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OTILIO CARVAJAL TIENE UNA MIRADA CRÍTICA

OTILIO CARVAJAL TIENE UNA MIRADA CRÍTICA

Por Luis Machado Ordetx

 

A veces las angustiosas historias consuelan, o dejan una apoyatura crítica para el mejoramiento espiritual. Más allá de la incertidumbre anímica o física hay una manera esperanzadora en el enfrentamiento de los avatares cotidianos que describen disfuncionales familias.

 

Al menos así lo aprecié años atrás cuando Otilio Carvajal Marrero (Chambas, 1968), obsequió El libro más triste del mundo (Capiro, 2006), con el cual aborda desde la óptica de un discurso peculiar los problemas inherentes a la comunicación social.

 

Todo se resume en un fotograma continuo. Luquita, un  niño de cuatro años, sufrió un accidente, y entre maltratos, o abandonos, sueña con los milagros. También imagina su mágico universo ante el agotamiento de la madre, el dilema del padre, y hasta el egoísmo de los hermanos.

 

Aparece en su imaginación la santa palabra de un abuelo que emprenderá un largo viaje para hallar la cura a los quebrantos del pequeño olvidado por una familia que, en contradicción, lo sufre y lo ama en idéntica medida. En síntesis, el argumento.

 

Con El libro más… el escritor logró una estela de reconocimientos a partir del Premio de la Ciudad de Santa Clara, 2005, así como ediciones continúas en El Perro y la Rana (Venezuela), y por último la colección Veintiuno, de la editorial Gente Nueva, de Cuba.

 

Con la nueva reedición ganó  este año el Premio la Rosa Blanca, galardón que entregó la sección de Literatura Infantil de la Uneac. Dos residentes en Santa Clara, Luis Cabrera Delgado y Pablo René Estévez Rodríguez,  se agenciaron en 2004 y 2007, respectivamente, similar galardón, pero en el apartado «por la obra de la vida»,  mientras ahora Carjaval Marrero alzó sus palmas en un lauro compartido con el espirituano Maikel José Rodríguez Calviño  —Los enigmas de la Rosa de Marfil—, una novela de aventuras, hecho que reafirma una valía creativa. 

 

El tema expuesto en El libro más triste del mundo, desde el punto de vista del narrador omnisciente (que ve, sabe y toca todo), es poco usual en la narrativa destinada a los jóvenes, y entre sus fabulosos aciertos hay una crítica demoledora al “valor” de los objetos materiales, o los intereses banales que circundan los ambientes familiares contemporáneos.

 

Por encima de esos desajustes florece el humanismo, y la compenetración entre el abuelo-niño que actúan a partir de la sabia palabra, o el aliento cotidiano por un futuro optimista y solidario.

 

La historia atrapa, conmueve, y también educa en la medida que se explaya la narración-descripción, y dispone de un lenguaje diáfano que entremezcla contrastes de ironía y humor para dejar un soplo consolador en la vida del ser humano. 

 

MURIÓ GEOVANNI, EL PERIODISTA BOHEMIO

MURIÓ GEOVANNI, EL PERIODISTA BOHEMIO

Por Luis Machado Ordetx

 

Guido Emilio de Armas Bermúdez, el periodista bohemio del centro de Cuba, falleció ya octogenario, en Santa Clara. Allá en los primeros lustros de los años 70 del pasado siglo se incorporó a la redacción de Vanguardia, y desde la página cultural asumió con un estilo desenfadado los principales acontecimientos artístico-literarios que transcurrieron en al antigua provincia de Las Villas, sitio predilecto para las pesquisas informativas.

 

A partir de ese momento acuñó el seudónimo de Geovanni para rubricar los textos que aparecieron en el diario, y luego en las emisiones radiales que ofrecían los servicios de la Agencia de Información Nacional o CMHW, redacción en la cual laboró luego de la jubilación profesional a finales de 1990 cuando decidió tomar un alto en el universo periodístico.

 

La formación profesional surgió de la mano del padre, Rafael, y del hermano Emilio, integrantes de las nóminas de La Publicidad, El Pueblo y El Villareño, rotativos existentes en la región durante la segunda mitad de los años 40 del pasado siglo.

 

 En todos los espacios consumió Giovanni parte de su juventud, y su alineación autodidacta lo llevó, fundada la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, al departamento de Relaciones Culturales de la institución docente. Allí hizo boletines de divulgación académica y estrechó vínculos con los estudios folklóricos. Su nombre aparece registrado entre los animadores iniciales de Islas, la revista dirigió Samuel Feijóo.  

 

En Vanguardia, de la pluma y el olfato periodístico de Guido de Armas Bermúdez, los lectores conocieron en 1970 de los sucesos del primer Festival Internacional de la Canción de Varadero, y del universo del filing, la trova tradicional y el bolero, así como de la vida nocturna que desarrollaban  los cabarets villareños.

 

Del acontecer bohemio ramificó las presentaciones de Elena Bourke, Celeste Mendoza, Angelito Díaz, Marta Strada, Meme Solis, Argelio García (Chaflán), o las orquestas Venecia y  la jazz-band de Armando Romeu, entre sus ídolos favoritos.

 

Con su cabello engominado hablaba entusiasmado del béisbol de los años 40 y de los estadios habaneros, a los que acudió en compañía del tío paterno, uno de los gerentes del Almendares Park. También dialogaba sobre otras confrontaciones deportivas, o comentaba sobre aquellos enfrentamientos bélicos en Playa Girón y la Limpia del Escambray, territorios en los que estuvo en calidad de soldado.

 

De sus polémicas con el boxeador profesional José Marcelino Castillo (Harold Lloys), o con Roberto González Quesada, el Patriarca del periodismo villaclareño, así como de Otto Avilio Palmero Rodríguez, o Juan José Pérez Palmero, los inseparables colegas, a quienes, vaso en mano, los escoltó en las barras del Maga Bar, El Louvre, o el 1830, en Santa Clara, hay infinidades de anécdotas.

 

Allí iban los periodistas, escritores o artistas a ingerir, mejor libar, algún que otro licor y conversar sobre los sucesos culturales del momento.

 

A esa generación llegamos después, allá en los años 80, otros colegas que, jóvenes, convertimos la redacción de Vanguardia en un hervidero de diálogos y conocimientos. 

 

Ya entonces Guido Emilio de Armas Bermúdez se desempeñaba en la corresponsalía de la Agencia de Información Nacional en Villa Clara, y después de las cinco de la tarde, entre coberturas de prensa, dejó un instante para la tertulia o compartir un sencillo trago de ron mientras elucubraba algún artículo histórico y cultural, temas que incluyó entre sus pasiones fundamentales de investigación o divulgación.

 

Con vestimenta a la antigua, siempre en perfecta combinación, de hablar pausado, y cabello lacio, negro y engominado, muchos de los colegas que tuvimos la posibilidad de conocerlo y disfrutar de su palabra elocuente, precisa, y de consejero, chocamos en Geovannis, como solo ya lo normaban algunos pocos, con un insustituible referente cultural.

 

La mañana de este martes, cuando lo sabía enfermo por el agotamiento físico, llegó temprano la noticia del fallecimiento. Por supuesto, hubo un estremecimiento, y busqué aquellas anécdotas en las cuales siempre primó la explicación y el consejo por colocar en primer orden el verdadero dato sobre la historia de nuestra cultura cubana.

 

Allá en su barriada de La Pastora, lugar donde nació junto a la legendaria iglesia parroquial de igual nombre, fue el sitio de recordación permanente que tuvo De Armas Bermúdez de  aquellos años de adolescencia.

 

Por allí correteó en la plazoleta que conserva el monumento al patriota Miguel Jerónimo Gutiérrez, y también intimó con Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor, o con Severo Bernal Ruiz, el Declamador Dilecto de Las Villas, y después se le vio en el ir y venir por redacciones de los principales periódicos de la ciudad de entonces.

 

En todas partes disfrutó de los periodistas mayores y de los universos por recrear la realidad cubana o foránea desde la objetividad y la imparcialidad del que mira una historia cotidiana. Se fue a otro lugar del mundo el fraterno Guido Emilio, Geovanni, y ahora descansa siempre en paz en la mirada permanente al periodismo cubano.

 

 

 

MUCHACHOS, Y ALFREDO DELGADO PÉREZ

MUCHACHOS, Y ALFREDO DELGADO PÉREZ

Por Bienvenido Corcho Tabío

 

Es un hecho que el imaginario infantil supera diferentes períodos según avanza el niño en su normal desarrollo. Por eso el abordaje del acto creativo destinado a este público conlleva un acercamiento psicológico —aún de forma intuitiva— a una etapa de la existencia humana, precisada de viajar a la velocidad de una locomotora, mientras recibe impredecibles vaivenes y el asedio tenaz de un sinnúmero de interrogantes.

 

 

La obtención de un producto literario sintonizado con las vivencias internas y externas de determinada edad, derivado del conocimiento justo de sus necesidades cognitivas, y muy especialmente de su esfera afectiva, es una tarea en la que han encallado los buenos propósitos de algunos escritores.

 

 

La afirmación anterior encuentra, sin embargo, una ejemplar respuesta en la novela Muchacho (Editorial Capiro, 2010), del manicaragüense Alfredo Delgado Pérez (Manicaragua, 1949); narra, con el virtuosismo de los que saben lo que buscan, la cotidianidad de un adolescente en ese lapso inicial de profundos descubrimientos, donde se comienza a experimentar, no solo las naturales transformaciones fisiológicas, sino otras devenidas de las experiencias en las relaciones sociales ajustadas a un medio que resulta común a la gran mayoría de los destinatarios.

 

 

Y es que toda obra orientada a esta etapa de la vida, debe contener “deliberadamente” elementos transformadores —entiéndase desarrolladores— en aras de edificar una personalidad en ciernes, todavía desprovista —y por eso los menores buscan referentes en los adultos— de las coordenadas necesarias para aprehender los recursos del entorno. Dicho así, pudiera pensarse que abogo por el rancio didactismo y el moralismo per se; lastre pseudo-artístico, antes tolerado en la obra infanto-juvenil en detrimento de sus valores estéticos.

 

 

No debe olvidarse, sin embargo, que toda obra literaria, lleva implícito una propuesta en el orden del conocimiento, y este aspecto adquiere en la infantil una dimensión consciente. Y el conocimiento, a diferencia de lo que creen algunos, no es solo declarativo, circunscripto al mundo de los objetos y de los fenómenos visibles; es también en el orden interno, donde las vivencias afectivas van moldeando sentimientos y actitudes.

 

 

El arte del escritor que intenciona su obra hacia el público infantil radica entonces en la destreza para abordar cualquier aspecto de la realidad —los cuales deben coincidir con los intereses del niño lector—, a través de una oferta estética desarrolladora donde prime el único lenguaje entendido por ellos: el de la sinceridad, sin artificios, sin pedantería…; es lograr el punto de un dulce donde no se perdona pecar por exceso o por defecto; es oficio y es corazón, terrenos ambos, donde Alfredo Delgado ha demostrado sobradas dotes.

 

 

Teniendo en cuenta lo expresado, pudiéramos catalogar a Muchacho, el personaje protagonista de la novela, como una síntesis de características y conductas que bien pueden ser añadidas a cualquier niño de su tiempo, con los anhelos y las interrogantes comunes a un menor que perfila los códigos de su identidad, mientras va recibiendo de los adultos los apoyos necesarios para dotarse de independencia como individuo.

 

 

En la madeja de tramas, el hecho “heroico” de salvar al pueblo de la sequía y devolverle su otrora salida al mar, —un recurso clásico de la literatura infanto-juvenil— se acomoda a la conducta altruista, no exenta de peligros, de encontrar la forma de remover una enorme roca que obstruye la entrada del mar, punto de partida de un desarrollo argumental, eficazmente manejado por el autor para mantener el interés y, al mismo tiempo, trasmitir mensajes tales como el valor de la amistad, la fidelidad, el amor filial, el comportamiento valiente, el despegue del amor sexual, desprovisto este último de un tratamiento melindroso o disfrazado.

 

Otras aristas, como la aceptación a las diferencias que puedan existir entre las personas —tan en boga, por necesarias— tiene salida a partir de la relación de Muchacho con el amigo discapacitado: un profesor de lucha —y de ética— quien le aconseja y le enseña a defenderse.

 

También la situación creada en torno a Cándido, personaje afeminado a quien el padrastro le ha impuesto la práctica obligada del boxeo, es una lección para educar a los niños en el respeto y aceptación a personas diferentes, sin ocultar la recelosa actitud mantenida en un inicio por Muchacho, consecuencia de las rezagantes valoraciones que sobre el tema existe en nuestra sociedad. El enfrentamiento, además, a la inevitable realidad de la muerte en el caso del abuelo y la alusión al espinoso tema de la infidelidad de la madre, hacen saber al lector la existencia de aquellos rincones desagradables de la vida.

 

La inclusión de personajes, locaciones y hechos tomados de la realidad, solo visible a los implicados y a los lectores de Manicaragua, en nada restan universalidad a los temas. Los nombres son cuidadosamente colocados en cada escena, de manera que no fuerza ni interfiere la comprensión del texto. Interpreto en ello la voluntada del autor de evocar, a modo de homenaje o legado, su gratitud hacia los amigos y su tierra de origen.

 

Finalmente debo reconocer el realismo de las ilustraciones, la verosímil reproducción de las escenas y los estados de ánimo de los personajes. Tanto ellas como la imagen de portada, aspectos relevantes en la literatura infantil, son también de la autoría de Alfredo, y contribuyen a delinear, en el conjunto de la novela, a este singular muchacho, quien ha de ser, sin miedo a hiperbolizar, todos los muchachos que esperan por ella.

 

ANTONIO MUÑOZ, EL GIGANTE DEL ESCAMBRAY

ANTONIO MUÑOZ, EL GIGANTE DEL ESCAMBRAY

Por Luis Machado Ordetx

 

Palabras insertadas en el prólogo de El Gigante del Escambray (Colección Infinito, editorial Mecenas, Cienfuegos, diciembre de 2014), del periodista, escritor y estadista Osvaldo Rojas Garay, el slugger de Báez. Aborda la biografía de Antonio Muñoz Hernández, el mítico número 5 de los equipos de béisbol Las Villas, Azucareros, Sancti Spíritus,  Cienfuegos y CUBA durante 24 series nacionales (1967-1991), y una cronología detallada de sucesos históricos que distinguen al carismático pelotero entre los más destacados del pasatiempo nacional en el último medio siglo de la centuria pasada.

 

Emerson, el filósofo y escritor norteamericano dijo que una biblioteca es una especie de gabinete mágico. Ahí radica el sigillum autenticum de Osvaldo Rojas Garay. Muchos lo catalogan como  enciclopedia deportiva andante. Otros lo distinguen por sus certeras valoraciones, o contrastes de fuentes documentales.  De un modo u otro el periodista villaclareño tiene un inusitado entusiasmo por la memoria y la mirada que recorre las líneas e imágenes impresas en los archivos atesorados en el ámbito familiar. La papelería que conserva, casi de manera artesanal, ya comenzó a mostrar otros “frutos”: sus libros.

 

 

La grandeza del ferviente slugger de Báez, nacido en 1962 en las cercanías de Guaracabulla, el centro de Cuba, estriba en la humildad Formó los “legajos” cuando apenas era un niño. Tuvo la “osadía” de recopilar recortes de publicaciones periódicas cubanas o extranjeras referidas al deporte o las culturas nacionales. Montañas de papel lo acompañan en el afanoso empeño por establecer conexiones entre hechos-atletas, escenarios y apreciaciones.

 

 

El universo “técnico” de búsquedas se amplió luego de culminar los estudios filológicos en la Universidad Central, y acoger las redacciones de prensa en Cienfuegos y Villa Clara. Desde esos  lugares asumió otros encargos de las redacciones urgidas de aportaciones de datos históricos.

 

 

Casos y cosas del béisbol (Capiro, 2011), lo catapultó al mundo de las estadísticas, anécdotas y curiosidades surgidas después de 1959 en el deporte de las bolas o los strikes, el denominado pasatiempo nacional. El libro en sus dos ediciones está agotado en Cuba. El proyecto inicial, ya ampliado, figuró como resorte para otros textos escritos y pendientes de publicaciones.

 

 

No es solo la pelota, como a cualquier otro cubano, el apasionamiento de Rojas Garay. Los relatos, más allá de la capacidad del cronista por enriquecer la estética de la palabra escrita u oral, radican en la conformación del apunte. Tienen el sentido polifónico del hallazgo y la originalidad de descubrir la relevancia que en otros “rastreadores” de historias, por lo general,    pasan inadvertidos.

 

 

En Rojas Garay no predominan los discursos rebuscados. El periodismo es su principal arsenal para examinar, investigar, explicar y entender lo que pasó en sucesos pasados o presentes, y referidos a un personaje o una ocurrencia deportiva. De ahí el análisis cronológico y la curiosidad revelada. Nada tiene protocolos o metalenguajes específicos. Mucho menos el ornamento del adjetivo, las rupturas de frases hechas y de figuras retóricas. Los textos, con ingredientes narrativos y elementos argumentativos, están enriquecidos por la observación directa o los datos que acumuló. Su afán último es encender y propagar la pasión de atletas y aficionados.

 

 

El cronista Rojas Garay tiene un estilo llano, directo y objetivo. La pretensión, como en otros colegas, subyace en la exaltación deportiva, y en la capacidad de colaborar con un dato, o cotejar una historia y hallar sus fuentes nutricias.

 

 

Allá en julio 1993, en “La Explosión de las 12”, el célebre programa que gestó en la emisora CMHW en ocasión de las Olimpiadas de Barcelona, sostuvo una animada polémica con el historiador Edel Casas Vegas (1926-2008), y surge el ¿tema?: los jonrones del Señor Pelotero Luis Giraldo Casanova. Todavía algunos fanáticos recuerdan la anécdota relacionada con los ¿tres batazos de cuatro esquinas? en un juego de la V Copa Intercontinental, de Edmonton, Canadá.

 

 

Rojas Garay disertó, “memoria en ristre”, y dijo que Casanova ganó la triple corona en esa ocasión, con 517 de average, 6 cuadrangulares y 19 impulsadas. ¡No fueron tres jonrones en un partido, como apuntó Casas Vegas! El que dio tres vuelacercas en un desafío fue Omar (El Niño) Linares, en la Intercontinental de 1989. El Señor Pelotero había logró esa hazaña en el Campeonato Mundial de 1990.

 

 

Sin petulancias, el amistoso “match” entre Casas Vegas y Rojas Garay quedó sellado en empate. Algunos dieron el punto a favor del joven “estadístico” de Báez. Desde entonces era una voz respetable en las compilaciones “caseras” de efemérides y acontecimientos insólitos que involucran a atletas y disciplinas deportivas, y en especial a la pelota cubana.

 

 

Ahora, por fortuna, aparece otra de sus excelentes investigaciones: El Gigante del Escambray,   referida al legendario inicialista Antonio Muñoz. De la biografía, por supuesto, nada diré. Con puntos y apartes Rojas Garay retoma el periplo beisbolero de quien considera su “Ídolo” exclusivo. Es el reconocimiento de un hombre, un deportista, que entregó en los terrenos nacionales o foráneos  la pasión y los atributos de una cultura que identifica con sus particularidades derivadas al cubano: la pelota.

 

 

Todavía hay muchas historias perdidas que reclaman búsquedas, investigaciones y escrituras. Una de las más sorprendentes estrellas de la pelota cubana está olvidada. El nombre de una calle de Santa Clara lo recuerda: ¿Quién no conoció a Alejandro Oms Cosme (1895-1946), y de su exitoso paso por los Clubes “Tosca”, o “Leopardos”, “Habana” y las giras por Venezuela, México y Estados Unidos.

 

 

El Caballero Oms  requiere una historia para cualquier curioso de la pelota cubana. En la temporada 1922-1923 debutó como center field en el club “Santa Clara”, y formó parte, junto a Pablo “Champion” Mesa y Oscar Charleston, de la mejor triología de jardineros de todos los tiempos en Cuba.

 

 

La última aparición de Oms, ya enfermo, fue con el equipo Almendares. Jugó a instancias de Adolfo Luque. Ya la clásica majagua parecía un objeto inútil en las manos del recio pelotero de Santa Clara, y a los pocos días, ciego, agotado por completo, yació moribumbo en el Sanatorio “La Esperanza”, de La Habana, donde lo aguardaba una triste caja de pino para su enterramiento. ¡Qué vergüenza!... El pueblo cubano, que lo estimaba y reconocía sus méritos, se indignó. No permitió que fuera despedido como un hombre cualquiera, sino como gloria del deporte. Sin embargo, aún aguarda por una biografía que lo enaltezca. Otras figuras de la pelota, vivos o muertos, también esperan por los investigadores cubanos.

 

 

Los estudios de este tipo, tal vez brotaron en Cuba por la región central: Luis M. Domínguez, matancero-cienfueguero, redactor de La Publicidad, de Santa Clara, dejó un ¿libro? Jamás he visto uno de los 500 mil ejemplares editados, pero las reseñas de la prensa de esa época lo atestiguan: Mi vida en el base ball: Conrado Marrero (1953). Es el testimonio que ofreció el Guajiro de Laberinto (1911-2014) sobre su paso deportivo por los equipos Cienfuegos, Havana Cubans, Almendares y el staff de lanzadores de los equipos nacionales en competencias extranjeras. En el momento en que apreció el ¿libro? Marrero, con 42 años de edad, era monticulista de los Senadores de Washington.

 

 

Otras biografías de peloteros cubanos son más recientes: Conrado Marrero. El premier (2000) y José Méndez. El Diamante negro (2004), ambas del pinareño Severo Nieto. También está Martín Dihigo. El inmortal del béisbol (2006), y Un astro del montículo. El diamante negro (2009), escritas por Alfredo Santana. La recreación de  particularidades  del desenvolvimiento humano en el pasatiempo nacional tiene en José A. Martínez de Osaba y Goenaga a uno de los principales puntales: El niño Linares (2002), Pedro Luis Lazo, el rascacielos de Cuba (2010) yEl Señor Pelotero (2011). Hace años salió a la luz pública Agustín Marquetti número 40 (2008), de Dulce María Sotolongo, y ahora Rojas Garay redescubre al mayor jonronero zurdo en la historia de Series Nacionales de la pelota cubana.

 

 

Otras investigaciones de Rojas Garay están sobre el tintero, en su escritura de “gabinete”, de archivo “andante” en montañas de papelerías. Ya tiene algunas terminadas, como “Casos y cosas del Deporte”, en todas aparece el hecho insólito, como el ocurrido en la primera Copa de Fútbol, en Uruguay, 1930, cuando en los 18 partidos celebrados no hubo juegos empatados.

 

 

Sin más, dejo a los lectores con Osvaldo Rojas Garay, un magnífico slugger de Báez, quien coronó otra de sus aportaciones trascendentes: el recuento de una leyenda viva del béisbol cubano, Antonio Muñoz Hernández, el mítico Gigante del Escambray, un hombre de todos los tiempos.

 

BIBLIOTECA MARTÍ, EL RECINTO CULTURAL DE LA MULTITUD

BIBLIOTECA MARTÍ, EL RECINTO CULTURAL DE LA MULTITUD

Por Luis Machado Ordetx

 

Durante las primeras décadas del pasado siglo, después de la frustración de la República «con todos y para el bien de todos» de Martí, los nacionalistas cubanos incluyeron en sus insistentes prédicas la urgencia de abrir en todo el país recintos de multitud que, entre libros, acogieran la instrucción pública, muy deficiente, por los elevados grados de analfabetismo, en todas las regiones del país.

  

Era una crítica reiterada a la falta de lectura diaria, una de las causas alegadas, que provocaba indisciplina  y hasta pesimismo popular. Alertaban en el deber que tenía la prensa plana y el escritor para influenciar y alentar la riqueza espiritual y ciudadana de la nación. 

 

 En “La lectura popular. Conveniencia de estimularla, depurándola”, el holguinero-cienfueguero Enrique Gay Calbó, destacó en 1915 que la «falta de libros y la dificultad de encontrarlos o comprarlos, influye mucho en la incultura popular. Sabido es que en toda la República pocas bibliotecas merecen ese nombre, y que ninguno de los escasos museos lo es realmente».1

 

Hasta entonces existían la Biblioteca General de la Universidad de La Habana (1728), así como la correspondiente a la Sociedad Económica Amigos del País (1793), y su homóloga Biblioteca Nacional (1901) y otras muy dispersas en provincias. Tampoco habían museos de considerables valores educativos-patrióticos, exceptos el ubicado en 1899 en Santiago de Cuba, primero de su tipo y sostenido por Emilio Bacardí Moreau, o en Cárdenas (1900), con patrocinio de Francisco F. Blanes Palencia y Oscar María de Rojas.

 

 Un tiempo después José Antonio Ramos, al introducir su drama          —en tres actos y prosa—, Tembladera (1917), recordó en su disertación “Seamos cubanos”, que lo más «interesante del momento actual —como de todos los momentos del Hombre y de la Humanidad— está principalmente en la región de las ideas, en el campo del espíritu; y ahí es, sin dudas, donde habrá de fijarse la mejor atención de nuestros descendientes».2

 

 

Constituyó esa una manera de rebuscar en el «alma nacional», y de encumbrar el optimismo. Fue el anhelo del viajero, como apuntó Jorge Luis Borges, que al trasponer  una biblioteca en «cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)», o el refugio de la cultura en todos sus ámbitos.

 

 De aquellas primeras instituciones públicas que irradiaron espiritualidad en la región central, están, entre otras, la fundada en 1850 en Sancti Spíritus, y en 1864 Francisco Javier Balmaseda creó otra en San Juan de los Remedios. Trinidad, Cienfuegos y Sagua la Grande —después de erigida en Jurisdicción—, tuvieron similares instituciones para el “discreto” fomento de la lectura popular.

 

 En Santa Clara el 15 de julio de 1867 se creó la primera biblioteca en la Sociedad Filarmónica. Un año antes, en la casa del patriota Eduardo Machado Gómez, hubo igual impulso, hasta que decayeron las proyecciones porque muchos de los prohombres  se lanzaron a la manigua ansiados por contemplar a Cuba independiente. Sin embargo, sus propiedades quedaron desperdigadas o incautadas por el Gobierno español.

 

 El periodista Jesús López Silvero, al recordar aspectos de la fundación de «La Biblioteca del Liceo», apuntó que «Cerca del viejo Instituto y al fondo de su edificio social, donde actualmente se encuentran instaladas las oficinas de la Compañía Cubana de Teléfonos, el romántico caserón le servía de hospicio a tantos libros útiles y bellos, poseía para nosotros, jóvenes  de entonces, el raro sortilegio de esas cosas que a diario renuevan el complexo de nuestras emociones en la búsqueda de mundos desconocidos a nuestra investigación de adolescentes.

  

«Esta Biblioteca, que se distinguía por el valioso aporte de sus libros —indicó—, poseía una selección de los clásicos griegos, latinos, españoles, ingleses, franceses y alemanes; los autores modernos entonces en boga y los libros de ciencias más necesarios y útiles; las revistas de la época se leían en tomos reciamente encuadernados y no existía un solo ejemplar a la rústica. El origen de esta biblioteca que era la mejor obra que el LICEO, junto con su Feria Exposición, podía ofrecer como ofrenda de la nueva República».3

  

A la Biblioteca, como precisó, acudieron estadistas de la epopeya de 1868, como Eduardo Machado Gómez, Miguel Jerónimo Gutiérrez, Juan Nicolás del Cristo, y Antonio y Guillermo Lorda y Ortegosa, u otros villaclareños que el 6 de febrero de 1869 hicieron el pronunciamiento independentista de las Cinco Villas en las Sabanas de San Gil.

 

 En el Liceo de Villaclara (callejón de Las Flores y San José, o sea en Padre Chao y Villuendas), se estableció el 10 de octubre de 1899 otra biblioteca con similares características. El coronel Horatio S. Rubens, único superviviente de la Junta Revolucionaria de New York (1895), al ser recibido por el Liceo en la víspera de la Cena Martiana de 1936, precisó que «En mi lejano hogar del Norte, recuerdo al “Liceo de Villaclara”, con gratitud y emoción profundas, porqué sé que aquí siempre se me recibe con sincero afecto y por qué sé que esta casa es Templo donde se venera con devoción la santa memoria de Martí, el inolvidable amigo del alma, a quien  me unió estrechamente la común aspiración de libertar a este hermoso país».4

  

                            DOS FECHAS Y UNA HISTORIA

  

En el Club Cubano de Bellas Artes, en La Habana, el sagüero Jorge Mañach recordó en 1924 que una «revolución política es más fácil de lograr que una revolución en la cultura, si se admite susceptible de progresar por revoluciones».5  En similar sentido el antimperialista Emilio Roig de Leuchsenring, ese año, animó el deseo de renovación, «arransando por completo con lo viejo y lo malo —hombres e instituciones—, cambiando normas de vida y normas de moral, reformando todas las leyes y llevando en ellas la savia nueva de las ideas modernas».6

  

 El mensaje era claro desde antes: con la cooperación entre «capitanes o soldados» trabajar por el país y América, dijo el nacionalista Enrique Gay Calbó instantes previos a fenecer su revista, Cuba Contemporánea, y  anunciar la avalancha  transformadora y de cambio que traería la homóloga Avance, 1927, con la propuesta de aniquilar los valores gastados en el ámbito político y cultural.

  

A pesar de la crisis económica, y hasta de la actuación precedente de los desgobiernos cubanos, dos fechas asombran al dejar pretensiones espirituales  en el perímetro de las instituciones administrativas del centro del país. Organizaron bibliotecas públicas y museos que recogieron la historia patria: el 10 de octubre y el 24 de febrero. Ambos momentos estaban relacionados con las impaciencias independentistas de 1868, y 1895, en sucesión continua de liberación nacional.

  

En Sancti Spíritus el 10 de Octubre de 1917 se estableció la primera biblioteca pública municipal. Santa Clara lo hará, 8 años después, en la sede del Gobierno Provincial. Sin embargo, desde 1921 hubo un presupuesto ordinario para el alquiler de libros al servicio del Consejo administrativo. El 10 de febrero de 1924 se acordó declararla Biblioteca Pública y nombrarla “Martí”, con acto inaugural para el 24 de igual mes, pero del siguiente año.

  

El primero de marzo comenzó a prestar valores espirituales. Ya contaba, de acuerdo con el presupuesto estatal asignado, con 2 mil 066 títulos y 2 mil 384 ejemplares. Al cierre de 1925 se oficializó en esa institución una Galería de Patriotas, y develaron un busto de bronce  de Martí, así como un retrato de Eduardo Machado Gómez, hecho por el pintor Armando Menocal, una iniciativa del Dr. Alfredo Barrero Valasco, presidente del Consejo Provincial.

  

Al cierre de 1926 la Biblioteca “Martí” tuvo 22 mil 513 lectores, según las actas del órgano de Gobierno, y estuvo instalada en el ala izquierda de la edificación. El primer bibliotecario fue Manuel García-Garófalo Morales (1853-1931), quien tomó posesión del cargo el 22 de abril de 1927. El sagaz periodista-bibliógrafo, al observar los incorrectos mobiliarios, desorden de libros en estantes, pérdidas frecuentes de ejemplares en préstamos y de inventarios de clasificación, acordó un reglamento para evitar los deterioros, extravíos e inadecuación de los servicios.

 

 También organizó una biblioteca especializada en asuntos cubanos en la cual «debían figurar todas las obras escritas por cubanos u otros individuos que no lo sean […] La actual generación y la que suceda, deben conocer con preferencia a otros estudios la labor de los escritores, literatos y hombres de ciencia que han precedido en Cuba, que para honra nuestra, de nuestra cultura y civilización, existe abundante y selecta riqueza que acredita la inteligencia cubana de laboriosa, ilustrada y patriótica prédica», dijo en carta dirigida a autoridades políticas de la provincia.  

 

 El sábado 26 de octubre de 1929 el periódico La Publicidad, con el titular «El Museo “Martí” Progresa», elogió el proyecto de incluir en la sede de la Biblioteca, un sitio adjunto para enaltecer la educación, el conocimiento y la cultura patriótica de todos los ciudadanos de la localidad.7

 

 El rotativo insertó una carta del remediano Gastón D. Caturla al Dr. Juan Clemente Vázquez Bello,  el Gobernador que irradió tal propósito, en la cual recordó, según el diario local El Heraldo, que desde el 29 de diciembre de 1867 hubo en la ciudad una biblioteca similar a la sucesora, y su carácter era público, sin distinción de sexos y edades. La referencia estuvo dirigida a aquella organizada por el Liceo de Villaclara.

  

Muchos de los libros de textos, y piezas de valor histórico que se exhibieron allí, eran fondos de la Biblioteca del Liceo y del Instituto de Segunda Enseñanza, incluido un envase de metal con tintero, almohadilla y cuño pertenecientes a la patriota Carmen Gutiérrez Murillo, así como la bandera cubana que emplearon los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff cuando en julio de 1895 tomaron el poblado espirituano de Tunas de Zaza.

 

 Sin embargo, la Biblioteca Martí, en Santa Clara, tiene el privilegio de ubicarse entre las iniciadoras del país en disponer de carácter circulante al trasladar con sistematicidad, desde 1931, sus referencias documentales hacia barrios humildes, así como poblados y territorios distantes de la provincia. Era el marcado ambiente de Cultura y conocimiento al alcance de todos exigido por los nacionalistas de las primeras décadas del pasado siglo.

  

En 1944 el Museo se separó del área adjunta a la Biblioteca, y ocupó en la edificación un lugar particular. Un año después publicó el Boletín de Cultura, edición mensual y de distribución gratuita en la cual se recogían los principales acontecimientos artístico-literarios y de divulgación científica de la institución.

  

Una década antes, después de gestiones de Carlos Alberto Martínez-Fortún y Foyo, el 24 de febrero de 1933, se instituyó el Museo de Historia, Arqueología y Etnografía de Remedios —primero con carácter independiente de la antigua provincia de Santa Clara y quinto de su tipo en el país—, y el Ayuntamiento de Cienfuegos organizó una colección de libros para consulta y lectura pública en su recinto administrativo.

  

Hoy en la “Martí” existen más de 114 mil 670 ejemplares que, van incluso, desde el siglo XVIII a nuestros días, abarcan las disímiles temáticas que convierten al conocimiento en labor patriótica de difusión cultural. En la Biblioteca están conservadas las alas que nacen  en una lengua única que se esparce, como siempre deseó el Apóstol, hacia la sabiduría de todo el mundo: el recinto de multitud que acoge el libro.

 

NOTAS


 1-Enrique Gay Calbó (1915): « La lectura popular. Conveniencia de estimularla, depurándola», en Cuba Contemporánea, 3 (3): 248, La Habana, julio.

2-José Antonio Ramos (1917): «Seamos Cubanos», en Cuba Contemporánea, 5(4): 257, La Habana, diciembre.

3-Jesús López Silvero (1941): «La Biblioteca del Liceo», La Publicidad, 38(13023):2, Santa Clara, 4 de agosto.

4- Horatio S. Rubens (1941): «El Liceo de Villacara», 1941): Idem., 4.

5- Jorge Mañach (1924): «La pintura en Cuba: Desde 1900 hasta el presente», en Cuba Contemporánea, 12(142): 106, La Habana, octubre.

6- Emilio Roig de Leuchsenring (1924): «La colonia superviva de Cuba a los veintidós años de República», en Cuba Contemporánea, 12(144): 260-261, La Habana, diciembre.

7- Cfr. «El Museo “Martí” progresa» (1929): La Publicidad, 25(11358):1, Santa Clara, sábado 26 de octubre.

 

 

BOLÍVAR, EL GENIO PROFÉTICO

BOLÍVAR, EL GENIO PROFÉTICO

Por Luis Machado Ordetx

 

 


«Abrirse, labrar juntos, llamar a la tierra, amarse, he aquí la faena».

                  José Martí

 

El sábado 19 de abril de 1919 La Habana palpitó por la unidad latinoamericana: una Avenida de la capital cubana llevaría en lo adelante el nombre de Simón Bolívar.

 

 Fue un día histórico: fecha del natalicio de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y ocasión en que Venezuela inició en 1810 la ruta emancipadora contra España. Eran las cuatro y media de la tarde. Dos banderas nacionales, la de Cuba y Venezuela, cubrían una placa de bronce con las incrustaciones del nombre del Libertador, un cíclope de la fraternidad entre los pueblos.

 

El acto constituyó la humilde propuesta de un ensayista nacido en Santa Clara, centro del país. Tres años antes, por el Acuerdo número 392 de la presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, según legalizó el general Ignacio Andrade, ministro de Relaciones Exteriores de ese país, recibió la Condecoración de la Orden del Libertador en la Tercera Clase, el mayor reconocimiento entregado a nacionales, o no naturales de ese país sudamericano. El premio fue conferido al coterráneo por sus servicios desinteresados y prestados a la humanidad.

 

¿Quién es?... Un cubano de tuétanos y de almas, antiimperialista en extremo. Un periodista martiano y de radical de pensamiento latinoamericano.  También un exclusivo nacionalista que difundió la defensa de lo propio, lo autóctono, como blasón inequívoco de nuestra cultura. De Santa Clara tuvo siempre el recuerdo permanente. Fue alumno de Mariano Clemente Prado y Pérez en el Colegio Santa Ana, y en julio de 1915, el Ayuntamiento local lo avaló como “Hijo Ilustre” de la ciudad. Hoy su nombre y legado, apenas se difunde.

 

Puede, incluso, que fuera el primero de su tiempo en ostentar esa distinción. Al menos no existen otras referencias históricas que precisen un reconocimiento enaltecedor, con la efigie de Bolívar,  el «[…] más alto honor que puede recibir y ostentar con orgullo un americano devoto de aquel maravilloso genio político y militar cuya obra inmensa llena las más gloriosas páginas de la historia de la épica lucha, cruenta y larga, por la libertad de América; de aquel cuyo nombre cien veces ilustre viene a los labios cuando se dice: El Libertador…»1 de cinco Repúblicas de América del Sur.

 

Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), hijo de mambí, un anónimo hombre de Santa Clara radicado en La Habana en su adolescencia, fue el director-fundador de Cuba Contemporánea (1913-1913), publicación que dirigió hasta enero de 1921, fecha en que se desempeñó por breve tiempo en el servicio consular en países europeos. Durante 8 años dirigió la revista nacionalista, y preparó, con su peculio y de otros amigos, 96 números, de los 176 registrados: un 54% del total de todas las ediciones mensuales.

 

La característica primordial del carácter de la publicación estuvo orientada a los actos de fraternidad latinoamericana, de discusión de temas contemporáneos sobre la vida económico y social de nuestro  país y a la historia nacional en sus más insospechadas aristas culturales. Fue la revista antiimperialista de su tiempo, y un abrigo permanente de observación contra las pretensiones de los Estados Unidos de expandirse por el mundo. El pensamiento de Bolívar, y su prolongación en Martí, estuvo entre los asideros más inconfundibles. 

 

Ahí surgió en Cuba el primer gran reconocimiento público al Libertador de América. También la reciprocidad de Venezuela de perpetuar el paso efímero de Martí por Caracas, capital a la que arribó el 21 de enero de 1881, y partió el 1 de julio de ese mes. Allí el Apóstol cubano dejó su huella periodística con la fundación de la  Revista Venezolana, y colaboró con La Opinión Nacional. Del país sudamericano dijo en su despedida: «[…] Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mi un hijo». Idéntica devoción mostraría antes con México, Costa Rica, República Dominicana y…

 

¿Cuándo Carlos de Velasco sacó al ruedo público la permanencia del recuerdo de Bolívar en La Habana? Ocurrió en noviembre de 1917, con la aparición de «Bolívar y la independencia de Cuba»,2 del erudito colombiano Gabriel Porras Trononis, ensayo al cual insertó una nota a pie de página, interrogante y de devolución:

 

«¿Por qué nuestra patria no ha cumplido aún con el deber de honrar la memoria insigne del primer guerrero americano que pensó en libertarla? En deuda, ciertamente, estamos los cubanos con muchos ilustres compatriotas cuyos nombres semiolvidados […] Bolívar, el primer hombre de América nuestra, el más grande de los caudillos y el más glorioso de los libertadores de pueblos, merece que aquí se le tribute, sin más demora, algún homenaje digno de su fama y demostrativo de que Cuba sabe agradecer el empeño generoso que quiso intentar el brazo incansable de aquel genio cuya figura, reproducida en bronce o mármol, quisiéramos ver honrado y decorado alguno de nuestros  principales sitios públicos. Más, ya que esto no es posible por ahora, al menos pudiera el Ayuntamiento de La Habana dar el nombre de Bolívar a una calle principal de la capital de esta tierra que él ansiaba libertar; y al efecto Cuba Contemporánea excita a los ediles habaneros para que cumplan este deber. Bolívar podría llamarse, en lo adelante, la calle todavía denominada de la Reina, o la de San Rafael, u otra cualquiera importante. Y el día que fuera puesta la primera tablilla en la calle que lleve el nombre del ínclito hijo de Venezuela, rendir a su memoria, al Inmortal, el tributo de respeto y de amor que toda América le debe, y que especialmente le debemos los cubanos por haber sido él quien primero soñó en darnos lo que hoy tenemos por el esfuerzo impagable de nuestros libertadores: la República».3

 

                          LA AVENIDA HABANERA

 

Un total de 20 ensayos, unos cortos, otros medulares por sus aportaciones, abordan en las páginas de Cuba Contemporánea  el pensamiento y la proyección americanista de Bolívar. También Martí, el Apóstol cubano, tiene marcada relevancia durante el período que Carlos de Velasco tuteló una publicación plural, de intercambio inquebrantable entre intelectuales cubanos y latinoamericanos, integrantes de 20 repúblicas definidas en el contexto de la congregación cultural.

 

Los textos comienzan en mayo de 1913 —tres meses después de fundada Cuba Contemporánea—, y son los venezolanos Rufino Blanco-Fombona y Diego Carbonell, quienes, respectivamente, remiten los ensayos «Simón Bolívar, la revolución Hispanoamericana y la política española en 1821», y «La grandeza y las ambiciones del Libertador», análisis último divulgado con exactitud con un año de diferencia en relación al primero. En septiembre de 1914 el colombiano Porras Troconis ve impreso su ensayo «Las ideas políticas de Bolívar», y el legado histórico del Libertador, entra en punto de debate, de permanencia latinoamericanista, de unidad y confraternidad de nuestros países.

 

Razón tuvo el chileno Ernesto de la Cruz, cuando en Cuba Contemporánea propagó en 1915 «El genio político de Bolívar», y recordó las palabras del uruguayo José Enrique Rodó, al sustentar que, cuando «[…] veinte siglos hayan pasado; cuando una pátina de antigüedad  se extienda desde el Anahuac hasta la Plata, allí donde hoy campea la naturaleza o cría sus raíces la civilización; cuando cien generaciones humanas hayan mezclado, en la masa de la tierra, el polvo de sus huesos con el polvo de los bosques […], verán, como nosotros también, que en la extensión de sus recuerdos de gloria nada hay más grande que Bolívar».4

 

El Libertador, Simón de Bolívar y Palacios (1783-1830), aquel que murió como había nacido, desnudo, tendría en adelante el primer reconocimiento público en Cuba. La propuesta de Carlos de Velasco, aparecida en Cuba Contemporánea, la acogió el periódico habanero La Discusión, y El Nuevo Diario, de Caracas, en sus ediciones respectivas del sábado 5 de enero de 1918. El consejal capitalino Lorenzo Fernández Hermo presentó antes de esa fecha una moción al Ayuntamiento de la provincia. Era la sugerencia de Carlos de Velasco, y así lo reconoció.

 

En lo sucesivo «[…] las calles de Reina y de la Marina, en toda su extensión (que, en no lejano tiempo, ha de ser una de las más importantes de la Ciudad, con la prolongación de las obras del Malecón), se denominen respectivamente Avenida “Simón Bolívar” y Avenida “George Washington”, celebrándose dichos actos, al ejecutarse oportunamente esos acuerdos, con la mayor solemnidad posible, invitándose al efecto al ilustre Cuerpo Diplomático en nuestra Nación…»5

 

El periódico caraqueño dirigido por Santiago Key Ayala, admitió, según el despacho de Carlos de Velasco, que Venezuela correspondería a similar acto patriótico y latinoamericano, «[…] poniendo el nombre de Martí a una de las principales calles de la ciudad capital, Caracas, como podemos afirmarlo no solo por los informes privados que obran en nuestro poder, sino por los que revelan los conceptos finales del párrafo en que El Nuevo Diario recoge nuestra nota al artículo del Dr. Porras Troconis (titulado Bolívar y la independencia de Cuba), donde este prueba, con documentos irrefutables, que Bolívar quiso libertar nuestra tierra».6

 

La fecha tentativa del cambio de nombre a las vías ocurriría el jueves 10 de Octubre de 1918, medio siglo del Grito de Yara, gloria de los cubanos que se lanzaron a la lucha por la independencia nacional. Un día antes, dice La Discusión, de La Habana, el Ayuntamiento refrendo el acuerdo.  Carlos de Velasco sugirió otro calendario para los vínculos indisolubles entre Cuba y Venezuela: el sábado 19 de abril de 1919.

 

Lo dice en carta al erudito cubano José Manuel Carbonell, uno de los oradores escogidos para el acto patriótico y de hermandad latinoamericana, al cual asistirían el cuerpo diplomático y los residentes extranjeros radicados en la capital.

 

Ya para entonces, en días previos, Caracas exhibía en una de sus calles el nombre de José Martí, lo atestigua Carlos de Velasco, y también lo refrenda Armando Rivas Vázquez, representante de esa colonia extranjera en la capital cubana, y otro de los oradores del acto escenificado en la esquina de las calles Aldama y Reina, ya daría nombre a la Avenida Simón Bolívar, en La Habana, según insinuó el periódico El Mundo, de La Habana.7 La Banda Municipal interpretó los himnos nacionales de ambos países.  Carbonell pronunció un discurso efusivo:

 

«[…] Se dice Bolívar, y hasta la tierra siente los escalofríos de la epopeya; se iluminan los montes al resplandor de los incendios libertadores; flotan al mástil los ensueños de tiempos legendarios, se ven pasar los héroes, llaneros y cholos, y rotos y gauchos, haciendo trepitar la pampa salvaje bajo los cascos redentores de sus corceles en desenfrenado galope; un soplo de victoria refresca los corazones, y parece que vibran en homérica diana los alegres clarines de Pichincha y Carabobo, de Ayacucho y de Junín…»8

 

La Avenida Simón Bolívar, según el imaginario popular todavía sigue llamándose Reina, y la Plaza Martí, en Caracas, lo expuso El Universal, de esa capital, en la edición del miércoles 26 de febrero de 1919,9 eran una realidad en el «[…] propósito de laborar sin tregua por la humana idea de congregar los países latinoamericanos en una confederación de estados, consagrando así los previsores evangelios políticos del Libertador», dijo Carbonell. 

 

Después de concluido el acto, ante el monumento a Martí en el Parque Central de La Habana, el Cuerpo Diplomático, el pueblo aglomerado, y otros insignes personalidades nacionales, depositó una ofrenda floral al Apóstol cubano. Ricardo Gutiérrez, ministro de Colombia, expresó la gratitud de las repúblicas, hijas del esfuerzo de Bolívar: Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Perú y Bolivia. El sueño de Cuba Contemporánea, y del nacionalista Carlos de Velasco y Pérez, el hijo natural de Santa Clara, era una realidad para propagar aún más el genio profético del Libertador de América.

 

NOTAS

 

1- Cfr. Notas Editoriales: «Un gran honor al director de Cuba Contemporánea», en revista Cuba Contemporánea, 4(1):95-96, tomo xi, La Habana, mayo de 1916.

2- Gabriel Porras Troconis: «Bolívar y la independencia de Cuba», en revista Cuba Contemporánea, 5 (3): 191-209, tomo xv, La Habana, noviembre de 1917.

3- Cfr. N. de la D. de C.C: Idem., p. 191. Texto redactado por Carlos de Velasco.

4- Ernesto de la Cruz: «El genio político de Bolívar», en revista Cuba Contemporánea, 3(2): 321, tomo x, La Habana, octubre de 1915. 

5-  Cfr. Notas Editoriales: « Bolívar, Washington y Cuba», en revista Cuba Contemporánea, 6 (2): 259-260, tomo xviii, La Habana, octubre de 1918.

6- Idem., p. 260.

7-Cfr.  Notas Editoriales: «Las Avenidas Bolívar y Washington», en revista Cuba Contemporánea, 6(3):372-373, tomo xviii, La Habana, noviembre de 1918

8- Cfr. Notas Editoriales: «Bolívar y Cuba. Venezuela y Martí», en revista Cuba Contemporánea, 7(77): 150-160, tomo xx, La Habana, mayo de 1919.

9- Idem., p. 160.

 

 

 

 

 

SAN JUAN DE LOS REMEDIOS, LA OCTAVA VILLA

SAN JUAN DE LOS REMEDIOS, LA OCTAVA VILLA

Por Luis Machado Ordetx

 

 

Una aventura sigilosa desanda cualquier transeúnte cuando dirige los pasos hacia el interior de San Juan de los Remedios, asiento estratégico de un pueblo que en tiempos de la conquista se situó en la costa norte del centro de la Isla.

 

 

Del asombro por las sinuosas calles, o el martilleo y trasiego de constructores por devolver a la localidad un entorno diferente —previo a la festividad por los cinco siglos de existencia—, el visitante y también el parroquiano, observa con detenimiento las transformaciones.

 

 

Todos, de un modo u otro, cotejan lo que antes fue, o luego será, en la definitiva fisonomía arquitectónica de un territorio obligado para la referencia de quien arriba urgido por un encuentro con la cultura cubana.

Piensan, incluso, en el trazado de una ruta arqueológica del pueblo a través de su decurso fundacional, proyecto investigativo elaborado por Alberto Rodríguez Navarro y Manuel Dorta Gómez, dos apasionados remedianos que, como los parranderos, descubren caras ocultas o visibles de la historia a partir de la relatoría que, el primero de abril de 1514, hizo Diego Velázquez al Rey de España. El documento, según Hortensia Pichardo, constituye la más importante referencia sobre la conquista y colonización.

 

 

De aquellos dominios de Vasco Porcallo de Figueroa, como describe el obispo Diego de Sarmiento en su visita a Santa Cruz de la Sabana o San Juan de los Remedios, hasta nuestros días, hay indagaciones historiográficas que, en definitiva, ofrecen razón para designarlo —a pesar de erigirse como segundo asentamiento poblacional español en Cuba—, dentro de las villas fundadoras: la Octava.

 

 

                               INCITACIÓN CULTURAL

 

 

Más allá del aparente destino turístico Remedios está volcado hacia la efervescencia de la idiosincrasia, costumbres y cultura del pueblo, y en la trascendencia de la historia, afirmó Humberto Álvarez Luis, presidente de la Asamblea del Poder Popular. Dentro del presupuesto estatal se solicitaron más de 7 millones de pesos para revitalizar la localidad a partir del asfalto de las principales calles, el mejoramiento gastronómico y comercial, así como de parques y fachadas de viviendas delimitadas al ambiente urbano y el desarrollo integral que abarca a toda la  municipalidad.

 

 

El camino es «largo y el tiempo corto», apuntó, antes de llegar a la festividad preparada para junio próximo, momento en el cual el catálogo de Remedios estará apto para abrirse como destino turístico de preferencia foránea o nacional.

 

 

En la actualidad, precisó Álvarez Luis, existen 84 hostales. De esa cifra 44 están incorporados a convenios que amplían las capacidades de hospedaje que ofrecen el Mascotte y Barcelona, únicos estatales que funcionan.

 

 

Cuentan con 15 proyectos de iniciativa local que, al concluir el pasado año, dejaron más de medio millón de pesos en moneda convertible, montos que retribuyen otros impulsos inversionistas que ejecutan en lo que será, al concluir el primer semestre, el hotel Camino del Príncipe, ubicado en lo que antes era la Casa Pérez, edificación que ya recibe sus adecuaciones arquitectónicas.

 

 

También los museos de Historia, y de las Parrandas, así como las instalaciones culturales aledañas a la Parroquial Mayor, se revitalizan con transformaciones constructivas, señaló Roberto Leonardo Martínez Quintana, director de Planificación Física. Argumentó que ese ambiente, de un modo u otro, se traslada hacia los 10 Consejos Populares y abarca también centros de la producción y los servicios del territorio.

 

 

En los cambios que se operan en las edificaciones, de acuerdo con las reglamentaciones urbanísticas y arquitectónicas, el ejecutor principal es Emprestur, y también emplean trabajo por cuenta propia en la ampliación de los establecimientos El Parrandero, así como El Güije, La Tertulia          —edificio de probado valor patrimonial y con más de tres años cerrado—, así como lo que será en lo perspectivo el hotel Real —requerido de adecuar las viviendas a los moradores—, o los proyectos rústicos en Los Portales, con una casa criolla, indicó Martínez Quintana.

 

 

La actividad extrahotelera del Mascotte, con almacenes aledaños, se ampliará con la utilización del local que ocupa la farmacia, la cual estará en la calle Maceo, muy cerca de donde está, dijo Álvarez Luis. Eso dará una conformación integral a la edificación dedicada al hospedaje turístico.

También está en perspectiva trasladar la escuela primaria Frank País, colindante a lo que será el hotel Camino del Príncipe—, dentro del circuito gastronómico y permitirá la creación de un restaurante con capacidad de 100 meses, y pequeñas habitaciones en el lugar.

 

 

La casona, con una excelente conservación constructiva, incluida parte de la carpintería original de lo que fue vivienda del mexicano-cubano Juan Pérez de Abreu —fundador en 1930 de los Grupos Infantiles José Martí—, permitirá  recibir paquetes turísticos simultáneos. Así se ampliará las capacidades de afluencia de visitantes foráneos.

 

 

Remedios, refirió Álvarez Luis, no tiene un hotel que facilite la concurrencia  masiva de públicos en sus respectivos restaurantes. La transformación será un paliativo, pero el proyecto de ejecución o inversión está por definir.

Al rehabilitar el Louvre, con pintura interior o exterior, y permutar hacia otro sitio la farmacia, se creará también la casa del ron-café-tabaco, mientras se adecuan otras instalaciones para el expendio y rescate de platos típicos de la cocina remediana, entre los que trasciende el empleo del maíz y sus derivados, y el cacao.

 

 

Las cablerías telefónicas y eléctricas, ahora aéreas en el casco urbano, serán retiradas, y cambiará la imagen de las áreas cercanas a la antigua plaza Isabel II —parque José Martí—, centro de confluencia de los visitantes que aprecian la riqueza arquitectónica que conserva la Parroquial Mayor y la iglesia del Buen Viaje —también en perspectivas reconstructivas—, propias de un área declarada en marzo de 1980 como Monumento Nacional.

 

 

Allí abundan símbolos y estilos arquitectónicos propios del florecimiento cultural acunado  a finales del siglo XVIII, fecha en que Remedios afianzó sus construcciones civiles y religiosas, y que con el advenimiento de las cinco centurias retoman un valor patrimonial inigualable, afirmó Martínez Quintana. Por esas particularidades, argumentó, el trabajo por cuenta propia tiene regulaciones específicas que tienden hacia el interior de los locales privados, y apuntalan el estado de conservación de los inmuebles.

 

 

                                    VISTAS AL EXTERIOR

 

 

No todo queda en la cabecera municipal. También «vamos hacia todos los Consejos Populares con el propósito que el aniversario también toque a los corazones y la sensibilidad e idiosincrasia de los 45 mil habitantes del territorio», indicó Álvarez Luis, quien afirmó la paulatina solución a los 102 planteamientos hechos por los electores en sus respectivas circunscripciones, entre los que destacan viales, como el camino Tahón-Remate de Ariosa, así como la calle Máximo Gómez, por citar algunas de las más apremiantes respuestas.

 

 

Las acciones se efectúan en más de 40 obras de incidencia económico-social, que incluyen por igual los programas inversionistas en instalaciones deportivas, educacionales, culturales y vinculadas con el fomento y desarrollo del turismo, así como el rescate de edificaciones patrimoniales de fuerte repercusión en el modo de ser y sentir de todos los  lugareños, señaló.

 

 

En junio, Remedios mostrará al mundo, y a sus habitantes, los principales protagonistas, otra clave para comprender y valorar la historia de una inusitada villa: la Octava de Cuba.

ONELIO, EL CUENTERO MAYOR, EN SANTA CLARA

ONELIO, EL CUENTERO MAYOR, EN SANTA CLARA

Por Luis Machado Ordetx

 

Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor, es redescubierto en Santa Clara, antigua capital de la región central, a partir de la filmación de un documental, único elaborado en las dos últimas décadas, en el cual resaltan materiales biográficos aportados por el archivo del declamador Severo Bernal Ruiz, amigo y contertulio del afamado escritor cubano.

 

 

A partir de la estancia del creador de “Caballo de coral”, o “Mi hermana Visia”, entre las antológicas narraciones, se particulariza en aspectos relativos a los inicios literarios del cuentista-periodista en Santa Clara, ciudad donde radicó de manera ininterrumpida desde 1928 hasta 1943, fecha en que partió hacia Matanzas y vivió poco tiempo antes de trasladarse a La Habana y desarrollar sus momentos más descollantes de la profesión.

 

 

Richard Abella Reyes, director, destacó que recibieron el patrocinio de la Casa Productora de Telenovelas del ICRT, y parten de entrevistas efectuadas a Eduardo Heras León y a los músicos José Baeza y Mario Darias, quienes relatan anécdotas familiares del escritor nacido en Calabazar de Sagua en 1914.

 

También disponen del testimonio de la pedagoga Pilar Martínez Pírez, eslabón necesario en los vínculos del Cuentero con la ciudad durante  ese  período y se desempeñó como maestro cívico rural, viajante de Medicina y animador cultural. El realizador dispuso de documentos y valoraciones aportadas por este escribiente, estudioso del desarrollo literario de la región, y albacea de la papelería del Bernal Ruíz, el Declamador Dilecto de Las Villas.

 

 

Con anterioridad fueron difundidos los audiovisuales Cuentero (1987), dirigido por Manuel Rodríguez, y Onelio (2014), de Tony Lechuga. Sin embargo, declaró Abella Reyes que, con las entrevistas, originales, fotografías y la recuperación de la prensa plana villaclareña en la que se insertó Jorge Cardoso, devuelve a la historia de la Cultura y la Literatura cubanas aspectos muy poco valorados por los estudios académicos.

 

 

Los períodos creativos del Cuentero Mayor comenzaron en la revista Umbrales —solo publicó en un número, el correspondiente al 15 de noviembre de 1934—, y después prosiguieron en el Club Umbrales (1935-1943), conducido por el dramaturgo Juan Domínguez Arbelo, donde desarrolló la iniciación literaria, incluida la poesía, y el periodismo de prensa plana.

 

 

El Onelio menos célebre, así como su labor periodística en Audiciones Umbrales y la Hora Hontanar, espacios radiales de las emisoras de Santa Clara, y en La Publicidad (1937-1943), son retomados por el documental que se nutre del argumento, o idea original, de la calabaceña Yeni Pérez Horta, y se afianza con el guion y dirección de Abella Reyes, quien antes se distinguió en Hasta Santiago (2009), tributo al Noticiero ICAIC, o El canto… es la vida (2012), inspirado en Electo Silva, director del Orfeón Santiago, una de las más emblemáticas figuras de la música nacional.

 

 

Por locaciones se tomaron los alrededores del parque Leoncio Vidal y sus edificaciones más representativas, entre las que resaltan el Bar Ideal,  la Glorieta y el teatro La Caridad, o el antiguo Billarista, donde el cuentista desplegó actividades de animación cultural. También se detuvieron en la vivienda que habitó en su juventud Jorge Cardoso —en las calles Pastora y Cuba—, en la capital villaclareña, y las alturas de Pelo Malo, la barriada rural de La Picadora, el puerto de Isabela de Sagua y la ámbito de Calabazar de Sagua, en Encrucijada, lugar de nacimiento.

 

 

El equipo técnico lo integran, además, Orlando (Landy) Sánchez Cardentey, asistente del director, así como el fotógrafo José Manuel Riera Arana —fundador del ICAIC—, y el camarógrafo Elvis Urra Moreno y el sonidista Michel Caballero. Intervienen, además, Ariadna Abreu, en la producción,  David Nicle, editor, y Edgar Dávila, diseño de banda sonora, así como la valiosa colaboración de personal de apoyo de Tele-Cubanacán en Santa Clara. 

 

 

Antes de concluir mayo estará listo el documental, apuntó Abella Reyes, y constituirá un reconocimiento al aniversario 101 del Cuentero Mayor (11 de mayo de 1914), y más que un homenaje, contribuirá a una mayor difusión de la vida y obra de un escritor, principalmente para los jóvenes, que cambió de raíz las particularidades de la narrativa corta cubana y llevó a la literatura y el periodismo las particularidades del habla común, los anhelos, fantasías y las miserias materiales que corroían la existencia de los hombres del pueblo.