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REMEDIOS TIENE VOCES PARRANDERAS

REMEDIOS TIENE VOCES PARRANDERAS

Por Luis Machado Ordetx

 

Los parciales parranderos de los barrios El Carmen y San Salvador, en Remedios, la otrora Octava Villa de Cuba, comenzaron a instalar sus respectivos trabajos de plazas y carrozas con el propósito de desarrollar la folklórica festividad el próximo 24 de diciembre, momento que antecede en 2015 a la celebración de los cinco siglos de fundado el caserío que fundió a habitantes originarios y españoles llegados a la región con el conquistador Diego de Velázquez.

 

 

De acuerdo con investigaciones históricas los orígenes de la parranda surgida en Remedios y extendida luego a la región central, se remontan a 1820, fecha en la cual se formó una tradición cultural y folklórica que abarca 17 ciudades y localidades radicadas en Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.

 

 

Eso determinó que el pasado año fuera declarada Patrimonio Cultural de la Nación, dado el carácter popular-folklórico y artístico que se refleja en los trabajos de plaza, las carrozas y la variedad de fuegos artificiales, y típicos repiques de las contagiosas músicas de barrios contrincantes, con pregones y faroles específicos, así como disímiles instrumentos, entre los cuales resaltan rejas, cencerros, tambores y trompetas.

 

 

Los parranderos de un lado y otro, utilizan atributos y colores diferentes, donde destaca en San Salvador el gallo y el rojiazul, mientras El Carmen emplea el globo y el carmelita. También en sus representaciones artísticas se agrupan por igual la música, la literatura con mitos y leyendas, la danza, el teatro y los oficios tradicionales perpetuados por continuidad de generaciones remedianas.

 

 

Francisco Reinaldo Gutiérrez, presidente de los parciales de San Salvador, estima que, a pesar del arribo a destiempo de recursos materiales (maderas, acetileno y hasta componentes de pirotecnia), la parranda es un «hecho grandioso en el cual  mostrarán una carroza con tema de la cultura India, civilización milenaria asiática, y sus particularidades tradicionales conservadas luego de las conquistas musulmanes y los colonizadores europeos», precisó.

 

 

El trabajo de plaza está relacionado, indicó, con las historias de las ocho villas fundadas por los españoles en Cuba, y constituirá un vistoso acontecimiento que recrea los 500 años de San Juan de los Remedios, territorio que en 2015 festejará la efeméride histórica.

 

 

Ambos momentos de la fiesta, carroza y trabajo de plaza, fueron seleccionados a partir de trabajos insertados en un concurso, del cual se eligió el más representativo en cada caso, y de acuerdo con criterios de los parciales del barrio, así como de otros motivos de la celebración (tiro de voladores, palenques, morteros y los changüí callejeros), darán un inmenso lucimiento a la salida de los remedianos de San Salvador por los alrededores de la céntrica plaza de Remedios.

 

 

La joven artista de la plástica Viviana Mederos García forma parte del equipo que labora en la terminación del trabajo de plaza distinguido por abarcar más de 200 metros cuadrados de paños de luces de colores, un suceso no logrado en anteriores parrandas.

 

 

Omar Camacho Valencia preside el barrio El Carmen, y aseguró  el trabajo de plaza, con 85 metros de altura aborda una leyenda de la Amazona, con sus encantamientos, mitos y realidades de los pueblos originarios de América, mientras la carroza aborda un tema japonés. Esas proyecciones artísticas, a diferencia del barrio San Salvador, no se presentaron a concursos de oposición, y fueron escogidas por la directiva del barrio, detalló.

 

 

El talón de Aquiles reside en las acciones de los fuegos artificiales (voladores, palomas, morteros y palenques), pero cuentan con material suficiente para hacer estremecer la parranda durante la noche-amanecer del próximo 24 y 25 de diciembre, momento cumbre de una festividad cultural de inmenso arraigo entre los cubanos y visitantes foráneos.

 

Durante esas jornadas saldrá un ganador: el pueblo y su cultura arraigada por sucesivas generaciones, tal como ocurre en las Charangas de Bejucal, o los Carnavales de Santiago de Cuba, hitos en las artes y la historia cubanas.  

¡LA PATRIA!, PRIMERO

¡LA PATRIA!, PRIMERO

Por Luis Machado Ordetx

 

Antes que el sagüero Jorge Mañach apuntara aspectos del carácter y la personalidad del cubano en su Indagación al choteo (1925),  los nacionalistas caribeños fueron definitorios al observarlos desde una triple influencia: la educación, el medio social y el contacto con otras civilizaciones.

 

 

En Cuba Contemporánea (1913-1927), se inscriben la indisciplina, el choteo y la burla, con propensión constante a la broma y la explotación del lado ridículo de las cosas, así como la informalidad, el sensualismo, la novelería, el pesimismo (como predisposición frente a la esperanza o el optimismo), la frivolidad y la docilidad, o carnerismo, para soportar un sometimiento.

 

 

Ninguno de esas particularidades del carácter del cubano, incluidos su hospitalidad, sinceridad o nobleza, están ausentes en la actualidad dentro de las actuaciones del cubano contemporáneo. Una vista a las realidades y sus conductas se distingue a partir de una valoración formulada por diferentes teóricos nacionales que observan nuestra realidad desde óticas diversas.

 

 

                       «…para vivir y morir, si toca el momento, la Isla»

                                                           Los niños se despiden

                                                Pablo Armando Fernández

 

 

En el diario acontecer la cultura cubana se multiplica. No en el instante específico, sino siempre, en todos los desafíos que la acorralen. Martí habló sobre el himno nacional y «se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres»  a pesar del riesgo de prender la patria, amenazada constantemente de momentos difíciles.

 

 

Ahí está la trascendencia del 20 de octubre, cuando en 1868 Pedro (Perucho) Figueredo, allá en Bayamo, aportó su indómita marcha a la determinación de lucha del pueblo, y el himno se convirtió en canto de rebeldía de voces multiplicadas por la historia. Desde entonces vibró el empuje de los padres fundadores de la nación, prevenidos en  abonar valores e identidad imperecedera. No importa que nuestra época proponga transformaciones para el sostenimiento del país, de la cultura y la historia independentista y de progreso social. Lo importante es la marcha, siempre continua.

 

 

El cubano conoce a la perfección, y su cultura lo acendra, cómo prepararse para cada asalto, debate o tiempo. Ese constituye el sentido de la Isla: percibir el horizonte y circunstancia de cada época y su tiempo. El camino de la unidad, y el respeto a la diversidad se abren paso, sin la existencia de silencios, de disimulos o actos callados en el no decir la verdad. Es el fogonazo del país, y la patria clama, al diálogo sostenido, invariable, o justo, aunque, a veces, los caminos sean tortuosos y llenos de incomprensiones.

 

 

Todos vivimos inmersos, y más ahora, en una frecuente e intensa pugna de valores. Fernando Martínez Heredia, en El corrimiento del rojo (2001), dijo que en estos tiempos, los nuestros, resultará  «necesario derrotar las creencias acerca de las relaciones y representaciones  capitalistas como algo dado, de origen externo, que resulta inevitable aceptar». A partir de las transformaciones que asume el modelo económico, como alternativa viable contra el capitalismo y sus signos, no podremos retroceder, y la mirada del teórico resulta válida.

 

 

La ruta por recorrer, sin dudas, recalca  más al país en un proyecto integrador y participativo sin despilfarrar el bienestar de todos y con todos, como aconsejó Martí. Tendremos que actuar no solo contra el individualismo y los estereotipos foráneos, sino, además, frente  a la banalidad, la “novelería”, la mediocridad material y espiritual, o el deterioro de los valores humanos y…

 

 

Jamás podrá aceptarse que las reglas del juego en la cultura sean impuestas por el capitalismo y su homogenización predominante en los consumos espirituales. Desde la perspectiva de la cultura, más allá de los peligros que entraña el presente, o futuro, se defiende a Cuba. Es la continuidad del legado de los fundadores de la nación, y también del vivir socialista, o participativo. Lo nacional existe en nuestros símbolos, en el imaginario social y colectivo, y está ahí, junto a todos.

 

 

En la actualidad, dijo Martínez Heredia, el tejido social cubano se complejiza y «diversifica cada vez más y con celeridad; la diversidad social se despliega, frente al ideal de homogeneidad que reinó durante décadas; y esas formas de organización social tienen nuevos efectos y mayor incidencia en la totalidad social». Tiene razón, y laboramos para superar los posibles tropiezos dentro de nuestra capacidad y cultura de resistencia, vistas con otros ojos: desde la perspectiva de dimensión propia y sin retrocesos, o imposiciones exteriores.

 

 

Un siglo atrás, Mario Guiral Moreno, desde la modesta configuración del ferviente nacionalista, precisó  en algunos “Aspectos censurables del carácter del cubano”, no vistos en aquellos tiempos como  «dechado, en fin, de todas las virtudes», y compaginó determinados defectos que en la actualidad tienden a la reiteración.

 

 

El articulista de Cuba Contemporánea alertó en la indisciplina, junto al frecuente choteo, considerados definitorios de una actuación requerida de rectificación inmediata.

 

 

La disposición de tomar en «broma todos los actos de su vida, aun los más serios» para explotar el lado ridículo de los acontecimientos, «ora escogiéndolos como temas para sainetes del género bufo, ora sacando de ellos asunto para canciones y dichos populares», necesitaban desterrarse a partir de la educación cívica, los modales familiares, el comportamiento ciudadano y el respeto al otro, como símbolo de la pluralidad.

 

 

Incluso, declaró que el más simple de los mortales se «cree autorizado para emplear en todo momento la chanza, la burla; y el más encopetado de los jefes de cualquier empresa se halla expuesto a que, tras un confianzudo tuteo, el último de sus subalternos le dé el día menos pensado, en son de broma, un suave golpecito familiar en el hombro o en la mejilla». Lo denomino incultura, o improcedencia de una ética alejada del tono civilizado y la responsabilidad y el civismo nacional.

 

 

No erró el curioso cuando también afirmó, como particularidad reclamante, que junto a la indisciplina, o el choteo, preexistía la informalidad en los deberes, derechos y ofrecimientos sociales, o deberes institucionales. Ejemplos sobran… Desde el deterioro de la cultura ciudadana, de normas de convivencia, hasta el irrespeto de los espacios públicos.

 

 

Evelio Rodríguez Lendián, otro jurista relacionado con el cuerpo de redacción de la publicación nacionalista de principios del pasado siglo, al analizar el pensamiento de José Antonio Saco, el abolicionista enfrentado a las tentativas de anexión, afirmó que  a «la patria se le sirve de varios modos: el guerrero la sirve con su espada; el poeta con su lira, el escritor con su pluma, el hombre de ciencia con sus descubrimientos geniales, el artista con las creaciones de su rica fantasía…»   ¿Qué es?..., pues cultura, acatamiento a una compatibilidad nacional, o comunidad de bienes, y patria como primer blasón independiente y antimperialista, como forjó Martí en los ideales supremos de los deberes del cubano.

 

 

Es, tal como en una ocasión dijo Manuel Calviño, intercambio, diálogo entre subjetividades dispuestas a la producción cultural en un país que forma parte de la existencia de todos y con todos, sin imperios ni exclusiones. Nadie es cubano por accidente, alertó. Lo que se es, admitió el pedagogo, enaltece un servicio público, porque crea valores y conciencias en el hombre que recibe emociones y se armoniza con sus semejantes.

 

 

Son ideales, más allá de equivocaciones, como los encara la Revolución con carácter irrenunciable, de mejoramiento humano, y demuestran que el cubano siempre estará dispuesto a vivir de otro modo: el mejor de los posibles en una sociedad en constante perfeccionamiento.

 

 

No obstante, como advirtió Martínez Heredia, en las últimas décadas la cultura del capitalismo ensancha una «combinación de gran madurez para integrar o neutralizar retos pasados, un control cualitativamente superior de la producción y el consumo culturales y un verdadero programa de dominación cultural». Admite, la «eficacia de los callejones sin salida» para consolidar la manipulación del potencial de rebeldía de los pueblos.

 

 

Hay que enfrentar, sustentó, un enfrentamiento a todo vestigio de cultura enemiga  que aparece disfrazada como «un «progreso, un acomodo a nuevas circunstancias». Por tanto, junto a la nación, nuestra cultura, hay que salvar al país desde la perspectiva de la diferenciación y de la diversidad social, y en la defensa del orgullo histórico del ser cubano, sin que existan espacios vacíos, de legitimación de deberes y derechos, en el ámbito nacional.

 

 

 Será la vía para conducir la búsqueda del bienestar y la felicidad de todos. Por tanto: la Patria, ¡primero!..., con una cultura nacional sin concesiones o acatamientos, como soñó Martí.

 

 

SANTA MARÍA, ¡EL ARCA PERDIDA! EN RANCHUELO

SANTA MARÍA, ¡EL ARCA PERDIDA! EN RANCHUELO

Por Luis Machado Ordetx 


Ladrones saquearon la casa-vivienda del antiguo ingenio “Santa María”, surgido en ¿1846? en las ubérrimas tierras de Ranchuelo. Los vecinos sufrían, pero nada contenía a los depredadores.

 

La comunidad conserva edificaciones art decó y eclécticas, joyas imprescindibles en la arquitectura cubana, tal vez no distinguida en otras regiones.

 

 Así aprecié dos años atrás. Pasó un tiempo y, de vuelta al lugar, el recinto, otrora local de la administración  del “Ifraín Alfonso”, permanece más devastado, en franco estado de desastre. Ya no alberga a directivos, o funcionarios y trabajadores. Tampoco tiene moradores permanentes, y protección sistemática.

 

A pesar del deterioro y la desidia de los “buscadores” de fortunas, el inmueble todavía ostenta inigualables majestuosidades patrimoniales, dignas de un rescate y utilidad perspectiva. Al menos ya se vislumbra alguna intencionalidad.

 

Por aquellos pasillos transité en muchas ocasiones. Los interiores, aun cuando hicieron adecuaciones transitorias, tenían rarezas estructurales que tipificaron el gusto y la suntuosidad de la aristocracia cubana de finales del siglo xix. Dentro del contexto campestre la vivienda figuró como una ostentación arquitectónica en  una municipalidad que, días atrás, arribó a los 280 años de fundada.

 

Las ruinas ahora impiden el recorrido “seguro” por interiores que mostraron las huellas de la historia. Pensé, ¿qué es cultura? La entiendo como la conciencia y la relación del ser humano con el mundo que le rodea, sus necesidades, aspiraciones o derechos para preservar desde el presente lo que vendrá en el futuro.

 

A la entrada de la fábrica destacan inmuebles con líneas neoclásicas y eclécticas, pero la otrora vivienda descuella en originalidad. Los techos son rectos y artesonados, con empleos del cedro y la caoba americana, maderámenes definidos en la construcción. Son corridos los portales inferiores, y muestran predominio de rejas de hierro forjado, guardapolvos conopiales, y repisas rectangulares y algunos vitrales. Los elementos se reiteran en balcones del segundo y tercer pisos. Fue la complacencia espiritual que convirtió al ingenio-central en fuente familiar de engrandecimiento económico.  

 

A los dormitorios, en el segundo nivel, se ascendía por hermosas escaleras. Una del tipo de caracol, con pasamano tallado, ensambles de bronce y pisos de mármol blanco. Otra, de dos piezas, estaba concebida con madera preciosa. Los portales, de techos planos, servían de miradores, o terrazas de la vivienda y sus respectivas  habitaciones. Desde esos lugares divisaban la industria y el batey azucarero, distante a unos 50 metros. Los pisos de la casona, en algunas habitaciones, sufrieron transformaciones en sus estructuras originales, pero todavía mostraban “determinadas” bellezas decorativas, y el inigualable esplendor del mármol importado de Italia.

 

Los baños eran amplios, y abundaban en ambos niveles, con sus respectivas comodidades. Las bañaderas y lavamanos eran hierro esmaltado y estaban empotrados a las anchas paredes armadas con  ladrillos de barro cocido.

 

La casa vivienda ¿jamás recuperara sus vetustas bellezas? Tal vez, pero no está desahuciada del todo, según una apreciación de las estructuras de la edificación. Solo que allí habrá que contener la búsqueda insistente del…

 

                                                ¿ARCA PERDIDA?

 

La hacienda-casa de vivienda perteneció al santanderino Esteban Isidoro Cacicedo y Torriente, empresario español asentado en la Perla del Sur en 1865. Allí formó sociedades mercantiles y comerciales. Un tiempo antes  adquirió el ingenio “Santa María” y fomentó inversiones bursátiles. Las zonas Ranchuelo-Cruces-Santa Isabel de las Lajas constituyeron un envidiable emporio azucarero, con los ingenios “Adelaida”, “Andreíta”, “Angelita”, “Armantina”, “Dos Hermanas”, “Elena”, “Laqueitio”, “Mercedes”, “San Agustín”, “San Francisco”, “San isidro”, “Santa Amalia”, “Santa Catalina” y “Teresa”, correspondientes ahora a la parte de Cienfuegos.

 

En las cercanías funcionaron los ingenios “Santa Rosa”, “Pelayo”, “Guáimaro”, “El Rubí”, “Vista Hermosa”, “San Rafael”, “San José de Pedroso”, “Lola”, “Jagua”, “Fortuna”, “La Esperanza”, “Rosita”, “San Ignacio”, “Santa Rita”, “Santa Rosalía” y “Aurelia”, existentes algunos hasta principios del siglo pasado.  Casi todos estaban incluidos en la actual Villa Clara, territorio que en 1850, según Sugar Plantations in the Island of Cuba, tuvo 169 fábricas. El país tenía entonces 903 industrias.

 

¿Por qué el arca perdida en la casona de los Cacicedo y Torriente? La familia fue la única propietaria del ingenio hasta 1960, cuando la  fábrica  quedó nacionalizada. Los dueños eran acaudalados. Los capitales monetarios emularon con Laureano Falla Gutiérrez y el vizcaíno Nicolás Castaño Capetillo, considerados entre los más pudientes vinculados a las relaciones bursátiles y azucareras del país.

 

En el ingenio “Ifraín Alfonso”, los “buscadores”, de día o de noche, sin interesarles la cercanía de la industria azucarera, rompieron los pisos de las habitaciones porque creían que, debajo de los mármoles, había oro y joyas… Hurtaron los marcos de madera y las puertas españolas, y hasta una bañadera fue desprendida de su sitio original. Por fortuna, hace poco, la dirección de la entidad azucarera decidió protegerla, y los ¿otros elementos de la edificación?, ¿por qué no?...

 

Los “rastreadores”, como algunas veces ocurre, se nutrieron de una información salida del imaginario popular: los antiguos propietarios del ingenio por más de once décadas —¿1846?-1960—, conservaron sus riquezas monetarias, joyas y otras pertenencias valiosas en cajas soterradas. Tal vez esa fue la razón de los destrozos que sufrió el inmueble, sobre todo en pisos, paredes y maderas, contó Orestes Valdés Mondejar, un octogenario nacido en las inmediaciones del batey azucarero, quien se dolía porque nadie ponía coto  a los desafueros de  rateros de “poca monta” y que medraron a costa  del patrimonio arquitectónico.

 

Vuelvo al Cacicedo y Torriente, el antiguo propietario de la casona antes de la intervención por parte del estado cubano de la fábrica de azúcar “Santa María”, en Ranchuelo. Después, en 1898 también adquirió el ingenio “Carolina”, cercano a Venta de Río, en Cienfuegos. Allí se conservan, según los historiadores, las características del típico asentamiento agroindustrial azucarero del siglo xix, y sin embargo esa fábrica concluyó sus operaciones fabriles en 1914 cuando comenzó a fomentar el desarrollo ganadero.

 

De la historia del antiguo “Santa María” hay otras dudas. Luis J. Bustamante en el Diccionario Bibliográfico Cienfueguero (1931), expone que fue inaugurado en 1846, mientras en el Sugar Plantations in the Island of Cuba (1850), no está registrada la instalación en Ranchuelo.  En esa fecha otras cinco fábricas tienen igual nombre en el país. Estaban ubicadas en Corral Falso y Güira de Macurijes (Matanzas), y San José de los Ramos, en igual provincia, así como Colón Baja (Guantánamo) y Lagunillas, en Cienfuegos.

 

En Triunfos y Programas de la Federación Nacional Obrera Azucarera (1945), declaran que el “Santa María” es de nacionalidad cubana. Aparece Esteban Cacicedo, de origen español, como propietario. La fecha de fundación, dice el texto, ocurrió en 1849. Entonces, ¿a quién creer? Esa constituye la fecha más exacta. ¿Por qué? El libro Sugar Plantations in the Island of Cuba fue publicado en 1850. Por supuesto, no pudo recoger las fábricas que iniciaron la producción en el año precedente.

 

Otro elemento de incertidumbre lo ofrece el relieve de la campana de bronce. El implemento era utilizado en la antigüedad como anuncio y cierre de las labores agroindustriales, el culto religioso y contingencias mayores. Luego fue sustituida por el potente silbato en tiempos de moliendas. Sin embargo, se conservaron como reliquias históricas. Por lo general, en los ingenios habían dos campanarios públicos: uno grande colocado entre la casa de calderas y el barracón, y otro más pequeño a la entrada del área de purga.

 

El auténtico instrumento metálico del “Santa María” está protegido como vestigio histórico. ¡Qué suerte!, porque dentro de sus aliaciones contiene un porcentaje en oro. La campana la atesoran en un área anexa al “Ifraín Alfonso”, única fábrica de azúcar activa en el municipio de Ranchuelo.

 

El inmenso campanario fue encargado a la fundición “Mennelys West Troy”, un establecimiento de Nueva York especializado desde 1826 en construir esos aparatos de sonidos manuales. En relieve tiene incrustado “Santa María”, en la parte superior, y más abajo registra la rúbrica “Eduardo E. Abrew”, 1862. Por mucho que rebusco en libros históricos, no logro descifrar el misterio de ese nombre.

 

 Algunos  estudiosos locales alegan que el campanario salió del crisol  Mac Farlane, en Filadelfia. La fuente auténtica hay que buscarla en Nueva York. Esos fueron los verdaderos cocedores de una combinación en bronce que en algún momento estuvo en la atalaya próxima al ingenio  de Ranchuelo. Por fortuna, como no ocurrió en otras fábricas de su tipo, el campanario permanece allí, en el recuerdo del látigo que cercenó la piel de los esclavos, o extrajo en el pasado el sudor de los obreros asalariados.

 

                                  POR UNA   ¡FORTUNA! DIFERENTE

 

Guillermo Pérez Alonso, arquitecto del Centro de Patrimonio Cultural en Villa Clara, visitó el batey del “Ifraín Alfonso”, y precisó acciones inmediatas para el estudio estructural de la antigua casona-vivienda de los Cacicedo y Fernández, reliquia ecléctica de la arquitectura doméstica. Allí, de aprobarse un estudio de reconstrucción del inmueble, se prevé ubicar el laboratorio de la industria, según dijo Eduardo Casanova Pérez, director de la entidad.

 

Pero, ¿por qué esperaron tanto tiempo en ofrecer un valor de uso a la instalación y “atajar” a los ladrones? «Ahora contamos con el financiamiento», manifestó el empresario. Sin embargo, de quitarle el portal corrido, como se pretende allí, la casona perdería parte de su inigualable majestuosidad. En franco derrumbe de algunos de los techos, no hay saneamientos, tampoco apuntalamiento o eliminación de la vegetación parásita. Sorpresa tiene el visitante cuando aprecia las cercas perimetrales, algunas deterioradas y convertido el césped en “camino” vecinal, mientras el ingenio permanece con la “hidalguía” que delimita sus accesos. 

 

Las cuatro rejas de la casona informan: ¡1901!, fecha de edificación de la vivienda. Una lateral quedó cercenada por la mitad. Recientemente le fundieron un muro de hormigón. ¡Qué horror!..., mientras tanto todo anuncia el rumbo hacia una fortuna diferente en una casa, que como la piedra o el papel, también tiene su tradición. Un coto diferente, no cabe otra explicación, habrá que imponer a quienes desmantelan y usurpan —a costa de la conservación del patrimonio— la cultura de una antigua mansión representativa de ese caudal de historias que se fundó con el ingenio azucarero cubano.

 

 

 

 

 

DOS POETAS CUBANOS EN LA MIRILLA

DOS POETAS CUBANOS EN LA MIRILLA

Por Luis Machado Ordetx

 

 

Dos poetas de generaciones literarias diferentes llegaron al espacio de lectura «Que comienza en mí la fe», recién estrenado en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Villa Clara, empeñados   en demostrar, como dijo Antonio Machado, que lo «otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja en los dientes», y encara el diálogo, y funda una propuesta incomparable alrededor de la expresión individual y la cotidianidad colectiva.

 

 

Al menos eso intuí cuando el poeta y narrador Arístides Vega Chapú presentó su nuevo programa literario, de diálogo, de libertad y comunicación, y trajo al Foro Agesta a Reinaldo García Blanco ((Venegas, Sancti Spíritus, 1962) y a Sergio García Zamora (Esperanza, Villa Clara, 1986), dos voces disímiles, pero contagiadas de un apetito voraz, no solo por leer sus versos, primeros o últimos, sino también para sustentar búsqueda y hallazgo que, de un modo u otro, pertenecen al balance de la recreación y las quejas, carencias, anhelos y querencias de la espiritualidad.

 

 

Es el estado de gracia, de confluencia desde el cual se percibe el  crecimiento emocional, o la sustancia poética, tal como quiso expresar Vega Chapú luego de hablar sobre ambos escritores, enaltecer sus respectivas obras creativas, y por supuesto, tras la lectura de cada verso, dejar que el otro, el receptor, saque conclusiones en torno a la ingravidez de la metáfora que enaltece, del rumbo de los recuerdos o de una frase que hace enmudecer por su acento dramático.

 

 

Estos encuentros, más allá de las consabidas preguntas y respuestas entre anfitrión y huésped de una tertulia literaria, animan a enriquecer el espectro del diálogo, y de la comunicación, proyecto que caracteriza ese espacio mensual que propone Vega Chapú entre escritores vivos de diferentes promociones, residan en un lugar u otro, y surgidos en Cuba dentro de los avatares que insufla la cotidianidad.

 

 

La poética de Reinaldo García Blanco aparece ramificada en  Advertencias infieles para escuchar el pájaro de fuego de Stravinsky, o en Perros blancos de la aurora, y País de hojaldre y Campos de belleza armada, textos en los cuales el verso se vuelve a lo cotidiano, y ausculta desde las cosas perdidas hasta las añoradas, como el que repiensa una isla, o la asume en propiedad como estado espiritual, de sueño y del recreo de la memoria expuesta en un tono coloquial, de confesión y entrega humilde al otro, legando un valor a las cosas mínimas, a aquellos objetos viejos que posee un curso inefable, de aprehensión insustituible del sentido ecuménico de entrega.

 

 

Dos poemas anuncian el calibre, entre los muchos que ostentan el disparador poético de García Blanco, para demostrar su valía literaria inmersa en viajes del centro-oriente cubano (reside en la actualidad en Santiago de Cuba) y el traspaso de fronteras, más allá del agua, más allá de su Isla amada. Ahí está el entusiasmo de “Alfonsina y el bar”, en el cual expone:

 

 

                        «No es posible que te llames así

                          y que vengas a este sitio  

                         Los parroquianos cantan en desorden
                        y tú humedeces el cristal 
                        ¿Lágrimas
                        o escorpiones? 
                        Esto ya lo contaré a mi regreso
                        por lo pronto lo escribo 
                        Que te llames Alfonsina
                        y vengas en las noches a llorar
                       donde los hombres vienen a reírse de la muerte
                       de la muerte
».

 

 

O esa belleza contenida en “Noche de perros”, un texto para figurar en cualquiera de las más exigentes antologías. García Blanco, cuando labora sobre la cotidianidad, va siempre a ese humilde y diáfano sentido primigenio de las cosas, y hasta hace recordar al origenista cubano Eliseo Diego En las oscuras manos del olvido (1942), o en las viñetas de Divertimentos (1946), y el rastreo sugerente de En la Calzada de Jesús del Monte (1949), referentes simbólicos de una poesía de la memoria, y del gusto por los sentidos y el valor ecuménico que entabla la espiritualidad del ser, tal como cuenta en esa exultación al perro.

 

 

                            «Yo también tuve un perro lanudo
                             que volteaba la puerta al septentrión 
                             Una vez enfermó
                             y me costó casi tres salarios
                             dos vacunas y un suero
                             eso fue en una farmacia llamada La complaciente 
                             Mi perro se llamaba País
                             Y yo le decía País muerde a mi vecino
                             y lo mordía
                             yo le decía País siéntate
                             y obedecía como un perro lanudo 
                            Mi País odiaba al ruso del cuarto piso
».

 

 

Del otro lado, a la espera del verso ajeno, estuvo Sergio García Zamora, joven poeta de Santa Clara que, en breve tiempo, a fuerza de concursos traza un balance lírico que mira a la cotidianidad y la ojea con el entusiasmo crítico y la nostalgia del tiempo que escapa. Ahí está su premio de Poesía La Gaceta de Cuba (2014) por la selección de los textos La condición inhumana, y de aquellos versos establecidos en Pensando en los peces de colores (2013), donde confiesa que:

 

 

                           «Hace poco he leído

                            que el Mar de la Tranquilidad se encuentra en la luna

                            Lo cual no me asombra en absoluto».

 

 

De aquí a unos años el balance que ahora está contenido en premios, libros ya publicados y otros por aparecer, dentro de una prolífera obra lírica, provocará en los lectores, y también en los estudios críticos, una supuesta mirada de cuánto hay de afirmación estruendosa, humilde, o sugerida en una voz joven de nuestra literatura que, de un tiempo a esta parte, echó a andar con raíces imbricadas en nuestra tierra.

 

MATANZAS Y DEMIS VALDÉS, EL "JUSTICIERO" VISIBLE

MATANZAS Y DEMIS VALDÉS, EL "JUSTICIERO" VISIBLE

 

Demis Valdés, el aparente utility, es el “justiciero” en el desafuero Asiel-Lunar-Villa-Clara-Matanzas. Ni que fuera el remarke de los “Espadachiles”, o el émulo de Emilio Bobadilla, Fray Candil (Cárdenas-Matanzas, 1862-Biarritz, Francia, 1921), el gran narrador y periodista cubano, olvidado por la historiografía, y biolioso por excelencia. De uno a otro hay un gran trecho. Bobadilla dejó una sólida obra literaria; el otro, una pésima acción ciudadana y un mediocre sistema de juego deportivo. 


 

Valdés, a quien un periodista matancero hizo una entrevista en febrero último, a raíz de los trágicos sucesos, vuelve a ser noticia.  Antes se mostró el "niño bueno", algo apenado, defensor de su equipo. Ahora, es el "legitimador" urgido de aparecer en una nómina luego de "purgar" parte de su culpa. 


 

Sin embargo, entre Valdés, el matancero "malo", y Bobadilla, hay una diferencia enorme. El primero, dicen que está emparentado con la familia de Víctor Mesa, el DT VM32. Jamás figurará entre las glorias de las estrellas de la cultura cubana, incluido el deporte. Otra desvergüenza de la "pelota" cubana comandada por Higinio Mesa, mejor expuesto según vox poppuli en el árgot nacional.


Bobadilla es otro hombre, a pesar de sus arrastres. Fue abogado, periodista, narrador, y defendió sus puntos de vista a partir de una misión justiciera, de ética, de ardiente hombre de letra. Cuando apeló al honor, siempre escogió con dignidad las mismas armas del contrario, sin que jamás sorprendiera al otro desprevenido.

 

Al volver a Valdés, el enfans terrible, dijo el periódico Jit, que estaba en el róster de Matanzas, pero ¿cómo?..., no importaba una sanción de la Comisión nacional. Higinio Vélez, entre "trabalenguas", no aclaró, ¿si, o no?en sus "pírricas" declaraciones dadas hace apenas horas en Santa Clara. Otra visión "burlesca", ni que fueran los tiempos de los bufos de Covarrubias, allá, a principios de los años 60 del siglo XIX.


 

Demis Valdés, dígalo o no Higinio Velez Carrión, salió en la nómina del equipo Matanzas. Entonces, ¿cómo lo inventó www.cubadebate.cu, y otros medios  de prensa en Cuba? Higinio, !por favor, más respeto al pueblo cubano, a la afición!, y ponga un coto al despretigio de la Comisión que dirige desde el manto " parcitativo" en las decisiones.  


 

!Oh, hasta cuándo se lastrará una posición cívica, viril, u honesta en Cuba! Mientras las "miserias humanas" subsistan, aquel espíritu nacionalista, cubano, de defensa de lo propio, y de la identidad nacional, a la cual llamó José Sixto Solá desde las páginas de la revista Cuba Contemporánea (1913-1927), estará perdido de nuestros escenarios públicos.


 

Lo más gracioso de esta historia, ayer lunes 9 de septiembre, lo ofreció la televisión cubana. En el desafío de la final por el tercer lugar del Campeonato Nacional Sub23, el narrador Modesto Agüero, menionó la la inclusión de Demis Valdés en la nómina de Matanzas. No dejó "asombros" en la lectura mimética del texto que entregó la Comisión. Tampoco hubo cuestionamientos, y lo presentó como jugador en activo.


 

Tamaña desvergüenza... Otros comentaristas cuestionan la presencia del pelotero matancero en la "nómina oficial", mientras Agüero, al leer el listado, se hizo de la "vista sorda", como si nada supiera al respecto...


 

Al asunto Valdés le "echaron" tierra, mientras Freddy Asiel  Álvarez pagó con su "confinamiento" alejado de los escenarios deportivos. Ramón Lunar Armenteros recibió varias sesiones de atención maxilofaxial, y Villa Clara quedó "desencajado" en la competencia por los primeros lugares de la Serie. Por fortuna, Pinar del Río, con el mítico timonel de Alfonso Urquiola, destronó los "apetitos" gradilocuentes de los Cocodrilos de Víctor Mesa, en su ansia de la "Siesta de un Fauno", con perdón del poema escrito por Mallarmé y música del impresionista Debussy.


 

Higinio Velez, quien rige las riendas del Béisbol, no da entrevistas, tampoco infomación. Niega un derecho del pueblo. Hasta cuándo esos oídos "sordos" estarán dirigiendo en Cuba y desacatando las disposiciones del General-Presidente, Raúl Castro Ruz, como lo nombró Eusebio Leal, y las disposiciones políticas y gubernamentales del país.


 

Después, "algunos directivos del periodismo" quieren "sansionar el empleo de celulares y cámaras" para captar hechos e imágenes "silenciadas" por "voces" que, no son "voces", sino murmullos de burócratas. Gracias a muchos de esos artilugios tecnológicos se contrastó y reconstruyó aquella triste escena en la cual Demis Valdés, sin ton ni son en el escenario del desafío, parecía un toro fiero dispuesto a tomar la "justicia" por su mano frente a los lanzamientos descontrolados de Asiel Álvarez. Allí se vio cómo VMJr. 32 se dirigió al banco y luego retornó al home haciendo "poses" de adolorido por el pelotazo. Todo estaba preparado en uno de los más antológicos ¿misterios? de la pelota cubana de todos los tiempos...


 

Cuántas historias están escondidas y se recomponen gracias a esos artefactos tecnológicos que, en manos de mucho, más que epatar, trazarán las sendas de una verdad irrebatible. Acaso son falsas aquellas imágenes que, en "tomas de no sé quien, fueron captadas y divulgadas a partir de lo ocurrido en el hotelito Rivierita, de Santa Clara, cuendo Víctor Mesa y parte de su equipo "convirtieron" en sitio religioso a una instalación estatal y pública. Fue previo a los últimos enfretamientos entre Matanzas-Villa Clara por el campeonato nacional, ganado por los pupilos dirigidos por Ramón Moré ¿Acaso es mentira? Entonces de algo sirven esos equipamientos técnicos, llámese celulares, videos, tables, o...


 

 

Díganlo o no, son fuentes de información en el periodismo moderno, no al estilo de los denominados "paparazzi", sino de aquel ciudadano que quiere corroborar un hecho y autenticarlo como memoria visual y objetiva del acontecer nacional, universal, o contemporáneo de siempre. No tendrán esas imágenes o advertencias un manto legal, pero si ofrecerán la existencia de un "silencio", expuesto como signo dramático de cualquier actualidad.  


 

 

Por Mayli Estévez Pérez

 

 (Periodista de Vanguardia, Villa Clara, Cuba).


Se hizo el Villa Clara de pelota, pero lo que más sorprende a la afición naranja y de un poquito más allá es que en la nómina de Matanzas salió a relucir un nombre que debió excluirse de la pelota cubana, Demis Valdés.

 

Según la circular de castigo publicada luego de los tristes incidentes del último febrero en el estadio matancero, Valdés no tenía por qué integrar la fila de los Cocodrilos. Y cito: «[...] suspender por un año de todo evento oficial a Demis Valdés por su actitud totalmente incompatible con los principios del deporte cubano [...] su reincorporación estará condicionada al comportamiento que mantenga en lo adelante».

 

Un año que todavía no se cumple, a no ser que en la Atenas de Cuba se rijan por el calendario maya, o vaya usted a saber por cuál, para que seis meses se conviertan en 12. Ahí está el nombre en la nómina (muy oficial pese a la no oficialidad que dejó entrever Higinio Vélez, director de la Comisión Nacional del Béisbol, a esta reportera cuando fue cuestionado sobre el tema.

 

La primera gran contradicción es que la máxima autoridad del pasatiempo de los cubanos le diga a la prensa que no da entrevistas. ¿Qué hacer ante tal arbitrariedad que nos niega a usted y mí el derecho a la información? Tras aclarar que no es una entrevista, sino dos preguntas, agrega que verá si las puede responder.

 

Según Vélez, voz principal de la Comisión Nacional, después de los seis meses de una sanción, los equipos tienen derecho a pedir la revocación de esta. Pero el caso que nos compete, Demis Valdés, y el del lanzador de la Isla de la Juventud Wilber Pérez, no han sido revocados todavía. Aprobados, fue la palabra exacta. Escribo «todavía», porque todo está bajo la lupa en este deporte nuestro.

 

Higinio no dijo más, solo dejó entrever la poca seriedad de esos comentarios. A todas luces la Federación que él dirige es la más contradictoria y risible en esta historia. ¿Si no está «aprobado», entonces por qué está en la nómina oficial?

 

Los cubanos estamos alfabetizados hace buen tiempo, sabemos leer, incluso entre líneas. Lo que sí se desconoce fue el trabajo social del mencionado Valdés para ser perdonado de manera pronta por la Comisión, en tanto el diestro Freddy Asiel Álvarez era excluido de su equipo, las selecciones y preselecciones nacionales.

 

También se ignoran cuáles son los límites de dicha institución beisbolera, tan vilipendiada, y con razón. La Comisión Nacional se contradice una y otra vez. Hace la regla y la viola ella misma, y es que en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Vélez ni siquiera da entrevistas. Total, no hace falta, ¿cierto? Al menos aseguró que se están estudiando los cambios para la 55 Serie Nacional. Eso es un alivio..., parece.

129 AÑOS DEL TEATRO LA CARIDAD, EN SANTA CLARA

129 AÑOS DEL TEATRO LA CARIDAD, EN SANTA CLARA

 

Por Luis Machado Ordetx

 

El teatro “La Caridad”, de Santa Clara, una de las joyas arquitectónicas de Cuba, celebró este 8 de septiembre su aniversario 129 de fundado, según el interés y donación  al pueblo de esta ciudad mediterránea expuesto por Marta Abreu de Estévez, la patriota y Benefactora de la localidad.

 

La inversión de la majestuosa construcción ascendió a 140 000, 00 pesos-oro, y su proyecto nació en 1883 y se concluyó dos años después bajo la supervisión del arquitecto Herminio C. Leyva en áreas de lo que antes constituyó la ermita de La Candelaria, frente a la Plaza de Armas de Santa Clara, ciudad natal de Marta Abreu, una de las herederas de la acaudalada familia villaclareña propietaria de ingenios azucareros y vastas extensiones de tierra.

 

En los decorados pictóricos y escultóricos del teatro La Caridad (1885) fueron ejecutados por Miguel Melero, Miguel Arias, Fernando Bossi y el filipino Camilo Salaya, quienes ejecutaron paneles, medallones, retratos y telones idóneos a una de las más impresionantes salas teatrales de Cuba, solo comparado con la exquisitez del Terry (1890), de Cienfuegos.

 

El teatro se concluyó en poco más de un año, y tras su inauguración se presentaron 38 cláusulas para el funcionamiento y garantía social, entre las que se establece el doble propósito, en memoria de los padres, de socorrer con sus ingresos a los pobres de Santa Clara.

 

También fundamentó que el deber del Ayuntamiento de la localidad será la conservación de su teatro y evitar, como deber primordial, el indebido uso para presentaciones inmorales y poco edificantes.

 

Declarado Monumento Nacional, en 1982, el inmueble sufrió intervenciones arquitectónicas en las décadas del 30, 50 y 60 del pasado siglo, y entre 1982-1988 sufrió restauración científica, muy similar a la ejecutada en 2009 tras mantenimientos de los sistemas hidrosanitario, de protección contra incendios y eléctrico.

 

De la labor benéfica y humanista de Marta Abreu de Estévez en Santa Clara, destacan el obelisco erigido en la Plaza de Armas en memoria de los sacerdotes Juan de Conyedo y Francisco Hurtado de Mendoza (1886), así como cuatro lavaderos públicos (1887) en las riberas de los Bélicos y Cubanicay, además de un observatorio astronómico meteorológico municipal (1894), el alumbrado público (1895), y su contribución monetaria y conspirativa en la lucha por la independencia de Cuba contra el colonialismo español. También en su actividad benéfica sobresalen el dispensario El Amparo (1895) destinado a socorrer con asistencia médica a las familias pobres.

 

Del legado histórico de la Benefactora de Santa Clara, la patriota Marta Abreu de Estévez, y de la trascendencia del teatro La Caridad, considerada entre las piezas arquitectónicas más hermosas de Cuba, especialistas e investigadores de Villa Clara expusieron sus puntos de vista en un coloquio sobre tradición e identidad que tuvo por sede este lunes en el coliseo cultural de la ciudad.

 

Allí se acordó que el año entrante, aniversario 130 del teatro, se efectué otro encuentro similar para reconstruir la historia de los pasos de Enrico Caruso, Luis Roncconi, la ópera de Scognamiglio, Eusebia Cosme, Luis Carbonell, Alicia Alonso, Esther Borja, y prestigiosas personalidades del panorama artístico-literario nacionales o foráneas por un escenario que conserva una historia inusual en la cultura cubana.

 

 

 

MANZANILLO, CULTA CIUDAD, TENGO UNA QUEJA

MANZANILLO, CULTA CIUDAD, TENGO UNA QUEJA

Por Luis Machado Ordetx

 

 

Manzanillo, pulcra ciudad del Golfo de Guacanayabo, tiene burócratas de la Cultura. Más allá de irradiar arte y literatura, desde una poltrona de decisores, los funcionarios se burlan de las legislaciones existentes para el pago puntual por los derechos de autor referidos en la Resolución 35 de junio de 1996.

 

Es la razón que digo, no como el poeta Ovidio: “lingua sile: non est ultra narrabile quiequan” (calle mi legua, no se diga otra palabra), por tanto apelo a la reconstrucción los hechos tal como son, y los expongo cuando transcurrió un tiempo más allá de lo permisible.  

 

No importa, tal parece, al violarlo,  que el documento publicado en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, carece de cumplimiento impostergable. Tampoco que el resuelvo CUARTO especifique aspectos en los cuales la remuneración «se hará efectiva en un plazo no mayor de 30 días posterior a la comunicación pública», y mucho menos que proteja al escritor en cifras topadas que van desde los $ 120.00 hasta los 10 mil. ¡Claro, quienes deciden siempre apuestan por los términos mínimos, y cuando más $ 200.00 por disertación teórica!

 

Tamaña paradoja. Son los escritores los que menos devengan en Cuba cuando encaran el hecho artístico-cultural. Eso se olvidó en Manzanillo cuando, del 12 al 15 de junio pasado, ocurrió la 42 Jornada Manuel Navarro Luna, convocada anualmente por el Centro Literario de esa localidad para recordar al bardo y periodista revolucionario. Desde entonces muchos escritores aguardamos por nuestras correspondientes remuneraciones, y las señas no se vislumbran con claridad.

 

Del pago nada tiene que ver, hasta cierto punto, la institución literaria (Centro Navarro Luna), auspiciadora de un certamen cultural que convocó a escritores del centro-oriente cubano para intervenir durante esos días en comunidades y territorios aledaños a Manzanillo, y confraternizar con los habitantes de la región.

 

Con José Antonio Ramos, el narrador y dramaturgo, recordaría su “Seamos Cubanos”, cuando apuntó que «lo más interesante del momento actual —como en todos los momentos del Hombre y la Humanidad— está principalmente en la región de las ideas, en el campo del espíritu; y ahí es, sin duda, donde habrá de fijarse la mejor atención de nuestros descendientes», razón por la cual los escritores estábamos en Manzanillo, dispuestos a propagar intercambios literarios, e irradiar luz, no para recibir maltratos de  impagos impuestos por la dirección de Cultura de la localidad sureña.

 

La ¿razón?: trabajamos no para hoy, sino para mañana. Sembramos: otros recogerán la cosecha. Y seguimos esparciendo a todos los vientos la semilla: ella germinará…, como precisó el nacionalista José Sixto de Sola en medio de las incertidumbres que ensombrecieron al país a principios del siglo pasado.

 

A Manzanillo fui para satisfacer un viejo anhelo: entregar al Centro Navarro Luna algunas documentaciones que demuestran el vínculo de escritores residentes en el Guacanayabo con el terruño villareño. Era el deseo del declamador Severo Bernal Ruiz de recordar aquellos encuentros con el poeta de Siluetas aldenas (1925) y… También hablar de la confraternidad de Juan Francisco Sariol, de Orto, con Raúl Ferrer, o del Indio Naborí en aquellas visitas de principios de los años 40 del pasado siglo.

 

Otros, como Reinaldo García Blanco, Mirna Figueredo Silva (Santiago de Cuba), Carlos Esquivel (Las Tunas), Luis Carlos Suárez y Lucía Muñoz (Bayamo),  y una decena de escritores, comulgaron por esos días, entre poemas e historias, en un vínculo por fomentar cultura, y fundirse con el pueblo, tal como hicieron aquellos prohombres, padres fundadores, de una vasta historia literaria en Manzanillo.

 

Pero…, la dirección municipal de Cultura, muy a pesar de las reiteradas preocupaciones de los organizadores y escritores, tres meses después, como acto de total deslealtad y “candonga”, no cree o resta valor al desinterés literario. Hasta el momento no tiene confeccionado los cheques reglamentarios. Ojalá que cuando arriben a sus respectivos destinatarios no existan las erratas “oficinescas” que obligan a la rápida devolución al lugar de origen.

 

Tal vez los decisores de Cultura de Manzanillo digan, así de sencillo, «¡nada, los escritores no son el “ombligo” del mundo y pueden esperar!» Incluso, puede que desconozcan que todos los que allí asistieron, decidieron por voluntad personal sufragar sus respectivos gastos de pasajes de ida-vuelta, muy caros, por cierto, en los incómodos ómnibus ASTRO, sujetos también a los designios de choferes que hacen paradas no oficiales para actos de alimentación en las socorridas “paladares” de cuenta propistas existentes en las  rutas.

 

Eso no importa. Mucho menos de la “legalidad” de un contrato refrendado entre escritores y el Centro Navarro Luna, pero que, por supuesto, lleva el Visto Bueno de los directivos de Cultura en Manzanillo.  A quién quejarse en manos atadas durante un proceso reglamentario que tiene tintes burlescos. Una demanda jurídica llevaría tiempo, además gastos monetarios, y los entuertos obligatorios de las distancias entre los lugares de residencia de los escritores y la localidad de Manzanillo.

 

Es indiscutible que no entienden las exquisiteces de los literatos y poetas de alma grande, y del sentido de humildad y razón de ser, precisamente por la “falta” de preparación y por el estado deplorable de muchos de los que hoy son decisores en las instituciones culturales.

 

No dudo que muchos escritores y artistas que acuden a Manzanillo, y residen allí, sufran los similares maltratos a los que, por voluntad de cubanos, llegamos al Golfo de Guacanayabo a propagar y enraizar un grano de sabia cultura: de entrega intelectual y de fidelidad a las razones que animaron siempre a Marchán, Navarro Luna, a Juan Francisco Sariol y a otros intelectuales honestos en defender su terruño y en fomentar patria.

SANTA CLARA TIENE ¿VÁNDALOS O IRRESPONSABLES?

SANTA CLARA TIENE ¿VÁNDALOS O IRRESPONSABLES?

Por Luis Machado Ordetx


 

El antiguo Liceo de Villaclara, de perfecto coqueteo entre lo neobarroco y neoclásico,  recibió una inusual transformación en su fachada. La mirada de muchos quedó colapsada cuando a principios de julio operarios del servicio de Vialidad, taladro en mano, perforaron la pared para colocar una parada de ómnibus.

 

La edificación, concluida en 1927, es actual sede de la Casa de Cultura Juan Marinello Vidaurreta, y forma parte de conjunto arquitectónico que rodea al parque Leoncio Vidal, Monumento Nacional de Cuba. El hecho insólito ocurrió días antes del  aniversario 325 de la fundación de Santa Clara.

 

Las autoridades gubernamentales se desentendieron del asunto. A pesar de los reclamos de muchos por preservar el patrimonio,  los oídos son sordos, tal como acontece con la Casa de la Ciudad sometida a un “remozamiento” que no tiene para cuando concluir: lleva más de un lustro en espera de la ejecución constructiva. En tanto la instalación permanece clausurada.

 

Volvamos a la parada de la ruta número 1 situada en el parque Vidal. Continuará allí hasta que se concluya la remodelación del hotel Central, destinado al turismo de tránsito en una ciudad mediterránea y carente de mar.

 

No importa que el inmueble de dos niveles, con mármoles exteriores y paredes que no soportan pinturas, pierda lozanías y esplendor artístico de años. Tampoco, al parecer, no “molesta” que personas  se aglomeren en los portales corridos y obstruyan el paso de entrada al portal corrido que da acceso a la edificación.

 

La orden fue cumplida, y por callada la respuesta en una construcción que, desde el 24 de junio de 1999, recibió, al igual que todos los edificios que rodean el Parque Vidal,  la declaratoria de Monumento Nacional de la República de Cuba.

 

Tamaña paradoja en un centro que conserva desde 1860 el espíritu cultural e independentista de prohombres de la región que figuraron entre los primeros constituyentes, en Guáimaro, del ideal independentista.

 

Otras edificaciones de las cercanías también agonizan ante la inercia por contener los posibles derrumbes de inmuebles patrimoniales: en Santa Clara, el cine-teatro Villaclara, la Casa de la Ciudad y el hotel Florida, en el entorno del parque Vidal.

 

Por mencionar algunos casos específicos, en Caibarién el hotel Comercio, y en Camajuaní el Cosmopolita, mientras en  Sagua la Grande agoniza el Gran Hotel Sagua, considerado el más alto del interior del país antes del arribo de 1930.

 

Las inversiones son millonarias, pero el desplome de los inmuebles queda en la “aventura” de las miradas mágicas de aquellos que, por absoluta casualidad, corran despavoridos al apreciar, en la incontinencia, que una parte de la historia de sus respectivas urbes, sencillamente se cayó al paso inexorable del tiempo y el abandono.