

 

Donde pernoctó, siempre estiró y colocó el sabio brazo. Exaltó a las sementeras, delimitó imágenes, consolidó  puntos de vista, afincó el delirio por la cubanía, polemizó con timoratos, y enraizó un testimonio que poseyó en las entrañas el sudor, esgrimiendo la voz de una caricia.

 

De ese caudal inagotable —manantial de pisadas—, germinó una afinidad que solo se apagará con la muerte: estaremos fundidos en el «recuerdo». De fiel era que, en un presentimiento de «despedida», bullía deseoso por recorrer Santa Clara y los sitios de antaño. Saldaría deudas, decía, y se marcharía contento. ¡Qué gratitud! Eso ocurrió en 1989, fecha del último encuentro.[1]

 

Nadie más simpático, por sus ocurrencias y maldades, y dado al cultivo de la hermandad, que este guajiro tierno de Yaguajay. El campo lo tenía prendido en la piel. ¿Quién advierte que, aún atiborrado de cosmopolitismos, pueda trastocarse  la «lealtad» rural? Mentiría si planteo que las ocupaciones profesionales y las relaciones sociales lo embriagaron.

 

Siempre fue llano y limpio. Eso sí, jamás hubo alguien que le diera «gato por liebre»: escogía en el instante las prendas que engalanaban la conversación. El tiempo no borra las anécdotas, porque presidieron una confabulación silenciosa entre la cercanía y la distancia impuestas por el poeta.

 

Él —acoto con la potestad que asiste—, se dio de un modo singular, típico y valedero. En 1936, apareció en Santa Clara. Hurgó entre los conocidos y husmeó mi paradero en la calle San Mateo. Yo, casi en la juventud —dispensen la pretensión de  «auto elogio—, poseía una forma de declamar muy propia. El visitante figuraba como invitado de la tertulia sabatina del club Umbrales, y consignaba la disposición de justipreciar, hasta el deleite, junto a un grupo de escritores, el arte que hacía.[2]

 

Asomó en la casa con desenfado, y sin dilación, espetó: «Quiero ser su amigo». Aquello atontó y hasta en soliloquio pregoné: « ¿De dónde habrá salido este hombre con alma de ruralista afiebrado?». Martí, enseguida, repercutió, porque: «Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea...».[3]

 

Todo quedó sellado. Por dentro era otro. A veces uno confunde la mirada, pero debe corregirla con prontitud. El timado fui yo. Luego rectifiqué y solicité disculpas tras el encontronazo, porque « [...] Hay tanta gente corta de vista mental que creen que toda la fruta se acaba con la cáscara...».[4]

 

 A la casa y al aula de la Escuela Cívico-Rural, número 273, de Narcisa, en  Yaguajay, fui para fascinarme con la inocencia que dispensan los niños y saborear de la poesía de su mentor. Él oficiaba como un  maestro voraz y de prestigio. En sus huesos reposaba la complexión de un escolar rodeado de un menudo mundo infantil.[5]

 

Con el tiempo se desencadenaron los diálogos casi permanentes: estrechar las manos, el abrazo, y el envío de una carta, un mensaje personal, un poema de regalo, un telegrama... Se ingeniaba mil formas, medios y métodos para «atrapar» a los entusiastas colaboradores. Exigía, gustoso, la presencia de todos, porque necesitaba derrochar afectos: ofrendaba sinceridad.[6]

 

El delirio por la familia, los pequeños y los escritores, tenía tintes incalculables. A veces, reía de gozo. Expresaba que requería de solidaridad, como el estómago hambriento reclama un bocado de comida.

 

Santa Clara, Caibarién, Manzanillo, Matanzas, La Habana,... devinieron en escenarios de las citas. Siempre hubo un invariable y casi idéntico círculo: Manuel Navarro Luna,[7] Enrique Martínez Pérez,[8] Juan Marinello[9] y  Jesús Orta Ruiz  [Indio Naborí][10] y, por supuesto, yo con ellos. El respaldo y el entrañable cultivo de las artes, y la desprendida y perenne alegría por  los infantes, representaron asideros refrendados por la amistad. No interpretaba otra cosa. La vitalidad era como el péndulo que apenas oscila en la integridad del humanista.

 

En los  periplos, reunidos una que otra vez, apareció el contacto con Onelio Jorge Cardoso[11], los diálogos con Emilio Ballagas[12], Gaspar Jorge García Galló,[13] José Felipe Carneado[14], Nicolás Guillén[15], Carlos Rafael Rodríguez[16], Mirta Aguirre[17] y el dominicano Juan Bosch.[18]

 

Las tertulias de Umbrales lo tuvieron de insistente  oficiante, y el bar Ideal, de Domingo Carreiras —en el Parque Vidal, de Santa Clara—, punto fijo para la polémica  apasionada. En la gracia comunicante, con asiduidad, apreciamos el simple choteo popular, la risa amena, el humor refinado, el nacimiento de un verso contagioso, comprometido y abierto con las diatribas teóricas, y el reclamo de demandas en favor del pueblo.[19]

 

 Jamás falté a una reunión con el joven «peleador fino» de Yaguajay. Concuerdo que eso atrajo y enraizaron los acoplamientos  y el cariño insondable. Muchas metáforas procreó con el influjo de esas conversaciones —inspiradoras de meditaciones y del trotar por indefinidas partes—, y de la influencia aprehendida y entusiasta que marcó Martínez Pérez.

 

A este escritor lo consideró un «imán» capaz de impulsar corrientes e insuflar  oxígeno en ambientes de corte social, campesino, humanístico y negrista. Eso encumbraba el ánimo de «sueño» y de imaginería,  vistas como un «regalo» de la naturaleza. Él era un ídolo, su patrón: aunque nunca fundó un calco. De ahí las diferencias, pero supo apropiarse de las magníficas cualidades del más inédito de los poetas.[20]

 

En reiterados instantes y públicos se declaró deudor poético, y afectado estaba porque Martínez Pérez seguía «merodeando» —aún lo está—, en el más puro abandono de la Historia de la Literatura Cubana. Raúl afirmó, creo  fue el primero, que las maneras de contar la realidad, en particular de Onelio Jorge Cardoso, pertenecen «en ciernes» al amigo. Sin lugar a duda, esas miradas fueron tomadas, enriquecidas y originadas a partir de la perspectiva de ese narrador del «silencio» oral o escrito. [21]

 

Todavía, antes del último diálogo con Raúl Ferrer Pérez, aquí en Santa Clara —cuando ya las quejas por la quebrantada salud lo cortejaban—, de soslayo, volvió a la carga y espetó que se sentía dolido, porque nada, en lo absoluto, se discernía sobre las ricas metáforas que estructuró el «otro» en la profusa soledad del que compone anécdotas.

 

Idas y venidas a Santa Clara, inigualables como ninguna, volcaron a todos a una bohemia aparente, a las charlas fluidas, a los recorridos por las calles          —ausentes al paso del viento—, a las «conspiraciones» con la noche, el carenar en cafeterías, bares... Allí surgieron otras amistades que afincaron en el arte y la literatura un pensamiento común.

 

Similar actitud azotó a Caibarién. La presencia en esta ciudad era un torbellino efusivo entre cofrades. Ya parte de su familia residía en La Habana, donde floreció la tertulia de Pancho Arango, en la calle Prensa, número 205, en el  universo barroquista del Cerro.[22]

 

Por los 50  se conmovía en pleitesías. Un día se personó aquí con un poema —de cadencia negra—, que penetraba en la temática social. Él notaba que rivalizaba en «compromiso» con las mejores piezas de Martínez Pérez —no lo negó, al contrario, vislumbró elallegro—, y se llenó la boca de inconfundible humor popular para enseñarme la pieza. Sin presunción, irradiaba devoción.

 

Por título: «Progreso». Con jocosidad perpetua me lo regaló para incluirlo en la declamación. Así, esos versos pasaron por escenarios y retumbaron en su época: conservo el original. Nunca abjuré de esas letras. Estaban correctamente escritas, y crecían en el afiebrado ritmo de la vocación. Su perfil de artesano era como un duende esclarecido, definido y delimitado...

 

Los recursos tropológicos y la elocución poética tenían  parecido a los incorporados en Elromancillo de las cosas negras y otros poemas escolares.[23] Sin embargo —al igual que «Fiesta», «Reivindicación del dientuso» y «Respuesta del buen marido»—, se propagó gracias a la inquebrantable misión encarnada por recitadores, conceptuados como pulidores de versos. Aún esos textos están protegidos en los respectivos originales. De oído en oído —abriendo surcos al aire, tironeando la esperanza y canturreando la existencia—, conquistaron una página salvada al involuntario olvido.[24]

 

Raúl pasó por ese trance. Nunca fue un perseguidor de ediciones y, entre las décadas del 30 al 50, consiguió varias pugnas y difusiones, dada la «grandilocuencia» del declamador. No obstante —para nunca ser menos que nadie—, moldeó algunas de esas líneas  en Archipiélago, una voz de tierra adentro para el Continente. En la publicación también cristalizó su otra naturalidad: el pequeño comentario literario.[25]

 

Claro, Ferrer Pérez en ocasiones perdió el nombre, y acogió el de «Reivindicador de los dientes grandes y afilados». Era como una espuela poética. Con eso promulgaba la devota admiración hacia los sujetos particulares que defendía Martínez Pérez.

 

 El carácter jacarandoso del temperamento —de  dicharachero diario y polemista acerado—, delimitaba el acento que otorgaba a la estrofa. No eludió en su «cuerda» una sentencia refinada, profunda y aceitada con ritmo y atinada musicalidad.

 

Canción y tesitura eran monolíticas. Nada agregaba gratuitamente el oído receptor. Todo recaía en un pacto de soledad creativa. El carisma se escondía en la llaneza del trato, la frase espontánea y la disertación abarcadora... Ese galardón no se apagó de su boca, y nació con él. Hasta el último aliento fue un «infante»  que se estremecía pletórico,  innato. En el aula de la escuelita de Narcisa —donde fungía, además, como sempiterno maestro—, emergió el antológico «Romance de la niña mala». En los atributos, cualquiera advierte la añoranza y la sinceridad humana: son peculiaridades puntales de la clase y la lección.

 

Lo mismo convertía el aula en salón de baile y disfraces, que enseñaba a amar a la Patriade disímiles formas. Los amigos instauraban tribunas para incitar la sabiduría del inocente que acicala la imaginación ante las insospechadas realidades. ¿Quién no ocupó, de una forma u otra, con placer, el más humilde los pupitres? ¿Cuántos no compartimos el mendrugo y las frutas silvestres  recogidas o adquiridas en los alrededores del pueblo? Todos, responderán los que están muertos, y los vivos también lo asegurarán. Lo consiento.

 

Como fragantes lirios, cuando abren los seis pétalos a los cuatro vientos, estuvimos allí, en la modesta casa, y ofrecimos clases, al compás de la sabiduría y la liturgia de la palabra. Comprendimos entonces ese infinito  espacio del respetable escritor y maestro. Siempre poseyó en la confabulación del diálogo  un tono único, una sentencia abarcadora: la amistad y el respeto por el otro.

 

Guardo —entre las cosas más queridas de Yaguajay— un diminuto papelito impreso con la angelical añoranza de una adolescente que apenas se deshacía de los hábitos de humilde campesina. Ya está amarillento, pero... Conserva la pulgarada impuesta por el pulidor. Esa pequeña hojita, devenida en incunabulum, dice: «Nuestro amigo se nos va». Central Narcisa, marzo 26 de 1942. 90 de Martí. Dolores Domínguez González.[26]

 

Los que intimaron en las mañanas, las tardes o las noches, a aquel agitado cuerpo de ideas vertiginosas, maduras, inusitadas, hace ya 50, 40, 30 ó menos años, no olvidarán  que en el centro estaba el educador Raúl Ferrer Pérez. Funcionaba, sí, como un extraordinariomagíster: la huella telúrica, al realzar a Martí, adquiere un profundo sentido de pertenencia y admiración. Él, guajiro de «pico fino», sé que jamás abdicó de  esa concepción.

 

Idénticos destellos sostuvo, a partir de 1953, cuando comenzó a residir en La Habana y tomó mayor cariño por los barrios y las calles pobres de la ciudad. Siempre el rostro del hombre humilde lo contagió. Oficiaba en la escuela pública de la calle Enamorado, entre Serrano y Poey. Allí evidenció la forma de frecuentar la poesía y perseguir otros afectos de insuperable gala: la palabra.

 

Las tertulias ahora eran en  la casa de Pancho Arango, donde la cultura se jalonaba sin estridencias, elites y grupúsculos, al organizarse fraternales discusiones sin meras presentación de asistentes.

 

Jesús Orta Ruiz [Indio Naborí], José Ángel Buesa,[27] Raquel[28] y Vicente F. Revuelta,[29] Ody Breijo[30] y Ramiro de Armas,[31] eran de los habituados sabáticos. Como quienes van camino a la floresta, en las mañanas de verano o invierno, todos se juntaban. Frecuentemente íbamos a La Habana los amigos de Santa Clara y Caibarién. Un espacio al diálogo fecundó, en esa ocasión, para el fomento del acontecimiento literario, de donde salíamos rejuvenecidos.

 

Ese aire natural —de poeta de fácil fraseología, de labios rápidos en la pronunciación, de agitado contoneo, de gallo fiero, en disputa y lidia, de orfebre de meditaciones, y protector de recursos y formas líricas incalculables—, acudía a Ferrer Pérez como un obstinado preceptor. Era un curtidor,  conformador de celdas con mieles y versos —aún inéditos—, el que yacía erguido ante nosotros y  esperaba o escuchaba en un punto fijo.

 

La poesía que germinó desenvuelta, minuto a minuto,  cantó al amor, y recreó la infancia y la naturaleza. De similar modo enfatizó en la utilidad del suceso histórico: particularidades del retoño inspirado por los hombres y su época. Los versos y las preocupaciones, revelaban al hombre en imparcial dimensión, y  sentenció que: «De mi voz he llevado la poesía, como se lleva a un niño de la mano».[32] En realidad  todo lo plasmó con su insobornable actuación.

 

Esa sonoridad que ondulaba en el interior —acotado en los 169 poemas de  Viajero sinretorno, 1979—, saborea el paisaje, la belleza femenina, la inocencia infantil y la recreación que inquieta en denuncia social.

 El humor con tinte negrista  anota precisión: se explaya en un discurso que perpetúa las estampas de otros creadores permeados de similares quehaceres literarios. No será la primera ocasión en que Ferrer Pérez sorprenda, y amplíe sus horizontes poéticos. La carcajada tiende a convertirse en realidad, y la ironía late y el choteo fortifica. En otras piezas —inéditas o contenidas en mí archivo—, se nota con mayor reiteración. Aseguro que representan un modo poco usual de encarar la realidad y transformarla. Así se aprecia en:

«Reivindicación del dientuso»      

¡Oh, qué pasa, Miguelito!        

Aquí, buscando un señó   

Trigueño, de bigotico...   

¿No lo a’bito?  Chico,

nó.    

Pero si me dá ma seña     

Pué sé que lo jame yo.      

Chico, uno que vende ingierto   

y que hace mucho cuento      

y cosa para la to       

Pué te soy franco, Migué      

No conoce ese señó...    

¿Y pa qué...         

¡Míralo! Ta asiendo cuento...   

e mimito... E’mimo e, tú lo quería,      

 que lo anda buscando hoy.       

Poque se trae un abuso...       

¿E’ no sabe quién soy yo?      

Si lo encuentro tú verá             

la galleta que le doy. 

El poema es largo: metáforas, ironías y prosopopeyas, entre otras  figuras retóricas, evidencian el regodeo por lo controvertible. También coexiste la «perfección» estilística, y la comunión del contenido y la forma. La risa y el jugueteo se decantan hasta fundirse con moralejas y anécdotas sentenciosas. [33]

 

En otras piezas de El romancillo..., recursos y temas despliegan el oficio a partir de la reciedumbre guajira y la estirpe popular que ronda. La envoltura intelectual, y literaria, afloraban lúcidas y edificantes en la composición. Tal constituyó el caso de los romances, donde brilló el dedicado a «la niña mala».

 

Sin embargo, distinguió en lo explícito, partiendo del octosílabo asonantado, para entroncar con la décima campesina. Galopó en el soneto y engalanó un serventesio o una elegía. Lo que tocó en gracia, humor y esplendor criollos —con el mayor aplomo—, tuvo una sentencia formal y estilística que lo circunda. En él hubo música y armonía, y como si la noche se pegara al día, el sonido era rima y melodía.

 

En «Arte poética» —apertura de Viajero sin...—, clareó el definidor estético y el tallador del concepto: «Ni un verso para hacerme una corona,/ ni verso de acicate a mis instintos,/ ni una musa de versos para el llanto./ Mejor los llevo al viento».[34]

 

Todo aconteció en ese parámetro. Jamás cargó el cetro ceñido al cuerpo, sino pegado al cinto, dobladito —como un pañuelo, en el bolsillo, empapado del sudor de la piel, del calor de lo efusivo—, aferrado a la criatura que lo engendró. Así  lo conocí y lo reconozco.

 

Su verso cantó a la realidad, a las dolencias y  querencias, para retoñar en manantial. El inseparable movimiento del orfebre —del escultor, y el nítido alfarero—, se resistía, y en poesía encarnaba un sagrado. Solo dos libros: El romancillo de... y Viajero sin...[35] Los escritos restantes tienen un vago asomo en publicaciones periódicas.[36]

 

 Sabe Dios quién atesora maravillas dispersas y acunadas en terrenos y horarios tan diversos. Todo lo regalaba: comprendía que vendrían quienes con sumo celo lo conservarían. Todavía las piezas «asignadas» a mí mantienen la temperatura fresca del papel, y el tierno olor, dulce y saltarino, de la tinta de imprenta.

 

Poemas y estrofas —y no fueron pocos—, pasaron al olvido. Perdidos yacen en lo efímero que legitima un espacio en formas y colores... Ese instinto fino, para «encerrar» la metáfora en un puño, lo impulsó hacia una polémica enconada y sistemática con un «extraño» lírico surgido en Yaguajay. Ese «personalillo» pretendió desolar las diferentes maneras de composición con actos injustificados y vulgares: encolerizó las costumbres y a los moradores del pueblo.

 

Como un gladiador, atacó Ferrer Pérez a un «autotitulado escribano» que, con creyones de colores «apostaba las metáforas» en los cristales visibles de los centros comerciales. En un amanecer las vidrieras aparecieron llenas de «letrillas» de toda estirpe. Allí confluían versos bien fundamentados y otros combinados con mala entraña.

 

Él solo atinó a contestar. No lo hizo desde el silencio escurridizo y anónimo de la noche, como el otro, sino a pecho limpio, con la frescura de las entrañas. Redactó una vez —sacando a relucir la cara poética—, deseoso  de que surgiera la réplica. El «presunto» abandonó el campo de batalla y se sumergió en idéntico parecer al que lo vio nacer:  el anonimato. En pocas ocasiones —tal vez ninguna, que conozca—, este tipo de poética fue contemplado en idéntico trance de un pueblito cubano.

 

 Los amigos, que respetaban el talento y la entereza de Ferrer Pérez, lo elogiaron por despampanar en la raya al «excéntrico». No era de los que callaban ante las injusticias, pero deseaba tantear las «armas» del otro, imponiendo la honestidad adecuada. Nadie regañará  esta variante estrófica, efímera, perdida y en olvido, por tuvo su inusual validez.[37]

 

       Eso le valió para aclarar en «Aquí» que: «Un poeta es un hombre cuando dice la verdad». En «Conmigo» bulle en celo y cuenta que: «Mi corazón cargado de universos/ se diluye en las rimas y te nombra/ y aunque le falta, viaja en tu sombra/ va conmigo en la noche de los versos». Hay dolor, lo creo, es interno, y parió y sufrió hasta el desgarramiento con la aparición de los versos. Después los recreó, a la par que exteriorizó su inocencia.[38]

 

En Cuba no hay nada más antológico —olvidado, porque permanece escondido, sin editar—, en despliegue y sentido que «Respuesta del buen marido». Es una autodefensa a la esposa, a las mujeres de esta tierra, a la novia, y al tono suave y mágico que fomenta el alma femenina.

 

Diría que es un clásico no cotejado en libro alguno. En el plano personal lo considero una leyenda para cualquier época, dado por la emoción, el modo de entender el enfrentamiento y los atributos o símbolos que deshila. El alegato ostenta una proyección cinematográfica, discursiva y conversacional, legítimas para un reconocimiento.

 

 Por la ubicuidad —el lugar o auditorio—, enarbola ánimos en la vehemencia que  resguarda lo compartido. Nada engrandece más a  un texto de ese calibre y dimensión. Su título:

         «Respuesta del buen marido»       

«Amor» que nunca besas, «Amor de mal vivir»,    

la mujer con quien duermo necesita dormir.         

¡Jamás se siente sola ni el ardor la rebaja       

porque está satisfecha del amor... y trabaja!   

¡Sobre el febril reclamo, bajo el temblor ligero,    

más que macho y marido, yo soy su compañero!  

Que sé cuando el hombre se siente satisfecho     

ni a la estrofa ni al parque lleva cosas del lecho. 

Que ansiamos el minuto en que la carne grite        

y sólo a sus palabras volvemos, si repite.  

Es placer al rendirse al calor de la hembra     

en cuyo puro seno realizamos la siembra   

y en la que cultivamos el rosal de otros nexos  

con un placer más hondo que la unión de los sexos.  

En amor mayor gusto cuando menos alarde.     

¡Por eso se equivoca tu lujuria en la tarde   

pero si, como dices, es dulce, clara y bella,   

tu calumnia y tu envidia no llegarán a ella!   

Tú quieres que ella vaya besándome ante todos,    

pero ella sabe hacerlo de otros discretos modos. 

Quisiera contemplarme bebiendo su hermosura, 

haciendo de la calle una gran cerradura.      

Tú que manchas el verso cantando el adulterio,   

es justo que no puedas medir a un hombre serio,        

y aseguras que todas las hembras son infieles       

con tu filosofía de vicios y burdeles.  

¡Bien se ve que no sabes lo que es un gran cariño 

que comienza con un beso y termina con un niño!    

Hay mucho a qué cantarle, para que los poetas   

sigan las cortesanas y ridículas tretas       

de ociosos pescadores con versos de carnada,  

tirando sus anzuelos a mujeres casadas.          

Eleva tus punzantes instintos animales        

hacia el urgente rumbo de luchas e ideales.  

La mujer es poesía. Y el verso la requiere       

para ayudar al hombre a vencer lo que muere, 

a edificar un mundo de firmes alegrías      

que debiera el poeta cantar todos los días.[39] 

Al enumerar los poemas y sus magnitudes, se encomian las fijaciones del creador. Circunscribir es la apostura, no cabe  duda, y aprender del hombre hasta lo minucioso —tras la partícula que se acopla a la epidermis—,  la misión  acogedora.

 

 Refiere elegancia en sentimientos: ratifica la podredumbre que observa en el otro, con la punición de una «eticidad» que transgredió el cauce, para acotar la diferencia de pareceres.

 

 El lenguaje no se silencia en frases perfectas y engalanadas. Realza el adiestramiento del magisterio, y engrandece la capacidad amatoria hacia lo opuesto. Llegaba, incluso, al calificativo de «prodigiosa sementera». Dentro de la Historia de la Literatura Cubana, que sepa, «eterniza» un gesto admirable y explayado para el alma femenina. La vocación «aprisiona» los derroteros del contorno.

 

Todo el caudal abarcador de entusiasmos, la agilidad de la palabra que cercena, del palomo libre y manso, del río incontenible, del gallo fiero —carente del más lejano espichón—, residía ahí, al alcance de todos, sin una queja o un reclamo.

 

La mirada que penetra en la nimia cotidianidad lo envolvió en carácter campechano. Él rompió centenares de poemas —lo sé yo—, y también ofrendó a lo efímero un número y guardó los de su preferencia. Tenían una perseverante: el reposo y la ebullición de la música, el campo, la hidalguía notable y el prójimo disimulado en una rica osamenta.

 

Raúl  Ferrer Pérez fue, y es, con todos los granos de la arena, un lírico  —aunque acérrimo enemigo de preparar libros—, y por su sello tajó las perspectivas del acabado artesanal: la orfebrería. Yacía allí, donde la mano perseguía al ojo.

  La sabiduría prevenida a la acogedora canturía fundó su distinción. Era un gallo henchido en el labrantío: manso cuando había que serlo y fiero en cualquier lidia. Revelaba una clarinada suya —entera y ajustada—, capaz de entonar una limpia sugerencia. Ahí gravita su patético parangón, abierto a la inoculación  y el cobijo del rocío y la hierba. Esas fueron y serán, en síntesis, los inseparables credos de una inspiración.    

                           

 


[1] En 1990 falleció  Severo Bernal Ruiz, y unos años después Raúl Ferrer Pérez. En 1991 «el poeta de Yaguajay» regresó a Santa Clara, sitio donde dialogué sobre diferentes tópicos relacionados con el declamador y otros amigos. De una manera u otra están contemplados en el contraste de las aportaciones sugeridas por el testimoniante. 

[2] Luis Machado Ordetx: CoterráneosOp. cit., 23-30. 

[3] José Martí: «Nuestra América», La Revista Ilustrada, Nueva York; 10 de enero de 1891; Lot cit.El Partido Liberal, México; 30 de enero de 1891. Obras Completas, t. vi, p. 15, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963.

[4] Idem: «El poeta Walt Whitman», El Partido Liberal. México; 17 de mayo de 1887. Op. cit.,  t. xiii, p. 133.

[5] Raúl Ferrer Pérez: [Mayajigua, Sancti Spíritus, 1915-La Habana, 1993]. Como otros jóvenes de su época, se formó como maestro de Escuelas Cívico-Rurales —nacidas al amparo del Decreto-Ley número 620, firmado el jueves 27 de febrero de 1936—, para combatir el «analfabetismo y orientar» la vocación cultural del campesino. En 1940 la provincia de Las Villas, donde residió, tenía 295 centros docentes de ese tipo, y la matrícula ascendía a más de 17 mil 800 estudiantes de edad infantil y juvenil. En el antiguo central «Narcisa», en Yaguajay, donde se ubicó como maestro Cívico-Rural, coincidió con Onelio Jorge Cardoso y Tomás García Coya, quienes desarrollaron similar labor. Ambos eran contertulios del Club Umbrales, de ahí la relación que estableció en lo adelante Ferrer Pérez con los jóvenes escritores y artistas de Santa Clara.CfrV. Diccionario de Literatura Cubana: t. i, pp. 338-339, Instituto de Literatura y Lingüística, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984.

[6] Hicieron visitas reiteradas a las tertulias del cuentista y crítico de arte Onelio Jorge Cardoso, con sede en el Colegio-Academia Luz y Caballero, en las calles Villuendas y Marta Abreu, en Santa Clara. Cfr. en Severo Bernal Ruiz: «Una peña cultural»,La Publicidad,  xxxiv (12058): 5; Santa Clara, Las Villas, lunes 18 de octubre de 1937.

[7] Manuel Navarro Luna: [Jovellanos, 1894-La Habana, 1966]. Poeta y periodista. V. Diccionario de Literatura CubanaOp. cit., t. ii, pp. 655-658.   

 [8] Enrique Martínez Pérez: [Sabanilla del Encomendador, Matanzas, 1898-Santa Clara, 1959]. Destacado escritor cubano, aunque casi la totalidad de la obra permanece inédita o dispersa en publicaciones periódicas de La Habana, Matanzas y Las Villas. Su cuentística oral tuvo gran influencia en los textos concebidos por Raúl Ferrer Pérez y Onelio Jorge Cardoso. V., Iliana Rodríguez Salado, Iliana y Luis Machado Ordetx (1996): «La poesía de Enrique Martínez Pérez», Tesis de Grado, Facultad de Humanidades, Universidad Central de Las Villas. [Inédita]. Cfr. Luis Machado Ordetx: «Estocada poética de Martínez», en CoterráneosOp. cit., pp. 71-82. 

 [9] Juan Marinello Vidaurreta: [Jicotea, 1898-La Habana, 1977]. Abogado, poeta, periodista, crítico literario y esteta marxista-leninista con amplia vocación martiana y antiimperialista. Publicó en las revistas SocialAvance y la Hispano Cubana de Cultura,... V. Recopilación de textos sobre Juan Marinello: Valoración Múltiple, Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1977; Ensayos, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1983, y Diccionario de Literatura CubanaOp. cit.,  t ii, pp. 550-555, La Habana, 1984; y Juan Marinello: Cuba: Cultura, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984. 

[10] Sabio Jesús Orta Ruiz [El Indio Naborí]: [Ciudad de La Habana, 1922-]. Decimista más significativo de la Literatura Cubana contemporánea. Utilizó los seudónimos Jesús RibonaJuan CriolloMartín de la Hoz y El Indio Nabori. Representante de la renovación poética de raigambre popular durante la década de los 40-50. En esa fecha tenía publicados los libros de versos Guardarraya sonora [1946], Bandurria y violín [1948] y Estampas y elegías [1955]. Premio Nacional de Literatura en 1995. CfrDiccionario de la Literatura CubanaOp. cit., t. ii, p. 688.

[11] Onelio Jorge Cardoso: [Calabazar de Sagua, 1914-La Habana, 1986]. Destacado cuentista cubanos del siglo xx. Hizo periodismo, escribió para la radio y puntualizó reflexiones teóricas sobre el cuento. Fue fundador de la revista y el Club Umbrales, así como La Hora Hontanar, todas de Santa Clara.V.   Diccionario de Literatura CubanaOp. cit., t. i, pp. 469-471. Cfr. Onelio Jorge Cardoso: Cuentos, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1985, y Luis Machado Ordetx: Coterráneos, Editorial Capiro, Santa Clara, 1997. También con mayor amplitud en: Apud. http:// www.cubaliteraria.cu/autor/onelio_jorge_cardoso/index.html. [Disponible el martes 2 de noviembre de 2004, 6:50 p.m.].

[12]Emilio Ballagas Cubeñas: [Camagüey, 1908-La Habana, 1954]. Poeta, periodista y ensayista. Cfr. Isora Pineda de Camps: «El legado de Ballagas», en El Villareño, Diario de la Tarde de Información General, vi (212):1-2, Santa Clara, Las Villas, sábado 18 de septiembre de 1954. CfrDiccionario de la Literatura CubanaOp. cit., t. i, pp. 105-106. Cfr. Luis Machado Ordetx (1997): «Ballagas en su residencia», en CoterráneosOp. cit., pp. 39-56; Luis älvarez Álvarez: «Ballagas desde el fin del siglo», en La Gaceta de Cuba, La Habana, pp. 3-11; noviembre-diciembre de 1997, y Víctor Rodríguez Núñez: «El cielo en rehenes: la insubordinación sexual en los versos tardíos de Emilio Ballagas», en El Caimán Barbudo, La Habana, 35 (306-307):26-28, septiembre-diciembre de 2001. También:Virgilio López Lemus (2004): «Emlio Ballagas, los pechos de la muerte me alimentan la vida», en Oro, crítica y Ulises o crecer en la poesía, pp. 59-75, Editorial Oriente, Santiago de Cuba.

[13] Gaspar Jorge García Galló: [Quivicán, 1906-La Habana, 1992]. Pedagogo, filósofo e investigador marxista-leninista. Durante muchos años impartió clases en la cátedra de Filosofía y Letras de Escuela Normal para Maestros de Santa Clara, sitio donde residió desde 1932 hasta finales de la década de los 40. Ahí confluyó con Emilio Ballagas como miembro del profesorado y del alquiler en la casa de huéspedes de Pernas, lugar donde también vivieron Domingo Ravenet y su esposa Raquel Ramírez Corría, y de manera itinerante los pintores Jorge Arche, Eduardo Abela, Amelia Peláez, Mariano Rodríguez y René Portocarrero. Son los años finales de la década de los 30 en que se montan los murales de la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara. Dirigió el Centro de Cultura Popular José Martí en la antigua provincia de Las Villas. Figura muy vinculada con el quehacer profesional y literario de Emilio Ballagas y otros escritores relacionados con el territorio. Cfr: Gaspar Jorge García galló(1980): Filosofía, Ciencia e Ideología: como la Filosofía se hace Ciencia con el marxismo-leninismo, Editorial Ciencia y Técnica, La Habana.

[14] José Felipe Carneado: [Sagua la Grande, 1915-La Habana, 1993]. Abogado, periodista y poeta. Militó en las filas del Partido Comunista de Cuba. Negro preso, constituye un libro inicial de 20 poemas relacionados con temas afrocubanos. Permanece inédito. Cfr. Carmelo Álvarez (1989): Cuba: testimonios y vivencias de un proceso revolucionario, Departamento Ecuménico de Investigaciones, San José de Costa Rica. 

[15] Nicolás Cristóbal Guillén Batista: [Camagüey, 1902-La Habana, 1989]. Declarado Poeta Nacional de Cuba, dispone de una amplia obra en verso, prosa, periodismo y crónicas de viaje.  V. Ángel Augier: Nicolás Guillén. Notas para un estudio biográfico-crítico, t. i-ii, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1965. Poeta Nacional de Cuba. Premio Nacional de Literatura en 1983. Cfr.  Diccionario de Literatura CubanaOp. cit., t. i, pp. 407-415. 

[16] Carlos Rafael Rodríguez: [Cienfuegos, 1913-La Habana, 1997]. Teórico y periodista marxista-leninista. Escribió en varias publicaciones nacionales desde temprana edad. Fundó el Grupo Literario «Ariel», y en su ciudad natal dirigió las revistas Juventud y después en Dialéctica, al tiempo que editó Universidad de La Habana, Mediodía y Fundamentos, entre otras. Sus obras principales son: Cuba en el tránsito al socialismo, 1959-1963, Lenin y la cuestión colonial, José Martí, guía y compañero, Letra con filo. Cfr.  Diccionario de Literatura Cubana:Op. cit., t. ii, pp. 903-904.

[17] Mirta Aguirre: [La Habana, 1912-Id., 1980]. Poeta, crítica literaria y artística, periodista, guionista de programas de radio y televisión y pedagoga cubana afiliada al marxismo-leninismo. Publicó textos periodísticos de diversas temáticas [con lo seudónimos de Rosa IznagaRita Agumerri y Luis Robles Garza] en las revistas MensajeMediodíaLa Última HoraLa PalabraLyceumGaceta del Caribe... VDiccionario de la Literatura CubanaOp. cit., t. i, pp. 28-29. También en Mirta Aguirre(1981): Estudios Literarios, Editorial Letras Cubanas, La Habana, y en Hernández Otero, Ricardo Luis y Enrique Saínz de la Torriente(2000): «Proyecciones e iniciativas culturales de los comunistas cubanos (1936-1958)», en revista Temas, (22-23): 88-100, La Habana, julio-diciembre de 2000. 

[18] Juan Bosch Gaviño: [La Vega, Santo Domingo, 1909-Id., 2001]. Político y escritor de amplio fuste. Residió en Santa Clara a mediados de la década de los 40, fecha en que vivió en Cuba como exiliado político por sus luchas frente al régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo... En sus escritos destacan: Camino real (1933), Ocho cuentos (1947) y Cuentos escritos en el exilio y apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1962). A su llegada a Cuba sostuvo una amplia relación con escritores locales, principalmente con Enrique Martínez Pérez, Sergio Pérez Pérez, Gilberto Hernández Santana, Carlos Hernández López, Juan Domínguez Arbelo, José Ángel Buesa,  Onelio Jorge Cardoso y Severo Bernal Ruiz. Todos, muchas veces, se encontraban en la Casa Orizondo, en la calle Independencia, número 34, Santa Clara, para seleccionar las novedades editoriales que arribaban. En otras ocasiones llegaban al bar Ideal, de Domingo Carreiras Vilariños, en el Parque Vidal, y también a la fonda de chinos «El Cantón» o al hotel «Pasaje», así como al Centro de Cultura Popular «José Martí» (dirigido por García Galló) o a la Sociedad de Instrucción y Recreo «El Ateneo», donde debatían los sucesos artísticos del momento. En los meses finales de 1947 partió de Santa Clara hacia La Habana, urgido ya en los preparativos de la «Expedición de Cayo Confites», donde junto a Juan Rodríguez y otros exiliados dominicanos y revolucionarios cubanos, planearon derrocar al tirano Leónidas Trujillo. De la estancia en Santa Clara hay testimonios inéditos vertidos al autor por Onelio Jorge Cardoso y Severo Bernal Ruiz, así como por la correspondencia de Sergio Pérez Pérez. V.Gastón Baquero: «Notas sobre la poesía de Emilio Ballagas», La Publicidad, li (19662): 2; Santa Clara, Las Villas,  lunes 22 de noviembre de 1954. Esa conferencia, reproducida por el diario villareño, fue dictada días antes en la Universidad Central de Las Villas.Cfr. Ciro Bianchi Ross: «Galich», en Juventud Rebelde, La Habana, 39(32042):9; domingo 9 de mayo de 2004.

[19] Luis Machado Ordetx: Ibídem., p. 28. 

 [20] Op. cit., p. 65. 

[21]  Ibídem., p. 66.

[22] Pancho Arango: tabaquero de oficio. Organizó una tertulia artística y literaria en su vivienda, nombrada «Casa de los Poetas»,  donde se ofrecían conferencias, recitales, charlas... La trayectoria de esta peña informal, caracterizada para aglutinar a valiosos intelectuales habaneros en torno a las luchas obreras y el compromiso social, es casi desconocida  dentro de la Historia de la Cultura Cubana. Vagas referencias aparecen en estudios anteriores. Un recuento investigativo, que pormenorice en su significación, será en extremo útil para la Literatura Contemporánea.

 [23] Raúl Ferrer Pérez: El romancillo de las cosas negras y otros poemas escolares, Imprenta. Berea, La Habana, 1947.

[24] Luis Machado Ordetx: Coterráneos,Op. cit., p. 46.

[25] Magazine cultural —dirigido por Quirino H. Hernández y editado por Antonio Bucheiro Cioffi—, de Caibarién, ciudad portuaria del norte de la antigua provincia de Las Villas. El consejo de redacción estuvo integrado por jóvenes intelectuales de la localidad. Comenzó a salir en febrero de 1943 y feneció en igual mes, pero de 1947. La tirada de las imprentas no rebasó los 500 ejemplares. Constituyó un divulgador  artístico por excelencia. Difundió a los escritores más destacados de la región. Apud.Diccionario de la Literatura CubanaOp. cit., t. i, pp. 65-6.

[26] Tiene la fragancia expresiva, la gracia y el calor fraternos. Contiene, además,  dibujos sobre temas paisajísticos e históricos que, elaborados por la «vivaracha rubita de tercer grado», ofrecen la dimensión humanística del educador. [En archivo del autor.]  V. Severo Bernal Ruiz: «El jardín de Narcisa», La Publicidad,  xxxviii (135741): 6; Santa Clara, Las Villas, sábado 6 de junio de 1942.

[27] José Ángel Buesa: [Cruces, Las Villas, 1910-República Dominicana, 1982]. importante poeta cubano de la vertiente neorromántica. Su obra está contenida en: La fuga de las horas [1932], Babel [1936], Canto final [1938], Oasis y Muerte diaria [1943], Oda por la VictoriaLamentaciones de Proteo y Canciones de Adán [1947], así comoPoemas de la arena  y Nuevo oasis [1955], Poeta enamorado [1955] y Poemas prohibidos [1959]. CfrAntología Poética Total, Editorial Publicaciones América, Santo Domingo, 1985. V. Virgilio López Lemus (2004): Op. cit., 82-87.

[28] Raquel Revueltas Planas: [La Habana,  1925-Id., 2004]. En 1936 comenzó su labor artística en la Corte Suprema y La Escala de la Fama. Fue fundadora del Teatro Popular. En 1950 protagoniza la pieza Juana de Lorena, y tres años después se incorpora al cine, donde desplegó una larga carrera. En 1958  crea el Grupo Teatro Estudio. Desde entonces estuvo vinculada a la formación de jóvenes actores y labores docentes encomendadas por la revolución Cubana. Premio Nacional de Teatro en 1999.

[29] Vicente F. Revueltas Planas: [La Habana, 1929- ]. Inició su carrera artística muy joven como cantante aficionado en el Teatro Principal de la Comedia y luego en programas radiales. Se incorporó al grupo teatral ADAD, con la obra Prohibido suicidarse en primavera,  de Alejandro Casona. También militó en la Escuela Municipal de Arte Dramático, el Patronato de Teatro y el Teatro Universitario. En 1950 formó el Grupo Escénico Libre y dirige El recuerdo de Berta, de Tenessee Williams. Es fundador de Teatro Estudio. De allá acá se relacionó con la dirección teatral y la docencia. Premio Nacional de Teatro en 1999. 

[30] Ody Breijo: [Artemisa, ¿…?]. Poeta y periodista. Entre 1940-50, dirigió el rotativo La Reforma. Escribió textos literarios con el seudónimo de Walterio RenoisV.: Karen Brito Breijo: «Réquien de la felicidad»,El Habanero, xvii (12): 3; La Habana, martes 11 de marzo de 2003.

 [31] Ramón Arenas Hernández: [Caibarién 1904-Id., 1986]. Periodista, escritor y animador cultural. Autor de los poemarios Cronos en arte menor (1937), Cartones de zafra (1938) y  Yo canto ala Habana (1941). Fue editor de la revista Archipiélago: una voz de tierra adentro para el Continente, de Caibarién. Colaboró con otras publicaciones culturales cubanas  y extranjeras, sobre todo las habaneras CúspidesCromos y El Mundo. Es uno de los tantos creadores que permanece olvidado por la Historia de la Literatura Cubana. Estudios teóricos sobre su vida y obra son desconocidos.

[32] Raúl Ferrer Pérez: «Cinco notas del autor», Viajero sin retorno, p. 17, Bolsilibros UNIÓN, La Habana, 1979.  

[33] En la dedicatoria apunta: [A Enrique Martínez Pérez, «poeta superlativo del verso negro»]. Constituye un fragmento. Tanto «Progreso», como «Fiesta», no están incorporados en libros. Se publicaron por vez primera en 1989. Junto a otros, ubicados en el archivo del declamador, ostentan una  carga dramática que permiten, no solo la ejecución en la declamación, sino, además, su proyección discursiva. Gozan de un léxico apropiado y giros metafóricos auténticos.  No por gusto Onelio Jorge Cardoso delineó los rasgos del personaje «Juan Candela», del antológico «Cuentero», a partir del dominio de la charla, el sentido chancero, las maneras expresivas del gesto y el modo de «engañar» con palabras, muy característicos de Enrique Martínez Pérez. Fueron los elementos —típicos de este poeta—,  que impactaron con reiteración a Cardoso y Ferrer.  «Candela, el verboso», tuvo su émulo real. Jamás nadie podrá diferir de lo apuntado: los testimonios de ambos creadores lo avalaron indistintamente». Cfr. Luis Machado Ordetx: «El cuentero cabalga de nuevo», CoterráneosOp. cit., pp. 57-69.

[34] V. Raúl Ferrer Pérez: Viajero sin retornoOp. cit., p. 21. 

 [35] Idem, p. 21.Recoge «parte» de lo más valioso de su obra, incluyendo El romancillo de las cosas negras y otros poemas escolares, La Habana, Imprenta Barea, 1947.  

[36] CfrArchipiélago,...Op. cit., Metáforas, ricas, de verdad, refrescaban las páginas de esa publicación, caracterizada por una elaboración minuciosa para deslindar la soberbia inspiradora de la armonía artística.

[37] El investigador lo captó en situaciones similares —tan contento como en aquella lidia—, al sentirse desafiado para extraer «recursos» de su inteligencia. Sin embargo, en Yaguajay jamás se supo quién se ocultó detrás de aquel misterioso ropaje, y cuáles fueron las intenciones que animaron el inescrupuloso acontecimiento.

[38] Raúl Ferrer Pérez: Op. cit., pp. 25; 60.

[39] Original: Hallado en el archivo del declamador. Fue escrito para ripostar el «Poema del Amor sin besos», escrito por Adolfo [Alipio] Menéndez Alberdi. Este autor expone: «/Amor que nunca besas, amor de buen dormir;/ la mujer con quien duermescómo habrá de sufrir./ Qué soledad inútil sufrirá cada díaal no encontrar en ti sino tú compañía,/ puespara largas noches de sueños bien dormidos,/ no es preciso que el lecho mantenga a dos unidos./ Mal amor que la enturbias cual la nube a una estrella;/ mal amorno comprendes que es dulcey claray bella;/ que por no traicionarte se muerde sordamentecomo un río estancado que ansía la corriente./ Mira que cuando pasas con ellaamor frustrado,/me adivina el deseo de llegar a su lado,/ y en mis brazos hundirlacomo a un náufrago el mar,/ para darle los besos que no les sabes dar/». Sobre los libros publicados por este lírico de Sagua la Grande, CfrDiccionario de la Literatura CubanaOp. cit., t. ii, pp. 601-02. 

ANTONIO MUÑOZ, EL MÁGICO PELOTERO CUBANO

ANTONIO MUÑOZ, EL MÁGICO PELOTERO CUBANO

Por Luis Machado Ordetx

 

Palabras de presentación de El Gigante del Escambray, biografía de Antonio Muñoz escrita por Osvaldo Rojas Garay. Serán expresadas el domingo 29 de marzo de 2015, Sala Caturla, Biblioteca Martí, 24 Feria Internacional del Libro en Villa Clara.

 

Siempre creo que la memoria, o el más sencillo de los recuerdos, pertenecen a un sitio extraño. Forman un territorio que se resiste al olvido cuando trato de retomar lo que escapó a todos. De un modo u otro, en caso de no recrearlo, se esfumaría el instante al no plasmarse justo en el tiempo. Esa, y no otra, constituye la razón del porqué el número 5 de la pelota cubana anda goloso por reconciliarse nuevamente con las mangas de su camisa villareña.

 

Lo vemos frente al cajón de bateo cuando toma el pañuelo y seca el sudor de su cara. El hecho fue irrepetible,  y ahora,  lo confiesa, desea otro swing completo. Incluso, con seguridad, resta importancia a la lomita, lugar en el cual está el zurdo Leopoldo Márquez, el habanero temible, quien lo dominaba con facilidad cuando tiraba los acostumbrados lanzamientos lentos, casi bombos,  que impedían al contrario entrar en contacto con la esférica mágica.

 

Casi cinco lustros después, Antonio Muñoz Hernández, el mítico primera base, está dispuesto a disparar su cuadrangular número 371, o uno, tal vez dos o tres más que los oficiales logrados hasta el 17 de enero de 1991, fecha del último recogido por  los anales de las 24 series nacionales en las que intervino como deportista activo.

 

Tiene Cuso Muñoz por estos días motivos suficientes para la contentura. Pronto, porque aún no ha leído el libro, el humilde hombre de Algaba, en Condado, tendrá en sus manos El Gigante del Escambray, biografía que entregó a Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2014, el escritor y periodista   Osvaldo Rojas Garay.

 

¿Quién sabe?, no lo dudo, puede que alguna lágrima ronde por las mejillas del pelotero y también el escritor luego del disfrute de las letras impresas. Ambos son susceptibles, y hombres humildes. De ahí la confluencia, y hasta la conspiración por presentar a los lectores una magnífica compilación de aquellos acontecimientos en los que intervino el más grande de los bateadores zurdos de la pelota revolucionaria.

 

Recordará Muñoz, según las estadísticas de Rojas Garay, cuando logró durante un campeonato, y en espacio de 38 días, tres jonrones en similar número de ocasiones al bate y desafíos, hazaña registrada en la V Selectiva de 1979. También comprenderá otra vez, y eso no lo olvida por sus méritos personales, de hombre sensible, que junto a Martí, «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», raíz y esencia del espíritu cubano.

 

De Muñoz, por supuesto, no voy a hablar mucho. Por algo está Rojas Garay, el biógrafo, quien un año atrás, en viaje a Cienfuegos, quería regresar a Santa Clara, su ciudad en adopción.

 

Un impulso, tal vez mágico, como la papelería que atesora, lo obligó a no dejar trunco el compromiso con la editorial sureña. Entonces, el milagro que asumió en 2005, allá en Algaba, de concluir el  valioso compendio estadístico y el complemento de testimonios de los más representativos peloteros que estrecharon amistad con el Gigante del Escambray en torneos nacionales o foráneos, estaba a las puertas de una realidad.

 

Por fin el libro está aquí, más allá de muchos entuertos. No obstante, cuatro hechos no se contemplan el magistral texto, y que de una manera u otra, fueron salvados con el tiempo. Ustedes se sorprenderán, y hasta dirán, ¿cuáles son las omisiones? que, con   marcada parsimonia, admito.

 

Una está relacionada con las imágenes que tomó Modesto Gutiérrez, allá en Algaba, cuando el pueblo de Condado, en fiesta inusual, obsequió un soberbio reconocimiento a su ídolo beisbolero, Cuso Muñoz Hernández, como nombran con cariño a Antonio.

 

Otra de las exclusiones reside en el prólogo que, con entusiasmo, haría Félix Julio Alfonso, y que por urgencias editoriales se suplió a última hora. La tercera se vincula con la invitación y visita del pelotero a los Estados Unidos, así como las declaraciones que ofreció a la prensa y el manifiesto de fe en la Revolución y en Fidel. También de los diálogos que sostuvo allí con Agustín Marquetti, el legendario primera base capitalino-industrialista, o Antonio Pacheco, el mítico santiaguero, entre otras leyendas del béisbol nacional radicados en ese país.

 

Por último, el ingreso de Cuso Muñoz al Salón de la Fama del Béisbol Cubano.

La forja de un estilo personal en el juego de pelota, y la capacidad de acrisolar una estatura deportiva, innata, tuvieron a Muñoz al más temible de los bateadores nacionales. Todos recuerdan su inusual posición ante el jon, o la manera de certificar cuando un lanzamiento no preferido entraba en zona de strike y el árbitro, según su aprobación, lo declaraba bueno o malo. Esa fueron  cualidades, o los talantes más recordados por los aficionados.

 

En tiempos que una ética, una disciplina, se requiere en la pelota nacional, Muñoz recordó en un inquisidor cuestionario de Rojas Garay que, solamente discutió con los árbitros en tres ocasiones diferentes: una con Alfredo Paz, allá en Santiago de Cuba, en momentos en que peleaba por el champion bate, y el hombre de negro, imparcial, cantó out.

 

Otra correspondió al careo con el Chino Hernández en defensa del cargabate Roberto (Misifú) Jiménez, quien gritaba a los lanzadores contrarios para sacarlos de paso, y la última, en 1985 enroló otra vez a Misifú que dejaba siempre la pez rubia en el círculo de espera para el bateo. Esa bronca fue con el ampaya Mario Cossío en un partido que estuvo detenido durante 15 minutos.

 

Al repaso de aquellos desagradables momentos, Muñoz se sintió avergonzado, y a reglón seguido después de repasar aquellos 71 lideratos  que acumuló en certámenes beisboleros, confesó  que los hombres vestidos de negro «eran personas honestas, muy capacitadas, obligados a pensar rápidamente bajo una tensión tremenda, y aprendió siempre a respetarlos. Muñoz optó por cantarse, según sus apreciaciones, cuando los lanzamientos que le disparaban eran bolas o strikes. ¡Qué lección de humildad y ética deportiva!

 

Ya acabo la imaginaria tanda de bateo y disertación beisbolera de Muñoz, y luego pasaré la palabra al biógrafo Rojas Garay, a quien someto a la inquisición crítica. Es una especie de valoración de su periodismo-escritura-investigación, muy vital en esa montaña documental que atesora a la antigua, en papeles manoseados, como el artesano que busca el dato, lo analiza y contrasta de una manera peculiar.

 

La pesquisa lo convierte en un peculiar slugger en las conexiones de hechos-atletas, escenarios y apreciaciones personales, expresada antes en Casos y cosas del béisbol (Capiro, 2011), libro que lo catapultó al mundo de las estadísticas, anécdotas y curiosidades.

 

Rojas Garay, lo he dicho otras veces, tiene un sentido polifónico del hallazgo, de contraste, entre el claro-oscuro, del rastreador de historias carentes de los ornamentos de los adjetivos. Nada en sus discursos escritos y también los orales, llevan signos del rebuscamiento. Va a lo llano de la oración para examinar, explicar, entender e interpretar los acontecimientos o las ocurrencias deportivas y culturales contenidos en la observación directa.

 

 Las fuentes nutricias son las montañas de papeles, y la pericia del cotejo de historias, o el fundamento de esos múltiples amigos-colaboradores que lo animan a seguir siempre adelante, con la vista fija en el tiempo y el recuerdo.

 

Del slugger de Báez, Osvaldo Rojas Garay, veremos en cualquier momento otro arsenal de historias, ya sean “Casos y cosas del Deporte”, o “Fidel nunca se poncha”, libros ya concluidos y en espera de una editorial que haga realidad en lo inmediato la elocuente expresión que ahora está aquí entre todos nosotros: El Gigante del Escambray, la asombrosa biografía que escribió sobre Antonio Muñoz Hernández.

                                                Muchas Gracias